MADEIRA

El eterno paraíso

Texto: Elvira Alfaro
Fotografías: Carlos Rodríguez Zapata

Paisajes prodigiosos, inolvidables paseos de senderismo, un patrimonio colonial que seduce, y una gastronomía sublime. Todo ello y más, ofrece este eterno paraíso.

Apenas a noventa minutos en avión desde Lisboa, encontramos el archipiélago de Madeira, que está compuesto por dos islas habitadas (Madeira y Porto Santo), y otras dos inhabitadas (las islas Salvajes y las Desiertas). La isla de Madeira que da nombre al archipiélago es la mayor, de un tamaño similar a Menorca, y es donde vive prácticamente toda la población.

Cuando la isla de Madeira se hace visible por la ventanilla del avión parece que vamos a aterrizar en el paraíso. Enclavada a menos de quinientos kilómetros al norte de las Islas Canarias, su geomorfología nos recuerda a las islas Afortunadas. Una vez en el aeropuerto Cristiano Ronaldo, en honor a su hijo predilecto, un maravilloso clima con temperaturas medias muy suaves nos anticipa cual será la tónica de nuestro viaje.

Espectaculares vistas desde Pico do Arriero

Para hacernos una idea de cómo es la isla, salimos de su capital, Funchal y nos dirigimos a la tercera montaña más alta de Madeira: El Pico do Arieiro. Elevado prácticamente en el centro de la isla, sus vistas son impresionantes. Desde aquí se puede caminar por algunas de las atrayentes sendas, como la que va al Pico Ruivo. Paralelo a este pico, aunque hay que dar una gran vuelta por la carretera, se encuentra: El Mirador de Paredao. Desde su ubicación se descubre abajo en el valle un curioso pueblo, el Curral das Freiras o Valle de las Monjas que debe su nombre a un grupo de religiosas que a mediados del siglo XVI escogieron como refugio este escondido rincón huyendo de los piratas que atacaban Funchal cada dos por tres, por lo que las hermanas del convento de Santa Clara buscaron tranquilidad en este valle perdido.

Winston Churchill vivió aquí

Nos acercamos a continuación a otro lugar encantador, el pueblo llamado: Cámara de Lobos. Aún sigue siendo el puerto pesquero por excelencia de la isla. Merece la pena bajar al pequeño puerto donde veremos las coloridas barcas varadas en una mini playa de cantos, mientras algunos pescadores deambulan por aquí. Otros aparecen por sus recoletas calles o se paran a charlar junto a la fuente. No es de extrañar que aquí viniera durante un tiempo Winston Churchill a relajarse y a disfrutar plenamente de su afición por pintar cuadros.

Coloridas barcas en Cámara de Lobos

Muy cerquita de Cámara se encuentra otro de los hitos isleños, el Cabo Giráo. Es uno de los acantilados más altos de Madeira, y cuenta con el atractivo de un mirador con plataforma de vidrio, sobresaliendo por el borde del acantilado. Su visita impone, y a más de uno le costará mirar hacia abajo. Otra fórmula para disfrutar de estas vistas es acercarse a la Fajá dos Padres, donde tendrá la posibilidad de coger un teleférico que salva los casi seiscientos metros del acantilado, para luego bajar tranquilamente, mientras se disfruta del panorama, hasta la pequeña aldea de Fajá dos Padres, convertida en un centro turístico, aconsejado para gente que quiera disfrutar de la soledad y de contacto pleno con el mar. Decir también que en esta zona, y gracias a unas condiciones climáticas excelentes, se cultivan varios tipos de fruta como el plátano, el mango, la papaya, y la fruta de la pasión, también conocida como maracuyá.

Inolvidable paseo por Faja dos Padres

Desde esta zona del sur de la isla, nos trasladamos al norte por la carretera de la Serra de Agua, que como en casi todas las carreteras de Madeira, las curvas son sus señas de identidad, aunque desde hace unos años, se han construido unos fantásticos túneles, y las autovías han acortado y vertebrado muy bien la isla. Hacemos una parada en la más antigua y emblemática Posada de Madeira: la Posada dos Vinháticos. Desde aquí las vistas son espectaculares, sobre todo el cerro conocido como Lomba du Morro, que bien podría parecerse un enorme diente de tiburón.

Las “levadas” Patrimonio de la Humanidad

Una vez llegados a la Costa Norte de Sao Vicente y después de ver la gruta volcánica de gran belleza y del mismo nombre, nos dirigimos hacia Porto Moniz para disfrutar de sus piscinas naturales de Aqua Natura y las islas de Ribeira da Janela. Siguiendo hacia el este por la carretera costera, nos acercamos a una de las poblaciones más turísticas de la Isla: Santana. El motivo es que aquí se encuentran unas coloridas y triangulares casas, construidas con tejados de paja que se asemejan, salvando las distancias, a las barracas de la Albufera valenciana.

