VIAJE AL CORAZÓN VERDE

Pura seña de identidad

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: José Manuel Gutiérrez / Cardinalia Comunicación
VIAJE AL CORAZÓN VERDE

Relieves abruptos y grandes desniveles que, oscilando entre menos de mil metros en los valles más profundos y más de dos mil en los picos más altos, dibujan el hermoso paisaje del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre salpicado de pueblos que atesoran la esencia montañesa de León.

Este vasto paraíso de atormentados y hermosos relieves es un mosaico fascinante de biodiversidad, donde los valles encajados contrastan con las cumbres nevadas que salpican este territorio de alta montaña de la Cordillera Cantábrica, repartidos en sus más de cien mil hectáreas de extensión, justo en las cabeceras de los ríos Esla, Porma y Cea como parte del macizo montañoso de los Picos de Europa. 

Los senderos que serpentean a través de este paisaje permiten adentrarse en la naturaleza en su estado más puro, a través de bosques de ribera y de majestuosos hayedos, con su rica paleta de colores cambiantes con las estaciones. Casi medio centenar de especies de orquídeas salvajes tapizan sus puertos; la berrea de los venados en otoño es un espectáculo de la naturaleza difícil de olvidar y las aves alpinas sobrevuelan sin descanso los picos Gilbo, Yordas y Las Pintas, para recordarnos que este paisaje leonés es tan bello como singular. Por su parte, las praderas muestran su esplendor con especies endémicas como la violeta de Riaño y la genciana de Mampodre.

En este ecosistema coexisten especies emblemáticas como el oso pardo, el urogallo y el lobo ibérico, junto con la enigmática águila perdicera.

La capacidad de atracción de la naturaleza en este rincón del noreste de León, en un lugar de belleza espectacular que regala imágenes inolvidables como montañas reflejadas en aguas turquesas, ríos de aguas cristalinas, bosques mágicos, una rica fauna salvaje, lagos de origen glaciar y pueblos que conservan la esencia de la montaña leonesa, es absolutamente desbordante.

El Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre es uno de los grandes santuarios de fauna salvaje de todo el continente europeo, como también lo es para los amantes del senderismo, de la etnografía o de los rincones cargados de magia.

Un universo de formas y colores

Este espacio natural protegido, el segundo más grande de la península ibérica, abarca los valles de Valdeburón, Alto Porma, Alto Cea, Alión, Tierra de la Reina y el valle de Riaño y cada uno constituye en sí mismo un microcosmos sorprendente, rincones donde el lujo no se mide en estrellas, sino en cielos limpios, paisajes de ensueño y bosques donde reina el silencio custodiando todas las especies vegetales atlánticas.

El valle de Valdeburón se abre paso en el curso alto del río Esla y por él se extiende una de las colas del embalse de Riaño. Su paisaje alterna zonas de pastos y praderas con áreas de brezal y otras extensas de bosques de hayas y robles principalmente, con la omnipresente presencia del macizo de Mampodre. Su naturaleza calcárea y la huella glaciar han modelado un paisaje con presencia de circos, valles en artesa y morrenas glaciares como testigos del paso del tiempo.

Su belleza, singularidad y la importancia de sus características geológicas han motivado su inclusión en el catálogo LIG (Lugar de Interés Geológico) del Instituto Geológico y Minero de España y su catalogación como «Reserva geológica del Complejo glaciar de Mampodre”. Un magnífico marco orográfico que ofrece a los amantes de la montaña un auténtico paraíso para la práctica de senderismo, escalada, montañismo, esquí de travesía o la fotografía de naturaleza.

El valle del Alto Porma está esculpido por dos cauces principales: el arroyo del Páramo y el río Isoba que, una vez fundidos, darán lugar al río Porma en un trazado que alterna tramos rectos y sinuosos, en el que desaguan multitud de cauces secundarios muy encajonados y de fuerte pendiente.

La vegetación de ribera representada por una magnífica sauceda cantábrica mantiene, al igual que el conjunto del sistema fluvial, un excelente estado de conservación.

No importa hacia dónde se mire, pues siempre habrá un rincón que atrape nuestros sentidos como los majestuosos bosques de Puebla de Lillo y, más concretamente, su pinar, el único que se mantiene autóctono en España y cuyos orígenes los sitúan en más de cuatro mil años de antigüedad.
Las orillas del río Porma están habitadas por una generosa variedad de especies vegetales, con el roble, el acebo, el serbal de los cazadores, el abedul, el álamo, las hayas, los helechos y las aranderas como protagonistas.

El origen glaciar de este rincón del Parque Natural Montaña de Riaño y Manpodre lo demuestran sus valles y lagos. En la zona más alta, poco antes de llegar a la Estación Invernal de San Isidro, se extiende el lago de Isoba, que en invierno se convierte en un espejo al congelarse totalmente la superficie de agua.

Otro testigo del origen geológico del valle es el lago Ausente, cuya belleza extrema es fuente de inspiración para fotógrafos y pintores, además de fuente inagotable de leyendas.

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Lago de Isoba en el valle del Alto Porma

Alto Cea o valle de Prioro es un escenario de pura montaña caracterizado por extensas masas boscosas, en especial de roble y haya, aunque también hay áreas con plantaciones de pino, chopo, fresno y cerezos. Otra de las singularidades del valle son las zonas de paso de montaña, conocidas como collados o colladas, muy ligadas a la tradición del aprovechamiento de la ganadería extensiva y a la trashumancia.

Este reducto de naturaleza pristina es también rico en rutas y senderos para disfrutar de paisajes impresionantes. Entre las más populares se encuentran la Ruta del nacimiento del Río Cea y la Ruta de Prioro a Tejero, entre otras, pero todas con un denominador común: el contacto con una biodiversidad sorprendente.

El antiguo Concejo de Alión, correspondiente a las tierras bañadas por el río Esla en su último tramo antes de abandonar el Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un escenario en el que la naturaleza obsequia al hombre con lugares donde el paisaje y la historia parecen destinados a su goce personal, enclaves en los que todo parece hacer referencia a otro tiempo y donde las sensaciones se mezclan con la tierra para proporcionarle su verdadera identidad.

Es territorio vadiniense en el que las montañas, los valles y el río Esla no solo definen su orografía, sino también la vida de sus gentes. En verano, las praderas se convierten en hogar para los rebaños que nutren las raíces ganaderas de la región, mientras que el entorno ofrece múltiples posibilidades de disfrutar de una biodiversidad genuina, además de infinitas rutas para los amantes del senderismo, como el Camino Vadiniense, ese itinerario hoy convertido en ruta de peregrinación al encuentro del Camino Francés y cuyo origen sigue siendo una incógnita en la comunidad académica, pues hay quienes defienden su origen en una calzada romana y quienes lo sitúan en la época medieval.

Tierra de la Reina es la comarca más oriental del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, antesala del Parque Nacional de Picos de Europa.

En un sentido más romántico, los historiadores datan su nombre en la Edad Media, relacionándolo con la reina Berenguela de Castilla, mientras que la tradición popular lo asocia con la reina Constanza de Portugal, quien habría encontrado en este rincón leonés un refugio en tiempos difíciles y convulsos.

Como es de esperar, la orografía y una naturaleza inalterada son valores incontestables de este paso estratégico entre la meseta y la costa cantábrica. Montañas como el pico Murcia, el Coriscao o el Espigüete delimitan el horizonte con una estampa imponente, mientras que puertos como San Glorio o Pandetrave regalan panorámicas imposibles de olvidar con una belleza que trasciende la estacionalidad. Tanto en invierno bajo la nieve como en otoño, cuando los bosques se tiñen de tonos dorados y rojizos, o en primavera con el estallido de color de las masas de arbustos que tapizan las laderas, el espectáculo es hasta difícil de describir.

Este territorio de altas cumbres, puertos de montaña y valles profundos en los que los bosques de hayas y robles se mezclan con praderas abiertas, es también un paraíso de rutas senderistas que recorren aquellos caminos antiguos que los habitantes de los pueblos estaban obligados a mantener limpios de nieve, garantizando así la comunicación con el exterior de los valles.

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Otoño en Tierras de la Reina

El valle de Riaño alberga uno de los paisajes más espectaculares del norte de España. En el último tercio del siglo XX, aquí se vivió un hito histórico que cambió radicalmente la vida y el paisaje del valle, al quedar la mayor parte del territorio bajo las aguas de un pantano, un hecho no exento de confrontaciones, pero que hoy forma ya parte de su nueva identidad.

La propia localidad de Riaño fue destruida y posteriormente sumergida por el agua represada de los ríos Esla y Yuso, salvándose solo algunas emblemáticas edificaciones religiosas que se trasladaron piedra a piedra a una zona más elevada, como la de Santa Águeda, trasladada desde el desaparecido pueblo de Pedrosa del Rey con su portada románica o la ermita de Nuestra Señora del Rosario, del siglo XIII, que se rescató del pueblo de La Puerta.

Con un valle encajado entre montañas y marcado por la presencia del pantano, el catálogo de propuestas enfocadas al turismo y al ocio deportivo ha dado un paso adelante muy significativo.

A las clásicas actividades asociadas con la montaña, como el senderismo, montañismo, bicicleta de montaña, paseos a caballo, esquí de travesía, etc., el valle de Riaño suma ahora otras relacionadas con la observación de la naturaleza y fotografía de aves rapaces, además de actividades de tipo fluvial en kayak, piragüismo o la vela, a las que se suma otra en este paisaje único de la Cordillera Cantábrica: en el pequeño mar interior rodeado de cumbres de casi 2.000 metros de altura, surca las aguas un barco que recorre los rincones más escondidos del pantano, dejando en la retina imágenes que asemejan y recuerdan escenas de otras tierras. Son los ya universalmente conocidos como Fiordos de León.

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Múltiples propuestas lúdicas en el embalse de Riaño

En la margen izquierda del embalse se abre paso el valle de Anciles, uno de los rincones más bonitos y aislados de la montaña de Riaño. Secular aislamiento que ha contribuido a mantener toda su belleza. Infinitos bosques de hoja caduca y una fauna salvaje única a la que desde hace unos años se ha incorporado el bisonte europeo. Estos descendientes de los que habitaron esta tierra en el Paleolítico ocupan un territorio de quinientas hectáreas en estado de semilibertad y lo hacen sin apenas intervención humana, compartiendo espacio con la cabra hispánica, el corzo, el ciervo, el rebeco o el gato montés y aves como el águila real, el alimoche o el buitre. Pero el bisonte no es la única especie que ha sido incorporada recientemente al valle de Anciles; una manada de caballos Pottokka, autóctonos de Navarra y Euskadi, primos hermanos del famoso asturcón y descendientes de los caballos que habitaron la cordillera Cantábrica en la misma época que los bisontes, así como un pequeño grupo de búfalos asiáticos o de agua, completan el fabuloso catálogo animal de este recóndito paraje.

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Bisontes europeos en el valle de Anciles

Vive un patrimonio cultural único

El Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre es mucho más que paisaje. Aquí hay siglos de historia escritos en los pueblos, en los valles, en las iglesias, en las cabañas de los puertos y en sus caminos, pero también en sus gentes, quienes a lo largo del tiempo han compatibilizado su vida con la conservación de la naturaleza. Sin duda alguna, estas tierras no serían como son hoy en día sin su aportación.

Esta tierra atesora un interesante patrimonio inmaterial, es rica en costumbres ancestrales y ritos que han sabido sortear el paso del tiempo y algunos forman parte de sus señas de identidad.

Es el caso de la trashumancia, que desde hace siglos ha traído y llevado rebaños, favoreciendo así también interesantes intercambios culturales. Prioro es una de las localidades que más vinculación tiene con esta actividad. Por ella pasa la Cañada Real Leonesa Occidental y, para rememorar su pasado pastoril celebra, cada mes de junio la Fiesta de la Trashumancia, una cita cargada de simbolismo al celebrar el momento en el que antiguamente llegaban los rebaños y los pastores en busca de los prados frescos de alta montaña.

