El conjunto de Siega Verde, en la ribera del río Águeda, constituye, junto con el portugués de Foz Coa, una de las estaciones más importantes de arte paleolítico al aire libre en toda Europa, por lo que desde 2010 está declarado Patrimonio de la Humanidad.
Desde hace unos 20.000 años hasta el 12.000 a. C., mucho antes de que el gran techo de Altamira fuera decorado, poblaciones nómadas de cazadores y recolectores frecuentaron este vado natural previo al encajonamiento del río en Las Arribes salmantinas, muy cerca de la actual línea fronteriza hispanolusa y donde, a buen seguro, coincidían con manadas de cuadrúpedos cuya caza les proporcionaba un sustento vital en aquellas duras condiciones. Esas poblaciones convirtieron las rocas de los márgenes del río en paneles para sus grabados, en los que plasmaron las escenas y las especies de las batidas, ejecutadas con punzones, en un estilo naturalista tan sencillo como eficaz.
Esta práctica, teniendo en cuenta que casi todas las representaciones son piezas cinegéticas, debía perseguir el estímulo de las capturas y la fertilidad de ciertas especies, en un ejercicio de magia simpática o propiciatoria, pues, representados, los animales eran convocados a procrear y a mostrarse para ser cazados. Aun así, el emparejamiento de distintas especies (caballo-bóvido) pudiera apuntar a significados más complejos, como la asociación de principios masculino y femenino. Incluso su función como marca territorial de un cazadero o la dedicación de este espacio a manera de santuario son opciones que barajan los investigadores.
Más de 600 figuras
El pétreo catálogo de Siega Verde se compone de casi un centenar de lienzos con más de 600 figuras: equinos, bóvidos, cérvidos, cápridos o cánidos, entre los que aparecen especies extinguidas en épocas de glaciación, como el rinoceronte lanudo o el enorme ciervo denominado megaceros. El recorrido por las márgenes del río, siguiendo la ruta señalizada (sólo en grupos de no más de 15 personas), permite observar algunos de los más relevantes, por lo que es muy recomendable hacer una visita previa al Aula Arqueológica para contextualizar y valorar en toda su magnitud este mágico lugar. Muy interesante y didáctica es la visita nocturna guiada, pues con iluminación artificial es posible apreciar detalles y figuras que a la luz del día pasan desapercibidos.
Sus agrupaciones evocan manadas en apariencia desordenados, pero es necesario tener en cuenta las distintas convenciones espaciales de las sociedades paleolíticas. Es destacable la fuerza plástica y concisión de medios para unos resultados tan modernos y sugerentes: apenas unos trazos sueltos identifican plenamente un ciervo que gira su rostro altivo y lleno de vitalidad. En todo caso, éste debió ser un espacio habitado estacionalmente, tanto por hombres como por bestias en plena dependencia de aquéllos respecto a éstas, quedando hoy el testimonio del reconocimiento y tributo mediante este homenaje milenario.
Ciudad Rodrigo, punto de partida de este viaje
Como punto de referencia para acometer la visita a Siega Verde, nada mejor que Ciudad Rodrigo, la ciudad mirobrigense que alza su silueta sobre el altozano de esta tierra fronteriza.
Ciudad Rodrigo destaca por ser uno de los conjuntos histórico-artísticos más importantes del Oeste español, pues custodia un importante patrimonio material e inmaterial desde la Prehistoria hasta nuestros días al abrigo de su recinto amurallado y vigilado por su castillo hoy convertido en Parador de Turismo.
Desde la catedral de Santa María hasta sus callejuelas de trazado medieval, pasando por el infinito muestrario de palacios, casas nobiliarias e iglesias, todo rezuma una rica cultura y una historia llena de singularidades. Una originalidad que también llega a sus celebraciones, en las que destaca el Carnaval del Toro, posiblemente el más antiguo de España, caracterizado por los tradicionales encierros de toros bravos traídos desde las dehesas cercanas por diestros jinetes hasta el coso rectangular instalado en la Plaza Mayor. Pero Ciudad Rodrigo también es música, literatura, artes plásticas, gastronomía, tradiciones y todo aquello que el viajero curioso necesita para no olvidar un lugar.