Será su luz. Será su sabrosa gastronomía local. Será su exquisito diseño con alma artesanal. Lo cierto es que es difícil hacer el check out en este refugio perfecto para esquivar la rutina, recuperar la calma y saborear el gusto por la vida.
A doce kilómetros de Olhão, y tras conducir por un extenso preámbulo salpicado de olivos y encinas, la primera impresión del Hotel Octant Vila Monte es inmejorable: la amabilidad del personal que te facilita la llegada; las flores frescas y el toque rojizo de los callistemon, que engalanan piezas de cerámica local; la cristalera impoluta que permite fisgar el trajín de los fogones y del colosal horno de leña del restaurante A Terra; la chimenea negra, sobre fondo blanco, que se prende al atardecer… Sentada en un sofá mullido, con un cóctel cítrico en la mano y la mirada entregada a los encantos de un jardín exuberante que emerge entre la claridad del sur, lo que corresponde es rendirse a la corazonada: este capricho es tan apetecible que será una pena abandonarlo.
Suites secretas para descubrir el arte
“Una nueva latitud de libertad” es la filosofía que resume la experiencia local y flexible de Octant Hoteles, el sello boutique de Discovery Hotel Management. Un enfoque en el que se persigue que el servicio y las vivencias dejen ese poso dulce del Algarve: una región hospitalaria que destaca por la belleza de su geografía, sus playas interminables, su excelente gastronomía y un contrapunto delicioso entre tradición y modernidad. Por ello, cada hotel Octant conecta con la autenticidad del lugar. Y Vila Monte, por supuesto, no es una excepción.
Aquí el lujo se mide en tiempo, libertad y la elegancia de sus cincuenta y cuatro estancias excepcionales donde hospedarse. Conservar el patrimonio local, regenerar la arquitectura y reflejar las bondades de los diversos productores locales, no son los únicos aciertos. Además de la flexibilidad en los horarios para disfrutar a cualquier hora del desayuno (la carta wellness para empezar bien el día es rica y generosa), esa despreocupación con el reloj se traslada a otras dependencias, entre ellas sus piscinas climatizadas, enmarcadas en un edén salpicado de caminos ondulantes y donde no falta un cine de verano.
Uno de ellos conduce a Casa de Cima, el edificio más apartado del resto de los servicios del hotel y reservado solo para adultos. Aquí el tiempo, definitivamente, se detiene en sus cuatro suites recientemente inauguradas, todas ellas con jardín y piscina privada y, si se precisa, servicio de mayordomía para atender todas las necesidades: desde guardar el equipaje hasta concertar una reserva para un restaurante o un masaje.
Es imposible no sucumbir a la tranquilidad del Sur, una inspiración donde la luz permite el juego de luces y sombras geométricas de pérgolas y árboles. Esta desconexión natural continúa en el interior de las habitaciones, donde la claridad se interrumpe, aquí y allá, por notas de diseño que remiten a la artesanía local. Un alarde de creatividad con alma de madera, cestería y cuerda que, sorprendentemente, convierte la sencillez en lujo. Tanto en la Suite Solarium como en las tres Suites Secretas, no falta un sombrero Panamá, un pareo Futah, una cesta de mimbre y un capricho de bienvenida: una campana de cristal cuyos macarons son una tentación antes de entregarse a los brazos de Morfeo en una cama sutilmente vestida de algodón prémium.
Otra perspectiva del Algarve
Además de disfrutar del ambiente sureño y romántico del hotel, marcado por la arquitectura del Algarve, Octant Vila Monte, siguiendo la conexión local con las posibilidades del entorno, ofrece una amplia carta de experiencias. Intramuros se puede participar en talleres artesanos, entre ellos aquel que desvela los secretos de la cestería o los beneficios de las aromáticos en nuestra piel, o de una ruta nocturna para interpretar los cielos que regalan las noches de luna llena. Fuera del hotel, el catálogo es extenso: vuelos en globo o en girocóptero, paseos a caballo, rutas de senderismo, visita a una granja apícola, navegación en un yate privado entre el rosario de islas vírgenes que conforman el Parque Natural de Ría Formosa, una de las Siete Maravillas Naturales de Portugal.
En la Ría también se puede disfrutar de las explicaciones que clarifican el largo proceso que encierra el sabor intenso de las ostras. Es uno de los productos por excelencia en esta zona del Algarve y, por supuesto, en el Restaurante A Terra. Por ello, antes de volver a casa y entregar con pesar la llave de bambú en la recepción, es obligado disfrutar de la Mesa del Chef que, como es lógico, se nutre de los artículos de los productores locales y de las plantas aromáticas, olivos y frutos del huerto que cobijan las nueve hectáreas de esta casa de campo bohemia, donde abundan los árboles cítricos y las buganvillas rosa. Un espectáculo que destila la creatividad del mentor y chef Pedro Mendes en una exquisita propuesta de siete platos. No faltan ingredientes frescos como el aceite de oliva, la flor de sal, el cilantro, los higos, los aguacates de Tavira, la Cataplana de bivalvos de la ría y las anchoas de Olhão. Allí, por cierto, el espectáculo es un sábado en el Mercado de Abastos, firmado por el ingeniero Eiffel. Un ejemplo más del maravilloso sabor de la tradición y la modernidad en el Algarve.