En el contexto de rápida industrialización en el que las ciudades europeas del siglo XIX experimentan un espectacular crecimiento, nace una nueva concepción del arte con un deseo conciliador entre la naturaleza, la creatividad y el ser humano a través de las formas, los colores y las texturas.
Corría la segunda mitad del s. XIX y en Inglaterra surgió un movimiento denominado Artes y Oficios como respuesta intelectual frente al aumento descontrolado de la producción en masa de las fábricas, algo que amenazaba directamente al valor cultural e identitario de lo artesano.
Ahí se sitúan las raíces del modernismo, un concepto de trabajo hacia un estilo universal y toda una declaración de modernidad unida al sentido estético de diseños fluidos. El escritor, diseñador y arquitecto inglés William Morris fue un personaje determinante, rechazando la ordinariez en la producción y los aspectos deshumanizadores del capitalismo victoriano. Su ideal colectivo de la artesanía y el uso que hizo de las formas orgánicas y florales estilizadas fueron un referente para muchos artistas modernistas.
Con una rapidez más propia de tiempos actuales, esta tendencia se extendió por toda Europa y su influencia se hizo palpable en todas las expresiones creativas. El modernismo aportaba elegancia y estaba en todas partes desde estaciones de tren hasta grandes almacenes, pasando por edificios residenciales, puentes, mercados, diseños de muebles o ilustraciones de libros, siempre con un notable uso de las formas orgánicas. Siempre fue un intento para integrar el arte en lo cotidiano a través de la belleza y el equilibrio.
A pesar de la distancia, Castilla y León no fue ajena a la nueva tendencia creativa, y a lo largo de su vasta extensión no son pocos los bellos ejemplos de un modernismo que llegó aportando frescura creativa, engrandeciendo aún más el que es uno de los conjuntos patrimoniales más grandes de Europa.
Salamanca, la ciudad que hechiza
La ciudad de amaneceres y atardeceres mágicos cuando la luz recrea en sus calles claroscuros que despiertan la imaginación, hasta hacernos creer que hemos visto pasar al Lazarillo de Tormes o a Calixto en busca de su amada Melibea, además de Patrimonio de la Humanidad y cosmopolita, es uno de los referentes monumentales españoles.
Fiel a su atmósfera cultural, como corresponde a su naturaleza universitaria, la ciudad del Tormes no fue ajena a la influencia del modernismo y entre sus muros se halla uno de los mejores exponentes de la región.
La Casa Lis, un palacete mandado construir en 1905 por D. Miguel de Lis, destacado miembro de la burguesía salmantina, es un bellísimo ejemplo del estilo modernista y un magistral ejercicio de soluciones arquitectónicas industriales adaptadas a un uso residencial. Enclavado sobre la antigua muralla del lado sur de la ciudad el edificio muestra soluciones constructivas innovadoras para la época y un asombroso estilismo. Toda la vivienda gira en torno a un patio central y mirando al río se levanta una hermosa fachada en hierro y vidrio con una clara inspiración industrial, sobre una escalera de piedra que crea terrazas ajardinadas. El conjunto es de una belleza sublime. En el lado opuesto, la fachada norte sigue claramente los preceptos de la arquitectura modernista, precedida por una verja de hierro al más puro estilo Art Nouveau. El interior presenta una decoración indudablemente modernista con vidrieras artísticas, cobrando un merecido protagonismo la magistral vidriera emplomada que cubre el patio central.
Gracias a la actuación del Ayuntamiento de Salamanca, quien intervino para evitar su deterioro, la Casa Lis volvió a recuperar su antiguo esplendor en 1995 y hoy es la sede del Museo Art Nouveau y Art Déco, exponiendo en sus salones y dependencias un buen número de colecciones únicas en España.
Otro buen ejemplo del modernismo en Salamanca lo encontramos en el Edificio Borrego. Edificado a principios del siglo XX presume de un magnífico mirador circular en esquina, rematado por una hermosa cúpula de zinc en el ático.
El modernismo llegó a Salamanca observando también su filosofía primitiva de conservación de los valores culturales sin renunciar a la modernidad y de mejorar la vida de las personas.
Con esa concepción se construyó el Puente Enrique Estevan, también conocido como Puente Nuevo o Puente de Hierro, diseñado por Saturnino Zufiaurre, discípulo de Gustave Eiffel. Sobre pilares de gratino se extiende una compleja estructura de acero laminado de doscientos veinte metros de longitud a diez metros de altura sobre el nivel del río. En sus seis arcos de presenta una excepcional muestra decorativa del historicismo eclecticista con rombos y círculos con motivos florales o la estrella de David. Su fotografía con la Casa Lis al fondo es ya casi una imagen universal de la ciudad.
León, donde nació el parlamentarismo moderno
La bimilenaria ciudad que surgió de aquel campamento romano de la Legio VI Victrix instalado en la confluencia de los ríos Bernesga y Torio, la misma que conserva en su catedral las vidrieras góticas, consideradas entre las más bellas del mundo y la que exhibe con orgullo la llamada Capilla Sixtina del arte románico en el Panteón de los Reyes de la colegiata de San Isidoro, el mismo escenario en el que se celebraron las primeras cortes democráticas en 1188 por las que la UNESCO ha reconocido a León como la Cuna del Parlamentarismo, tiene también una cara modernista.
La Casa Botines es uno de los tres únicos edificios proyectados por el universal Gaudí fuera de Cataluña. En 1891 comenzaron las obras de un inmueble destinado a uso residencial y almacén comercial con un diseño enclavado en el periodo neogótico del maestro catalán, con un sello modernista y totalmente rompedor con la estética austera de la ciudad.
Gracias a la maestría de los canteros leoneses, de los especialistas traídos por Gaudí y a su genialidad en once meses de concluyó la obra, lo cual suscitó la admiración local ante la complejidad constructiva y las soluciones aportadas. La estética exterior e interior no fue ajena a nadie y hoy sigue siendo objeto de admiración. En su robusta apariencia con reminiscencias historicistas rematada por cuatro torres en las esquinas, la más alta flanqueada por una veleta en forma de cruz de Malta y un foso con reja de forja, se abren paso puertas y ventanas de arcos lobulados. En contraposición al regio estilo exterior, el interior presenta acabados puramente modernista con virtuosos trabajos de ebanistería combinados con hierro forjado, vidrieras y esgrafiados. El resultado final es un conjunto armónico de funcionalidad y estética muy acogedor.
Actualmente es el Museo Casa Botines Gaudí impulsado por la Fundación Obra Social de Castilla y León, una realidad que trabaja como centro de investigación, conservación y exposición del patrimonio histórico-artístico. Aquí se custodian y exponen obras de arte que abarcan más de quinientos años de historia de bellas artes y artes decorativas, en un periodo que va del siglo XV a finales del XX.
Más allá de la huella de Gaudí, la capital leonesa conserva alrededor de una treintena de edificios modernistas con elementos decorativos muy variados. La mayoría se concentran en la peatonal calle Ancha que comunica con la catedral y aledaños, pero un buen número se localizan también en la calle Ordoño II, la arteria principal de la ciudad, incluido uno, en el número dieciséis, claramente inspirado en la obra de Gaudí.
La huella en León de Daniel Zuloaga, considerado como uno de los renovadores del arte ceramista español lo encontramos en el portal número tres de la calle Sierra Pambley. Con gran exquisitez trasladó a los azulejos las calidades del óleo y la acuarela, dando el protagonismo a la mujer y a las faenas del mar con gran naturalidad. Este ejercicio artístico pone una sugerente y colorida perspectiva al genuino catálogo modernista de León.
Sin abandonar la provincia, la ciudad de Astorga luce orgullosa la segunda obra de Gaudí fuera de su tierra natal. Don Joan Baptista Grau i Vallespinós, obispo de Astorga entre 1886 y 1893, encargó a su amigo Antonio Gaudí el proyecto para edificar un nuevo palacio episcopal. Aunque la construcción se dilató mucho en el tiempo por las desavenencias entre el arquitecto y el cabildo, tras la muerte del obispo Grau, Gaudí renuncia a continuar su trabajo sin terminar el piso superior y la cubierta, lo que no impidió que el conjunto rezume la firma del maestro catalán. Con cuatro torres cilíndricas en las esquinas y rodeado de un foso, fue construido en granito de El Bierzo magistralmente colocado, manteniendo un aire medieval, aunque con algunas licencias como los arcos de la entrada principal que recuerdan a las masías catalanas medievales. En el interior, las maderas, el granito, las vidrieras, los ladrillos, las yeserías, los mosaicos, los esgrafiados y las cerámicas armonizan a la perfección creando un ambiente fluido y luminoso. La riqueza decorativa es magnífica, llegando a combinar virtuosamente acabados góticos y mudéjares, motivos naturalistas y columnas con gran variedad de capiteles que aumentan el aire palaciego.
Actualmente alberga el Museo de los Caminos dedicado al Camino de Sant
Palencia, donde nació la primera universidad
A los pies del Cristo del Otero se extiende una ciudad serena y verde, fácil de pasear y rica en patrimonio. Fue sede episcopal en la época visigoda y aquí abrió sus puertas la primera universidad de España en 1212, pero su origen va mucho más atrás. Los vacceos, la tribu celtibérica más culta y militarmente poderosa ya habitaba estás tierras y desde entonces hasta nuestros días, todas las culturas han dejado un importante legado monumental.
La convulsa Edad Media dejó su impronta con edificios tan nobles como la catedral de San Antolín, en cuya cripta se encuentran vestigios de una edificación visigoda anterior, así como un buen catálogo de iglesias y monasterios.
Su buena situación geográfica en el corazón de lo que se denominaba el granero del Imperio ayudó al desarrollo económico de la ciudad, pero fue en el reinado de Fernando VI con la construcción del Canal de Castilla, la obra magna de la Ilustración y la importante dársena en el extrarradio urbano lo que significó un impulso significativo.
Los siglos XIX y XX con una burguesía estable y muy acomodada significan la apertura a una nueva arquitectura, acorde con los vientos de modernidad que llegan de Europa y el modernismo hizo acto de presencia.
Sin duda los edificios más representativos de esta tendencia son aquellos que llevan la firma del arquitecto Jerónimo Arroyo. Entre todos, destaca especialmente el Palacio de la Diputación construido en piedra, ladrillo, hierro y cristal con guiños decorativos inspirados en palacios renacentistas como el de Monterrey de Salamanca. Dentro de su profusa decoración llaman la atención las esculturas de la parte superior en alusión a la industria, el comercio, la agricultura, las bellas artes, el trabajo y la ciencia.
Muy cerca y con una longitud de más de un kilómetro se extiende la calle Mayor. Totalmente peatonalizada y casi en su totalidad porticada como corresponde a su carácter comercial desde hace siglos, se encuentran otros magníficos ejemplos de arquitectura modernista, la mayoría también obra de Jerónimo Arroyo.
En 1916 termina la construcción del edificio de los señores García y actualmente tiene un uso residencial, siendo otro de los edificios modernistas de referencia. La armoniosa combinación de ladrillo rojo y enlucidos en blanco, junto con el hierro forjado, los miradores redondeados y el chaflán hexagonal forman un conjunto cautivador.
Unos metros más adelante se encuentra el colegio Villandrando mandado construir por la vizcondesa de Villandrando en 1910. La fachada principal es una buena interpretación del gótico valenciano y el modernismo catalán, en el que destacan los adornos florales y el gran friso cerámico de la cornisa, obra de Daniel Zuloaga.
La actual sede del Consejo de Cuentas de Castilla y León es un edificio construido a principios del siglo XX en el que se armoniza el neoclasicismo con galerías, dos torres con vistosas vidrieras, balcones de hierro forjado y dinteles modernistas, reforzando así su aspecto burgués.
Otros edificios firmados por el ilustre arquitecto son el Edificio Arroyo y Gallego, en cuyos primer y segundo piso tuvo su estudio y un taller artesanal. El actual instituto Jorge Manrique presenta una contundente planta de trazas modernistas diseñado por Jerónimo Arroyo en colaboración con el arquitecto madrileño Lorenzo Gallego.
La calle Mayor de la ciudad conserva otros bellos ejemplos modernistas ya sin la firma de Jerónimo Arroyo, pero no menos importantes. En el atrio del Casino de Palencia se conserva un magnífico mural, obra del pintor palentino Rafael. Otro edificio que no debemos dejar de lado, a caballo entre el modernismo y la cristalización del movimiento moderno es el de la actual sede de la sala de exposiciones de Unicaja, obra del arquitecto Jacobo Romero, quien siguió en parte el legado de Jerónimo Arroyo.
El mercado de abastos construido en 1895 supuso una revolución arquitectónica en la ciudad al incorporar el uso del hierro fundido y el vidrio como elementos protagonistas que hoy en día sigue llamando la atención.
La huella modernista en otras ciudades
El movimiento modernista llegó también, aunque de manera más testimonial, a otras ciudades de Castilla y León, en las que fue dejando pinceladas de modernidad artística e impulsando nuevas formas de pensamiento.
En Valladolid encontramos la Casa del Príncipe diseñada por Jerónimo Arroyo, destacando especialmente un torreón cilíndrico espectacular apoyado en soportes de fundición y ornamentación orgánica. El resto del edificio está construido en ladrillo en referencia a la tradición mudéjar y hormigón, abriéndose balcones dispuestos de manera irregular para ganar en plasticidad.
La Casa Luelmo es otro singular ejemplo modernista en la ciudad del Pisuerga, construida a principios del siglo XX como residencia del empresario Rufo Luelmo. Actualmente y tras una profunda restauración buscando devolverle su aspecto original, es la sede de la Fundación Patrimonio Histórico de Castilla y León.
Zamora, más allá de su incontestable valor cultural por las joyas románicas que alberga, también fue testigo de la influencia modernista, teniendo sus máximos exponentes el teatro Ramos Carrión inaugurado en 1916, sin olvidarnos de otros edificios interesantes como el casino, las casas de Gregorio Prada, la Casa Gato o la Casa Tejedor, entro otros.
La Casa de Mercurio, en plena plaza Mayor de Burgos, es el mejor exponente del modernismo en la ciudad. Su estructura de cinco plantas llama la atención por el ladrillo rojo, la piedra y el hierro, además de por sus columnas con motivos florales.
Nuestro viaje al modernismo en Castilla y León termina en la ciudad de Segovia. En el delicioso pasear entre el Acueducto y la plaza Mayor, frente a la Casa de los Picos encontramos el edificio de viviendas de Clementina Lanchares, un magnífico ejemplo de este estilo artístico en forma de extraordinarias rejerías en los miradores.
Castilla y León es un mosaico patrimonial de inmensas proporciones que invita a ser vivido despacio y con los sentidos muy activos.