QUEBEC

Una cultura reinventada

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Bonjour Quebec | Jean-François Frenette | Francis Gagnon | Pierre Gouyou Beauchamps | Martin Laporte | Benoit Cecile | Jean-François Hamelin | Vincent Brillant

La riqueza cultural de Quebec salta a la vista y nos invita a sumergirnos en ella. Aquí, la creatividad tiene su espacio armónico en un contexto patrimonial cautivador, mientras nuestro espíritu viaja de museos a exposiciones, de locales evocadores a otros vanguardistas y de galerías de arte a talleres en una atmósfera acogedora y serena.

“Allá donde se estrecha el río” o lo que es lo mismo “Kebec” en la lengua iroquesa hablada por el pueblo indígena hurón, refiriéndose al angosto tramo del actualmente denominado rio San Lorenzo, se fundó en 1608 la ciudad de Quebec.

Sin ningún género de duda, es una urbe puramente francófona y gracias a su pasado autóctono, francés y británico, la cultura quebequense se reinventa y se expresa a través de su arte e historia. Enamorarse de Quebec es fácil y un sentimiento casi inmediato, pues la calidez del mundo antiguo se combina perfectamente con una forma de vida cosmopolita. Caminar por las calles empedradas sintiendo el romanticismo del viejo mundo y el ambiente europeo de la ciudad de Quebec es la primera experiencia que se disfruta al llegar, pero después de ella aguardan muchas más.

Llanos de Abraham en verano

Cuatrocientos años de historia y cultura llenan literalmente las paredes del Viejo Quebec, el casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y cuna de la civilización francesa en Norteamérica, una pequeña muestra de Europa con toda la arquitectura, la cocina y el encanto que conlleva. En tan solo unas horas y andando, es posible visitar el sitio de las guerras que cambiaron el mundo, disfrutar de una auténtica comida canadiense disfrutando de las calles empedradas o del río San Lorenzo, y buscar las obras de generaciones de artistas locales. Cada esquina, escalera, entrada y callejón esconde alguna característica única o atracción que no podrías ver sino es sobre tus propios pasos.

El espacio de extramuros, bajo la mirada protectora de los cañones que en el pasado defendieron la ciudad, se alza el icónico edificio del Parlamento. Terminado en 1886, está inspirado en el palacio del Louvre en París y muestra un magistral ejercicio artístico y arquitectónico. El suelo del Parlamento está decorado con veintiséis estatuas de bronce en recuerdo de los principales personajes de la historia de la provincia.

Desde el Parlamento se puede caminar fácilmente a los Llanos de Abraham. Fue aquí, en 1759, donde las tropas francesas y británicas se enfrentaron por el control de la ciudad. Es como el Central Park de Quebec y todos los días se llena de quebequenses con sus bicicletas, paseando, haciendo un picnic, esquiando campo a través o caminando con raquetas de nieve en invierno. Este pulmón verde es también el escenario del Festival de verano de Quebec, un enorme evento musical que se celebra todos los veranos y que atrae a grupos como The Rolling Stones, Foo Fighters o Lady Gaga, por nombrar algunos.

El Museo Nacional de Bellas Artes es el museo de bellas artes de la ciudad con una colección de treinta y ocho mil obras de los últimos cuatro siglos, además de un interés especial por los artistas locales y su trabajo.

Museo Nacional de Bellas Artes

El universo de intramuros

El recinto fortificado que rodea al Viejo Quebec con sus más de cuatro kilómetros de longitud hace de la ciudad la única amurallada de toda Norteamérica. Son parte de un sistema de defensa creado entre 1608 cuando Samuel de Champlain fundó la ciudad, en 1871 por los franceses, posteriormente por los británicos y eventualmente por los canadienses. Son ideales para un paseo tranquilo, mientras se disfruta de excelentes panorámicas del casco antiguo a un lado y del rio San Lorenzo al otro.

Dentro del recinto amurallado se forma una imagen de postal para los aficionados de la historia. En la cima del Cap Diamant se alza una fortaleza con forma de estrella construida en 1812. Actualmente es la casa del Regimiento Real 22, el único regimiento de infantería de habla francesa en las fuerzas canadienses, cuya ceremonia de Cambio de Guardia es todo un emotivo y visual espectáculo.

Impresionante fortaleza en la cima de Cap Diamant

Desde la terraza Dufferin parte un funicular que transita por una antigua vía férrea vertical para llegar al distrito Petit Champlain, uno de los barrios más viejos de Norteamérica. Sus calles empedradas, angostas y alineadas con las casas antiguas de piedra son el escenario de muchas boutiques y tiendas de recuerdos, además de un buen número de restaurantes y bistrós al más puro estilo francés. Paseo por este barrio que debemos acabar degustando uno de los exquisitos postres locales, La Petite Cabane à Sucre.

Muy cerca caminando está la Place Royale, un pequeño espacio urbano con mucha historia, donde Samuel de Champlain fundó la ciudad. Todo un vistazo al pasado protagonizado por la iglesia de piedra más antigua América del Norte y por un mural inmenso que representa cuatrocientos años de historia de Quebec.

