GIGANTES EN EL MAR

Prodigios naturales en la costa asturiana

Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación

La costa asturiana es generosa en contrastes entre el mar y la montaña. A lo largo de sus cuatrocientos kilómetros, más de doscientas playas, faros, torres vigías, castros, pueblos y villas marineras, acantilados y miradores hacen de la Costa Verde uno de los lugares más bellos de la Península Ibérica.

Pero sin duda alguna, la costa occidental es la que cuenta con las playas más salvajes y naturales. Considerada como una de las mejor conservadas de España, es ideal para disfrutar y conectar con la naturaleza en estado puro.

Desde Castropol con sus impresionantes vistas de la costa Cantábrica hasta Cudillero con arenales de grandiosa belleza protegidos por sobrecogedores acantilados, pasando por Tapia de Casariego con algunos de los enclaves mejor valorados de la zona, la costa occidental asturiana es todo un mundo de prodigios naturales y culturales.

Playa de Mexota, precioso remanso de aguas cristalinas

Situada en el concejo Tapia de Casariego, la playa de Mexota está divida por un islote rocoso que le confiere un aire inconfundible y de visita obligada para los amantes de la fotografía. Protegida por dos grandes acantilados, su fina arena de color blanco tostado la convierten en un auténtico oasis de paz y tranquilidad, donde la brisa marina es un alivio en los días más calurosos.

El litoral asturiano más reconocido cerca de Castelo del Esteiro

Muy cerca de la playa de la Paloma o del Esteiro, como también es conocida, y a poca distancia de Tapia de Casariego se encuentra el castro del Esteiro, uno de los muchos poblados fortificados que esconde el litoral asturiano. Acercándonos a los vertiginosos acantilados descubrimos un paisaje sorprendente y a la vez sobrecogedor, que a lo largo de los siglos han ido cincelando con infinita paciencia los vientos del norte y las aguas del Cantábrico.

Playa de Porcia, al abrigo de las inclemencias marinas

Muy cerca de El Franco se encuentra esta playa de cantos y arena. Refugio de aves migratorias y zona de alto valor natural y paisajístico, la playa de Porcia es conocida por sus meandros fluviales y sus islotes del Boy, donde se ubicaba un cargadero de mineral. Además, en ella son todavía visibles restos de diversos noyares en las rocas para el amarre de los barcos. Cuenta también con marismas, pequeñas dunas y varias islas como Isla Grande, Isla Pequeña y Gavioteiro.

Corría el año 1929 cuando el carguero holandés Valkenburg naufragó muy cerca de la playa de Porcia con un cargamento de más de tres mil toneladas de mineral de hierro. Este hecho dio lugar a una creencia entre los habitantes de la zona, a caballo entre la leyenda y la realidad, que sostiene que el mineral hundido atrae los relámpagos de las temidas tormentas del Cantábrico, concretamente en un resalte aplanado conocido como A Pedra Imán.

Castro de Cabo Blanco, escenario cinematográfico

Todos aquellos que hayan visto La última noche en Tremor, van a reconocer en Castro de Cabo Blanco una de las localizaciones donde se rodó una escena de la serie de Netflix. En este caso no se trata de un lugar creado por la naturaleza, sino que es la mano del hombre la que está detrás.

Por extensión, Cabo Blanco es el castro más importante de la comarca y uno de los más destacados de Asturias. Situado en Valdepares, en el concejo de El Franco, sus orígenes se remontan a la Edad del Hierro (siglos VIII-I a.C.) momento en que se limitaba al estrecho brazo de tierra que constituye el cabo. Fue con la ocupación romana cuando se extendió sobre el continente formando un vasto recinto defendido por un parapeto de dimensiones monumentales, como se puede observar en los tramos que se conservan, superando los cuatro metros de altura.

