La impresión que se lleva el viajero cuando visita Avilés por primera vez es la que ofrece el cinturón industrial que la rodea, pero cuando se adentra en la villa marinera se sorprenderá con un casco histórico por el que es una delicia pasear, con sus calles empedradas y sus soportales, sus alegres plazas, sus monumentos históricos, su gastronomía y sus gentes.
Esta villa de gran tradición marinera, en su tiempo uno de los puertos más importantes del Cantábrico, no contó con una población permanente hasta después de la época romana.
Algunos hechos históricos que marcaron su devenir fueron la concesión del fuero por el rey Alfonso VI de León en el siglo X, con el que consigue una serie de privilegios al serle designado el realengo, entre ellos la posibilidad de celebrar ferias y un mercado semanal.
En 1479 la villa sufre un gran incendio y los Reyes Católicos le otorgan varias mercedes para ayudar en su recuperación como la concesión del mercado semanal cada lunes, que todavía se celebra en la actualidad.
En la Edad Moderna se vivió un momento de esplendor con la llegada de la burguesía, al que le siguió un periodo de decadencia que se vería aliviado con el comercio de bienes de América, la llegada del ferrocarril y por su intensiva industrialización, sobre todo siderúrgica.
Sucesivas ampliaciones del puerto trajeron consigo el despegue industrial de la villa, favoreciendo además el desarrollo de una importante actividad conservera.
En la década de los 50 del siglo pasado el complejo industrial de Avilés se consolida con la instalación en ambas márgenes de la ría de grandes plantas productivas, promovidas por el Instituto Nacional de la Energía como Ensidesa o Aceralia. Legado industrial que ha convertido a la villa en una de las capitales más importantes de arqueología industrial a nivel nacional.
Casco histórico de Avilés
Considerado desde 1955 Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico, el casco antiguo avilesino es uno de los mejor conservados del norte español. Su arquitectura recorre distintas épocas de la historia, desde el románico hasta el patrimonio industrial del siglo XX, pasando por construcciones modernistas.
Edificios civiles y religiosos adornan bonitas calles como La Ferrería, Rivero, de los Frutos, Galiana, San Francisco o la Cámara, por las que el caminar se torna en una pausada experiencia para no perderse los mil y un detalles que salen a nuestro paso.
Como centro neurálgico de la villa tenemos la Plaza de España, también conocida con el sobrenombre de “El Parche”, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, momento en el cual el aumento de la población obligó a acometer un crecimiento urbano denominado “ensanche barroco”. Fruto de éste se levantaron tres destacados palacios: el Palacio Municipal o Ayuntamiento, el Palacio de Llano Ponte o Casa de García Pumarino y el Palacio de Ferrera que, junto al palacio de Camposagrado, dan forma a la espléndida herencia barroca de la ciudad.
Del considerado kilómetro 0 de la villa parten las calles más típicas y concurridas de la ciudad. Caminar por la Ferrería es recordar la figura de Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de la Florida, que vio la luz en esta calle. La arteria principal del antiguo recinto amurallado es la que conserva un ambiente medieval más puro y está adornada con soportales que daban cobijo a la gente en momentos de lluvia. Debe su nombre a los herreros que aquí se asentaban, aunque otra teoría nos habla de la existencia de una ferrería al principio de la calle. La Ferrería nos acerca al palacio de Valdecarzana que alberga el Archivo Histórico de Avilés y que custodia el Fuero de Avilés, el documento escrito en asturiano más antiguo conocido; a la Plaza de Carlos Lobo o de San Nicolás donde se encontraban los alfolíes, almacenes de sal de vital importancia en el comercio de la época; a la iglesia de los Padres Franciscanos construida entre los siglos XII y XIII, a la capilla de las Alas, el único monumento gótico de la ciudad y al Museo de la Historia Urbana de Avilés. Y al final de la calle se despliega ante nuestros ojos el Parque del Muelle.
Por otro lado, la calle la Fruta es la otra artería principal del Avilés medieval. Originariamente eran dos calles que seguían el mismo esquema que La Ferrería, contando con soportales en ambos lados hasta que dos incendios acaecidos en 1478 y 1621 destruyen muchas de las casas, aprovechando su reconstrucción para dotarla de más amplitud y darle el nombre que tiene actualmente. Esta calle finaliza en la Plaza de Camposagrado, donde se encuentra el palacio del mismo nombre. Es el más destacado de Avilés y está considerado por algunos expertos como el mejor ejemplo del barroco asturiano.
Estas dos calles están unidas por la de San Bernardo, conocida así por el monasterio de las monjas Bernadas levantado en 1553 y demolido a finales del siglo XIX.
La calle la Cámara es la arteria principal de la ciudad en la actualidad, nacida en el Avilés burgués del siglo XIX para unir la villa con el barrio de Sabugo. En su recorrido destaca el palacio de Maqua, construido en 1855 por encargo del primer marqués de San Juan de Nieva y la Plaza del Mercado o de los Hermanos Orbón, quizás el espacio arquitectónico más singular de Avilés.
Al final de la calle y situada en la plaza de La Merced, la iglesia de Santo Tomás de Canterbury o iglesia nueva de Sabugo fue construida en 1903 con las piedras del antiguo convento de La Merced derruido en torno a 1895.
Estamos en el barrio marinero de Sabugo y no podemos dejar de visitar la Plaza del Carbayo con la iglesia vieja de Sabugo. Este espacio debe su nombre a un gran carbayo, nombre con el que se conoce en Asturias a los robles, que estaba plantado en el centro de la plaza, árboles que eran muy importantes por ser los utilizados para la construcción de los barcos pesqueros. Por último, la iglesia vieja de Sabugo data del siglo XIII y en uno de sus costados se encuentra la “Mesa de Mareantes”, punto de reunión de los pescadores para concretar los planes de pesca.
En la actualidad esta plaza es uno de los principales lugares de encuentro de los avilesinos, ideal para disfrutar de unos “culines” de sidra o de la gastronomía en algunas de sus terrazas.
La calle Rivero fue en época medieval el punto de entrada y salida de los productos que llegaban por barco al muelle en dirección a Oviedo, además de ser paso del Camino de Santiago. En ella destaca la capilla del Santo Cristo del Rivero y San Pedro del siglo XVII y la fuente de los Caños de Rivero del siglo XIX, además aquí se encuentra uno de los puntos de acceso al parque de Ferrera y al Jardín Francés del Marqués de Ferrera.
A un lado del palacio de Ferrara parte la calle de San Francisco jalonada por edificios modernistas que, junto a la fuente de los Caños de San Francisco, la iglesia de San Nicolás de Bari o el palacio de Balsera la convierten en una de las arterias más bonitas de la villa. La iglesia de San Nicolás de Bari o de San Francisco fue construida en su mayor parte en el siglo XIV, formando parte de un monasterio de la Orden de los Franciscanos y en su interior destaca un capitel romano de mármol que hace las veces de pila bautismal. Por otro lado, el palacio de Balsera que realmente se encuentra en la Plaza de Álvarez de Acebal es uno de los edificios más llamativos de Avilés, además de un ejemplo claro del poder económico de la burguesía de principios del siglo XX. En la actualidad alberga el Conservatorio Municipal de Música Julián Orbón.
Con el crecimiento de la ciudad en el siglo XVII se empiezan a construir las primeras viviendas en la calle Galiana, o cañada que bajaba del Carbayedo al núcleo urbano. Presenta dos tipos de construcciones diferentes, de un lado las viviendas humildes de los artesanos, las casas bajo los soportales que aprovechaban para vender sus productos o trabajar y del otro lado las construcciones de los indianos levantadas a principios del siglo XX. Lugar elegido para disfrutar de las terrazas durante del día y del ambiente nocturno cuando cae la noche, a un lado de la calle se encuentra la plaza del Carbayón, conocida así porque antiguamente estaba ocupada por un bosque de Carbayos y donde se llevó a cabo el primer mercado de ganado de Asturias a finales del siglo XVIII, del que se conserva un abrevadero en la parte baja del parque. Desde esta calle se puede acceder también al parque de Ferrera y al jardín francés del Marqués de Ferrera.
Cementerio de La Carriona
Cada vez es más habitual encontrarse un cementerio entre los recursos que promociona un destino y Avilés no podía ser una excepción. El camposanto de La Carriona se inició en 1888 y fue inaugurado en 1890, en un momento de esplendor de la villa debido al retorno de los indianos que habían hecho fortuna en América, quienes no conformes con construir importantes edificios dentro de la ciudad, quisieron demostrar su poderío económico después de muertos con mausoleos adornados con esculturas de gran belleza. Algunos de los más impresionantes son los enterramientos de la Marquesa de San Juan de Nieva elaborado en mármol de Carrara, el de Armando Palacio Valdés, uno de los escritores más importantes del realismo español o el de la familia del Marqués de Teverga.
El cementerio cuenta además con un centro de interpretación donde es posible descubrir la historia del cementerio.
Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer
Avilés es una ciudad llena de vida cultural, muy comprometida con la literatura, la música, el teatro, el cine y la pintura. El Teatro Palacio Valdés y el Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer son dos de los escenarios donde se llevan a cabo diferentes actividades artísticas y culturales para orgullo de los avilesinos.
El Teatro Palacio Valdés fue inaugurado en 1920 cuando la ciudad contaba sólo con doce mil habitantes, lo que habla a las claras de las inquietudes culturales y artísticas de sus vecinos. Con una hermosa fachada neobarroca, el interior se adapta a la estructura de teatro “a la italiana”: auditorio con planta de herradura y varios pisos con palcos y galerías. Su telón estuvo bajado de 1972 a 1992 cuando se reinauguró después de una completa rehabilitación, gracias sobre todo a la movilización de colectivos ciudadanos que resultó crucial para su nueva puesta en marcha.
La gran revolución industrial de la mano de la siderurgia acaecida en el Avilés contemporáneo marcó la fisonomía postindustrial de la ciudad, inspirando al genio de la arquitectura Óscar Niemeyer en el diseño del Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer y simbolizando la renovación urbana y sociológica que vivió la zona.
Es el gran referente cultural de Avilés que le ha servido para ser reconocida más allá de nuestras fronteras, un regalo del genio brasileño para conmemorar el veinticinco aniversario de lo que hoy es la Fundación Princesa de Asturias, galardón que recibió en 1989. El centro cultural es una de las pocas obras fuera de su país que llevan su firma y está considerada como la más importante y querida en el exterior de Brasil.
Construido en cemento y con el blanco como color principal, el diseño arquitectónico consta de cinco espacios diferentes. La Plaza, lugar abierto de uso público donde celebrar actividades culturales o lúdicas; la Cúpula semiesférica de cuatro mil metros cuadrados, un edificio diáfano destinado a exposiciones; la Torre que con veinte metros de altura ofrece un mirador privilegiado sobre la ciudad y su ría y a la que se accede por una escalera espiral. En la actualidad alberga Yume, un restaurante con técnicas innovadoras y una mirada artística que convierte ingredientes humildes en experiencias sorprendentes. El Auditorio, espacio versátil en el que se llevan a cabo todo tipo de espectáculos y cuya sala principal cuenta con un escenario que se puede abrir hacia el exterior de la plaza, mientras que en el vestíbulo se realizan exposiciones temporales. Por último, el Edificio polivalente con una estética en la que la línea recta es la gran protagonista para ser el nexo de unión entre el auditorio y la cúpula. Cuenta con salas de exposiciones, reuniones y de cine.
En cuanto a la programación cultural, ésta gira en torno a la música, el cine, el teatro, la danza, las exposiciones o la palabra con la que pretenden llegar a todos los públicos.