Si la biodiversidad tuviera un nombre propio se llamaría Colombia. Páramos, selvas, sabanas, bosques, humedales y llanuras forman un mosaico de ecosistemas capaces de albergar miles de vidas animales y vegetales, pero también modelos de hábitats humanos sostenibles y genuinos, además de una multiculturalidad extraordinaria.
Estar en la zona ecuatorial sumado a las condiciones geológicas del país permiten disfrutar de una variedad de ecosistemas y paisajes en los que se desarrollan experiencias naturales que persiguen la comprensión y la conservación del patrimonio natural colombiano.
Con la segunda mayor biodiversidad del mundo, contabiliza más de cincuenta mil especies de animales y plantas, lo que significa el 10% del censo mundial y aún no está todo el territorio explorado, por lo que el futuro depara nuevas sorpresas. Esta maravilla natural comporta otro valor muy interesante en cuanto a especies endémicas que sólo se pueden ver aquí, lo que coloca al país en el tercer lugar a nivel mundial después de Brasil e Indonesia.
Colombia, el único de Suramérica con costas a los océanos Atlántico y Pacífico, es un paraíso para la observación de aves, pues alberga la mayor cantidad de especies del mundo con más de mil novecientas veinte diferentes, setenta y tres de las cuales son endémicas. En cuanto al avistamiento de ballenas, sus ocho mil quinientos kilómetros de litoral son recorridos por las ballenas jorobadas en su viaje desde la Antártida hasta llegar a la costa del Pacífico colombiano entre julio y noviembre, siendo muy visibles en el Parque Nacional Natural Gorgona, al que se llega en apenas hora y media de lancha.
Biodiversidad cultural y natural
Una parte importante de la rica diversidad cultural y la impresionante riqueza natural de Colombia tienen sus raíces en la Amazonía. El río brinda una oportunidad única y auténtica de experimentar un territorio virgen lleno de comunidades nativas que viven de la tierra y practican creencias y rituales aun relativamente desconocidos para el mundo occidental.
Los Llanos Orientales colombianos también son un destino perfecto para disfrutar de experiencias en contacto con la naturaleza. Esta área, conocida popularmente como el ombligo del país, constituye el 28% de Colombia y tiene más de trescientos mil kilómetros cuadrados de llanuras para descubrir, llenas de abundante flora y fauna, perfectas para entrar en contacto con el medio ambiente. Por ejemplo, en el Bioparque Los Ocarros y el río Manacacías se pueden observar una serie de especies fascinantes, incluidos los inusuales delfines rosados. Caño Cristales es un río llamado así por el arcoíris de colores que decoran su cauce gracias a las plantas acuáticas que allí crecen. El excepcional patrimonio natural de esta región se acompaña de una tradición cultural igualmente fascinante cultivada por los “llaneros”, trabajadores que crían ganado y conocidos también por vestir “liquiliquis”. Estos pastores cuentan historias de fantasmas, participan en “coleos”, eventos en los que los llaneros persiguen el ganado a caballo, y bailan el “zapateo” con música de “joropo”.
No podemos olvidar que dentro del universo de la biodiversidad están también las playas y en Colombia son espectaculares, culturalmente también.
El Caribe es una de las regiones más coloridas y alegres del país. Sus playas, sus sabores, sus fiestas, su música, su gente y sus historias son la cuna del realismo mágico de García Márquez. A esta región pertenecen algunas de las principales ciudades como Barranquilla, Santa Marta con su diversidad cultural y la riqueza de ecosistemas como el Parque Nacional Natural Tayrona y la Sierra Nevada de Santa Marta y Cartagena, reconocida mundialmente por la belleza de sus calles coloniales, de su centro histórico y de su icónico castillo de San Felipe de Barajas.
Otro de los atractivos de esta región es su gran variedad de playas, únicas por sus aguas cristalinas, por su arena blanca y sus imponentes paisajes.
Además, la región caribeña ofrece una rica cultura que se mueve al son de los ecos del acordeón y de su impresionante variedad gastronómica, resultado de la combinación de los ricos productos locales y de prácticas culinarias tradicionales. Entre los más representativos están el arroz con coco, el ceviche de camarón, el sancocho de pescado, la arepa de huevo, la carimañola y el queso costeño, entre otros.
