Aquella villa marinera lleva en su ADN el carácter abierto del Mediterráneo, esa apertura mental y la tolerancia que propiciaron desde hace milenios el desarrollo cultural y la exploración de nuevas formas de pensamiento. Gracias a esa generosidad hoy es un modelo de convivencia serena y a la vez creativa que rezuma libertad.
Pasear por las animadas calles de Sitges es un estímulo sensorial, tanto si se camina por el simbólico paseo Marítimo como si es por las callejuelas del casco antiguo flanqueadas por palacetes y por magníficos ejemplos de la arquitectura modernista y novecentista.
Su nutrida agenda cultural repleta de planes para todo el año y un estilo de vida pausado la convierten en una opción perfecta para una escapada. Además, desde los años 30 del siglo pasado ha ido cobrando protagonismo como destino LGBTQ+, lo que le ha dado ese carácter de ambiente liberal, artístico y de mente abierta.
Detrás del legado más cercano que ven nuestros ojos se esconde un origen que se remonta al siglo VI a.C. Su nombre deriva de la palabra “sitja” que en catalán significa “silo”, en alusión a los depósitos de grano excavados antiguamente en el suelo para almacenar grano, así que nos encontramos con un lugar con mucha carga histórica convertido en referente turístico a nivel mundial por muchos motivos.
Perderse por el antiguo barrio de pescadores, contemplar el patrimonio arquitectónico, disfrutar de alguna de sus veintiséis playas o de los senderos del Parc del Garraf y degustar su vino dulce de malvasía son algunos planes para hacer en Sitges durante todo el año.
Su situación recoleta entre el macizo montañoso del Garraf, los viñedos del Penedès y el Mediterráneo, le ha conferido siempre un aire privacidad y de exaltación de libertad, pasando de ser un pequeño pueblo de pescadores que aún conserva una de las pocas cofradías de pesca artesana de Cataluña, a un modelo turístico de la cuenca mediterránea.
Un referente modernista
Sitges cautivo a los impulsores del modernismo catalán de finales del siglo XIX, pero será en la década de los años sesenta del siglo pasado cuando empiece el despegue turístico que cada año trae hasta aquí a millones de visitantes, lo que hace que las calles siempre estén animadas y que sea una ciudad que no cierra nunca. Aquí comenzó la gran expansión del movimiento modernista en Cataluña. Son célebres las procesiones modernistas realizadas en Sitges para recibir cuadros del Greco que fueron llevados en procesión laica desde la estación al museo del Cau Ferrat. Poco a poco la ciudad fue adquiriendo una sólida reputación como lugar de encuentro de intelectuales, sobre todo desde que Picasso y otros artistas del momento empezaron a pasar temporadas de descanso y de creatividad.
Pero el legado más trascendente llegó de la mano del pintor, escultor y dramaturgo Santiago Rusiñol y su museo Cau Ferrat instalado en la que fuera su casa-taller, función que cumplió desde su inauguración en 1893 hasta que pasó a ser museo público en 1933 sin perder su atmósfera artística inicial.
En Cau Ferrat se organizaban fiestas con exposiciones, lecturas de poemas y conciertos musicales en una atmósfera vibrante y cultural, a las que eran invitados Emilia Pardo Bazán, Federico García Lorca, Manuel de Falla, Antonio Machado, Ramón Casas, Pablo Picasso o Carlos Gardel, por ejemplo.
Sus colecciones comprenden piezas de arte antiguo reunidas por el artista (pintura, hierro forjado, cerámica, vidrio, arqueología, escultura y mobiliario), así como arte moderno (pintura, dibujo, escultura) con obras de Rusiñol, Casas, Picasso, R. Pichot, Mas i Fontdevila, Zuloaga, Regoyos y Degouwe de Nucques, Enric Clarasó, Manolo Hugué y Pau Gargallo, entre otros. Las actividades organizadas por Rusiñol con la participación de otros artistas, músicos, escritores convirtieron el Cau Ferrat en el Templo del Modernismo, dando forma a un legado artístico único que, junto con el edificio en el que está instalado, ejemplifican la veneración modernista en todas las disciplinas artísticas.