Otra de las joyas del patrimonio intangible de estas tierras es la Lucha Leonesa o Aluches como la denominan aquí. Declarada Bien de Interés Cultural y transmitido de padres a hijos por tradición oral, este deporte autóctono de la provincia de León está muy arraigado en estos rincones, por lo que no es difícil encontrar corros de lucha por los pueblos.

Básicamente, la Lucha Leonesa es un combate entre dos contendientes que, agarrados con las dos manos al cinto y mediante la utilización de estrategias conocidas como mañas, luchan por derribar al contrincante y llevarle al suelo. Aquí se entiende como una costumbre que favorece la deportividad y la nobleza, en honor también a que es el deporte más antiguo que se celebra en León, uno de los más ancestrales de España y Europa.

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Chozo de pastores en Cofiñal

Los carnavales tradicionales, como reflejo de las antiguas mascaradas de invierno de origen prerromano, en muchos casos están siendo recuperados en muchos pueblos con sus singularidades, devotas romerías repartidas por ermitas enclavadas en lugares de ensoñación y multitud de fiestas populares completan una agenda vibrante que cada año pone en valor el legado cultural genuino de esta tierra montañesa.

Desde el punto de vista monumental, las sorpresas se suceden por doquier. Desde las iglesias románicas trasladadas al entorno del pueblo de Riaño, los torreones medievales como el de Tovar en Boca de Huérgano o el de Puebla de Lillo, donde se ha instalado la Casa del Parque Montaña de Riaño y Mampodre, chozos de pastores, majadas, hórreos, una arquitectura tradicional propiamente montañesa y adaptada a la climatología, santuarios, palacios y casas blasonadas, pozos mineros en el valle de Sabero como homenaje a la memoria de la tradición minera o auténticas joyas de la arqueología industrial como el museo de la Siderurgia de Sabero, una bellísima construcción neogótica del siglo XIX que albergó una de las más importantes fundiciones del norte de España.

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Museo de la Siderurgia y la Minería de Sabero

Tampoco podemos pasar por alto una mención al pueblo de Lois. Declarado Conjunto Histórico, remonta sus orígenes al siglo X y en él destaca la bellísima iglesia de Santa María, también conocida como la Catedral de la Montaña, muy ligada también a la Cátedra de Latín, un legado testamentario de D. Jerónimo Rodríguez Castañón para impartir correctamente latín como paso previo a cursar estudios superiores.

La gastronomía refleja la cultura local desde la tradición del conocimiento de los recursos de la tierra con platos como el cocido leonés, la caldereta de cordero, los platos de caza, los embutidos, las setas y el queso de Valdeón, sin olvidar los frisuelos y tortitas rellenas.

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Queso de Valdeón

Turismo activo

El Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre ofrece una amplia gama de actividades para el turismo activo. El senderismo es destacado, con más de 30 rutas que exploran sus paisajes emblemáticos como la Ruta del Bosque de Hormas, la Ruta del Lago Ausente o la Ruta del Pinar de Lillo. Los amantes de la bicicleta de montaña disfrutarán de itinerarios como la Vía Verde del Esla, el Anillo Ciclista Montaña Leonesa y el Camino Natural del Valle del Porma. En invierno, esquiar es una opción en la estación de San Isidro para el esquí alpino y en el Centro de Esquí Nórdico Vegarada para el esquí nórdico.

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Estación de Esquí de San Isidro

Los aficionados a la escalada tienen varias zonas como el Sector La Mina, mientras que las tres vías ferratas en activo permiten recorrer paredes rocosas equipadas con peldaños, cables y puentes colgantes, combinando senderismo vertical y escalada de iniciación en un entorno seguro y accesible para diferentes niveles.

 

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: José Manuel Gutiérrez / Cardinalia Comunicación