Muy cerca de las fronteras con China y Kirguistán se encuentran dos de los lugares más impresionantes de Kazajistán, el Parque Nacional de Charyn y el Parque Nacional de los Lagos Kolsai y el Lago Kaindy, ambos, un regalo de la naturaleza. El primero por sus caprichosas formaciones rocosas que a lo largo del día mudan sus colores, pasando del escarlata al rosa hasta acabar en un radiante naranja con la puesta del sol y el segundo por sus aguas azules en un entorno natural privilegiado.
Antes de que los primeros rayos del sol de un día cualquiera del mes de septiembre hicieran su aparición, partimos de nuestro hotel en Almaty en dirección a los parques nacionales de los que el día anterior, Viktoriya, nuestra amable y profesional guía, nos había hecho un pequeño adelanto de lo que nos íbamos a encontrar. Durante las más de dos horas que duró el trayecto por paisajes de la mítica Ruta de la Seda tratamos de hacernos una idea de lo que íbamos a ver, pero una vez más, nuestra imaginación se quedó muy lejos de la realidad.
Parque Nacional de Charyn
A unos doscientos kilómetros al este de Almaty se encuentra el Parque Nacional de Charyn, creado en 2004 con el único objetivo de preservar este impresionante sitio natural y geológico. El principal causante de este regalo de la naturaleza ha sido el río que le da nombre, el Charyn, que durante millones de años ha dado forma a este espectacular cañón que oscila entre los ciento cincuenta y los trescientos metros de profundidad.
Con una longitud de ciento cincuenta y cuatro kilómetros está formado por rocas sedimentarias que tienen una antigüedad de más de doce millones de años, siendo el hogar de sesenta y dos especies diferentes de mamíferos, ciento tres de aves y veinticinco de reptiles. Y a pesar de su aspecto desértico, cuenta con mil quinientas especies de plantas, diecisiete de ellas protegidas y bosques en los que crecen árboles singulares como el fresno sogdiano, cuya antigüedad es de unos cinco millones de años y ubicado en el curso inferior del río Charyn o el bosque de Turangas o álamos asiáticos. Ambos, declarados Monumento de la Naturaleza protegido por la UNESCO, el bosque de fresno como parte de las estepas de Sayarka.
Diferentes pueblos salen a nuestro encuentro en este viaje por las carreteras kazajas, algunos de ellos con sus pequeños mercados instalados a ambos lados de la carretera. En uno de esos pueblos decidimos hacer una parada y nuestra curiosidad, fiel compañera de viaje, nos hizo introducirnos de lleno en su modo de vida, sentirnos, aunque fuese por un breve instante, un vecino más que aprovecha las primeras horas del día para hacer algunas compras. Coloridas frutas y verduras que invitaban a ser probadas se amontonaban en los puestos, mientras que un olor de lo más apetitoso nos recordaba que ese día habíamos desayunado muy pronto. Cruzamos la calle hasta uno de los muchos y sencillos locales allí instalados, donde en un artesanal horno asaban a la brasa unas apetecibles brochetas de cordero, aquí conocidas como “shashlyk”. Después de dar cuenta de varias bandejas retomamos nuestro viaje para continuar con esta experiencia que tan gratificante estaba resultando.
Llegamos al ansiado destino y nos da la bienvenida el Centro de Recepción de Visitantes, un moderno edificio en el que además de proporcionar todo tipo de información, cuenta con una proyección sobre el parque nacional, cafetería, buffet y tienda de souvenirs. Su propuesta se completa con la posibilidad de alojarse en el glampling Charyn Camp y disfrutar de las noches en total armonía con la naturaleza en las acogedoras y confortables tiendas para dos personas con calefacción, situadas en una meseta próxima al centro.
Varias son las zonas del cañón de Charyn que merece la pena descubrir: el cañón Temirlik con su cascada, el cañón Amarillo, el Bestamak que discurre por zonas muy estrechas, el cañón Rojo donde es posible admirar formaciones de roca volcánica y el que tuvimos el privilegio de recorrer y el valle de los Castillos, sin duda el más popular y visitado.
Conocido así porque las formaciones recuerdan a las torres de un castillo esculpido como una mágica “ciudad”, a lo largo de sus dos kilómetros y setecientos metros es obligado dejar volar nuestra imaginación que transforma los acantilados de piedra en fabulosas fortalezas, rostros de gigantes o siluetas de animales místicos. Una de esas formaciones se asemeja a una persona con el brazo derecho extendido sobre el que posa un águila, conocida como el guardián del cañón. No hace falta decir que uno de los momentos más hermosos para visitar el cañón es el atardecer, cuando los rayos del sol tiñen las rocas de un intenso tono rojizo que le da al paisaje un aspecto aún más misterioso.
También conocido como Dolina Zamkov, este sugerente sendero entre formaciones rocosas que recuerdan a las más famosas de los Estados Unidos tiene una anchura entre veinte y ochenta metros hasta finalizar en el río Charyn. En las épocas más cálidas, este maravilloso rincón invita a darse un refrescante baño, además de disfrutar de las zonas de descanso con mesas.
Y a la hora de volver hay dos posibilidades. Si todavía quedan fuerzas se puede hacer por los acantilados y disfrutar de unas vistas diferentes, pero igualmente impresionantes o cómodamente sentados en alguno de los transportes que acercan a los turistas al Centro de Recepción de Visitantes.
En un lugar tan fantástico como éste no faltan las leyendas. En el pasado, cuando los adolescentes se convertían en adultos estaban obligados a realizar una serie de pruebas y la que más temían consistía en pasar una noche solos en el cañón. Lo que les producía ese miedo era “la risa de las brujas”, que no era otra cosa que el viento pasando por los agujeros que atraviesan las rocas sedimentarias emitiendo sonidos similares a una risa espelúznate. Les producía pavor pensar que estos seres se iban a presentar y atacarles.
Parque Nacional de los Lagos Kolsay y el Lago Kaindy
Después de vivir esta maravillosa experiencia que seguramente nunca olvidaremos, aprovechamos la tarde para visitar otras de las joyas naturales del país. Situado en la cordillera Tian Shan, el principal sistema montañoso de Asia Central y unos de los más importantes del mundo, el Parque Nacional de los Lagos Kolsay es una de las zonas más visitadas del país, especialmente los fines de semana.
Este espacio protegido está formado por cuatro lagos, los tres lagos de Kolsay y el cuarto, el más remoto, el lago Kaindy. De los primeros hay que decir que “kolsay” significa “lago en el desfiladero” por estar situados en el desfiladero de Kolsay. Profundos, frescos y pintorescos, son conocidos como “collar azul” por sus aguas cristalinas de color azul celeste. Mientras que el lago Kaindy ofrece una de las imágenes más espectaculares de Kazajistán y al que se pude llegar recorriendo alguno de los múltiples senderos habilitados para hacer trekking.
En las proximidades de los lagos, encontramos empresas que organizan excursiones a caballo y a pie y en el pequeño pueblo de Saty es posible alojarse en cómodas y auténticas casas de huéspedes, degustar cocina tradicional y sumergirse en la vida del pueblo kazajo. En cuanto a los hoteles, la oferta se reduce únicamente a hotel Kolsay Nómadas, un resort ecológico que sorprende por sus increíbles vistas al lago principal. Además de cómodas habitaciones completamente equipadas cuenta con casas ecológicas y glampling de dos y cuatro plazas y su deliciosa gastronomía se basa principalmente en platos locales.
Después de degustar las propuestas culinarias de Kolsay Nómadas retomamos el camino a Almaty recordando algunas de las imágenes que este maravilloso día nos ha regalado, mientras escuchamos, hasta que el cansancio nos vence, la interesante información con que nuestra guía nos ilustra. Gracias a la profesionalidad de Viktoriya Miroshnichenko, guía y fundadora de la agencia de viajes Kazakhstan Tour, que organiza viajes de aventura para turistas de habla hispana por diferentes zonas del país como el desierto de Mangystau, el cosmódromo de Baikonur, el sitio de pruebas nucleares de Semipalatinsk o las salvajes montañas de Altai, esta jornada resulto ser una de las mejores experiencias que vivimos en el país.