Paseando el centro de Sitges es fácil encontrar otros ejemplos modernistas en fachadas, pero es en la calle Fonollar donde aguarda una magnífica sorpresa. El Palau de Maricel despliega todo el esplendor de un bello estilo novecentista. Construido entre los años 1913 y 1916, tiene la curiosidad de ser un conjunto arquitectónico de varios edificios organizados a ambos lados de la calle unidos por un puente y de haber sido construido con elementos traídos de diferentes partes de España.
Paseando aquel pueblo marinero
El paseo Marítimo de Sitges es todo un símbolo de la ciudad, cuyos tres kilómetros de longitud arrancan en la iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla del siglo XVII. Por el camino llaman la atención los bellos edificios de la primera línea playa, cuya arquitectura data del siglo XIX cuando los llamados americanos, en otras partes de España conocidos como indianos, hicieron fortuna principalmente en Cuba y Puerto Rico y regresaron para construir sus mansiones coloniales. Las sesenta y nueve que sobreviven están señalizadas y protegidas.
Ilustres nativos de Sitges como Facundo Bacardí o Andreu Brugal se quedaron al otro lado del Atlántico con sus fructíferos imperios del ron.
Frente a ellos las playas de arena dorada, el agua clara y calmada y poco profunda invitan a dejarse llevar por la sensación de paz
Otra sugerente manera de conocer Sitges es callejeando por el antiguo barrio de pescadores, donde aún se conservan los techos, ventanas y zócalos con el blauet, ese azul marino tan característico.
No puede faltar en este periplo una visita a la vibrante calle Primero de Mayo y sus perpendiculares del “Pecado”, como se las conoce mundialmente por ser el epicentro del ocio nocturno de ambiente LGTBIQ+.
Sitges es también un lugar de arraigadas tradiciones como es el caso de la Fiesta Mayor de Santa Tecla, patrona de la ciudad, que tiene lugar en el mes de septiembre. Comienza por la noche con la “Nit del Foc” con el frenético “correfoc” o correfuegos, un espectáculo pirotécnico protagonizado por los “dimonis” y las “bèsties de foc” que recorre las calles del centro histórico escupiendo fuego. No hay una referencia concreta de su origen, salvo lo relativo a su coprotagonismo con San Bartolomé como patrones de la ciudad en el siglo XVI. La vistosidad de la fiesta se completa con castellets, gigantes y cabezudos y la participación de cientos de personas.
Para desconectar un poco de tantas emociones, nada mejor que acercarse a los Jardines de Terramar, un pulmón verde de tres hectáreas frente al mar diseñado en 1929 con estilo novecentista por Miquel Utrillo. Bajo la sombra de olivos silvestres, cipreses, palmitos y pinos blancos podemos cobijarnos los días de más calor y sentir el frescor que emana del pequeño estanque de nenúfares.
Veintiséis playas para disfrutar del mar
Ya sea con o sin traje de baño, las playas de Sitges son todo un ecosistema turístico repartidos a lo largo de diecisiete kilómetros de litoral rodeado de naturaleza. Las hay tranquilas y familiares a las que se puede acceder desde el centro urbano como Aiguadolç, Bassa Rodona, Sant Sebastià, Estanyol, Fragata o La Ribera, donde se encuentra el primer chiringuito de España, creado en 1913 por el capitán Calafell, cuyo nombre de chiringuito le viene del localismo cubano “chiringo” para pedir un café.
También las hay nudistas como la de Balmins que en realidad está formada por tres pequeñas calas, l’Home Mort considerada como una de las primeras playas de ambiente LGTBIQ+ del mundo en los años 30, Cala Morisca o Cap de Grills. Un poco más apartado del centro y serpenteando la carretera paralela a los acantilados, está la playa del Garraf con sus treinta y tres casitas de pescadores y antiguos empleados de la línea ferroviaria pintadas de verde y blanco que dibujan una peculiar estampa.
Sea cual sea la elegida, el disfrute está asegurado tanto si sólo se toma el sol, como si se practican algunos de los muchos deportes o actividades acuáticas que el destino ofrece.
Sitges se come y se bebe
Con un enorme abanico de propuestas gastronómicas, lo más sabroso se basa en la excelencia de los productos locales y en el respeto a los conceptos de la cocina mediterránea.
Platos elaborados con arroces y pescados, el popular xató de Sitges y las apuestas vanguardistas de diferentes restauradores son un importante atractivo turístico. Mención especial se merece el restaurante Casa Hidalgo donde preparan todo tipo de arroces que hacen de este sencillo plato toda una exquisitez o el bogavante cocinado de muchas y diferentes formas, a cada cual más sabrosa.
Los vinos del Macizo del Garraf, adscritos a la DO Garraf tienen unas características propias gracias al suelo rocoso, formado por piedra caliza, un suelo pobre, con una vegetación mediterránea y un clima característico.
Las viñas son de edad avanzada, soportan altas temperaturas mitigadas por la frescura de la brisa mediterránea, más cercana que en otros lugares de la DO Penedès. Las variedades son autóctonas: Xarel.lo, Sumoll, Malvasía, Moscatel, Garnacha, Marcelan, ganando paulatinamente un merecido reconocimiento.
A nivel local, Sitges tiene un vino muy representativo de su gastronomía, la Malvasía, de textura muy fina y sabor aromático y dulce. Se elabora con la variedad de uva autóctona que lo distingue de otros elaborados con la canaria, la riojana, la de Zamora o la de Manresa por las condiciones naturales en las que madura.
Tal es el arraigo y singularidad de esta producción que existe el Centro de Interpretación de la Malvasía de Sitges, donde se ocupan de preservar y valorizar este preciado legado material e inmaterial.
Con el culto al paladar ya satisfecho llega el momento del descanso. La oferta hotelera de Sitges es abundante y algunos hoteles están instalados en bellos edificios modernistas, pero al estar en un entorno en el que se respira libertad, una propuesta muy sugerente es pernoctar en contacto con la naturaleza. El Garrofer Green Camping, con un permanente compromiso con la sostenibilidad, es una interesante alternativa que permite la acampada o disfrutar de cómodos bungalows, además de experiencias glamping, es decir, dormir en tipis, domos o tiendas safari, además de contar con modernas instalaciones, restaurantes y tiendas.
Nos vamos de festivales
La agenda cultural de Sitges también es un importante polo de atracción turística nacional e internacional, gracias al arduo trabajo que se viene haciendo desde hace décadas para mantener a la cultura como un motor de la economía.
La ciudad es la sede permanente del Festival Internacional de Cine de Cataluña, uno de los eventos cinematográficos más importantes de Europa y uno de los pioneros del cine fantástico, ciencia ficción y terror, organizado por primera vez en 1968 por Pedro Serramalera.
El Orgullo LGTB de Sitges es un evento celebrado en el mes de junio desde 2009, incluyendo multitud de espectáculos, conciertos, «Pool Party», desfile de carrozas y drag queens en un colorista ejemplo de tolerancia.
El Carnaval de Sitges se ha convertido también en unos de los principales eventos de la villa. Su Arribo de Sa Majestat Carnestoltes, la presentación de la Reina del Carnaval, la Rúa de la Disbauxa (domingo), la Rúa de l’Extermini (martes) y la despedida de Sa Majestat Carnestoltes (miércoles de ceniza) son los momentos más animados y representativos de esta celebración.
Cada mes de marzo se celebra el Rally Internacional de Coches de Época Barcelona-Sitges desde 1959, mantenido el mismo recorrido original desde la plaza de San Jaime de Barcelona hasta Sitges siguiendo la carretera C-31.