Colombia es el mayor productor de café del mundo y su aroma se respira en las montañas de los Andes Occidentales, en un paisaje encantador con pueblos de vivos colores, en los que los verdaderos protagonistas son los “paisas”, los agradables habitantes de la región conocidos por su cultura trabajadora y gran hospitalidad. La región es una brillante tierra de laderas perfectamente cuidadas y de exuberantes valles llenos de flores que atraen infinidad de aves exóticas. Aquí la agricultura y la naturaleza coexisten en armonía, en parte como resultado de la omnipresencia del perpetuo arbusto de café, el cual parece haber sido diseñado específicamente para estas montañas.
Pero el café es más que solo cultivo, es un estilo de vida. Si bien es cierto que la cosecha de café se da en diferentes regiones del país, en ninguna es tan importante como en la cultura local de los Andes Occidentales. El vínculo entre el grano de café y estas tierras es tan esencial que la región ha sido declarada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, designándola así, como el Paisaje Cultural Cafetero.
Las montañas del Eje Cafetero fueron colonizadas por primera vez por paisas de Antioquia en la busca de tierras fértiles. Los primeros colonos llevaron consigo el amor por el campo, la buena gastronomía y una distintiva arquitectura. Desde aquí se puede acceder al magnífico Parque Nacional Los Nevados, que ofrece excursiones de altura entre glaciares, páramos y lagos. La acción térmica de los volcanes permite calentar media docena de baños termales en las estribaciones de las montañas, ideales para un relajante baño.
De camino a la costa oeste merece la pena desviarse hasta el municipio de Ipiales, junto a la frontera con Ecuador y visitar el santuario de Nuestra Señora de las Lajas. Situado en el cañón de Guáitara, es una espectacular construcción en piedra gris y blanca de principios del siglo XX en estilo neogótico. El lugar es muy interesante tanto por la complejidad de su particular ubicación, como por ser culturalmente un elemento de profunda devoción de las gentes de la zona.
En el Pacífico, el negro característico de las playas contrasta con el verde de la espesa vegetación. Una combinación única que, al ritmo del currulao, atrapa a todo aquel que visite la región. En este paraíso multicolor sobresale la belleza de playas exóticas en las que es posible disfrutar del tranquilo sonido del mar y de la majestuosidad de los paisajes de este territorio.
Un ejemplo de esto es Bahía Solano, uno de los destinos turísticos más visitados de Colombia, donde la selva, los corales, los manglares y la diversidad animal ofrecen una experiencia natural inigualable, pues dependiendo de la época del año los turistas se encontrarán con la visita de aves migratorias, de tortugas y de las esperadas ballenas jorobadas. Otra de las playas destacadas de la región es Nuquí, un lugar que, además de poseer una gran belleza, es perfecto para practicar deportes náuticos, bucear y hacer ecoturismo.
La tierra de los 1000 Ritmos
Culturalmente, gracias a las herencias indígenas, africanas y europeas, Colombia es un universo multicolor y plurisonoro que ha sabido armonizar todas las influencias y crear una identidad propia.
En este cofre de esencias tiene mención especial ciudades como Cali, también conocida como la capital mundial de la salsa, con locales de música en vivo que resuena por toda la ciudad. Se puede encontrar la música afrodescendiente de la Costa Pacífica en ritmos como currulao, chirimía, alabao, bunde y juga. La histórica Cartagena, un crisol de culturas y el lugar de nacimiento de la champeta, un género de música y danza alegre con ascendencia africana. Bogotá es una metrópolis moderna que celebra los sonidos de las fusiones culturales, los legados musicales históricos y las nuevas propuestas independientes. Los visitantes también pueden dirigirse al norte de Bogotá para escuchar las melodías musicales tradicionales de la región de Boyacá. Además, la cultura y tradición vaquera en los Llanos Orientales donde los vaqueros y los ganaderos se reúnen para celebrar su amada música y su cultura única que se ha mantenido inalterada durante siglos siendo el joropo el ritmo de la región y se toca con arpa, maracas y una pequeña guitarra de cuatro cuerdas.
No puede quedar fuera el Carnaval de Barranquilla declarado por la UNESCO como “Obra maestra del patrimonio oral y tangible de la humanidad» y que se lleva a cabo cada mes de febrero.
Por todo esto ha recibido el apelativo de la Tierra de los 1000 Ritmos ya que cada rincón del país tiene su propio sonido único; de hecho, pudiendo ser explorado a través de su música, una parte integral de la cultura y la tradición colombianas.