Al norte de Italia y bañada por las aguas del río Po, la capital de la región de Piamonte está rodeada por los majestuosos Alpes, formando con estos una bella imagen que parece surgida de la imaginación del pintor Bernardo Bellotto. Turín conserva en sus calles y en sus edificios toda la elegancia de su glorioso pasado.
La que fue primera capital de Italia debe todo su esplendor a la Casa de Saboya, una de las dinastías más antiguas de Europa, que se encargó de llevar a cabo la unificación de Italia en el siglo XIX.
La capital piamontesa es una de las ciudades más industrializadas de Europa, formando junto con Génova y Milán el “triángulo industrial” del país y situándola en los puestos más destacados de Europa. Si histórica es la marca de automóviles FIAT; no lo es menos el hecho de que aquí se han fabricado varios módulos de la Estación Espacial Internacional. Así mismo, es un importante centro educativo, pues cuenta con la Universidad de Turín, con seis siglos de antigüedad, y con el Politécnico de Turín, lo que atrae la atención de estudiantes de todo el mundo, atraídos por una ciudad elegante y viva. En Turín se dan cita, complementándose a la perfección, un rico patrimonio histórico con una vibrante vida moderna.
Centro histórico de Turín
Los casi dieciocho kilómetros de soportales porticados lo convierten en uno de los conjuntos más extensos de Europa, decorando avenidas como Via Roma, Via Po o Via Palazzo di Città. Estos soportales no se construyeron como meros elementos decorativos, sino que tenían la función de proteger a sus habitantes de las inclemencias meteorológicas. Los que discurren por Via Po parten del Palacio Real, teniendo como caminante más famoso al monarca, pues la tradición contaba que el agua de la lluvia o la nieve no podía mojar su cabeza.
Elegantes avenidas que nos invitan a descubrir plazas como San Carlo, conocida como “el salón de Turín” y un alarde estético del mejor barroco italiano; Carlo Alberto, que acoge el Museo Nacional del Risorgimiento italiano, Carignano, con la majestuosa fachada barroca del Palacio Carignano, donde es obligado visitar la Cámara de Diputados del Parlamento Subalpino y la Cámara de los Diputados del Parlamento del Reino de Italia; o Castelo, con algunos de los edificios más destacados de Turín.
Algunos de los rincones más hermosos de la ciudad los encontramos en la Galería San Federico, construida en la década de 1930, y la Galería Subalpina es una de las tres galerías comerciales históricas de la capital.
También el Imperio Romano dejó una importante huella en Turín que en muchas ocasiones pasa desapercibida para el turista. La Puerta Palatina del siglo I y donde convergían las antiguas calzadas; las calles romanas que se pueden admirar descendiendo al Museo Diocesano en la catedral de San Juan Bautista; las ruinas del Teatro Romano o la cripta de la Puerta Decumana, con sistemas de alcantarillado, son quizá los restos más destacados que se conservan en la ciudad.
Por supuesto, en esta experiencia por el caso histórico de Turín no podemos olvidarnos del magnífico patrimonio religioso representado por iglesias como la San Felipe Neri, la más grande de la ciudad; la iglesia de San Lorenzo, punto de inflexión en el barroco turinés; o la Basílica del Corpus Domini, donde destaca el mármol negro y rojo que decora el interior.
Otro de los edificios emblemáticos de Turín es la Mole Antonelliana, encargada a Alessandro Antonelli por la comunidad judía como nueva sinagoga. Edificio neoclásico con una gigantesca cúpula neogótica que, desde el año 2000, es sede del Museo Nacional de Cine de Turín.
No podemos dar por finalizado este paso por el centro histórico sin mencionar el Museo Egipcio de Turín, uno de los más antiguos y el segundo en importancia por su colección de antigüedades después del Museo Egipcio de El Cairo.
El Palacio Real: esplendor y opulencia turinesa
Centro geográfico, estratégico y político de la capital saboyana, los orígenes del Palacio Real se remontan al año 1584. Fue en ese momento cuando Carlos Manuel I de Saboya mandó levantar una residencia para la corte, que acababa de trasladarse de la capital de Chambéry, recayendo el encargo en Ascanio Vitozzi.
Sus diferentes estancias fueron decoradas con ricos techos de madera dorada y pinturas conmemorativas con escenas alegóricas; tapices encargados a los talleres de Beauvais y de la Manufacture Royale des Gobelins de Francia; bóvedas pintadas, talladas y doradas; salas bellamente enriquecidas con estucos, espejos y lacas chinas…
Posteriores transformaciones llevan la firma de Filippo Juvarra, que se encargó de la renovación del acceso a la segunda planta con la escalera conocida como “de las tijeras”, y de Guarino Guarini, encargado de la construcción en el ábside de la catedral de la capilla de la Sábana Santa, a la que los Saboya podían acceder directamente.
El Palacio Real, uno de los palacios históricos más opulentos y suntuosos, alberga los Museos Reales, que están formados por la Armería o Arsenal, bellamente decorada por el pintor de la corte Claudio Francesco Beaumont; la Capilla de la Sábana Santa, donde se custodia el paño de lino en el que está impresa la imagen que los cristianos identifican con Cristo; la Galería Sabauda, con obras de Sandro Botticelli, Beato Angelico, Mantegna o Veronese, así como las famosas vistas de Turín de Bernardo Bellotto; los Jardines Reales, un espacio verde de extraordinario valor monumental y medioambiental; la Biblioteca Real, que cuenta con trece hojas autografiadas por Leonardo da Vinci y con el “Códice sobre el vuelo de las aves” y las Salas Chiablese, cuya decoración fue obra de los mejores artistas, tanto locales como llegados de Roma y Nápoles.
Palacio Madama, residencia de las madamas reales
La espectacular fachada barroca ideada por Filippo Juvarra recibe al visitante a la que fue residencia de las Madamas Reales Cristina de Francia y María Giovanna Batista de Saboya-Nemours. Antiguo castillo medieval de la ciudad; en 1638 Cristina de Francia encargó al arquitecto Amedeo di Castellamonte cubrir el antiguo patio medieval para realizar en la planta noble un espacio de representación y una gran sala para fiestas y recepciones.
Posteriormente, María Giovanna Batista de Saboya-Nemours la adoptó como su vivienda tras la muerte de su marido, el duque Carlo Emanuele II, en 1675, y la primera medida que tomó fue decorar lujosamente las salas con valiosos estucos dorados modelados por Pietro Somasso y espectaculares frescos realizados por Doménico Guidobono. En la actualidad alberga el Museo Cívico de Arte Antiguo, proponiendo un didáctico y a la vez lúdico viaje por el tiempo y la historia a través del Lapidario Medieval, las salas dedicadas al Gótico y al Renacimiento, las Artes Barrocas y la excepcional colección de Artes Decorativas.
Catedral de San Juan Bautista
Esta magnífica obra del Renacimiento, obra del arquitecto toscano Meo del Caprino, fue terminada en 1498. Como sucede con otros tantos edificios turineses, el austero exterior da paso a un interior marmóreo y luminoso en el que el gótico es el estilo predominante. Corazón espiritual de Turín y declarada Patrimonio de la Humanidad, alberga siglos de historia de la dinastía de los Saboya, como se ve en el escudo de armas de familia representado en el suelo de mármol negro y blanco o en los candelabros del altar principal en los que está grabada su cruz heráldica.
Impulsada por Guarino Guarini, padre teatino, matemático y uno de los principales protagonistas del barroco europeo, la construcción de la Capilla de la Sábana Santa se inició en 1607. Propiedad de la familia de Saboya desde 1453, la reliquia se conserva actualmente en un relicario especial situado al final de la nave lateral izquierda de la catedral. El arquitecto nacido en Módena creó una estructura que en su momento desafió todos los cánones arquitectónicos conocidos.
Además de la Capilla de la Sábana Santa, la catedral turinesa guarda numerosas joyas que es obligado admirar con calma. Hermosas capillas que albergan pinturas de los siglos XVI al XIX; un valioso retablo del XVI en la capilla de los santos Orso, Crispino y Crispiano; la Sacristía, en la que se conserva un retablo del XV obra de Martino Spanzotti y en el que los delicados dorados y azules revelan la influencia de los maestros milaneses. También sublimes imágenes como la Madonna Grande o Beata Vergine della Neve (Virgen de las Nieves) o la Vergine che allatta (Virgen de la Leche). Magníficas obras como el crucifijo del siglo XV de Baschenis, en el que la expresión de dolor del rostro muestra la transición del gótico al renacimiento en Piamonte; la tumba de Jeanne d’Orlier de la Balme, dama de la corte fallecida en 1478, o las estatuas de mármol de Santa Cristina y Santa Teresa, obra francesa de principios del siglo XVIII que llaman la atención por su plasticidad. Sin olvidarnos del monumental presbiterio del siglo XVIII en madera tallada y dorada; la Tribuna Real situada sobre la capilla de la Sábana Santa o el coro con escenas bíblicas que destacan por su perspectiva, algo inusual en las obras realizadas en el año 1470.
Basílica de Superga, el deseo de un rey
Abandonamos el centro histórico de Turín y nos embarcamos en un histórico viaje que comenzó hace casi ciento cincuenta años. Cariñosamente conocido como “Dentiera” o “Dentera” en piamontés, el tranvía Sassi-Superga vio la luz el 27 de abril de 1884 con la finalidad de conectar el barrio de Sassi con la Basílica de Superga, situada a seiscientos setenta y dos metros de altitud. Inicialmente accionado con un sistema de cable ideado por el ingeniero Tommaso Agudio, en 1934 se llevó a cabo una profunda renovación, siendo reabierto un año después con un nuevo sistema de cremallera.
Este tranvía, una de las pocas líneas de cremallera que aún funcionan en Italia, conserva los vagones que se utilizaban en la década de los treinta del siglo pasado y, además de atravesar dos galerías y varios viaductos, ofrece maravillosas e inolvidables vistas de Turín y de los Alpes.
La Basílica de Superga es una grandiosa obra maestra arquitectónica, que encierra una profunda historia de fe, compromiso y determinación, además de ser uno de los monumentos más icónicos de la capital piamontesa. La voluntad de Víctor Amadeo II de Saboya hizo posible la construcción de la Basílica de Superga, como muestra de agradecimiento por la victoria contra los franceses en 1706, y una vez más, el proyecto recayó en Filippo Juvarra, máximo exponente del barroco piamontés.
El arquitecto diseñó una basílica en la que se fusionan elementos del barroco romano con influencias neoclásicas. Solemne y regia es como se presenta Superga a los ojos del visitante gracias a su majestuosa fachada con un pórtico sostenido por ocho columnas corintias, mientras que la grandiosa cúpula está inspirada en el Panteón de Roma. Grandeza y espiritualidad en perfecto equilibrio es lo que nos encontramos al acceder al interior, y las sobrias decoraciones barrocas realzan la luminosidad de los espacios, despertando en todos nosotros la admiración.
En el subsuelo de la basílica se encuentra el mausoleo de la Casa de los Saboya, donde descansan numerosos miembros de esta dinastía, lo que confiere al lugar un importante valor histórico, además de representar el fuerte vínculo entre la familia real y la ciudad de Turín.
Un hecho trágico tuvo lugar en el muro trasero de la basílica. El Gran Torino como era conocido uno de los equipos de futbol de la ciudad en los años 40 del siglo pasado, además de dominador del campeonato italiano y base sobre la que se sustentaba la selección en esa época, sufrió un terrible accidente de avión debido a la espesa niebla y a un error de navegación. El resultado fue que todos los pasajeros del avión fallecieron. Una lápida conmemorativa con los nombres de todos los fallecidos recuerda a este equipo de leyenda.
Villa della Regina, residencia en la colina de un cardenal
Residencia predilecta de duquesas, princesas y reinas de la Casa Saboya hasta el siglo XIX, con jardines a la italiana, juegos de agua y áreas agrícolas, Villa della Regina fue construida en 1615 por el cardenal Mauricio de Saboya y la princesa Ludivica Cristina, su sobrina, con la que se había casado en 1642 tras dejar la púrpura cardenalicia, inspirándose en la elegancia paisajística de las villas romanas.
En 1657, tras la muerte de Mauricio de Saboya, su esposa amplió el complejo, transformó los jardines y edificios y renovó la decoración y el mobiliario acorde con los gustos de la época. Años más tarde, Ana de Orleans, esposa de Víctor Amadeo II; acometió importantes reformas. Encargadas a Filippo Juvarra primero y posteriormente a Giovanni Pietro Baroni di Tavigliano, se rediseñaron los espacios para que armonizasen con los jardines. Se llevó a cabo el gran vestíbulo que da acceso a la villa y los salones y apartamentos fueron embellecidos por algunos de los artistas más célebres que trabajaban en la capital saboyana. Los cuatro gabinetes o salitas situados en los torreones angulares fueron decorados y amueblados con objetos de estilo chino, siguiendo la moda y los gustos de las cortes europeas durante el siglo XVIII. Elegantes bóvedas de estuco blanco enriquecidas con lienzos del pintor Claudio Francesco Beaumont decoraban las salas de la planta noble, distribuidas en aposentos para la reina y el rey.
Después de recorrer las diferentes estancias de Villa della Regina con toda su grandeza y lujo, merece la pena disfrutar de un placentero paseo por los jardines, ser partícipes del espectacular diálogo entre la arquitectura, la naturaleza y el paisaje, y acabar la visita con las inolvidables vistas que regala la ciudad al viajero, con el río Po y los Alpes al fondo.
Buen comer y mejor beber
Italia es sinónimo de buena gastronomía y visitar Turín, garantía de que vas a disfrutar de una cocina que rivaliza con la de otras regiones del país. En esta línea, desde la Cámara de Comercio, en colaboración con Turismo Torino e Provincia, han puesto en marcha el circuito Mangèbin, en el que participan una serie de restaurantes que garantizan que el sesenta por ciento de las propuestas que ofrecen en sus cartas son de la región.
En la ciudad hay muchas más propuestas que harán que nuestro paladar alcance la mayor de las satisfacciones. Turín es la cuna del vermut y Mulassano, un vermut elaborado por la casa Bordiga empleando recetas tradicionales que se presenta en tres variedades: Rojo, Blanco y Dry.
En La Drogheria, un bar de cócteles, arte y entretenimiento, organizan cada mes diferentes catas con las que podrás descubrir el fascinante mundo del vermut, y también de los vinos y las bebidas y licores de todo tipo.
En Spegis Cioccolato confirmamos que el chocolate de Turín está a la altura del suizo o el belga. Aquí, la artesanía chocolatera se expresa a través de la creatividad y su trabajo se caracteriza por el uso de las materias primas más selectas que, combinadas con su conocimiento, dan lugar a una experiencia gustativa única.
Turín es ciudad de cafés históricos, algunos de ellos, los más bonitos de Europa. Podemos decantarnos por Mulassano, San Carlo, Fioro o Al Bicerin, donde vio la luz el famoso café con el mismo nombre y elaborado con café, chocolate y nata. ¡Simplemente delicioso!
La ciudad tiene la equivocada fama de ser una ciudad gris, quizá por estar siempre asociada a la industria que desde décadas allí está asentada. Nada más lejos de la realidad. La capital piamontesa es verde por los jardines y parques que la adornan; dorada por la decoración de sus palacios; blanca por la nieve de los Alpes; negra y roja por el mármol de sus templos religiosos y azul, amarilla, ocre… por los retablos de sus iglesias y pinturas de los techos de sus palacios. Turín no es gris, es multicolor.
https://turismotorino.org/en | https://www.italia.it/es| https://www.enit.it/en