JORDANIA

Senderos de historia

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Jordan Tourism | Norbert Eisele-Hein | Ali Barqawi | Rayints | Fadi Amirah 5DIV | Travelwild/Shutterstock | Cardinalia Comunicación

Más allá del Jordán, el bíblico río en cuyas aguas fue bautizado Jesucristo, se extiende una tierra de gente hospitalaria por la que han pasado casi todos los pueblos. Tardaríamos menos en citar a las culturas que no han dejado su huella que en mencionar a las que lo hicieron, por lo que el Reino Hachemita de Jordania es un cofre de sorpresas para descubrir sin prisas.

En Jordania hay mucho que ver más allá de los tópicos. Por su estratégica situación a caballo entre oriente y occidente siempre fue una tierra codiciada, Tierra Santa de judíos, cristianos y musulmanes, paso de caravanas de mercaderes y rutas de peregrinación, escenario de rodaje de míticas películas y, sobre todo, un país que guarda tantos hitos culturales que lo convierten en sí mismo en un destino con personalidad propia, sin necesidad de formar parte de otros itinerarios vecinos.

Desiertos, fortalezas legendarias, yacimientos arqueológicos con sus capítulos de la historia, lugares santos y senderos cargados de misticismo, aguas en las que flotar o en las que bucear, una naturaleza extrema y por ello fascinante, justifican que Jordania sea mucho más que Petra, que también.

Jordán, “el que fluye hacia abajo”

Tomando como brújula metafórica el significado de la palabra Jordán en lenguas semíticas, iniciamos un viaje de arriba a abajo, de norte a sur por el valle del río en el que fue bautizado Jesucristo y que determina la frontera con el vecino estado de Israel, a lo largo de la falla tectónica que separa las placas africana y arábiga. En el recorrido hasta despedirnos de él en el lago que conocemos como Mar Muerto, a cuatrocientos veintiséis metros por debajo del nivel del mar, el camino será un rosario de sorpresas.

Umm Qays es una antigua ciudad jordana ubicada donde estaba la antigua urbe romana de Gádara, muy próxima a las fronteras con Siria e Israel. Fue parte de la Decápolis grecorromana por ser una de las diez ciudades más importantes del Imperio, en lo que hoy es Oriente Medio y reconocida en su momento como centro cultural por su estilo de vida intelectual y por ser el lugar de nacimiento de grandes filósofos de la antigüedad. El historiador griego Polibio describe Gádara en el año 218 a. C. como «el más fuerte de todos los lugares de la región».

Dominando el valle del Jordán al estar en la cima de una montaña, la ciudad es como un libro de historia al aire libre, desde donde se disfruta de unas increíbles vistas panorámicas que llegan hasta el Mar de Galilea, la frontera con Líbano o los Altos del Golán.

Llama la atención la superposición de restos arquitectónicos romanos del siglo III a. C. con otros de la época otomana, pero es muy destacable el conjunto de teatros, sobre todo uno realizado en basalto negro, el jardín con sarcófagos tallados, la peculiar basílica, un mausoleo subterráneo, baños, una puerta de la ciudad, una interesante necrópolis y los restos de lo que en algún momento fue un hipódromo.

Umm Qays también debe parte de su fama a sus referencias en textos bíblicos, ya que, según estas Jesús aquí hizo uno de sus milagros expulsando demonios de un hombre “en el país de los Gadarenes”. En el Evangelio de Mateo se habla de un encuentro entre Jesús y dos hombres «poseídos por demonios» en el cementerio de aquí, donde son exorcizados.

Umm Qays, en el pasado importante centro cultural

Seguimos hacia el sur al encuentro de otro de esos lugares especiales que hace a Jordania diferente. Tel Mar Elias está asociada con Tishbe, referenciada en la Biblia como lugar de residencia y posiblemente de nacimiento del profeta Elías, venerado tanto por judíos, cristianos y musulmanes.

Además de la importancia histórica, culturalmente es interesantísima gracias al magnífico patrimonio arqueológico en el que destacan dos iglesias bizantinas, en cuyos suelos se despliegan espléndidos mosaicos con motivos geométricos y vegetales. En uno de los mosaicos hay una inscripción que invoca a San Elías bendiciendo al presbítero y a su esposa, indicando también el año 622 d.C. como el de finalización de la obra de arte.

Hacia el noroeste del edificio hay un baptisterio que probablemente fuera construido más tarde, aunque también pavimentado con mosaicos. Al suroeste quedan los restos de lo que pudo ser un monasterio, con una cámara funeraria a la que se puede acceder a través de una escalera tallada en roca. Los coloridos trozos de tela atados a los árboles revelan que aún hoy, Tell Mar Elias sigue siendo un lugar sagrado.

Volvemos a orillas del río Jordán para encontrarnos con el Sitio del Bautismo de Jesús, cuyo testimonio más antiguo de su ubicación lo encontramos en el legado de un peregrino anónimo de Piacenza en el año 570. El conjunto arqueológico, situado a unos nueve kilómetros al norte del Mar Muerto, es de inmensa importancia para el cristianismo porque es reconocido como el lugar donde Jesús de Nazaret fue bautizado por Juan el Bautista. Consta de dos zonas conectadas por el Wadi al-Kharrar de densa vegetación: Tell Al-Kharrar, también conocido como Colina de Elías y la zona a poco más de un kilómetro junto el río, con iglesias, fuentes bautismales y restos de antiguos edificios religiosos que abarcan desde la época romana y bizantina, así como de la Edad Media. Entre ellos se encuentran un monasterio, iglesias, capillas, instalaciones de agua, varios estanques, cuevas y otras viviendas de ermitaños y monjes.

Lugar donde Jesucristo fue bautizado por San Juan Bautista

La parte más imponente de las ruinas corresponden al monasterio ortodoxo griego con una cripta de época bizantina. En la Edad Media el emperador bizantino Manuele Comneno (1143-1180) hizo reconstruir y fortificar el monasterio, que sin embargo después volvió a decaer de nuevo. En 1882 el Patriarcado greco-ortodoxo compró el terreno e hizo resurgir la comunidad religiosa.  El nombre arameo-sirio del monasterio es muy antiguo, y también se conserva en árabe: Mar Yuhanna, literalmente el Señor Juan (cfr. la antigua invocación cristiana Mar-ana tha, «¡Ven, Señor!», en 1Cor 16,22)

Ocho iglesias cristianas presentes en la zona comparten la propiedad de estos lugares tan simbólicos: católica, greco-ortodoxa, armenia, copta, etíope, rumana, siria y rusa.

El lugar del bautismo está indicado con el nombre árabe de Qasr al-Yahud, fortaleza de los judíos, probablemente en recuerdo del paso del río por los israelitas cuando llegaron a la Tierra Prometida (Jos 3,14-17).

Seguimos río abajo hasta el mar Muerto, citado en la Biblia y visitado por Cleopatra, para despedirnos del Jordán en uno de los paisajes más espectaculares del planeta, antes de poner rumbo a otros hitos fascinantes.

Un desierto fértil y evocador

«donde Dios mandó subir a Moisés diciéndole: “asciende al Monte Arabó, monte Nebó, en tierras de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en posesión a los hijos de Israel, y muere en ese monte a dónde vas a subir”. Así que Dios nuestro, Jesús, que nunca abandona a los que creen en él, también se dignó con ello hacer este favor a mis deseos». Así describió Egeria, la viajera gallega del siglo IV, lo que sintió al ascender al monte Nebo, uno de los lugares más míticos de la historia y nuestra siguiente parada.

Monte Nebo, uno de los lugares míticos de esta ruta

En el lugar en el que, según las Sagradas Escrituras, Moisés contempló la tierra prometida y el profeta Jeremías escondió el Arca de la Alianza en una de sus cuevas, se edificó en el siglo IV una primitiva iglesia ampliada en época bizantina y decorada con mosaicos del siglo VI.

Bajamos de la montaña para visitar Madaba. Situada en el conocido como Camino del Rey, llegó ser sede arzobispal con el emperador Justiniano. Famosa por sus virtuosos mosaicos, destacando el de la iglesia de San Jorge conocido como el Mapa de Tierra Santa, pues sitúa ciento cincuenta lugares bíblicos con Jerusalén en el centro. Otros mosaicos espléndidos están en el museo Arqueológico como el procedente de la iglesia de la Virgen de los Apóstoles además de otros con decoración de flores, plantas, aves, animales y escenas de mitología y de la vida diaria. La serenidad de Madaba invita a callejear y visitar las tiendas de artesanía en las que hacer tu propio mosaico.

Um er-Rasas es otro de los hitos arqueológicos jordanos con vestigios romanos, bizantinos y musulmanes. Citado en el Libro de Jeremías como el asentamiento bíblico de Mephaat, hoy goza de la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Además de la fuente inagotable de conocimiento que significan sus construcciones, es imprescindible comentar el descubrimiento del mayor y mejor conservado mosaico de Jordania. Hallado en la iglesia de San Esteban, su datación es del año 785 y está firmado por cuatro maestros. Representa escenas de caza y pesca, además de las ciudades más importantes de la región.

Fortaleza de Kerak, testigo de luchas entre los cruzados y Saladino

Nuestra siguiente parada es Mukawir, la fortaleza en la colina de Herodes el Grande donde su hijo, Herodes Antipas, ordenó decapitar a Juan el Bautista tras el fatídico baile de Salomé. Protegida por tres lados por profundos barrancos que la hacían casi inexpugnable, no hizo desistir a Herodes, quien levanto una muralla con altas torres en las esquinas. En el centro construyó un palacio que era «impresionante en tamaño y belleza», según Josefo. Ponemos rumbo a otro de los lugares especialmente sugerentes. La gran fortaleza de Kerak, testigo de encarnizadas luchas entre Saladino y los cruzados. Construida en el siglo XII por orden de Balduino I como una pieza clave de la línea defensiva que unía el mar Muerto con el puerto de Aqaba, coincidiendo con la ruta de caravanas de Damasco, cayo por la fuerza en manos de Saladino, quien perdonó a todos los prisioneros, menos al despiadado Reinaldo de Châtillon que ejecutó él mismo.

Castillo de Shobak, protagonista en el enfrentamiento entre musulmanes y cristianos

Dentro de ese mismo eje defensivo encontramos el castillo de Shobak en lo alto de una colina. Su imponente estampa del siglo XII en medio de una se las zonas más prístinas, junto a su excelente estado de conservación justifican el alto en el camino.

Petra representa una de las imágenes más icónicas de Jordania que bien merece un reportaje por sí misma, pero no podemos dejarla pasar en este fascinante viaje. La antigua ciudad nabatea, hoy Patrimonio de la Humanidad, fue un importante centro comercial en las rutas de mercaderes allá por el siglo VI a. C. El Tesoro, la universal fachada tallada en roca después de cruzar el desfiladero de piedra rojiza, junto al Monasterio con su urna pétrea, no menos hermoso, son tan sólo una pequeña muestra de la sublime excelencia de esta joya arquitectónica.

Petra, la mítica ciudad nabatea

Con la ensoñación a flor de piel y la tristeza de saber que el vieje termina, ponemos rumbo al último destino, el desierto de Wadi Rum, ese lugar mágico, aun habitado por beduinos, en el que la sensación de paz entra por los poros y donde el viento y el agua han tallado este laberinto de rocas que quieren rozar el cielo, algunas de ellas decoradas con arte rupestre de más de cuatro mil años de antigüedad bajo un cielo estrellado inimaginable.

 

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Jordan Tourism | Norbert Eisele-Hein | Ali Barqawi | Rayints | Fadi Amirah 5DIV | Travelwild/Shutterstock | Cardinalia Comunicación