Bañado por las aguas bravas del Atlántico, el archipiélago de Azores es una tierra de inusitada belleza, un regalo de la madre naturaleza que no sé si nos merecemos, pero que está ahí para que la descubramos, la admiremos y la amemos.
Azores está formado por nueve islas: Flores, Corvo, Terceira, Graciosa, San Jorge, Pico, Fayal, Santa María y São Miguel, esta última la más más grande del archipiélago, siendo el hogar de más de la mitad de la población de esta región autónoma portuguesa.
Descubierta probablemente entre 1427 y 1431, después de Santa María, los primeros habitantes de São Miguel se asentaron en la isla en 1440 llegados de las regiones del norte, de Extremadura, Algarve y Alentejo, a los que se sumaron posteriormente musulmanes, judíos, así como franceses e ingleses buscando sus fértiles suelos y algunas bahías seguras. Con el paso del tiempo se convirtió en un importante centro de comercio.
Tres son las ciudades que comparten la capitalidad de las Azores: Horta, Angra do Heroísmo y Ponta Delgada que, después del terremoto de 1522 que destruyó casi en su totalidad la que era la capital Vila Franca do Campo, adquiere un papel fundamental, consiguiendo en 1546 el título de ciudad.
Centro histórico de Ponta Delgada
Pequeño pueblo de pescadores en el pasado, Ponta Delgada alcanzó el estatus de ciudad en el siglo XVI, momento en el que el rey João III le otorgó tal distinción. Fue durante el siglo XIX cuando vivió su época más dorada gracias a la exportación de cítricos al Reino Unido y al asentamiento de comerciantes extranjeros, entre ellos familias judías.
Em el centro neurálgico de la ciudad y lugar donde se celebran acontecimientos festivos y deportivos como la Navidad o el Rally de las Líneas Aéreas de las Azores, la plaza Gonçalo Velho Cabral acoge el monumento más reconocido de Ponta Delgada, las Portas da Cidade. Claramente inspiradas en el arte barroco, fueron construidas en el año 1783 junto al antiguo muelle, hasta que en 1952 fueron trasladas a su ubicación actual tras la construcción de la avenida principal, conocida como Avenida Infante Dom Henrique o Avenida Marginal.
Desde aquí estrechas callejuelas de casas blancas y suelos empedrados nos acercan a iglesias, conventos, museos, colegios jesuitas, fuertes, teatros, mercados y terrazas donde es posible imbuirse del auténtico ambiente azoriano.
Muy cerca de las Portas da Cidade, en Largo da Matriz, se encuentra la Iglesia Matriz de São Sebastião, el templo principal de la ciudad. Construido en el siglo XV, en el mismo lugar donde se asentaba una ermita bajo la advocación de este santo, en su arquitectura se aprecia el gótico de sus orígenes, las influencias manuelinas y la ornamentación barroca. A su lado, la Torre Sineira fue construida en el siglo XVIII y sus casi treinta metros de altura permiten disfrutar de una maravillosa vista panorámica de la ciudad. En el catálogo de templos religiosos de la ciudad destacan también la iglesia de São Pedro considerado como uno de los templos más bonitos de las Azores y donde cada 29 de julio culmina el desfile medieval conocido como Cavalhadas y la ermita Mãe de Deus, en la que su privilegiada situación en lo alto de la colina Ladeira da Mãe de Deus regala inolvidables visitas de la ciudad. La experiencia en este templo se completa con el Jardín Mirante.
Museos de la ciudad
También los museos tienen un papel protagonista en Ponta Delgada, sobresaliendo el Museo Carlos Machado, uno de los más prestigioso del archipiélago que tiene sus orígenes en 1880. Lo que comenzó siendo una colección de zoología, botánica y mineralogía se completó más adelante con piezas etnográficas y de arte regional y a partir de 1930, momento en que pasa a ocupar las dependencias del Convento de Santo André del siglo XVII, la colección se amplía con piezas de joyería, arte tradicional, azulejo, porcelana o pintura. Por otro lado, el Museo Militar de las Azores hace un repaso por la historia militar de la región a través de una colección de armas antiguas y otros artefactos, ubicándose en la Fortaleza de São Brás, una construcción defensiva contra el ataque de corsarios y piratas levantada en el siglo XVI, la única que queda en pie en la ciudad.
Jardines, una plantación de piñas, una gruta y las playas más apetecibles
José do Canto, uno de los hombres más acaudalados de la isla, creo uno de los tesoros naturales de la isla. Un jardín botánico considerado un oasis de diversidad en el que se encuentran más de tres mil especies diferentes de plantas exóticas, muchas de ellas centenarias. Y compartiendo espacio con estas especies, el Palacio de Santana, majestuosa residencia neoclásica del siglo XVII y la ermita de Santa Ana, pequeña capilla del mismo siglo.
Otro de los jardines más significativos de Ponta Delgada y de toda la isla es el Jardim António Borges. Este marco privado del siglo XIX fue adquirido por el Ayuntamiento en 1957 para crear un parque municipal. Además de su extensa colección de plantas y árboles entre los que destaca el “Ficus macrophyylla” o higuera de la bahía de Moreton, un árbol colosal de raíces aéreas, el jardín es el lugar ideal para pasear, degustar un rico café en la cafetería, disfrutar de un buen libro junto a las pequeñas lagunas o recorrer los senderos que nos acercan a túneles artificiales y a pequeñas cuevas construidas con roca de lava roja.
Curiosa y visita obligada en la isla es la plantación de piñas de Augusto Arruda, donde se cultiva una variedad única de piñas con un método de cultivo exclusivo en el mundo y transmitido de una generación a otra. Fruta por excelencia de las Azores y más dulce que las que estamos acostumbrados a consumir en España y en el resto de Europa, son originarias de América Central y del Sur y fueron introducidas en la isla a mediados del siglo XIX. No se debe abandonar la plantación de piñas sin visitar la tienda donde adquirir algún recuerdo y sin degustar su delicioso zumo.
Muy cerca de Ponta Delgada se encuentra la Gruta do Carvão, un antiguo tubo de lava que se ha convertido en una de las atracciones turísticas más interesantes en los alrededores de la ciudad. Con una extensión de casi dos kilómetros y divida en cuatro tramos: Paim, Secadores de Tabaco, João do Rego y José Bensaúde, estando solamente el primero abierto al público, es otra de las maravillas naturales de São Miguel.
Si después de las emociones vividas descubriendo Ponta Delgada y sus alrededores sientes la necesidad de disfrutar de un momento de tranquilidad, lo encontrarás visitando algunas de las playas próximas a la ciudad. Muy cerca una de la otra, a tan solo diez minutos caminando por el paseo marítimo, las playas das Milicias y do Pópulo son el refugio de turistas y locales. De arena oscura de origen volcánico que contrasta con el verde de los alrededores creando un precioso entorno natural, ambas playas cuentan con aparcamiento, restaurantes cercanos y vigilancia continúa, siendo la playa das Milicias la elegida por aquellos que buscan deslizarse sobre las olas con su tabla.
Avistando delfines y ballenas
Miramos hacia el mar y nos dirigimos a Marina de Ponta Delgada, la zona portuaria de la ciudad y la más popular por concentrar gran parte de la oferta de restauración y ocio de la capital. Es aquí donde se pueden contratar actividades que nos llevarán al Atlántico para nadar con delfines o avistar cetáceos. También desde este punto parten las embarcaciones que realizan excursiones por el sur de São Miguel.
Lugar elegido por los turistas para degustar la gastronomía local, destacando los pescados y mariscos, al caer la noche la zona se transforma y el ambiente se anima, y tanto locales como visitantes se acercan aquí para dar por finalizado el día.
Lo que no debes perderte en la isla
Dejamos atrás la ciudad para descubrir rincones de la isla que son auténticas joyas naturales. A São Miguel la denominación de isla verde le viene dada por los extensos prados y por los grandes bosques situados en los valles y en zonas de difícil acceso. Especies nativas y endémicas como brezo, la faya, el laurel endémico y el acebo dan forma a una paleta de diferentes tonos de verdes que se extienden por el horizonte y son el hábitat perfecto para un ave muy especial, el camachuelo de las Azores o priôlo.
