Exotismo y magia, aromas y sabores, luces y colores, amabilidad y tolerancia y un crisol de civilizaciones se dan cita en este pedazo de tierra rodeado de corales, del que Mark Twain dijo que “Dios creo primero Mauricio y que, a partir de ella, había creado el Paraíso”.
Prácticamente deshabitada hasta el siglo XVI, aunque existe constancia de que navegantes árabes y malayos arribaron en sus costas allá por el siglo X, fueron los portugueses a las órdenes de Pedro Mascarenhas quienes la redescubrieron en 1505 y los holandeses quienes establecieron una base estable en 1598, bautizándola con el nombre de Mauricio en honor al príncipe de Orange, Mauricio de Nassau.
Su extraordinaria situación estratégica en las rutas de navegación hacia las Indias Orientales y su generosa naturaleza despertó un gran interés y los primeros colonos holandeses no tardaron en instalarse en este paraíso, introduciendo nuevos cultivos como la caña de azúcar.
En 1712 paso a manos francesas en un sistema administrativo claramente colonial que admitía el uso de mano de obra esclava, especialmente de origen indio y chino.
En 1810 Mauricio la colonia paso a estar bajo la protección de la Corona hasta que se independizó en 1968, aunque sigue perteneciendo a la Commonwealth.
Esta corta, aunque azarosa historia, es la razón de que Mauricio sea intercultural y tan especial, tan apasionante, tan plural y armoniosa.
Un paraíso natural con alma
Como si emergiese de un fondo marino de mil tonos azules, la isla, de naturaleza volcánica, es un referente de biodiversidad gracias a su clima subtropical y al magnífico estado de conservación de sus espacios naturales.
Mauricio es muy conocida por sus idílicas playas con un rango de temperatura que va de los veintitrés a treinta grados durante todo el año que, además de propiciar momentos de descanso muy especiales, albergan escenarios únicos y a veces recoletos para un contacto directo con la magia que encierran estos distintos ecosistemas.
El interior isleño es un cosmos genuino protagonizado por increíbles gargantas, cráteres extintos, selvas tropicales en las que aún perviven algunos endemismos, ricas en flora y fauna como la de Maccahabée o montañas como el Piton de la Petite Riviére, la más alta de la isla con ochocientos veintiocho metros sobre el nivel del mar. Sea cual sea la opción elegida, todas ellas garantizan sugerentes recorridos por parajes insólitos y fantásticas rutas de senderismo.
Dentro de la inmensa variedad de insectos con más de tres mil tipos diferentes, destacan las mariposas consideradas como las más bellas del mundo.
El mosaico medioambiental se extiende por toda la isla, ofreciendo alternativas para todos los gustos y muchas curiosidades como la trochetia convertida en símbolo nacional y de la que quedan muy pocos ejemplares, sin olvidar las diferentes flores de loto tan apreciadas para la elaboración de aceites esenciales.
El este de Mauricio es el más salvaje y agreste, pero no menos bello ni interesante, pues conserva muchos y sorprendentes atractivos como la isla de los Ciervos, un paraíso de los deportes náuticos y algunas de las playas más bellas del planeta, además de un magnífico campo de golf de dieciocho hoyos. La isla de las Garzas emerge de la laguna de Mahérbourg, albergando una reserva natural en la que se protegen cientos de especies en peligro de extinción como el gecko verde o las tortugas gigantes de Aldabra y extrañas aves como la paloma roja.
Por el sur se abren extensos valles y bravos paisajes para recrear estampas singulares. El Parque Nacional Black River Gorges es una sucesión de barrancos y espesas montañas cono el Piton de la Petite Rivére Noire y el Grand Bassin, el lago sagrado para los hindúes por creer que sus aguas están conectadas directamente con el río Ganges. Souillac es un bello pueblo que se asoma al mar en un entorno salvaje de abruptos acantilados. Las cascadas de Rochester Podra descuelgan las aguas del río Savanne por una caída de diez metros sobre paredes de rocas negras, definiendo un sugerente marco natural en el que es posible darse un refrescante baño.
El oeste montañoso de Mauricio es un catálogo de formas caprichosas. El Parque Nacional de las Gargantas de la Rivera Negra alberga las hermosas gargantas de Black River, los exuberantes bosques de Brise Fer o Bel Ombre entre otros y las montañas de Savanne creando un paisaje grandioso. Le Morne, declarada Patrimonio de la Humanidad, es una península dominada por una enorme rocada llamada Morne Brabant que vigila la playa y un hito conmemorativo y simbólico de la lucha de los esclavos por la libertad. La Tierra de los Siete Colores de Chamarel es un paisaje irrepetible con una cascada de ochenta y tres metros que brota entre la densa vegetación que contrasta con las dunas redondeadas que colorean la tierra volcánica, convirtiéndola en una paleta de colores.
El interior de Mauricio estuvo originariamente cubierto de una densa vegetación que, poco a poco, fue dando paso a zonas de cultivo y núcleos urbanos, aunque sigue manteniendo zonas naturales dignas de conocer. El Agujero de los Ciervos es una clase de geología en un cráter de trescientos metros de diámetro y noventa de profundidad. Las cascadas Tamarín o las Siete Cascadas son las más altas de Mauricio y deben su nombre a los siete escalones por los que se precipitan, el Gran Bassin es un lago natural que ocupa un cráter volcánico y lugar de peregrinación para los mauricianos de origen hindú y la cascada Victorie es un espectáculo de la naturaleza que se precipita en un denso bosque sobrevolado por los pájaros Paille y por los phaetons de cola blanca.
Los Domaines son fincas adaptadas para un turismo de naturaleza bajo los criterios de sostenibilidad medioambiental.
Playas en estado puro
La isla está rodeada por un arrecife de coral que sustenta las cálidas aguas de color turquesa que bañan playas infinitas de fina arena blanca, protegidas por extensos bosques exóticos y desde las que es posible contemplar algunas de las más hermosas puestas del sol del planeta.
La costa norte es la más popular y la más próxima a la capital, Port Louis. Es un litoral de contrastes entre la dorada arena y los campos de azúcar, adornado por cocoteros y un paraíso para los deportes acuáticos y la pesca en alta mar.
Por su parte, en el oeste de Mauricio es donde se abren las playas más extensas, algunas muy tranquilas e ideales para descansar y otras más animadas, como es el caso de Tamarín por ser un importante destino para los amantes del surf. En esta costa de bellos paisajes de montaña también es posible disfrutar de la tranquilidad de pequeños pueblos de pescadores llenos de encanto.
La costa sur es ideal para la práctica del submarinismo gracias a sus ricos fondos marinos, además de estar perfilada por los acantilados más espectaculares. Es la zona más salvaje de la isla.
El extremo oeste está lleno de playas vírgenes en medio de un relieve cambiante, sobre el que se asientan coquetos pueblecitos con nombres poéticos como Petite Julie, por ejemplo, lo que le confiere una atmósfera mágica.
Mención especial se merece Isla Rodrigues situada a quinientos sesenta kilómetros de Mauricio. De origen volcánico, está bañada por una extensa laguna poco profunda que se asienta sobre un arrecife de coral. Al este de la isla se encuentran las playas más paradisíacas que podamos imaginar y la población, mestiza descendiente de los esclavos y de los colonos franceses, es el paradigma de la alegría y de la amabilidad.
Diversidad cultural
Además del universo natural que atesora la isla, Mauricio es un crisol intercultural y de convivencia realmente envidiable, por lo que no es extraño que esté considerada como uno de los mejores lugares del mundo para vivir. Todos y cada uno de los pueblos que han pasado por aquí han dejado, en mayor o menor medida, su huella y desde el principio los que se quedaron supieron interiorizar lo mejor de cada cultura para crear su estilo propio de forma sostenible.
Port Louis, la capital del estado es una ciudad moderna y vibrante, pero a la vez un mosaico fascinante de estilos arquitectónicos en el que se mezclan los vestigios constructivos de las épocas coloniales francesa y británica, templos cristianos, mezquitas y templetes hindúes.
Por el simbolismo que tiene, merece la pena detenerse un momento en el complejo de Aapravasi Ghat. Con un diseño sobrio y contundente, fue construido por los ingleses en el primer tercio del siglo XIX tras la abolición de la esclavitud en 1834 para acoger a los primeros trabajadores libres que llegaron a la isla para trabajar en las plantaciones. Hoy es Patrimonio de la Humanidad en memoria de las víctimas del deplorable negocio del tráfico de esclavos.
En Port Louis se dan cita todas las religiones imaginables en un clima de absoluta concordia y tolerancia, celebrando cada una de ellas sus propias fiestas, por lo que en el calendario siempre hay un motivo de celebración. Siempre hay música, una curiosa fusión entre tambores y percusión, acordeones y palmas, reminiscencias escocesas, vals o polkas y mucho colorido.
La gastronomía es variada y sabrosa, rica en productos tropicales y del mar, principalmente el marisco y dentro de este las deliciosas langostas. La cocina es una mezcla de influencias africanas, chinas, francesas e indias, pero con matices diferenciadores según la comunidad étnica que la elabore.
Indudablemente Isla Mauricio es mucho más que un paraíso en el océano Indico.