Place Royal, Quebec Viejo

En el este de la ciudad se localiza el Puerto Viejo como una de las mejores vistas del río San Lorenzo. En el invierno es divertido escuchar cómo se rompe el hielo mientras flota en el agua, pero en las noches de verano se puede disfrutar de las representaciones de la luz de las Auroras Boreales proyectadas en los silos de grano del puerto. Para los sibaritas del paladar, es muy recomendable comprar algunos de los productos locales frescos, quesos y otros alimentos en el Mercado Público de Quebec u optar por un sabroso aperitivo en uno de los muchos restaurantes cercanos.

Volviendo al oeste del centro histórico y siguiendo la calle Saint-Jean que lleva a un distrito popular de eventos culturales, principalmente en el verano, podemos hacer un alto y patinar en la Place d’Youville antes de llegar a la Cathédrale-Basilique Notre-Dame de Québec. Este templo Patrimonio de la Humanidad es una magnífica obra arquitectónica construida en 1647 y el mejor ejemplo neoclásico de Quebec, con cierto parecido a la iglesia de Sainte-Geneviève de París. Su interior estaba ricamente decorado con impresionantes obras de arte: el baldaquino, dosel, tarimas trono episcopal, vidrieras, pinturas, y la lámpara del coro, un regalo de Luis XIV, el Rey Sol.

El castillo de Frontenac alberga el hotel más fotografiado del mundo. Diseñado por el arquitecto Bruce Price a finales del siglo XIX, sus salones han sido mudos testigos de momentos históricos como la Conferencia de Quebec en la que los máximos mandatarios aliados se reunieron para definir la estrategia a seguiré en la Segunda Guerra Mundial. Es posible realizar una visita guiada por los pasillos y salones del castillo, descubriendo los secretos de este emblemático edificio.

Terraza Dufferin y castillo de Frontenac

La Terraza Dufferin, inaugurada en 1838 se extiende desde los pies de la Ciudadela hasta el castillo de Frontenac, proporcionando impresionantes vistas de la isla de Orleans, el río San Lorenzo y la zona baja de la ciudad. El paseo de madera de cuatrocientos veinticinco metros de largo es un lugar de reunión popular durante todo el año donde los artistas callejeros animan la vida diaria quebequense. El Tobogan en la terraza Dufferin, construido en 1884, nueve años antes de la inauguración del famoso castillo de Frontenac, es una de las actividades de invierno más populares. Deslizarse por uno de los tres carriles helados a velocidades que pueden llegar hasta 70 km/h es una fuente de adrenalina inolvidable.

Una de las calles más sugerentes del centro histórico es la conocida como rue du Trésor, también conocida como la Calle de los Artistas. Funciona como una galería de arte al aire libre y atrae a una gran cantidad de artistas que exhiben su trabajo en las paredes que bordean la calle estrecha. Con su sello europeo, esta calle empedrada que une el castillo de Frontenac y la Basílica-Catedral de Notre-Dame de Québec es uno de los mejores lugares de la ciudad para comprar un recuerdo. Durante la época francesa los colonos venían a esta calle a pagar sus impuestos en el tesoro real, de ahí el nombre du Trésor. En la década de 1960 un par de artistas decidieron exhibir algunas de sus pinturas, lo que cambió para siempre la atmósfera de la calle.

En el extremo superior de la rue du Trésor, trasversalmente está la rue Sainte-Anne, también un centro artístico por derecho propio. Aquí, numerosos caricaturistas y retratistas practican su oficio en un entorno pintoresco.

La rue Saint Jean es también otra de las imprescindibles. En ella hay una combinación perfecta de cultura, herencia religiosa y buena comida en un ambiente totalmente ecléctico.

La Cathédrale de la Sainte Trinité es la primera anglicana construida fuera de las Islas Británicas. Conocida por sus excelentes vidrieras, objetos religiosos y un órgano de cámara excepcional, es también un especio de conciertos.

Visita también obligada es Morrin Center que ocupa el edificio que hace más de doscientos años fue la primera prisión de la ciudad de Québec y más tarde facultad de medicina. Hoy alberga la Sociedad Histórica y Literaria de Quebec, así como una hermosa biblioteca victoriana.

Establecido por las Hermanas Agustinas en 1639, el Monastère des Augustines fue el primer hospital en el continente norteamericano. Hoy, es un galardonado retiro de salud y bienestar con el interesante museo y centro patrimonial de Agustín con más de mil documentos de la colección del monasterio y cuarenta mil objetos.

Parque Nacional Jacques-Cartier

Un entorno fascinante

Si Quebec ya resulta cautivadora por sí misma, no lo es menos su entorno lleno de sorpresas. A quince minutos del centro de la ciudad, una cascada de treinta metros de caída se descuelga en el Parque de la Chute-Montmorency con vía ferrata y tirolina.

El Parque Nacional de la Jacques-Cartier es uno de los valles glaciares más hermosos de Québec que comprende una meseta montañosa entrecortada por profundos valles y ríos para disfrutar en paseos en canoa o kayak, senderismo o un paseo con raqueta, pesca o simplemente acampada en plena naturaleza.

La Isla de Orleans proporciona el encuentro con los artesanos de la región y con los horticultores para saborear las mil unas delicias locales. Es el reencuentro con el Québec rural de los últimos siglos a través de sus pueblos, granjas, iglesias y casas centenarias.

 

https://www.bonjourquebec.com/es-mx

Haz click en la imagen y visita nuestra edición clásica
Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Bonjour Quebec | Jean-François Frenette | Francis Gagnon | Pierre Gouyou Beauchamps | Martin Laporte | Benoit Cecile | Jean-François Hamelin | Vincent Brillant