JUDERÍAS DE CÁCERES

Un viaje al mundo sefardí

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación

Es imposible encontrar un país fuera de Israel en el que el judaísmo haya jugado un papel tan importante en la cultura y en el discurso de la historia, como lo hizo en España hasta la expulsión decretada por los Reyes Católicos en 1492. Cáceres nos presenta los hitos en los que se marcó el curso de siglos venideros entre paisajes únicos y rincones urbanos ensoñadores.

Aunque las primeras referencias de la existencia de pobladores sefardíes en Extremadura se remontan al s. I d. C. tras la expulsión de los judíos de Jerusalén ordenada por el emperador Tito, no es hasta el s. XIII cuando se tiene constancia documental del aumento de estas comunidades.

Extremadura fue una de las pocas regiones que escaparon de los disturbios contra los judíos del año 1391 que se iniciaron en Sevilla, extendiéndose a buena parte de España. Esto propició su exilio y el posterior asentamiento, principalmente, en lo que hoy es la provincia de Cáceres, con especial importancia de las aljamas de Cáceres, Trujillo, Plasencia y Hervás.

La dramática brecha que su expulsión significó para el desarrollo social y económico de la joven España, sumida en el integrismo y la mediocridad de sus gobernantes, supuso para el progreso un paso atrás con una sombra muy larga.

Pese a ello, su legado cultural, artesanal, gastronómico y del conocimiento, además de los trazados urbanos de los barrios que se vieron forzados abandonar, de las composiciones literarias de Lope de Vega, de las Leyendas de Bécquer y de las novelas de Galdós y Blasco Ibáñez nos recuerdan que dieron forma a una parte de nuestra historia que no podemos olvidar.

Con el absoluto respeto a la historia y la admiración hacia aquellas gentes no siempre tratadas con justicia, nos disponemos a conocer un paisaje histórico único, partiendo de Hervás, por los más importantes hitos de la presencia judaica en la provincia de Cáceres.

Un viaje de ensoñación

Hervás, a los pies de mágicas montañas y en el vergel del río Ambroz está una de las juderías más hermosas de este país, conservando la artesanía de entonces basada en la manufactura del cuero, la madera, la forja o el vidrio. Recorriendo su casco viejo es imposible resistirse a la evocación emocionante de lo que fue y de lo que significo. Sus calles de esplendidas constructivas tradicionales construidas con entramado de castaño y adobe son un ejercicio magistral de sabiduría. Mantenidas perfectamente durante siglos, el serpentín de casas atrapa la mirada, sobre todo en la calle Rabilero, donde estaba la sinagoga y en sus alrededores. La judería de Hervás está declarada Conjunto Histórico y a su pasado se ha dedicado la calle Amistad Judeocristiana. Todo el barrio medieval de Hervás está decorado con símbolos como la Estrella de David o menorás, pero el momento más vistoso es el festival Los Conversos que se celebra todos los años a primeros de julio con diversas actividades. No podemos dejar Hervás sin probar la deliciosa repostería judía sabiamente recuperada, ni olvidarnos de una visita al Museo Pérez Comendador-Leroux, en cuyas salas del palacio Casa de los Dávila se expone buena parte de la obra de Enrique Pérez Comendador.

Judería de Hervás

Plasencia, la Noble, Leal y Benéfica Ciudad de Plasencia fundada por Alfonso VIII de Castilla en 1186. Poco después se documenta la primera comunidad judía con autonomía, derechos y administración de justicia impartida en la puerta de la iglesia de San Nicolás. Durante siglos la comunidad judía habitó la zona de la Mota, concretamente el espacio que hoy ocupa el Parador de Turismo, en el antiguo Convento de San Vicente, alrededor de la sinagoga, aunque otras familias judías residían en las calles Trujillo y Zapatería, así como en la Plaza Mayor. De las dos sinagogas sólo se conservan algunos restos bajo el Parador y en el palacio renacentista de Carvajal Girón. Plasencia es tan monumental que eclipsan sus detalles y su conjunto es hechizante, sobre todo sus recoletas calles en las que se respiran aromas de aljama venidos de las cocinas de algunos restaurantes que elaboran comida sefardí.

Sin duda la joya de la judería lo encontramos en extramuros. En El Berrocal se halla el cementerio judío con decenas de visibles tumbas antropomorfas excavadas en la roca y mirando a Jerusalén. Palacios, sus dos catedrales, casas señoriales, la muralla, el acueducto y mil rincones llenos de encanto, son parte de un conjunto urbano que nos habla de siglos de historia que bien justifican el sobrenombre de “Perla del Norte”.

Cementerio judío de Plasencia

 Coria atesora entre sus muros el legado de dos mil setecientos años de historia.

“Al atardecer, se puso a la mesa con los doce” (Mateo 26,20) y, sobre aquella mesa, un mantel de lino blanco que acogía los alimentos y manjares con los que Jesucristo celebraría la Pascua y su Última Cena. Bienvenidos al lugar donde se custodia una de las reliquias más importantes de la cristiandad. De su legendario pasado la ciudad conserva un rico patrimonio en su casco antiguo declarado Conjunto Histórico. De la arquitectura religiosa, civil o militar hay magníficos ejemplos como la catedral gótico-plateresca, en cuyo museo catedralicio se conserva el Sagrado Mantel de la Última Cena. La arquitectura militar encuentra sus mejores exponentes en las murallas romanas del s. I, conservando algunas puertas originales. Interesantes testimonios de arquitectura civil los encontramos en la Cárcel Real del s. XVII, en el palacio de los Duques de Alba del s. XV, así como en los puentes, tanto de piedra como de hierro. Otro interesante entramado urbano es el que delimita la plaza de la catedral con las calles Albaicín, Alojería y Las Cuatro Calles, donde estaba la almaja judía con la casa de la Inquisición y bellas portadas sefardís.

