En esta dinámica ciudad, en la que no faltan momentos para celebrar fiestas, su patrimonio arquitectónico y sus calles antiguas le confieren todo el encanto de las ciudades históricas.
De tamaño medio, con muchas calles peatonales y majestuosos edificios que la convierten en un destino agradable de visitar, se caracteriza por estar anclada en el pasado y por su modernidad. Este y otros motivos justifican que en 2015 fuera elegida como Capital Europea de la Cultura.
Situada al sur de Bélgica, en la región de Valonia y muy cerca de la frontera con Francia, durante los siglos XVI y XVII mantuvo una intensa relación con España, al formar parte de los Países Bajos pertenecientes a la monarquía hispánica, etapa que dejó huellas culturales, militares y arquitectónicas. Este hecho se aprecia en una casa junto al Ayuntamiento con los gabletes en escalera con un busto del rey Felipe IV de España.
Cuenta además con numerosos museos que recrean y realzan la creación artística actual y antigua, así como la ciencia y la historia.
Para saborear mejor la ciudad hay que pasear tranquilamente por sus calles recoletas, donde encontraremos desde viviendas de estructura gótica construidas de piedra hasta numerosas casas con pinturas en sus paredes, gracias a una iniciativa del Ayuntamiento que promociona acciones de arte urbano a través de una ruta que llaman “L’art habite la Ville”. También en la peatonal calle de la Rue des Fripiers, con restaurantes y numerosas tiendas, pisaremos adoquines pintados de diferentes colores que le dan un aire muy cool a la calle. Muy cerca de aquí está el Restaurante “Boule de Bleu”, especializado en ensaladas originales, productos ecológicos y postres caseros, con la suerte de que hablan español.
«Puede que valga la pena que te vuelva a hablar de Mons, ya que es una ciudad encantadora», así es como Víctor Hugo se refería a ella.
Comenzamos esta visita en la Grand Place, símbolo de la historia, la cultura y la hospitalidad de Mons. Joya arquitectónica rodeada de edificios históricos de diferentes épocas y estilos: gótico, neoclásico o renacentista.
En la que es una de las plazas más bonitas de Europa encontramos bellas construcciones como la Casa del Toisón de Oro, la antigua Lonja de los Paños o el impresionante edificio del Ayuntamiento. Construido en la segunda mitad del siglo XV, en este majestuoso edificio de estilo gótico-civil destacan sus salones de ceremonias de los siglos XVI, XVIII y XIX o el despacho del burgomaestre que alberga piezas de orfebrería de Mons y hermosas tapicerías del siglo XVII, entregadas a la ciudad por el rey de Francia, Luis XIV, tras el asedio de 1691. Detrás del edificio central encontramos un auténtico refugio de la naturaleza, el Jardín du Mayeur con la estatua de bronce de «Le Ropieur».
Símbolo de buena suerte, todo aquel que pase por la Grand Place debe llevar a cabo un ritual que se ha repetido durante siglos: acariciar con la mano izquierda la cabeza del mono de Grand Garde. «Lo que la mujer desea, el mono lo puede». La tradición cuenta que, si una muchacha quiere casarse o una pareja de recién casados tener un hijo a lo largo del año, deben hacer este sencillo gesto.
Con el buen tiempo, la plaza se llena de gente en sus bares y restaurantes para disfrutar de la gastronomía valona con unas vistas insuperables. Es aquí donde cada año se celebra el combate entre San Jorge y el dragón (Doudou), un enfrentamiento ritual conocido como Lumeçon que reúne a miles de visitantes. Forma parte de la Fiesta de la Ducasse, declarada Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, todo un símbolo ancestral de la ciudad que comienza en la colegiata y continúa con una procesión por las calles de Mons, hasta el fabuloso ascenso del Carro de Oro (Car d’Or), un carruaje barroco que lleva las reliquias de Santa Waudru, patrona de la ciudad.
Muy cerca se encuentran los escuetos restos del castillo. Lo más destacable que hay en el recinto es el emblema de la ciudad, la torre-campanario de Beffroi, también conocida popularmente como el Catiau, que, con sus ochenta y siete metros de altura y cuarenta y nueve campanas, es la única atalaya barroca de Bélgica. Ascendiendo en el ascensor panorámico, descubrimos la magia de las campanas y del carrillón y visitamos un centro de interpretación que muestra su historia. La tradición y habilidades de los campaneros fueron reconocidas en 2016 por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Bajando por la rue de Clercs, llegamos a la colegiata de Sainte-Waudru y sus reliquias. De estilo gótico-brabantino, fue edificada entre los siglos XV y XVII y cuenta con espléndidas estatuas de alabastro del siglo XVI, obra de Jacques Du Broeucq; unas excelentes vidrieras del mismo siglo y con uno de los más bellos conjuntos de orfebrería religiosa de Bélgica de los siglos XII al XIX. Da cobijo al Carro de Oro que mencionamos cuando hablamos de la Fiesta de Ducasse
Justo enfrente de la colegiata, un recoleto parque está presidido por una estatua plateada llamada “Lucía y las mariposas”, que es una de las esculturas más instagrameables de la zona.
Nuestro viaje a Mons será más completo visitando otros lugares igualmente interesantes: el castillo de los Duques de Havré, el Teatro Real de Mons, las Minas Neolíticas de Spienns o la Cervecería Saint Lazare.
El castillo de los duques de Havré, situado en la periferia de Mons, es un auténtico tesoro donde vivir la magia de su edificio y de sus magníficos jardines. El Teatro Real de Mons, de estilo neoclásico y edificado entre 1841 y 1843. Las Minas Neolíticas de Spienns y su Centro de Interpretación SILEX’S son uno de los más antiguos y grandes centros de extracción de sílex de Europa y declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. La Cervecería Saint Lazare, especializada en multitud de estilos de cervezas artesanales elaboradas con recetas únicas, en pequeñas cantidades y trabajando con sus clientes para elaborarlas.
Como decía al principio, Mons cuenta con diferentes espacios expositivos que abarcan diferentes temáticas, desde historia hasta ciencias naturales, pasando por archivos, pintura, bellas artes, Art Nouveau, artes decorativas o infantiles.
Detrás del Ayuntamiento, en el antiguo Monte de Piedad que alberga varios museos, se encuentra el Museo del “Doudou”, uno de los espacios más entrañables para los monteses. En el Jardín du Mayeur, el museo del “Doudou” nos invita a descubrir la Ducasse ritual y su rico universo, un auténtico tesoro del Patrimonio Mundial y del folclore de Mons, a través de una auténtica inmersión con la que revivir el legendario combate entre San Jorge y el dragón.
La ciudad valona cuenta con otros espacios que bien merecen nuestra atención. Es el caso del Museo del Mundaneum, un centro de archivos formado por doce millones de fichas bibliográficas e inscrito en el registro Memoria del Mundo de la UNESCO. La Casa Van Gogh en Cuesmes, residencia del genial pintor neerlandés durante un breve periodo de tiempo y en la que se conservan bocetos que pintó el artista durante su estancia en Cuesmes, correspondencia que mantuvo con su familia y la obra original Les Becheurs, pintada en 1880. El Museo de Art Nouveau situado en la Casa León Losseau, una joya arquitectónica de este movimiento artístico. El BAM, Museo de Bellas Artes de Mons, un museo con un espacio de creación cultural en el que se llevan a cabo eventos. El Museo Regional de Ciencias Naturales, con más de ciento setenta años de historia. El Museo François Duesberg de artes decorativas de la sociedad francesa del reino de Luis XVI hasta la Restauración. El Mons Memorial Museum o MMM, que presenta la historia militar de la región de Mons desde la Edad Media hasta el siglo XX. L’Amusette, un centro de descubrimiento del agua y el medio ambiente para niños de entre dos años y medio y doce años.
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