Casas típicas de Santana

Si hay un motivo por el que todo el mundo quiere venir a esta isla atlántica, dejando aparte sus vistas de acantilados, sus fiestas, su gastronomía, y el legado colonial de su capital Funchal, es por hacer algún tipo de senderismo en las conocidas “levadas”. Las “levadas”, son canales de riego construidos a lo largo de los siglos, que se tuvieron que hacer como sistema de riego desde la cima de las sierras hasta los valles y laderas. Pues bien, gracias a estos canales que suman más de tres mil kilómetros de áreas protegidas, los paseos a pie constituyen una de las mejores experiencias, tanto culturales como medioambientales, para disfrutar de la exuberante naturaleza de Madeira. Nosotros optamos además por hacer un sendero que bate todos los récords de belleza. Nos referimos a la levada que va desde Queimadas a Pico das Pedras.  La particularidad de este sendero es que no sólo es fácil hacerlo, sino que además va en gran parte inmerso en un bosque de laurisilva. Estos bosques cuyas hojas se parecen a las del laurel, son una de las joyas de la isla y han ha sido reconocidas como Patrimonio Natural Mundial, ya que son los únicos bosques que han sobrevivido, a las últimas glaciaciones solo en el área geográfica de Sudamérica y de Macaronesia, es decir, en Madeira, Azores, Canarias y Cabo Verde.

Recorriendo la impresionante "levada" que va de Queimadas a Pico das Pedras

Funchal una capital para deleite

Ya solo nos queda despedirnos, visitando la capital, Funchal. Una magnífica ciudad colonial portuguesa, con su Zona Velha, un antiguo barrio de pescadores, que se ha convertido en la zona más chic de la ciudad, y donde todos los turistas acceden a sus numerosos restaurantes a cenar.

Zona Velha de Funchal

De día será visita imprescindible el Mercado dos Lavradores, toda una institución de la ciudad, así como visitar la tienda de bordados Bordal, o conocer las bodegas más famosas del vino de Madeira: Blandy`s. No es de extrañar que los madeirenses, sientan predilección por su vino, reconocido en todo el mundo y que además fue el elegido para celebrar la independencia de los EE. UU en 1776.

Mercado dos Lavradores, un institución en la ciudad de Funchal

De visita obligada también, es dar un paseo por la zona colonial, admirando la , la Praça do Municipio, con la exuberante Iglesia de los Jesuitas, el Palacio de San Lorenzo y las fortalezas de Do Pico y Nossa Senhora da Conceiçao, enclavada en pleno puerto, donde tomaremos un barco para divisar delfines y si hay suerte alguna foca monje. Como guinda final, tomamos el funicular en el mismo centro, que nos subió hasta el Jardín Tropical Monte Palace, considerado como uno de los diez mejores jardines botánicos en el mundo. Ya solo nos queda para terminar nuestra visita, entrar en la iglesia barroca del Monte, una de las más espectaculares de Madeira, desde donde se puede observar toda la ciudad. Como curiosidad decir, que en esta iglesia está la tumba del último Habsburgo, Carlos I, emperador austriaco que se exilió aquí y que no quiso ser enterrado en Viena.

Impresionante y exuberante iglesia de los Jesuitas

Nos vamos ya, no sin antes degustar una “espetada” de carne de vaca asada en brocheta de palo de laurel, acompañada por el pan de patata dulce “bolo do caco” y terminar con una “poncha”, la bebida más típica de la isla. Y nos despedimos disfrutando de los famosos “Toboganes” o Carros de Cesto”. Unos tradicionales carros hechos con mimbre y asientos acolchados para dos o tres personas, conducidos por dos hombres “Barreiros” que proporcionan momentos de gran emoción en sus dos kilómetros de bajada, con adrenalina incluida. Ya lo dijo Hemingway, que lo describió como la experiencia más estimulante de su vida. Una experiencia única que nunca olvidaremos de esta isla encantada.

Famosos toboganes o carros de cesto de Funchal

Guía Práctica

Como ir

Desde Madrid y Barcelona hay vuelos directos a Funchal en verano.

Desde Lisboa también hay vuelos directos a Madeira durante todo el año.

Donde dormir

Hotel: Cliff Bay 5*, Funchal.

Enclavado sobre un acantilado con fantásticas vistas. El hotel presume, y así lo es, de ser uno de los mejores de toda la isla.

https://www.portobay.com/es/hoteles/hoteles-madeira/the-cliff-bay

Design Centre-Nini Andrade Silva

Donde comer

Design Centre-Nini Andrade Silva, Funchal.

Ubicado en el antiguo fuerte de Nossa Senhora da Conceiçao. 

http://www.niniandradesilva.com/en/design-centre/

 

https://visitmadeira.com/es/

Texto: Elvira Alfaro
Fotografías: Carlos Rodríguez Zapata