Conocida como “la madre del mundo” o “cuna de civilizaciones” por la huella histórica y cultural que dejaron quienes por aquí pasaron, la tierra de los faraones cobra una dimensión más universal con la próxima apertura del mayor museo arqueológico egipcio del mundo.
Resulta difícil de imaginar que no muy lejos de allí, al otro lado del mar, hace cinco mil años se vivía en sociedades tribales, mientras que en el Antiguo Egipto se tenía el conocimiento necesario para levantar las más fabulosas construcciones hechas por el ser humano. Aún hoy sigue siendo un misterio cómo fue posible llevar a cabo semejantes ejercicios arquitectónicos con los medios técnicos de la época y con la precisión matemática empleada.
Ciudades como Tebas, Menfis o Alejandría, las pirámides de Guiza y la Gran Esfinge, los templos Abu Simbel, Karnak o Philae o el popular Valle de los Reyes, junto con los miles de objetos encontrados, los jeroglíficos inventados como sistema de escritura y sus conocimientos en medicina, matemáticas o astrología, hacen que cada paso en el país de los faraones sea una lección de historia viva e inacabada.
Como dicen los egipcios, “Egipto es el Nilo” y el historiador griego Heródoto dijo que “Egipto es un don del Nilo” y no le faltaba razón. El segundo río más grande del mundo, además de vía de intercambio cultural, es una arteria de vida en medio de un paisaje desértico. Un elemento natural de importancia capital para que la antigua civilización floreciese.
El Gran Museo Egipcio
En plena cuenta atrás para su inauguración, el que será el mayor museo arqueológico del mundo dedicado a una sola civilización, está llamado a convertirse en el epicentro de la egiptología.
Diseñado por Heneghan Peng Architects, se ubica a tan sólo dos kilómetros de las majestuosas pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos y veinte de la ciudad de El Cairo. A pesar de ser una gran estructura de ciento sesenta y ocho mil metros cuadrados, afronta el reto de pasar lo más desapercibida posible dentro del entorno de gran valor histórico y no interrumpir la vista de ningún monumento.
Hasta su inauguración oficial se pueden realizar visitas turísticas reservando por internet, pero con un recorrido limitado a la recepción principal llamada Atrio y presidida por una colosal estatua de Ramses II de once metros de altura y una pequeña colección de objetos, entre los que figuran varias estatuas del faraón Sesostris y de reyes y reinas ptolemaicos, así como una columna del faraón Merenptah, a los jardines exteriores con el único obelisco suspendido del país y al área comercial con cafeterías, restaurantes y tiendas.
Este gran hall del museo guarda una sorpresa única, pues se ha diseñado para replicar un fenómeno que tiene lugar dos veces al año, cuando los rayos del sol se cuelan por el hueco del techo para iluminar el rostro de Ramsés II, tal y como ocurre desde hace más de tres mil años en el templo de Abu Simbel.
Para visitar el resto de los espacios expositivos hay que esperar a la apertura al público, momento este que marcará un punto de inflexión en nuestra manera de entender la magnitud de la antigua historia egipcia, gracias a la exposición de decenas de miles de objetos de la fértil época faraónica, además de dos galerías reservadas exclusivamente a la colección completa de la tumba del rey Tutankamón.
El complejo contará también con salas de exposiciones temporales, un museo infantil, una biblioteca, un cine, un auditorio, un centro de conferencias y diferentes talleres.
Para despertar el interés colectivo por el significado que tendrá la apertura del Gran Museo Egipcio en la cultura universal, se han venido celebrando diferentes eventos en los últimos años como el Desfile de las Momias de Egipto o la reapertura de la Gran Avenida de las Esfinges de Luxor, antigua dromo o camino ceremonial de más de dos kilómetros de longitud que unía los templos de Karnak y Luxor y escenario en la época del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto de la Fiesta de Opet.
Un viaje por los escenarios de la historia
Dejamos atrás el Gran Museo Egipcio y damos comienzo un viaje con el omnipresente río Nilo de compañero de viaje.
Sin duda alguna la primera parada hay que hacerla en las pirámides de Guiza, símbolo universal del Antiguo Egipcio. El conjunto que forman las pirámides y la Esfinge es de una monumentalidad asombrosa. Lo mismo sucede con la primera barca solar del faraón Keops, un navío de más de cuarenta metros de eslora que recientemente ha sido trasladada al Gran Museo Egipcio, por lo que tendremos que espera un tiempo para poder volver a verlo.
En la ciudad de Luxor, en la margen occidental del río, se encuentra el Valle de los Reyes. Colosal necrópolis en la que están catalogados sesenta y cinco túmulos, algunos bellamente decorados. Muy cerca se encuentra el templo funerario más monumental de los edificados en el valle, el de la Reina Hatchesput, la primera mujer en ocupar la posición de faraón.
Cruzamos el Nilo para dirigirnos al templo de Karnak, uno de los lugares de culto más espectaculares de la Antigüedad en el que impresiona la Sala Hipóstila, un bosque pétreo formado por ciento treinta y cuatro columnas. El templo de Luxor es un fascinante mundo de los dioses al que solo podían acceder los sacerdotes y el propio faraón en el que sobresalen la fachada, los patios y la columnata monumental que los une.
Continuamos río arriba y llegamos al templo de Edfu. Dedicado a Horus, el dios halcón, es el segundo más grande después de Karnak y el mejor conservado. En este templo que fue iglesia copta sorprende comprobar que algunas caras de los dioses antiguos están picadas, esto fue obra de los cristianos coptos por considerarlos paganos.
Otro templo construido en la época helenística, el de Edfu también lo es, es el templo de Kom Ombo. Inusual por estar dedicado a dos dioses, Sobek, el dios cocodrilo y Haroeris, Huros el Viejo y por ser el único templo que muestra un relieve con instrumentos quirúrgicos. Situado junto al Nilo, merece ser admirado al atardecer.
Nos acercamos a la presa de Aswan pero antes visitaremos el templo de Philae. Trasladado a la isla de Agilkia por ser uno de los afectados por la construcción de la presa, está dedicado a Isis, diosa del amor. Merece la pena visitarlo al atardecer pues además de encontrar menos aglomeración de gente se puede disfrutar del espectáculo de luz y sonido. Como curiosidad contar que este templo representa el final de la cultura faraónicase escribió el último texto jeroglífico.
Este fascinante viaje llega a su final en Abu Simbel, el espectacular conjunto formado por dos templos, el de Ramsés II y el de su mujer, la bella reina Nefertiti. También afectado por la construcción de la presa, la UNESCO puso en marcha una campaña internacional con la que se consiguió desmontar ambos templos en grandes bloques para volver a montarlos por encima del nivel de las aguas. En el templo de Ramsés nos dan la bienvenida los cuatro colosos gigantescos que presiden la entrada y en el interior nos maravillan la Sala Hipóstila con sus ocho estatuas osiríacas, los relieves que detallan sus victorias militares y el sanctasanctórum.
El Egipto de los faraones es una fuente inagotable se sorpresas, un profundo manantial de conocimiento lleno de laberínticas líneas de trabajo que cuanto más se estudian, más enigmáticas se vuelven. Harán falta muchas generaciones futuras para llegar a tener una idea aproximada de las dimensiones reales de la primera gran civilización mediterránea y una de las más deslumbrantes de la historia de la humanidad.