¿LA TERRAZA SECRETA, FRESCA Y ACONDICIONADA PERFECTA DE MADRID? ESTÁ EN BRASSERIE LAFAYETTE

  • Después de un invierno y unos comienzos de primavera bastante pasados por agua y muy fresquitos, el clima da tregua y nos empiezan a llegar los aires de verano. Con la llegada del buen tiempo, Madrid entra en la que es una de sus rutinas lúdicas preferidas sin discusión: el terracismo.

Pero siendo sinceros, no siempre es sencillo encontrar una que no esté en un espacio ruidoso (o a pie de carretera) y en la que el intenso calor de la Villa y Corte haga de la experiencia un fiasco. Para aquellos que busquen una terraza perfecta y, en la que, además, se pueda comer bien, tenemos la respuesta: la terraza ajardinada de Brasserie Lafayette.

Con amplio espacio entre mesa y mesa, lo primero que llama la atención de este encantador enclave es su decoración. De su techo de mimbre cuelgan pequeños ramilletes de paniculata, y los tocones de madera y velas, además de la abundante vegetación que lo rodea, ofrecen al conjunto un aire provenzal muy personal. Perfecto para citas románticas, comidas de negocios o encuentros fantásticos con amigos, Brasserie Lafayette tiene la mejor terraza para sibaritas de la capital sin discusión. Y además, libre de humos.

Platos más frescos y vinos franceses a un precio más que razonable

La cocina de Lafayette respira ese aire de las mejores brasseries de los vecinos galos, con propuestas de alma sencilla en los que una larga elaboración (aquí impera el chupchup) y una buena materia prima se conjugan para ofrecer al cliente platos de alma francesa y un sabor delicioso. Junto a clásicos como el steak tartar, su foie casero, las rilletes o el paté de campaña

—estos tres últimos se pueden disfrutar a la vez, en lo que, no sin sorna, han bautizado como menage a trois—, el restaurante tiene nuevos platos, ideales para el buen tiempo. Para abrir boca, nada mejor que unos ahumados de los Pirineos en serrín de abedul, hechos en casa, o un buen magret madurado 20 días relleno de foie al Calvados con cerezas. Para soñar con la playa, la vieira asada con puerro y menière de endivias, los chipirones con su tinta y yema de huevo o el centollo al horno con pimentón de Espelette y Bouillabaisse. Y para aquellos más carnívoros, un buen solomillo de vaca madurada con salsa Café de París o la lengua de ternera en bloque con demi-glace de cacao y puerro confitado.

Y en Brasserie Lafayette, ante todo, destaca su maravillosa bodega, regentada con mimo cuasi paternal por el socio-fundador, y sumiller, Sébastien Leparoux. En su cava solo alberga vinos franceses, con la excepción de algún jerez, denominación que le enloquece. Eso sí: aunque cuenta con referencias de conocidísimos châteaux, ante todo tiene vinos de proyectos más pequeños e independientes, pero con un precio muchísimo menor. Además, una de las máximas de Sébastien es la de no añadir sobreprecios excesivos a las botellas. Lafayette es un lugar ideal para reencontrarse con enclaves tan queridos como Champagne –Sébastien es un amante de las buenas burbujas—, pero también para conocer y enamorarse de propuestas menos conocidas, como los tintos del Jura, maravillosos para verano, o los del Loira.

 

Fuente:  THE NEWS ROOM