Acceso al Barrio Judío de Coria

Valencia de Alcántara, asentada en un entorno natural de alto valor ecológico protagonizado por los alcornoques y las encinas, allí donde el paisaje se hace internacional, está habitada desde hace miles de años. Así lo atestiguan los más de cuarenta dólmenes prehistóricos construidos en piedra, siendo uno de los conjuntos megalíticos más importantes de Europa. El casco urbano guarda interesantes joyas culturales como el barrio Gótico-Judío que se extiende a lo largo de diez y nueve calles con doscientas sesenta y seis portadas de estilo ojival. Sus calles estrechas y largas de marcado carácter medieval delimitan la antigua aljama poblada desde el s. XIII. Una de las curiosidades de este barrio es la sinagoga que ha llegado hasta nuestros días, conservando entre sus muros muchos e interesantes testimonios de su historia. El catálogo patrimonial de Valencia de Alcántara se completa con la Iglesia arciprestal de Santa María de Rocamador, la Iglesia de la Encarnación, del antiguo convento de Santa Clara, el Ayuntamiento, el Castillo-Fortaleza del s. XIII, el acueducto, las calzadas romanas, el Puente de Piedra y la Fuente de Monroy.

Sinagoga de Valencia de Alcántara

Adentrarse en el casco histórico de Cáceres, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es sumergirse en un sinfín de sensaciones que nos trasladan en el tiempo, como sucede en el aljibe hispanomusulmán situado en el Palacio de las Veletas. Calles empinadas flanqueadas por sugerentes edificios y rincones recoletos que desatan la imaginación nos invitan a recrear, detrás de cada esquina, escenas cotidianas propias de otro tiempo. Su barrio judío está documentado desde primeros del siglo XIII, pero es posible que un siglo antes ya existiera una pequeña comunidad judía, tal y como se constata en diversos elementos visitables en el Museo de Yusuf al Burch. De toda aquella herencia hoy es palpable la atmósfera que impregna la Judería Vieja donde, una pequeña ermita ocupa el solar que antaño ocupó una gran sinagoga. Este entramado urbano vertebrado de callejones, como el de Don Álvaro, por los que los judíos estaban obligados a salir y entrar de la aljama al amanecer y al anochecer para no llamar la atención, es un ejercicio de ensoñación imposible de olvidar, como tampoco lo es el romano Arco del Cristo utilizado por la comunidad sefardí para salir y entrar de la ciudad, así como el Huerto de la Judería, un delicioso jardín que recuerda la manera de vivir de una poderosa familia de la época.

Judería Vieja de Cáceres

Trujillo la Ciudad de Conquistadores donde nacieron Francisco Pizarro y Francisco de Orellana, entre otros, también fue romana y medieval, por lo que pasear su intrincado casco histórico es un ejercicio cultural sorprendente. Descolgado por las laderas del cerro sobre el que se levanta el castillo de los siglos IX y XII sobre los restos de una antigua alcazaba, en cuyo interior se conserva la ermita de San Pablo, una alberca y un aljibe hispanomusulmán, el entramado urbanístico está definido por recoletas calles con sobresalientes ejemplos de arquitectura civil y religiosa como la iglesia de Santiago, además de sugerentes rincones impregnados de una atmósfera de aventuras de ultramar. La Plaza Mayor se antoja como un espacio grandioso y renacentista presidida por la estatua ecuestre de Francisco de Pizarro, en cuyo perímetro se levantaron en el s. XVI los palacios de la Casa de la Cadena, el de los Orellana, el de los Chaves-Cárdenas, el palacio de la Conquista, el de los duques de San Carlos, el de Piedras Albas o el de los Carvajal-Vargas, además de la imponente iglesia de San Martin de Tours. Trujillo contó con una de las comunidades judías más importantes de Extremadura, cuya aljama se extiende por las calles que parten de la plaza Mayor hacia el este.

Barrio Judío de Trujillo

Si por algo Guadalupe brilla con luz propia es por su santuario declarado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, el cual pronto se convirtió en el centro de peregrinación más importante de España, junto a Santiago de Compostela. Construido en 1340 por el rey Alfonso XI de Castilla, en su factura encontramos elementos mudéjares, góticos, renacentistas y barrocos. Espectacular es también la cantidad de tesoros artísticos que custodia tanto en escultura como en pintura, destacando las obras de Zurbarán, Goya, El Greco, Pedro de Mena o Juan de Flandes. El caserío de Guadalupe, declarado Conjunto Histórico, recrea un escenario de ensoñaciones con sus recoletos rincones y bellas callejuelas con magníficos ejemplos de arquitectura serrana e interesantes monumentos.

Su legado judío se recuerda en la antigua calle Veneno que actualmente es un ramal de la plaza Mayor hasta el arco del Chorro Gordo. Pero no son los únicos. La antigua pila bautismal del monasterio que hoy preside la plaza en forma de fuente frente al monasterio o la estrella de David de la portada mudéjar de la antigua farmacia, además de otras en la puerta principal de entrada al templo son testimonios incontestables del legado sefardí.

 

https://www.turismocaceres.org/

Judería de Guadalupe
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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación