ASTANÁ

Modernidad en las tierras vírgenes

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación

Dinámica y armónica, tolerante e integradora, moderna y abierta al mundo, así se presenta la capital de Kazajstán, una metrópoli diseñada como ejemplo de urbanismo magistralmente pensado y polo de atracción económica de Asia Central.

La que ostenta el título de ser la ciudad más joven del planeta con sólo dos décadas de existencia no es el fruto de la improvisación, sino de la hoja de ruta desarrollada por el arquitecto japonés Kisho Kurokawa, quien buscó y consiguió un fotograma de modernidad con toques de tradición euroasiática; una simbiosis entre Oriente y Occidente.

Situada a orillas del río Ichim, Astaná pasó de ser un asentamiento militar ruso en el primer tercio del siglo XIX a convertirse, tras la independencia de la Unión Soviética en 1991, en una ciudad fascinante con edificios de estilo futurista, una joya para los amantes de la arquitectura y del urbanismo y un ejercicio de creatividad permanente en el que han dejado su sello algunos de los arquitectos más reputados del panorama internacional.

Palacio de la Paz y la Reconciliación

Entre ellos destaca el británico Norman Foster, quien ha firmado algunas de las obras maestras de la capital centroasiática, edificios en los que se armoniza el diseño moderno y el aprovechamiento energético. Especial simbolismo tiene el Palacio de la Paz y la Reconciliación, una espectacular pirámide de cristal y acero de alta tecnología construida en 2006 con motivo del II Congreso de Líderes de Religiones Mundiales Tradicionales. Hoy representa la armonía y la unidad de las religiones, los grupos étnicos y las culturas, además de ser la sede de la Ópera House. En el vértice superior la sala de conferencias se abre al cielo con ventanas decoradas con palomas, obra del artista británico Brian Clarke.

Arquitectura modernista en Astaná

Modernidad sostenible

Sin dejar la senda de Foster en la ciudad y bajo sus 150 metros de alto hasta la punta, el Khan Shatyr es uno de los referentes más originales de la ciudad. Construido en forma de gigantesca tienda de campaña empleando tetrafluoretileno para absorber la luz y el calor, mientras que por la noche se torna de color violáceo. Su interior es un gran complejo comercial y de ocio que, además de tiendas de lujo y restaurantes, cuenta con una playa con olas y arena traída de las islas Maldivas.

Se mire hacia donde se mire, Astaná derrocha diseño e imaginación. A lo largo del bulevar Nurjol, la arteria principal del barrio gubernamental y de negocios, el escaparate de edificaciones ultramodernas es imponente hasta llegar al palacio Presidencial inspirado en la Casa Blanca y diseñado por el propio Nazarbáyev.

Torre Bayterek

Pero antes se hace imprescindible una parada en el monumento de Bayterek, una torre blanca trenzada de 97 metros de altura rematada en una gran esfera de cristal que simboliza una leyenda kazaja de Samruk, un pájaro mítico que puso un huevo de oro conteniendo los secretos del deseo y de la felicidad… Desde la cúpula superior la vista en 360º de Astaná es inigualable y los atardeceres se llenan de magia con el especial color de los atardeceres esteparios.

En Astaná todo tiene una dimensión que transciende más allá de las primeras e imponentes sensaciones contemplativas. Eso ocurre con el Nur Alem, el edificio esférico más grande del mundo que, si ya impresiona su estampa externa, su interior nos deja sin palabras. Construido con motivo de la Expo Astaná 2017, pasearlo sigue siendo una experiencia sorpresiva constante, pues a lo alto de sus diferentes niveles se abren clases magistrales de sostenibilidad, energías limpias, física y matemáticas, avances tecnológicos y todo aquello que tenga que ver con el progreso respetuoso con el medioambiente, con la ciencia y el conocimiento.

Museo de la Energía del Futuro Nur Alem

Kazajstán es un país orgulloso de sus tradiciones y de su cultura que, sin olvidar sus raíces, conviven en armonía edificios modernos con otros de carácter religioso más tradicionales como la catedral ortodoxa de la Asunción, encarando el futuro con determinación. Como símbolo de esa contundencia, en pleno corazón del barrio más moderno, se alza el Museo Nacional de Historia de Kazajstán, un edificio robusto y noble de líneas limpias que armoniza piedra y cristal para crear un conjunto con mucha personalidad, la misma que los vestigios de la cultura kazaja que custodia en su interior y a la que rinde homenaje.

Catedral ortodoxa de la Asunción

Astaná es una ciudad acogedora, fácil de recorrer y de disfrutar, que invita al contacto directo con sus amabilísimos habitantes, pues el carácter kazajo es uno de sus principales valores. Sus amplias avenidas son ríos de imaginación y de conocimiento; exponentes de una modernidad sostenible y tecnológicamente avanzada que alterna centros de negocios internacionales con edificios públicos como el moderno Palacio de la Independencia, el cual comparte escenario con el Monumento Ely al Pueblo Kazako y con la Gran Mezquita, la segunda mayor de Asia Central. Muy cerca, se encuentran dos torres cónicas de color verde, centros de negocios, jardines, las torres del Parlamento, el Senado y el Majilis, el Auditorio Nacional de color turquesa que evoca los pétalos de una flor.

Monumento Ely al Pueblo Kazako

Este modelo de desarrollo urbanístico moderno y amable, junto con las buenas comunicaciones con el resto del mundo han hecho de la capital kazaja un magnífico destino de turismo urbano, el cual se ve reforzado por una amplísima oferta cultural durante todo el año.

En contraposición a tanta propuesta de arquitectura de vanguardia, pero con una exquisita elegancia inspirada en los teatros italianos del siglo XIX, el Teatro Estatal de Ópera y Ballet Astana Opera, inaugurado en 2013, es el más grande de Asia Central y el tercero del mundo. Su estilismo clásico, en el que predomina el mármol sabiamente trabajado, integra perfectamente elementos culturales nacionales como frescos de Charyn o de Burabay, además de impresionantes candelabros de araña de trece metros de altura y más de tonelada y media de peso. Su aforo alcanza los mil quinientos espectadores, siendo uno de los más avanzados del mundo desde el punto de vista técnico. Absolutamente todo funciona para la acústica, incluido el suelo de parqué de maderas de haya y abedul, pino canadiense de crecimiento lento y paneles de cerezo junto con latón. De esta forma se consigue que hasta en el último rincón de la sala se disfrute plenamente de un sonido excepcional.

Teatro Estatal de Ópera y Ballet Astana Opera

La perla de Kazajstán

El noveno país más grande del mundo es tan desconocido como apasionante, un gigantesco espacio natural lleno de lagos como mares, de cadenas montañosas que superan los cinco mil metros y un universo de tradiciones desconocidas. Kazajstán es inmenso en todos los sentidos. Todo lo anterior que lo hace grande es también una característica clave a la hora de visitarlo, por lo que se hace necesaria una buena planificación.

Una opción interesante a poco más de dos horas de la capital es el Parque Nacional de Burabay, y de camino hacer una parada en el poblado subterráneo de Botay-Burabay, donde se muestra el modo de vida de estas tierras en la prehistoria.

Parque Nacional de Burabay

La baja densidad de población minimiza la presión humana y su buena situación geográfica, a pesar de su intenso clima continental de inviernos muy fríos y veranos calurosos, favorece una flora rica y variada con setecientas cincuenta y siete variedades diferentes, en parte también beneficiada por la abundancia de agua. En sus infinitos bosques encuentran cobijo trescientas cinco especies animales, el 36% de la fauna salvaje del país.

Poblado prehistórico subterráneo de Botay-Burabay

Cuenta la leyenda que cuando Dios estaba creando el mundo, uno de los pueblos recibió las tierras ricas en bosques, otra recibió campos fértiles con grandes ríos y la tercera recibió hermosas montañas y lagos azules. Pero el kazajo solo recibió estepa… Ofendido le pidió a Dios que lo dotara de algo de belleza natural. Este tomó las montañas, las rocas, los hermosos pinos y los bosques caducifolios, los lagos azules con agua pura y los campos de color esmeralda cubiertos de hierbas y flores y los esparció con mano generosa en las estepas infinitas. Así nació Burabay, uno de los lugares más pintorescos de Kazajstán, que por su genuina belleza y rara combinación armónica de montañas, bosques, lagos y flora y fauna recibió el nombre poético de “La perla de Kazajstán”.

 

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación