PADUA

Ciudad del arte y de la ciencia en el Renacimiento

Texto: Anel Fernández
Fotografías: Anel Fernández

No tiene las aglomeraciones de la cercana Venecia, pero cuenta con sus propios monumentos históricos además del arte del Renacimiento, los avances de la ciencia en su Universidad, sus calles porticadas, y una atractiva oferta gastronómica.

Se puede afirmar que El Renacimiento comenzó en Padua. En el año 1.303, dos siglos antes de que Miguel Ángel comenzara a pintar la Capilla Sixtina en 1508, Giotto di Bondone marcó la ruptura con la pintura medieval, atenazada por un estilo hierático que carecía de expresión. Ahora hay profundidad en el dibujo y sus personajes tienen expresiones que nos transmiten su estado de ánimo.

El siglo XVI fue un siglo de oro para la Universidad de Padua, que llegó a ser uno de los lugares más prestigiosos para el estudio en Europa. En este periodo se sitúa la contribución del “Gymnasium Omnium Disciplinarum” de la Universidad de Padua al nacimiento de la revolución científica, el desarrollo del pensamiento filosófico, las grandes escuelas de anatomía y medicina, y la gran aventura astronómica, física y matemática. Padua puede presumir de contar con la primera sala anatómica estable del mundo (1594), donde los profesores practicaban autopsias ante sus alumnos, pese a que la Iglesia lo tenía prohibido. Perfectamente conservada, fue concebida por Girolamo Fabrici d’Acquapendente, docente durante medio siglo, anatomista, cirujano y fisiólogo, además de médico personal de Galileo.

El Arte del Renacimiento de Padua

La técnica pictórica de Giotto llega a su mejor expresión en la capilla de los Scrovegni. Enrico Scrovegni era un rico prestamista paduano que, según la leyenda, encargó a Giotto la decoración de la Capilla para expiar sus pecados, probablemente a cambio de una buena suma de dinero.

La Capilla es Patrimonio de la Humanidad desde 2021 como parte del sitio “Padova Urbs Picta” (Padua, la ciudad pintada). Según la UNESCO “Los frescos de Giotto demostraron un nuevo lenguaje artístico, marcando el comienzo de una nueva era en la pintura y anunciando el Renacimiento”. 

Es una sala rectangular cuyos muros y techo están pintados a lo largo de treinta y ocho escenas del Antiguo y Nuevo Testamento que llenan una superficie de mil metros cuadrados, para cuya realización Giotto contó con un equipo de en torno a cuarenta colaboradores.

Capilla de Scrovegni, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO

La capilla es un espectáculo de color, las escenas bíblicas son representadas por personajes cercanos en escenas familiares, en lugar de santos inexpresivos. Un ejemplo es el de los dos besos: el primero de amor, el segundo de traición.

En la escena del ángulo superior noroeste del muro aparece San Joaquín con un pastor, Santa Ana sale a su encuentro y le besa en los labios ante la mirada de varias mujeres que se alegran visiblemente, excepto una viuda que se oculta en un manto negro. Se dice que es el primer beso de amor de la pintura. El segundo representa el beso de Judas: entre multitudes con palos y antorchas vemos a Jesús petrificado, pero sereno, y a Judas envuelto en su manto para darle el beso de la traición. El cielo es de azul lapislázuli, el pigmento de moda en el “trecento”.

El beso de Judas, escena bíblica en la capilla de Scrovegni

El Juicio Final llena el muro frontal. La pintura se divide en registros, estando en la parte inferior el mundo terrenal, dividido en tres planos: uno en el cual se encuentran los hombres salvados por los ángeles, otro opuesto en el que los pecadores son arrastrados por los demonios y en el centro se encuentra la cruz de Cristo. Destaca el Infierno, plagado de seres grotescos, humanoides, con cuernos, colas y pieles negras grisáceas, mezclados con animales como serpientes o dragones. Recuerda al Jardín de las Delicias que El Bosco pintó en 1500. Giotto deja volar su imaginación con las numerosas torturas a las que se ven sometidos los hombres.

Edificada en el siglo XIII, la iglesia de los Eremitani fue decorada con frescos por los más grandes artistas renacentistas de la región, entre los que destaca Andrea Mantegna. La iglesia fue destruida a causa de un bombardeo en marzo de 1944. La fragmentación de los famosos murales de la Capilla Ovetari en unos 80.000 pedazos ha sido calificada como la mayor pérdida cultural de Italia durante la Segunda Guerra Mundial.  Hoy los frescos de la capilla han sido restaurados y se ofrecen a la vista como un inmenso puzzle.

A destacar en la iglesia un fragmento de un “Ecce Homo” de Guariento di Arpo situado en una columna de la cuarta capilla. Eremitani es parte de la lista del Patrimonio de la UNESCO.

Frescos de la iglesia de los Eremitani, destruida por un bombardeo en 1944

Conocido también como “il Salone” (el Salón), el Palazzo della Ragione fue la antigua sede de los tribunales de Padua. Giotto y su taller recibieron el encargo de pintar los frescos de las paredes, pero la serie quedó destruida en un incendio de 1420 y restaurados posteriormente.

En esa sala se obligaba a los deudores insolventes a golpearse tres veces las nalgas después de haberse desnudado, práctica que da origen a la expresión italiana “restare in braghe di tela”, que puede traducirse como “quedarse en paños menores” con el sentido de quedarse sin bienes, repitiendo tres veces la fórmula latina “cedo bonis”. Sorprende la presencia de un enorme caballo de madera realizado por Annibale Capodilista para un tiovivo y donado por la familia a la ciudad.

Palazzo de la Ragione, antigua sede de los tribunales de Padua

Joya del románico de finales del siglo XII, el Baptisterio de la Catedral es un pequeño edificio adjunto a la Catedral. Su interior está completamente recubierto por los frescos que Giusto de Menabuoi pintó de 1375 a 1378.

Baptisterio de la Catedral, joya románica del siglo XII

Giusto demuestra que ha aprendido a la perfección las lecciones de Giotto, creando escenas en perspectiva y figuras con volumen. Los colores cambiantes de las túnicas, que dotan de vivacidad a la representación, son su aportación a las enseñanzas del gran maestro. En la escena del bautizo de San Juan se pueden ver los potentes colores además de la sutileza de la transparencia de la vestimenta de Jesús.

En la cúpula, un serio Pantocrátor centra el espacio rodeado por un círculo de ciento cuarenta y cuatro ángeles y santos, creando un efecto similar al de un mosaico. Debajo algunos personajes miran con cierto temor a la Virgen María.

Impresionante Pantocrátor en la cúpula del Baptisterio de la Catedral

La Basílica de San Antonio, conocida como “Il Santo”, empezó a construirse en 1232 en honor a San Antonio y fue terminado en su parte principal a fines de ese siglo.

Es de planta basilical en cruz latina, cuenta con tres naves, seis capillas y cinco claustros, a destacar el “Chiostro della Magnolia”, así llamado a causa de la majestuosa magnolia que llena el centro del recinto.

Interior de la Basílica de San Antonio

A la izquierda de la nave central se encuentra la Capilla del Santo, del siglo XVI, anunciada con un luminoso excesivo y en la que trabajaron los mejores escultores vénetos de la época. El sepulcro está rodeado de ángeles y santos que resaltan entre el mármol que decora toda la estancia.

Lo que más sorprende al encontrarse con la Capilla de las Reliquias es la desmesura del recinto, repleto de relicarios, cruces, cálices y un sinfín de objetos, entre los que destacan, cuidadosamente encapsulados, el mentón y la lengua del santo. Es un lugar no recomendable a personas susceptibles.

En la Sacristía hay un curioso fresco donde aparece San Antonio predicando a un montón de peces que le miran con atención.

Reliquias de San Antonio

La Ciencia en el Siglo de Oro de Padua

La Universidad de Estudios de Padua, fundada en 1222, está entre las más antiguas del mundo. Conocida popularmente como “Il Bo” (el buey), la sede histórica de este templo del conocimiento fue casa de figuras ilustres como Galileo, Copérnico, Giovanni Battista Morgagni, fundador de la anatomía patológica y William Harvey, que descubrió la circulación de la sangre. Entre las salas más importantes se encuentran la sala anatómica y el Aula Magna, que utilizó Galileo debido a la gran afluencia de estudiantes a sus clases.

Galileo pasó dieciocho años en Padua, donde impartió clases de matemáticas en la Universidad de Padua a partir de 1592. Durante su estancia construyó su propio telescopio con una lente que le permitía obtener una imagen derecha en lugar de invertida. El uso del telescopio como herramienta para observar el cielo cambió para siempre el campo de la astronomía y fue clave para la revolución científica. Descubrió las fases de Venus, observó y detalló los cráteres de la Luna y los satélites de Júpiter.

Aula de Anatomía Teórica. Universidad de Padua

Las observaciones de Galileo proporcionaron pruebas contundentes que respaldaron la teoría heliocéntrica de Copérnico. El 8 de enero de 1642 murió Galileo Galilei, uno de los más grandes científicos de todos los tiempos, después de haber sido obligado en 1633 ante el Tribunal del Santo Oficio a renegar de la teoría heliocéntrica. Como homenaje (y curiosidad un tanto morbosa) se expone la quinta vértebra lumbar de Galileo extirpada de su cadáver casi un siglo después.

Durante la Segunda Guerra Mundial la Universidad se destaca en la lucha de liberación del nazismo y recibe la Medalla de Oro al Valor Militar por el sacrificio de muchas jóvenes vidas en la lucha por la reconquista de la libertad. En el alto relieve del frontón del patio interior figura la inscripción en honor a una brigada partisana “hic vivunt hic vigent hic renovantur in aevum tot bellorum animae” “Aquí viven, aquí florecen, aquí se renuevan por siempre las almas de tantas guerras”.

Estatua de Elena Lucrezia Cornaro en la Universidad de Padua. Primera mujer en obtener un doctorado (Filosofía. 1678)

El Jardín Botánico de la Universidad de Padua, también conocido como Orto Botánico, se fundó en 1545 para el cultivo de plantas medicinales, que en aquel entonces constituían la gran mayoría de las “verduras simples”, es decir, sustancias medicinales que provenían directamente del reino vegetal. Es el jardín universitario más antiguo del mundo que conserva su ubicación y estructura originales.

Desde 1997, el Jardín Botánico está incluido en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO por “ser el origen de todos los jardines botánicos del mundo y representar la cuna de la ciencia, del intercambio científico y de la comprensión de la relación entre naturaleza y cultura”. Aquí se cultivan unas 6.000 especies de todos los climas y continentes y se conservan semillas y especies raras y en peligro de extinción.

Conocida como la “pradera sin hierba”, el Prato della Valle es una gran plaza elíptica que, además de ser la más grande de Padua, es una de las mayores de Europa, sólo superada por la Plaza Roja de Moscú. Alojaba en época romana, entre otras cosas, un teatro, el Zaìro, en el que se representaban comedias satíricas.

Se encuentra a espaldas de la Basílica de San Antonio y actualmente es un lugar acogedor, perfecto para un paseo. Está decorado en su alrededor por setenta y ocho estatuas de personajes históricos (como Petrarca y Galileo) entre los que corre un pequeño canal.

Estatua de Galileo en Prato della Valle

De compras y gastronomía

Padua es destino de peregrinaje, por ello la Basílica de San Antonio está rodeada de tiendas y quioscos callejeros de recuerdos, desde velas y llaveros con la imagen del santo, a estatuas kitsch un tanto violentas. Hasta se puede encontrar un hojaldre relleno de mermelada de albaricoque llamado Torta di Sant’Antonio que dicen que representan la cúpula de la Basílica, es el “Vero Dolce del Santo”.

Torta de San Antonio, el verdadero dulce del santo

De la gastronomía típica de la zona destacan los platos de pescado, como el “baccalà mantecato” y la “sarde in saor”, deliciosos ambos, que se ofrecen como “degustazioni de cicchetti” (algo parecidas a nuestras tapas), acompañados de una copa de vino local, como el prosecco. Gourmetteria es un céntrico local que es restaurante y tienda de productos seleccionados de toda Italia y donde podemos degustar estas delicias gastronómicas.

 

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Texto: Anel Fernández
Fotografías: Anel Fernández