Playa de Barayo, dunas, marismas y una playa salvaje

Dejamos atrás el concejo de El Franco, pero no abandonamos La última noche en Tremor. Aquí encontramos dos nuevas localizaciones de la serie. Por un lado, el pueblo de Puerto de Vega que da vida a Tremor y, por otro lado, la playa de Barayo, que comparten los concejos de Valdés y Navia.

Desde el aparcamiento de Sabugo una senda nos acerca a la playa mientras disfrutamos de bellas y espectaculares panorámicas con el azul del mar Cantábrico y de los meandros y las dunas que caracterizan a este enclave natural. El Parque Natural de Barayo está formado por el tramo final del río que lleva el mismo nombre, las antes mencionadas dunas y marismas y la salvaje playa de arena oscura.

Hábitat natural de variada avifauna y de gran valor ecológico y paisajístico, está formada por dos lenguas de arena, una que cubre el frente de la costa y otra que sirve de ribera a las aguas dulces.

A un lado de Barayo se encuentran las cuevas conocidas como Las Sántinas creadas por la acción erosiva del oleaje al golpear el acantilado, donde el protagonista de la serie firmó una escena con sus dos hijos.

Playa de Portizuelo, el paseo de un premio Nobel

Transitables caminos desde Villar o Barcia hacen posible llegar con facilidad a la playa de Portizuelo. Enclavada dentro del Paisaje Protegido de la Costa Occidental es pedregosa, de cantos rodados y de inusitada belleza. La mirada curiosa del visitante se para en esta playa por las caprichosas formas rocosas con formas de punta que salpican la costa. Una de ellas, y seguramente la más famosa, es la conocida como Piedra El Óleo, inspiración de artistas que no han podido negarse a inmortalizarla en sus lienzos.

Lugar elegido por el Premio Nobel de Medicina Severo Ochoa, nacido en la cercana localidad de Luarca, para pasear, era también el punto de encuentro donde en el pasado se congregaban las maruyas, aldeanas que se bañaban vestidas.

Cabo Busto, inmensidad y sosiego

Desde el pueblo de Busto y atravesando campos de labor, pinares, robledales y boques de ribera se llega a Cabo Busto, que junto con Peñas y Vidio es uno de los más llamativos de la costa asturiana. El faro, inaugurado en 1858, está situado en una de las atalayas más impresionantes del litoral occidental y desde sus vertiginosos acantilados se disfrutan las aguas cristalinas y los fondos marinos de singular belleza del Cantábrico. Una ruta que recorre Cabo Busto permite acercarse a numerosos miradores desde donde se aprecian bonitas vistas de las islas de La Moura, Las Mochas y del Salto o de las playas Boxada el Vino, Serrón, Barchinas o Vallino.

Playa del Silencio, el mutismo del mar

También conocida como Gavieiru, está situada en la localidad de Castañeras y se accede a ella a través de numerosas escaleras en un recorrido de aproximadamente quinientos metros. En este imponente anfiteatro natural, protegido por acantilados e islotes de diferentes tamaños que aplacan la fuerza del mar, la sensación de asilamiento y recogimiento te invade, siendo el silencio del mar y el vuelo rasante de las aves marinas los compañeros en este fantástico viaje. Paraje casi virgen, aunque muy visitado, es uno de los rincones más hermosos del occidente asturiano.

Cabo Vidio, obra de arte de la naturaleza

Espectacular acantilado de cuarcitas y pizarras yuxtapuestas y alineadas formando una grandiosa escultura de roca. Lugar único repleto de secretos, punto geográficamente estratégico y el más septentrional de Asturias, desde aquí es posible admirar en días despejados desde cabo Peñas hasta la Estaca de Bares.

Presidido por el último faro construido en Asturias, justo en la mitad del siglo XX, a sus pies hay una gran cavidad natural, conocida como “la iglesiona” con una gran cúpula redondeada que alcanza los sesenta metros de altura. Y al norte, una enorme e inaccesible roca pone fin al cabo. Es el islote Chouzano, donde anidan cormoranes y gaviotas.

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Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación