ANTIGUA GUATEMALA

Un legado bajo volcanes

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: INGUAT | José Manuel Gutiérrez / Cardinalia Comunicación | Sergio Pitamitz | Tatiana Golovkina
Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.

Genuina como ninguna otra, la primera capital del desaparecido Reino de Guatemala es un perfecto crisol de la cultura colonial de Mesoamérica. Su singularidad y el inmenso valor patrimonial dictado por la historia que atesora, junto a los caprichos de los volcanes que la rodean, justifican su declaración de Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Antigua Guatemala o La Antigua, como se la conoce más popularmente, es una de esas ciudades que hay que visitar al menos una vez en la vida. En realidad, esto nunca será así, pues su encanto es tan cautivador que siempre desearemos volver una vez más y razones para ello nunca faltarán.

Sin lugar a duda, es una de las ciudades más hermosas de Centroamérica; la ciudad del “guau”, porque es la primera expresión que todo visitante pronuncia al pisar sus calles adoquinadas entre hileras de casas multicolores rodeadas de volcanes, recreando un escenario cinematográfico imposible de olvidar.

Durante doscientos años, entre 1542 y 1773, fue sede de la Capitanía General de Guatemala como parte integrante del Virreinato de la Nueva España y es en esta época cuando la ciudad experimentó un mayor crecimiento urbano, demográfico y económico. Se construyeron palacios, monasterios y conventos, iglesias y escuelas universitarias, dejando un fascinante legado cultural y arquitectónico de clara influencia barroca y española que ha sabido sobrevivir casi quinientos años a pesar de los numerosos seísmos que ha sufrido.

Vibrante y alegre, Antigua Guatemala vive en una armonía relajada, orgullosa de su belleza y sin la preocupación de los volcanes que perfilan el horizonte, aunque uno de ellos permanezca moderadamente activo. Nada perturba el encanto colonial y lo más genuino de las culturas ancestrales.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Mujeres vendiendo artesanía cerca del Arco de Santa Catalina.

La ciudad del color y el mestizaje cultural

Perderse por las calles empedradas de la que en sus orígenes se llamó Santiago de los Caballeros de Guatemala es disfrutar de una urbe pequeña y acogedora de casas de colores cálidos y alegres que esconden bellísimos patios, de puestos de artesanía en los que las mujeres mayas ofrecen textiles elaborados por ellas mismas, de edificios nobles en los que se aprecian las cicatrices de los terremotos como parte de la identidad propia de Antigua Guatemala, recuerdos altivos de la ciudad monumental que fue y que en gran medida sigue siendo.

Al doblar cualquier esquina o con cada paso, siempre hay ejemplos de un estilo barroco traído de España que marcó las directrices artísticas en su génesis. Tanto es así, que aquí está el germen de lo que se ha denominado “Barroco Antigüeño”, un estilo arquitectónico único en el mundo y máximo exponente de la arquitectura colonial guatemalteca. Para la UNESCO, el Barroco Antigüeño representa «una adaptación regional del estilo barroco diseñada específicamente para resistir terremotos» y constituye un testimonio excepcional de la fusión cultural entre tradiciones europeas e indígenas».

Fue gracias a la intervención del ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, especialista en el diseño de ciudades, por lo que se trazó una planificación urbanística con patrones renacentistas, es decir, de calles rectas y perpendiculares entre sí, partiendo siempre desde grandes espacios comunes como plazas o jardines. Desde el Cerro de la Cruz se tiene la mejor panorámica del trazado urbano tapizado por la sucesión de tejados coloniales que se extienden bajo la atenta mirada del Volcán del Agua.

Esto explica que Antigua Guatemala se irradie alrededor de la Plaza Central, punto neurálgico antigüeño en el que siempre la vida fluye, como lo hace el agua en su epicentro, brotando de la fuente de las Sirenas.

Alrededor de este espacio comunal se alzan algunos de los monumentos más representativos de la ciudad, entre los que destaca la catedral de San José. Consagrada en 1680, a lo largo de los siglos ha sufrido muchos daños por los terremotos, especialmente con el llamado de Santa Marta en 1773, que casi la destruye totalmente. Su hermosa fachada fue reconstruida y desde el interior se accede a las ruinas del templo destruido, por lo que en conjunto es un hito histórico y cultural importantísimo.

Sin abandonar la plaza, por su lado sur se extiende el imponente palacio de los Capitanes Generales con sus cincuenta y cuatro arcos de medio punto. Durante dos siglos fue sede la sede gubernamental de toda América Central y actualmente alberga el Museo Nacional de Arte de Guatemala con valiosas colecciones de arte guatemalteco.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Palacio de los Capitanes Generales.

Compartiendo protagonismo en el mismo espacio urbano, el palacio del Ayuntamiento es el único que lleva funcionando ininterrumpidamente desde su inauguración en 1743. Su recia construcción, con fachada de doble arquería y columnas toscanas, le ha permitido resistir los embates de los terremotos con leves daños. Se trata de uno de los edificios con mayor valor patrimonial de la ciudad.

Durante la época virreinal, a Antigua Guatemala llegaron multitud de órdenes religiosas, lo que propició la construcción de gran cantidad de monasterios y conventos. Fruto de ello es el rico patrimonio arquitectónico que, con mejor o peor fortuna por los azotes sísmicos, ha llegado hasta nuestros días.

La iglesia de La Merced es un espectacular templo de color amarillo vibrante y decoración en estuco blanco, representando uno de los mejores ejemplos del barroco guatemalteco. Aunque la construcción original data de 1583, a consecuencia de los terremotos sufridos en los siglos posteriores, fue necesario reconstruirla de nuevo en 1767 con el acabado que presenta en la actualidad.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Iglesia de la Merced.

Tras la puerta de acceso al templo con su tallado original, se accede a un ambiente solemne y espiritual como preámbulo del antiguo convento adosado a la iglesia, donde se puede apreciar cómo era la vida monástica de la época. En el centro de su patio se alza la Fuente de los Pecados del siglo XVIII que, con sus veintisiete metros de diámetro, es una de las más grandes de Latinoamérica. Con su forma de lirio acuático, es una alegoría de la mitología maya, en cuyas creencias se asentaba la creación de los dioses a partir de esta planta tan común en los humedales de Guatemala.

Muy cerca de este señero templo se abre el Arco de Santa Catalina, posiblemente uno de los símbolos más universales de la ciudad, además de los más fotografiados. No hay turista que no quiera llevarse ese recuerdo gráfico.

Este icono barroco del siglo XVII, pintado de amarillo y presidido por un reloj francés, pertenecía al convento de Santa Catalina y fue construido para comunicar los dos edificios del conjunto monástico, permitiendo así que las monjas de clausura pudieran ir de uno a otro sin necesidad de pisar la calle. De manera simbólica, además de ser un puente entre edificios, también lo es entre el pasado y el presente de la ciudad.

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Arco de Santa Catalina.

El santuario de San Francisco el Grande es otro de los monumentos de referencia de Antigua Guatemala desde el punto de vista artístico e histórico. Además, cobra especial relevancia por albergar en el interior de la iglesia el sepulcro del Santo Hermano Pedro de San José de Betancur, el primer religioso canonizado de Centroamérica. Su tumba se ha convertido en un punto de peregrinación y veneración. Este misionero de origen español fue el fundador del primer hospital para los pobres y de la primera escuela para niños y adultos, independientemente de su sexo o raza.

El complejo franciscano fue un importante centro cultural y religioso en su época, en cuyo colegio de San Buenaventura, ubicado en lo que hoy son las ruinas del monasterio a causa de los terremotos, se impartían conocimientos de matemáticas, filosofía, teología y leyes, entre otras disciplinas.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Muestra de devoción en la iglesia de San Francisco el Grande.

A diferencia de la mayoría de los monumentos diseminados por la ciudad, la iglesia de la Escuela de Cristo presenta unas trazas más claramente renacentistas, con líneas sobrias, ausencia de estuco blanco y revestimiento de piedra.

Esta misma solución constructiva es compartida por el convento de Santa Clara. Fundado por un grupo de monjas llegadas de Puebla, México, solo estuvo en funcionamiento cuatro décadas hasta que un terremoto destruyó este impresionante complejo. La fachada de la iglesia está considerada como una verdadera joya del barroco antigüeño.

Tradiciones de identidad

Seguir la estela de los muchos monumentos que salpican la ciudad es la forma ideal de pasear sus calles, de disfrutar del lado más popular de la colorida arquitectura, de sumergirse en su valioso patrimonio inmaterial, de sus animados mercadillos y de su artesanía.

En Antigua Guatemala son muchas las manifestaciones vinculadas a un rico legado de costumbres y tradiciones, tanto de carácter religioso como histórico, pero todas ellas forman parte indisoluble de su genuina identidad.

Una de las más arraigadas es la Semana Santa, pues aquí tuvo lugar la primera procesión cristiana en suelo guatemalteco en marzo de 1543.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Semana Santa en Antigua Guatemala.

Durante esos días, la ciudad vive una profunda transformación en la que se mezclan en armonía la solemnidad de las procesiones con sus magníficas imágenes barrocas y el colorido de las calles por las que discurren, decoradas con largas y vistosas alfombras de aserrín, flores y elementos tradicionales. Independientemente de si se es creyente o no, el sentimiento con el que los antigüeños viven estos momentos es emocionante, contribuyendo entre todos a que sea una de las celebraciones religiosas más fascinantes de Centroamérica.

Otra de las citas imprescindibles en el calendario festivo con mucho sabor popular tiene lugar cada año a mediados de noviembre. Durante varios días, el Festival de las Flores convierte el casco histórico de la ciudad en un escenario de color lleno de vida, actividades culturales y un agradable ambiente, pues, además, coincide con una época muy agradable climatológicamente hablando.

Pero esta fiesta es mucho más que una puesta en escena estética sublime. Es toda una manifestación de arte y cultura popular que cubre el adoquinado de las calles, que cuelga de las fachadas y que abre al público espacios imposibles de visitar en el resto del año por ser privados, como es el caso de los maravillosos patios de las casas coloniales.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Festival de las Flores.

Los antiguos mayas hoy estarían orgullosos al ver cómo se ha recuperado la tradición milenaria de extracción y manufactura del jade en Antigua Guatemala. Esta piedra preciosa ocupa un lugar muy importante de la historia guatemalteca desde tiempos prehispánicos, y el que aquí se extrae es el denominado del tipo jadeíta, es decir, la variedad más traslúcida, escasa en el mundo y, por tanto, la más valiosa.

La “Piedra del Cielo”, como se la llamaba en la antigüedad, era una piedra sagrada en la civilización maya, símbolo de vida, poder y eternidad, algo que explican de manera magistral en el Museo Mesoamericano del Jade instalado en la Casa del Jade, en pleno casco histórico de Antigua Guatemala.

El espacio expositivo alberga piezas originales y perfectas réplicas talladas por maestros artesanos locales, además de algunas propuestas experienciales para descubrir la variedad de colores y matices que hacen del jade guatemalteco algo único.

Visitar la Casa del Jade para ejercer un acercamiento a ese legado cultural inmaterial, participar en alguno de sus talleres o, simplemente, para dejarse asesorar a la hora de comprar un regalo, es una experiencia que aporta un valor especial que va más allá de la mera admiración de una piedra preciosa.

Antigua Guatemala. Un legado bajo volcanes.
Museo Mesoamericano del Jade.

Antigua Guatemala está adueñada de una atmósfera serena y popular que enamora al respirarla en sus calles, pero también en sus mercadillos de artesanía. Repartidos por la ciudad hay cuatro zocos llenos de tradición de los que es imposible irse con las manos vacías.

En el casi centenar de puestos de artesanía chapina, reconocida por utilizar técnicas ancestrales mayas y su fusión con la influencia española, El Mercadito ofrece artículos de cuero, cerámica y joyería fieles a tradiciones seculares transmisoras de un legado cultural propio.

El mercado de artesanías El Carmen, aledaño a la iglesia del mismo nombre y ocupando parte de las ruinas del mismo convento, tiene la singularidad de que algunos artesanos realizan sus obras en el acto, las exponen en la calle, creando un contraste único entre el colorido de sus trabajos y la piedra monacal.

Junto al famoso Arco de Santa Catalina, el mercado Nim Pot es un espacio peculiar, pues junto a una selección enorme de piezas artesanas conviven barriletes gigantes, prendas típicas de segunda mano y un altar a Maximón, una deidad sincrética maya.

El periplo de compras, al margen de los múltiples puestos callejeros gestionados siempre por mujeres, termina en el Mercado Municipal de Artesanías en un marco de fuerte inspiración colonial, destacando por su calidad y autenticidad los textiles tradicionales, la joyería y la cerámica.

Los mercados de artesanía de Antigua Guatemala forman parte del hito cultural e histórico que es en sí misma la ciudad, como transmisores también de un legado cultural que brota de la propia esencia antigüeña.

Gracias, Antigua Guatemala, por haber sabido conservar tu esencia y tu historia para que los que la hemos visitado aprendamos y nos conozcamos mejor.

 

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: INGUAT | José Manuel Gutiérrez / Cardinalia Comunicación | Sergio Pitamitz | Tatiana Golovkina