UNA CATEDRAL PARA ORAR Y PARA DEFENDER LA CIUDAD

Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: Javier Gutiérrez/Cardinalia Comunicación | José Miguel Sánchez
UNA CATEDRAL PARA ORAR Y PARA DEFENDER LA CIUDAD

La catedral de la antigua Segontia, dedicada a Santa María, cumplió en 2019 su 850º aniversario de su consagración. Desde sus orígenes, fue concebida como templo religioso y, al mismo tiempo, como elemento defensivo dentro del sistema fortificado de la ciudad.

El templo religioso más importante de la “ciudad del Doncel” hunde sus raíces a comienzos del siglo XII, cuando la ciudad fue reconquistada por Bernardo de Agén, obispo de origen aquitano y responsable de la diócesis desde 1109. Es a partir de este histórico momento cuando se inicia su construcción.

De estilo románico-cisterciense en sus inicios, que se aprecia en la decoración vegetal y geométrica de las arquivoltas de su triple portada, acabó siendo gótica cuando fue finalizada en el siglo XVI.

De la época medieval son sus tres naves separadas por pilares compuestos, su amplio crucero, su primitiva cabecera de cinco ábsides decrecientes, sus bóvedas de crucería y sus tres rosetones.

Enmarcada por dos grandes torres que le dan su aspecto de fortaleza, la catedral de Santa María de Sigüenza (Guadalajara) se vio enriquecida desde finales del siglo XV hasta el XIX con nuevos espacios como el claustro, la sacristía mayor y la girola, así como obras de gran valor y de diferentes estilos. Entre ellos podemos admirar en nuestra visita el coro, la estatua funeraria del Doncel o su magnífica colección de retablos. Por otra parte, desde hace un tiempo las dependencias del claustro albergan las salas del Museo Catedralicio, entre cuyos muros se custodian auténticas joyas artísticas como un cuadro de la Anunciación del Greco, situado en la capilla de la Concepción o una magnífica colección de tapices flamencos del siglo XVII.

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Fachada sur de la catedral de Sigüenza

Esta catedral única en España, concebida para orar, pero también para defender la ciudad, nos exige descubrirla con detenimiento, dejando las prisas en la calle para poder admirarla como ella se merece.

Una vez dentro de la seo, nos da la bienvenida el trascoro con un suntuoso retablo marmóreo que contiene el altar de la Virgen de Santa María la Mayor, patrona de la ciudad. Esta bella composición barroca, realizada con jaspe negro de Calotorao, blanco de Fuentes de Jiloca y rojo de Cehejín, está acompañada de columnas salomónicas del siglo XVII obra de Juan de Lobera.

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Trascoro

Avanzando por las naves laterales, llegamos al corazón del templo, formado a un lado por el presbiterio con el altar mayor y al otro el coro de nogal. Antes de franquear la magnífica reja ejecutada virtuosamente por los maestros Francisco Martínez y Domingo de Zialceta por la que se accede al presbiterio, es obligado admirar los dos famosos púlpitos de alabastro: el gótico-flamígero del siglo XV y el plateresco del XVI. A ambos lados encontramos diferentes monumentos funerarios en los que descansan obispos y reconocidos personajes vinculados a la catedral, como don Alonso Carrillo de Albornoz, cardenal de San Eustaquio; doña María de Castilla y su esposo, don Gómez Carrillo de Albornoz, representados por sendas estatuas yacentes; y don Pedro I de Leucate, obispo de Sigüenza desde 1154, que aparece con mitra y báculo. En ese momento, nuestra vista se dirige al magnífico retablo mayor, obra renacentista que lleva la firma de Giraldo de Merlo, con cuatro relieves alusivos a la Pasión de Cristo: Prendimiento, Flagelación, Ecce Homo y Santo Entierro.

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Retablo Mayor del Presbiterio

Atravesando una monumental reja del siglo XVII, entramos en el coro de nogal, regalo del cardenal Pedro González de Mendoza cuando fue obispo de Sigüenza. Dotado de una bella decoración geométrica y heráldica en los asientos, fue inaugurado en 1491. Por otro lado, cuando el cargo de obispo era ostentado por Fadrique de Portugal, se vio embellecido con una rica balaustrada renacentista y la reja antes mencionada. Desde el coro es posible admirar los dos magníficos órganos con los que cuenta la catedral.

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Coro de nogal

En el año 1496, durante la conquista de Granada, muere don Martín Vázquez de Arce a la edad de 25 años. El que pasó a ser conocido como el “doncel de Sigüenza” descansa hoy en la capilla dedicada a San Juan y Santa Catalina, conocida como la capilla de los Arce. Estamos ante uno de los máximos exponentes del arte funerario español. De composición renacentista, con labores de estilo plateresco y situada en el brazo del crucero sur, acoge los enterramientos de varios miembros de la familia noble Vázquez de Arce. En el centro de este maravilloso espacio, en un bello sepulcro, descansan los restos de los padres del Doncel, Fernando de Arce y Catalina de Sosa. Bajo el arco de entrada, los de sus abuelos, Martín Vázquez de Sosa y doña Sancha Vázquez, así como la lauda sepulcral de su sobrina, doña Catalina de Arce y Bravo. Y en el muro izquierdo, los restos de don Fernando de Arce, hermano del Doncel y obispo de Canarias. Junto a este, el sepulcro de alabastro del Doncel de Sigüenza que, a diferencia de las estatuas funerarias de la época que representaban a los fallecidos dormidos y con los ojos cerrados, en este el joven aparece vestido de guerrero, en actitud de lectura y meditación.

