PAISAJES DE AGUA Y VIENTO

Horizontes que dibujan gigantes

Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación

La Mancha es una tierra de pueblos blancos y añiles que conservan su esencia más pura y de verdes en sus montes en los que, con delicadeza, olivares y viñedos se deslizan ladera abajo. También es el agua de sus humedales donde cobra vida la Mancha Húmeda.

Nos dejamos llevar por la desbordante imaginación de Cervantes para descubrir algunos de los escenarios que tan magistralmente plasmo en su obra y, de camino, hacemos una merecida parada en otros lugares que, si bien no aparecen reflejados en El Quijote, son de obligada visita por su belleza. En nuestra ruta visitaremos ventas, plazas mayores, museos, prisiones, castillos y cerros en los que los molinos son los únicos y auténticos protagonistas. Disfrutaremos de fiestas que ensalzan la figura de Dulcinea, don Quijote y Sancho Panza y degustaremos la gastronomía manchega, la tradicional y la más vanguardista.

Llegado este momento hagamos como el protagonista de la obra, limpiemos nuestras armas y armadura y ensillemos a nuestro Rocinante para recorrer los bellos parajes manchegos en busca de aventuras, pero cuidémonos de enfrentarnos a gigantes, que nos son tales.

Campos de olivos embellecen las tierras manchegas

Campo de Criptana, “tierra de gigantes”

“En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo,

y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: – la ventura va guiando nuestras cosas

mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se

descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla,

y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es

buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra-.

¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza… -”

(Parte I, Capítulo VIII)

Llegamos a Campo de Criptana y como le pasó a don Quijote nos encontramos con los molinos. En la Sierra de los Molinos se conservan trece de estas características construcciones manchegas de los treinta y cuatro con que contaba en 1752. Y de esa docena, tres de ellos –Burleta, Infanto y Sardinero- conservan la estructura y maquinaria original de hace quinientos años.

Molinos de Campo de Criptana

En la misma Sierra de los Molinos y con unas maravillosas vistas al pueblo y al Albaicín Criptanense encontramos un lugar que nuestro paladar agradece que visitemos, Las Musas, un restaurante en el que acertadamente han sabido respetar el entorno y dotarlo de espacios únicos y singulares. Ideal para descubrir una gastronomía manchega con un perfecto equilibrio entre tradición y modernidad, una cocina que respeta y cuida la materia prima apostando por nuevas creaciones. Excelente experiencia culinaria que se completa en la terraza mientras se disfruta de la música, pues Las Musas es heredera de una gran tradición musical o en las Cuevas de La Marcela, antiguas viviendas típicas de la zona convertidas en pista de baile. La visita a Campo de Criptana no será completa si no se recorre el Barrio del Albaicín Criptano, un agradable paseo por estrechas calles de pendientes pronunciadas, con casas bajas de fachada blanca y zócalo añil, tejas rojizas y rejas de forja.

Restaurante Las Musas. Campo de Criptana.

Alcázar de San Juan y Consuegra

Muy cerca de Campo de Criptana se encuentra Alcázar de San Juan que, aunque no se menciona en el Quijote, tiene una importante vinculación con el autor. En dura competencia con Alcalá de Henares, la localidad alcacereña defiende que Cervantes fue bautizado aquí. Y es en la iglesia de Santa María la Mayor donde se custodia la partida de bautismo que supuestamente acredita que un día de 9 de noviembre de 1558, Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López bautizaron a uno de sus hijos con el nombre de Miguel.

El cerro Calderico de Consuegra bien podría haber sido el escenario en el que desarrolló la batalla de don Quijote contra los gigantes. De los trece molinos que había en el pasado, se han recuperado doce, algunos con una temática manchega y otros dedicados a capítulos del Quijote. Vitales durante siglos para el desarrollo de la comarca, su funcionamiento parece sencillo, pero ni la maquinaria ni la estructura lo son. En el molino conocido como Rucio es posible admirar la rueda catalina, la linterna de encina y el telar de vigas que, junto con las aspas de álamo y la cubierta de pino rematada con techo de metal dan forma al corazón de estos grandes ingenios. La maravillosa estampa del cerro se completa con el castillo, antigua fortaleza musulmana del periodo califal.

Los molinos y el castillo de Consuerga en el Cerro Calderico

Puerto Lápice, donde fue armado caballero

“…siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible

dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero…”

(Parte I, Capítulo VIII)

Hace más de cuatrocientos años que Cervantes alumbró la obra más importante de la literatura castellana y aún hoy no se ha podido determinar de dónde partió don Quijote. Algunas teorías defienden que sus andanzas comenzaron en Esquivias, en Urga o en Quintanar de la Orden, todas ellas en la provincia de Toledo y otras que fue en las ciudadrealeñas localidades de Alcázar de San Juan o en Argamasilla de Alba. Si fue en esta última, Puerto Lápice sería el lugar donde fue armado caballero.

La localidad porteña nos da la bienvenida con su espléndida Plaza Mayor, conocida como de la Constitución. Bello ejemplo de típica plaza manchega con dos alturas de soportales de madera pintada de color almagre, es el lugar de reunión de vecinos y vista obligada de forasteros.

Plaza Mayor de Puerto Lápice

En el siglo XVI Puerto Lápice no existía como localidad, pero ya entonces era conocida como Ventas de Puerto Lápice por las ventas que había en este lugar de paso. Cervantes no da el nombre de la venta en que don Quijote fue armado caballero, pero bien podía haber sido la que en la actualidad es conocida como Venta del Quijote.

Esta venta, que lleva desde el siglo XVII dando comida y alojamiento al caminante, es uno de los lugares imprescindibles de La Mancha para degustar la mejor cocina manchega. José Luís Legorburu, Medalla de Plata al Mérito Turístico, propone desde 1966 un excelente recetario gastronómico cervantino y en su carta, que lleva inalterable de los años 70, encontramos platos tan sugerentes como las gachas de matanza, las migas de pastor, la olla de la venta o la caldereta de cordero, entre otros. Cuenta además con una interesante exposición que gira en torno al personaje creado por Cervantes con ilustraciones orientales ambientadas en la obra, un pequeño museo alfar y una tienda de recuerdos.

Venta del Quijote. Puerto Lápice.

Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Dejamos por un momento los escenarios que recorrió el Caballero de la Triste Figura para visitar las Tablas de Daimiel, un sin fin de parajes inolvidables y espacios que atrapan los sentidos. Este humedal, prácticamente único en Europa y último representante del ecosistema llamado tablas fluviales, tan abundante en el pasado en la llanura central de la Península Ibérica, está formado por canales con pequeñas islas entre ellos y unidos por pasarelas, siendo el lugar el ideal para observar especies como el pato cuchara o el pato colorao, el martín pescador, la garza imperial o el aguilucho lagunero. Sobre todo, es perfecto para escapar en familia. Cuenta con tres itinerarios peatonales que parten del centro de recepción visitantes: el sendero de la Isla del Pan, de la Laguna Permanente y de la Torre de Prado Ancho.

Argamasilla de Alba, “en un lugar de La Mancha...”

Diferentes estudios otorgan a Argamasilla el honor de ser la cuna de don Quijote y apoyan esta afirmación en un estudio elaborado hacia 1765 que la Real Academia Española de la Lengua tuvo en cuenta en la edición corregida de 1780. Dicho estudio se basa en que supuestamente aquí empezó Cervantes a escribir la obra y en que Fernández de Avellaneda dedicó su Quijote apócrifo a los vecinos de Argamasilla por ser la patria del caballero andante. Además, se añaden otros como que Cervantes para crear el personaje de don Quijote se inspiró en la figura de Rodríguez Pacheco, vecino de Argamasilla, del que podemos admirar en la iglesia parroquial un cuadro exvoto donado por él mismo. Así como los versos que Cervantes dedica a “los académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha, en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”. Para acabar, el escritor José Azorín escribió: “¿Qué hay en el ambiente de este pueblo –inquiría- que haya hecho posible el nacimiento y desarrollo, precisamente aquí, de esta extraña, amada y dolorosa figura?”.

Cueva de Medrano

Una faceta menos conocida de Cervantes fue la de recaudador de impuestos. Sabido es que este trabajo le llevó a la cárcel en varias ocasiones, siendo Argamasilla uno de los lugares donde se dice que estuvo preso durante un breve periodo de tiempo. Supuestamente, el lugar elegido para su encarcelamiento fue la Cueva de Medrano, antigua bodega de la casa de la familia Medrano y donde la tradición nos cuenta que vieron la luz las primeras páginas del Quijote.

Pero el espíritu quijotesco se respira en toda a localidad gracias a las estatuas de diferentes personajes de la obra, llamando la atención las réplicas de los dibujos que llevó a cabo el equipo de Ramagosa para la serie de dibujos animados “Don Quijote de la Mancha”.

El Toboso, donde pervive la memoria de Dulcinea

“En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad de El Toboso,

con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho,

porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, cómo no la había visto su señor;

de modo que el uno por no verla, y el otro por no haberla visto, estaban alborotados,

y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase a El Toboso”

(Parte II. Capítulo VIII)

El Toboso es otra de las localidades mencionadas en el Quijote y lugar donde vivió el gran amor de nuestro protagonista, “la sin par Dulcinea del Toboso”. Sin duda alguna, el monumento más importante de El Toboso es la iglesia de San Antonio Abad, “la catedral de La Mancha”, y que al ser vista por don Quijote dio lugar a aquella frase tan famosa de la obra que decía “con la iglesia hemos dado, Sancho”.

Museo Cervantino de El Toboso

Estamos ante una de las localidades que rinde un profundo homenaje a la obra de Cervantes y a sus personajes, reflejándose en tres espacios museísticos. El Museo Cervantino en el que se exponen ediciones del Quijote en más de setenta idiomas, muchas de ellas firmadas por personalidades de la política como Mussolini, Fidel Castro, Ronald Reagan o Nelson Mandela, así como de la cultura. El Museo de Humor Gráfico “Dulcinea”, nacido a partir de una cesión del dibujante y humorista Mena, que cuenta con una colección de dibujos, única en el mundo, formada por ilustraciones realizadas por humoristas españoles como Mingote, Mendi, Peridis o Chumy Chumez, así como extranjeros. Y el Museo Casa de Dulcinea en el que se puede visitar la cocina, la despensa, el palomar, los corrales, una almazara, una prensa para la uva, el despacho y los dormitorios.

Cada año el pueblo se vuelca con las Jornadas Cervantinas en honor a Dulcinea, donde los desfiles, con los protagonistas ataviados con el traje típico cervantino, las obras de teatro de calle, el Mercado Cervantino, las exhibiciones de platos típicos o las catas de vinos dan forma a un interesante programa de actividades que en cada edición congrega a cientos de visitantes.

Jornadas Cervantinas en El Toboso

Parque Natural de las Lagunas de Ruidera

“…y que primero había de entrar en la cueva de Montesinos, de quien tantas y tan admirables

cosas en aquellos contornos se contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento

y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera.”

(Parte II. Capítulo XVIII)

Quince lagunas repartidas a lo largo de treinta kilómetros dan vida a un paraje de gran belleza, las Lagunas de Ruidera. Declaradas Parque Natural en 1979, están situadas en los límites de las provincias de Ciudad Real y Albacete, en el conocido como Valle del Alto Guadiana. Oasis natural en medio del Campo de Montiel que sorprende por sus aguas cristalinas de un intenso azul turquesa, aunque cambiantes de tonalidad dependiendo de la climatología o de la hora del día y de la incidencia del sol o por los saltos de agua que se producen cuando una laguna se rebosa, inundado la siguiente, siendo este último uno de los rasgos más característicos de este espacio natural. Disfruta de sus aguas refrescantes, práctica deportes acuáticos o recorre las diferentes rutas, libres o guiadas, que te proporcionarán vistas diferentes del complejo lagunas y que te acercarán a lugares tan interesantes como los castillos de Peñarroya y Rochafrida, a la Cueva de Montesinos, nombrada en unos de los capítulos del Quijote o a la cascada El Hundimiento.

Parque Natural de la Lagunas de Ruidera

Tembleque, una de las plazas más bonitas de España

“Y así digo, que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso

haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel,

que yo no me hallé presente que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…”

(Parte II. Capítulo XXXI)

Seguimos el camino que nos acerca a la última parada de este excitante y sugerente viaje, la localidad de Tembleque, en la provincia de Toledo, para admirar la que está considerada una de las plazas mayores más hermosas de este país. Emblema del barroco popular del siglo XVII, sigue el esquema de los tradicionales corrales de comedias, siendo utilizada también como coso taurino y dando acceso por una de sus tres puertas al callejón de toriles. Porticada con columnas toscanas, los corredores están sostenidos por pilares de madera y los antepechos aparecen decorados con la cruz de la orden militar de los Caballeros de San Juan de Jerusalén. Sobresale el torreón que en las celebraciones hace las labores de palco de autoridades.

Plaza Mayor de Tembleque

Sin duda alguna, este lugar se presenta como el ideal para dar por concluido este viaje, sentados tranquilamente en unas de las terrazas de la plaza, mientras admiramos esta belleza y recordamos los maravillosos escenarios que recreo el gran Cervantes.

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Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación