La segunda jornada del cuarto Foro de Liangzhu, que se celebró en Hangzhou hasta el pasado 20 de octubre bajo el lema «Bridging the past and the future: safeguarding cultural heritage for our times», dejó una reflexión que interpela al sector.
El Sr. Antonio Santos del Valle, presidente del Tourism and Society Think Tank (TSTT), defendió ante responsables internacionales que la cultura y el patrimonio no son un decorado para el visitante, sino la memoria viva de una comunidad y una palanca para un desarrollo local justo, creativo e inclusivo.
Su intervención formó parte de la mesa redonda de alto nivel «Embracing the Future: Cultural Heritage Preservation, Transmission and Sustainable Tourism», moderada por Peter DeBrine, responsable del programa de Turismo Cultural Sostenible de la UNESCO. Santos del Valle compartió panel con Raphael Callou, director general de Cultura de la Organización de Estados Iberoamericanos; Abdulrahman Alsuhaibani, vicepresidente de Cultura de la Comisión Real para AlUla; y Carolina Pérez Dattari, exsubsecretaria del Patrimonio Cultural de Chile.
El presidente del TSTT arrancó con una pregunta tan sencilla como incómoda: ¿para quién es el turismo? Después advirtió que el patrimonio tiene dos filos. El mismo legado que da trabajo, orgullo y futuro a un pueblo puede vaciar un barrio histórico, encarecer la vivienda o convertir una fiesta tradicional en un espectáculo sin alma. A su juicio, la diferencia nunca está en el patrimonio, sino en las decisiones que se toman sobre él y en quién las toma.
Para ilustrarlo, recordó la experiencia de muchas zonas rurales que perdían población. En ellas, la recuperación de una fiesta, de un camino histórico o de un oficio artesanal devolvió primero la autoestima colectiva, después a algunos jóvenes y, solo al final, a los visitantes. Ese orden, subrayó, es decisivo. Cuando el patrimonio se rescata únicamente para el turista, se congela, mientras que cuando se recupera para la comunidad, sigue vivo, evoluciona y resulta más auténtico para quien llega de fuera. Por eso planteó que toda política turística empiece preguntando a los vecinos qué quieren compartir y qué prefieren proteger, porque no todo tiene que estar en venta.
Santos del Valle reivindicó también la economía creativa que nace del legado cultural, capaz de anclar el valor en el territorio, diversificar la actividad y retener el talento joven. Para que funcione, reclamó conectividad, financiación flexible, formación y protección de la propiedad intelectual colectiva. El turismo, dijo, debe ser un escaparate que compra y paga un precio justo, no uno que se limita a mirar.
En su análisis de la inclusión propuso tres preguntas prácticas: quién decide, quién se beneficia y quién puede acceder. Un destino con cifras récord y empleo precario, añadió, no es un éxito inclusivo.
No eludió los riesgos. Enumeró la saturación de sitios y pueblos, la expulsión de residentes por la presión de los alquileres turísticos, la mercantilización de ritos y danzas, el reparto desigual del valor en favor de intermediarios globales y la creciente exposición del patrimonio al cambio climático.
Ante la Estrategia de Turismo Cultural Sostenible que prepara la UNESCO, el presidente del TSTT señaló cinco ámbitos de impacto. Pidió situar a las comunidades en el centro de la gobernanza, medir más allá de llegadas y pernoctaciones, gestionar los flujos antes de que se conviertan en crisis, garantizar que el valor se quede en el territorio e integrar la acción climática. Añadió dos condiciones transversales: la formación de capacidades en los municipios pequeños y la coherencia entre las políticas de turismo, cultura, vivienda, medio ambiente y empleo.
Todo ello, explicó, se resume en el concepto de turismo estratégico, una perspectiva de planificación y gobernanza que sitúa la actividad turística dentro de un proyecto de territorio. Lo comparó con una gran partida de ajedrez.
Cerró con una imagen elocuente. Hay un turismo que pasa como el viento, consume y se marcha con una foto, y otro que se parece a la lluvia, porque empapa la tierra y ayuda a que algo crezca cuando ya se ha ido. Santos del Valle ofreció la experiencia y las redes del TSTT para acompañar a la UNESCO en ese camino y concluyó que el éxito del turismo cultural no se medirá por el número de visitantes, sino por si quienes viven en cada lugar podrán seguir llamándolo hogar dentro de cincuenta años.
Fuente: TOURISM AND SOCIETY THINK TANK