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Capilla de los Arce

Una monumental puerta de nogal decorada con imágenes de santas mártires da paso a la Sacristía Mayor o “de las Cabezas”. Diseñada por Alonso de Covarrubias y construida a mediados del siglo XVI, la bóveda está decorada con casetones donde aparecen esculpidas trescientas cuatro cabezas de gran tamaño y más de tres mil más pequeñas. Admirable son las cajonerías de nogal con tallas platerescas, obra del maestro seguntino Martín de Vandoma. Desde este espacio accedemos a la capilla de las Reliquias y del Espíritu Santo a través de una portada muy ornamentada, con arco de medio punto y reja de hierro forjado. En esta obra, característica del manierismo, la decoración plateresca de los muros, las estatuas humanas masculinas que funcionan como soportes arquitectónicos, los altorrelieves, las cariátides y las tallas-relicarios de santos, apóstoles, evangelistas, profetas y sabios realzan la monumentalidad de esta capilla.

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Sacristía Mayor o "de las Cabezas"

Cuenta la leyenda que Santa Librada, nacida en la región francesa de Aquitania, fue criada en la fe cristiana y obligada a renunciar a sus creencias. Por su negativa sufrió martirio y murió degollada en Sainte-Livrade-sur-Lot. Bernardo de Agén, paisano de la santa, trajo su cuerpo a Sigüenza y sus restos fueron colocados en una urna en el magnífico altar plateresco de Santa Librada. Este hecho histórico sirvió como fundamento espiritual y litúrgico de la catedral de Sigüenza. Se completa con un precioso retablo manierista-rafaelesco con pinturas realizadas en el siglo XVI que representan escenas de la vida de la santa. Formando un ángulo con el altar se encuentra el mausoleo de estilo plateresco español de don Diego de Fadrique, obispo de Sigüenza y quien encargó la construcción del altar como regalo a la catedral seguntina.

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Púlpito y Altar de Santa Librada al fondo

Finalizamos en la capilla de la Anunciación, en la que el arte gótico, el primer Renacimiento y el mudéjar se unen para crear un espacio de gran valor artístico, en un estilo que ha sido denominado como “Estilo Cisneros” y en la capilla de San Marcos y Santa Catalina, con el enterramiento gótico del fundador, don Juan Ruiz de Pelegrina y un magnífico tríptico de la escuela castellana.

Salimos ahora al claustro realizado en los primeros años del siglo XVI, en el que combinan acertadamente las bóvedas y ventanales góticos con las portadas renacentistas que dan acceso a sus diferentes dependencias. Un elegante y bello brocal renacentista del magnífico aljibe de sillería, que en el pasado abasteció de agua potable a los capitulares, beneficiados y muchos vecinos de la ciudad, preside el centro del jardín.

Desde el claustro accedemos a las diferentes estancias del Museo Catedralicio. Uno de estos espacios es la Sala de las Banderas Históricas, en la antigua capilla de San Sebastián, entre las que sobresalen por su antigüedad y procedencia las que formaron parte de las expediciones de Sir Francis Drake contra el imperio español en el siglo XVI. También el Museo de los Tapices Flamencos, una colección de dieciséis tapices diseñados por el pintor clasicista francés Charles Poerson y confeccionados en los talleres de Bruselas de Jean Le Clerc y Daniel II Eggermans.

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Museo de los Tapices Flamencos

No podemos abandonar el claustro sin visitar la capilla funeraria de la Concepción para admirar una de las joyas más bellas del templo, el cuadro de la Anunciación de El Greco, lienzo datado en el siglo XVII.

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La Anunciación de El Greco

Por último, la necrópolis medieval donde fueron enterrados aquellos que se encargaron de las primeras fases constructivas del templo en los siglos XII y XIII. Solo se puede visitar acompañados por las guías del Museo Diocesano de Arte Antiguo.

Las nuevas tecnologías se han hecho un hueco en el templo con la experiencia de realidad virtual, incluida con la visita, con la que descubriremos cómo era Sigüenza y su catedral en la Edad Media a través de una entretenida, sugerente y también didáctica experiencia inmersiva.

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Museo Diocesano de Arte Antiguo

A pocos metros de la catedral, un palacio renacentista del siglo XVI acoge el Museo Diocesano de Arte Antiguo de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. Un viaje por la historia artística y espiritual de la diócesis seguntina representado por más de doscientas obras pictóricas, escultóricas, de orfebrería, textiles y documentos, así como colecciones prehistóricas y precolombinas. Entre ellas sobresale la Inmaculada Concepción de Zurbarán y otras obras de Salzillo, Luis de Morales o Salvador Carmona.

 

https://catedralsiguenza.es/

Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: Javier Gutiérrez/Cardinalia Comunicación | José Miguel Sánchez