Otra estampa característica de la isla son las grandes lagunas que se encuentran en las calderas volcánicas y que son de grandiosas dimensiones. Las más conocidas son las de Sete Cidades, entre las que encontramos la de Fogo, de Santiago, Rasa, Canário, Éguas, Empadadas, Congro, São Brás y por supuesto, las lagunas Verde y Azul que ofrecen una estampa maravillosa desde el mirador Vista do Rei, lo que convierte a éste en visita obligada cuando se viaja a las Azores.
Una vista diferente de estas lagunas la tenemos desde el pequeño pueblo de Sete Cidades, donde además de admirar los inolvidables paisajes podemos realizar diferentes actividades al aire libre como senderismo, rutas en bicicleta eléctrica o excursiones en kayak por las lagunas. Y si nos decantamos por algo más cultural, podemos visitar la iglesia de São Nicolua, templo de estilo neogótico construida en el siglo XIX y a la que se llega recorriendo un sugerente paseo entre criptomerias, árbol endémico de Japón.
Otra laguna de renombre es la de Furnas, destacable por su extensión y por la exuberante vegetación que la rodea, razón por la que le ha valido el sobrenombre de Vale Formoso (Valle Hermoso). Uno de sus principales atractivos son las fumarolas y fuentes termales, especialmente las conocidas como “Caldeiras das Furnas” en las que además de ver y oler las emanaciones de vapor y gases sulfúricos, recorriendo un sendero se puede ver el aprovechamiento de las caldeiras para hacer el famoso “Cozido das Furnas”.
No podemos abandonar el lugar sin visitar el pueblo de Furnas y concretamente el Jardín Botánico Parque Terra Nostra, considerado uno de los más bellos de Europa y del mundo que cuenta con una gran diversidad de especies vegetales. Después de recorrerlo con pausa y admiración podemos dirigirnos a la piscina termal cuyas aguas poseen propiedades terapéuticas y medicinales. El inconfundible color marrón de su agua provocado por la gran concentración de hierro y su temperatura que oscila entre los treinta y ocho y los cuarenta grados centígrados convierten a este espacio en el lugar ideal para relajarse y porque no, para rejuvenecerse.
La costa bien merece una visita relajada
Acantilados decorados con hermosos bosques verdes, rocas basálticas que penetran en el mar como cuchillas, suaves ensenadas, lenguas de tierra sobre el mar, aquí conocidas como fajãs, increíbles playas de arena volcánica, así se muestra ante nuestros ojos la costa de São Miguel.
Por carreteras que en los meses de verano se visten con coloridos vestidos por la floración de las hortensias, se llega a los innumerables miradores como el de Santa Iria en Riberia Grande, uno de los más emblemáticos de la isla. Parada obligada donde dejar las horas pasar admirado el hermoso contraste del verde profundo de los acantilados y montañas con el azul intenso del Atlántico. También es vista obligada el mirador da Lomba do Cavaleiro que regala una vista panorámica de la pintoresca ciudad de Povoação y Ponta do Escalvado, desde donde se divisan los islotes de Vila Franca do Campo o el de Mosteiros.
Uno de los prodigios de la naturaleza en São Miguel son sus piscinas naturales de agua caliente. En Caloura, pequeña aldea de pescadores, las piscinas naturales están consideradas como una de las más emblemáticas de la isla. Situadas en el puerto pesquero, uno de los más antiguos de la isla, cuenta con excelentes instalaciones como acceso para personas con movilidad reducida, aparcamientos gratuitos, aseso, duchas y un restaurante, que para muchos es el mejor lugar para degustar el pescado de la región.
Otras piscinas naturales destacables de la isla las encontramos en Caldeira Velha, simplemente espectaculares; en Poça da Beija, de aguas cristalinas y barros tonificantes o en Caldeiras de Riberia Grande, rodeadas de árboles y campos humeantes.
Esto es sólo una pequeña parte de los que la isla de São Miguel puede ofrecer al visitante. Todas las joyas naturales, patrimoniales, culturales y gastronómicas con que cuenta el archipiélago dan para muchos más reportajes. Por lo que se hace obligado volver a visitarlas con clama y sosiego para no perdernos ninguno de sus infinitos detalles. Y nosotros nos encargaremos de contároslo.