La cultura material nos cuenta la historia de aquellos que vivieron hace miles de años como herramienta fundamental para comprender quiénes somos, el lugar en el que nos encontramos ahora y cómo afrontar nuestro futuro.
En este sentido, el Museo Egipcio de Turín, el mayor de esta naturaleza en el Viejo Continente, considera clave la investigación científica para el cuidado de su colección a través del estudio de objetos, reconstruyendo su contexto y comprendiendo su historia.
Las campañas de Napoleón en Egipto en los comienzos del siglo XIX despertaron por toda Europa la necesidad de coleccionar antigüedades. A esta nueva moda no fueron ajenos Bernardino Drovetti, cónsul en Egipto, que presumía de contar con una colección de ocho mil piezas y, posteriormente, el rey Carlo Felice de la Casa de Saboya, quien también adquirió innumerables piezas. En la unión de estas dos colecciones está el germen del museo turinés, convirtiendo a la ciudad del norte de Italia en un importante centro de estudio de la cultura egipcia. Pero otros datos nos indican que los orígenes del museo se remontan a los siglos XVI y XVII, concretamente con la llegada a Turín de la Tabla Isiaca hacia 1630 y de la estatua de Ramsés II alrededor de 1759 descubierta por Vitaliano Donati.
Posteriormente, los fondos expositivos se verían engordados con la estatua de Amenhotep I, dando lugar a la fundación del museo en 1824; con el grupo escultórico de Pendua y Nefertari, fruto de las excavaciones realizadas a principios del siglo XX; con los hallazgos encontrados en las excavaciones arqueológicas realizadas primero por Ernesto Schiaparelli y después por Giulio Farina entre 1903 y 1937 o con la donación por parte del gobierno egipcio del templo de Ellesiya, en agradecimiento y reconocimiento por la ayuda prestada por Italia para rescatar los templos de Nubia amenazados por las aguas de la presa de Asuán.
El más antiguo dedicado exclusivamente a la cultura egipcia
Considerado el mayor museo egipcio de Europa y el segundo después de El Cairo en cuanto a cantidad e importancia de sus colecciones, el Museo Egipcio de Turín cuenta con más de treinta y seis mil piezas, de las cuales se exhiben algo más de cuatro mil.
Las antigüedades expuestas a lo largo de las cinco plantas con las que cuenta abarcan un arco histórico que va desde el año 4000 a. C. hasta el 700 d. C. Entre ellas encontramos ajuares funerarios, estatuas, sarcófagos, joyas, papiros, tablillas antiguas, momias humanas y de animales, objetos cotidianos o esfinges. Calidad y cantidad que lo convierten en el sexto museo más visitado de Italia.
Como curiosidad, hay que contar que el papiro de Iuefankh es el más largo conservado en el museo con una longitud de 1,847 metros. Cuenta con diecisiete momias de animales examinadas y restauradas en directo en la zona de restauración y veinticuatro humanas, todas ellas analizadas para el Proyecto de Conservación de Momias. Llama poderosamente la atención la estatua de Seti II, expuesta en la Galería de los Reyes con un peso de cinco toneladas.
Todas estas maravillas del mundo antiguo se pueden admirar a través de un itinerario bien organizado y sin riesgo de dispersión. Y para hacer aún más completa esta experiencia, podemos optar por las audioguías multimedia en smartphone solo con leer los códigos QR; acceder a la valiosa información mediante las tablillas y mesas interactivas ubicadas en las diferentes salas, garantizando diversión explorando los aspectos que más nos interesen o mediante los videos en 3D con los que podrás descubrir la sensación que experimenta un arqueólogo en su trabajo.
Tecnología que nos ofrece secuencias en las que se muestran documentos en excavaciones y fotografías de la época, facilitando así el sentir la emoción de entrar en las tumbas de Kha o en la de Nefertari, así como en la capilla Maia. También existe la posibilidad de realizar la visita en compañía de expertos guías que sabrán dar respuestas a todas las dudas o preguntas que surjan.
Además de antigüedades egipcias, es posible admirar reliquias romanas, prerromanas y prehistóricas, a lo que se suma una sección de historia natural, pues el Museo Real de Antigüedades y Reliquias Egipcias comparte espacios con la Academia de las Ciencias. A lo largo del siglo XX, el Museo Real ha seguido adquiriendo colecciones menores, procedentes de coleccionistas privados o mediante el intercambio con otros museos.
La evolución del Palazzo di Via Accademia delle Scienze
Levantado en el siglo XVII según un diseño de Michelangelo Garove, el Palacio de la Academia de Ciencias fue destinado en un principio a albergar el Colegio de los Nobles, donde estudiaban los jóvenes descendientes de la nobleza piamontesa. En 1787 se convirtió en sede de la Real Academia de Ciencias y en 1824 pasó a ser también sede del Museo Egipcio.
Este imponente edificio sufrió las reformas realizadas por Giuseppe Maria Talucchi y Alessandro Mazzucchetti, siendo ampliado y adaptado a su nuevo uso en la segunda mitad del siglo XIX. Pero han sido más los cambios realizados a lo largo de sus más de doscientos años de vida. En los treinta primeros años del siglo pasado se llevaron a cabo dos reorganizaciones de las salas, la primera en 1908 y la segunda en 1924, con motivo de la visita oficial del rey. La llegada de más de treinta mil antigüedades de las excavaciones realizadas por Schiaparelli y Farina, también mencionadas, obligó a reestructurar la nueva ala del museo para compensar la falta de espacio.
En la década de 1930 se realizaron nuevas renovaciones y reformas, como fue la instalación de la Galería de Arte. Por otro lado, la donación del templo de Ellesiya supuso un gran reto para el museo, pues para poder traerlo desde Egipto fue necesario cortarlo en sesenta y seis bloques y posteriormente reconstruirlo. Finalmente, fue inaugurado el 4 de septiembre de 1970. A partir de la década de 1980 se procedió a la ampliación del espacio museístico, en particular, la recuperación y apuntalamiento del ala Schiaparelli, creando amplios espacios subterráneos dedicados a las actividades arqueológicas en Assiut, Qau el-Kebir y Gebelein. Paralelamente, una gran sala en la planta baja se recuperó para albergar antigüedades del Período Predinástico y del Imperio Antiguo. En la década de los 2000 fue sometido a una importante renovación, para la que se contó con Oscar Dante Ferretti, diseñador de escenografía y vestuario y ganador de tres Óscar. Este creativo aplicó su talento visionario a la iluminación y a algunas instalaciones del museo, destacando “El Gran Nilo” con la reproducción magistral del curso del legendario río hasta su desembocadura, utilizando materiales como gelatina y fibra de vidrio.
Con la última gran intervención se renovaron radicalmente los espacios, así como todo el recorrido del museo y las instalaciones expositivas con vistas a la gran reapertura que tuvo lugar en 2015.
Biblioteca Silvio Curto
En el Museo Egipcio de Turín es imprescindible una visita a la Biblioteca Silvio Curto por la importancia de las obras y colecciones antiguas que alberga.
El núcleo original de la biblioteca coincide cronológicamente con la fundación del museo. De esa época se conservan obras de gran valor como la Description de l’Égypte, I Monumenti dell’Egitto e della Nubia de Ippolito Rosellini y Denkmäler aus Ägypten und Äthiopien de Richard Lepsius.
Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, momento en que las obras vuelven a sus instalaciones, ya que habían sido trasladadas durante la contienda por motivos de seguridad, la incorporación de fondos a la biblioteca fue esporádica. Es entonces cuando comprenden la necesidad de adquirir más obras para adaptarla a los avances que se estaban produciendo en el campo de la egiptología.
El crecimiento experimentado en la segunda mitad del siglo XX fue debido en gran medida a las donaciones realizadas por académicos que visitaban el museo. Algunas de las más importantes son los primeros treinta y tres volúmenes de la Journal of Egyptian Archaeology, donados por Sir Alan Gardiner, o la serie de la Chronique d’Égypte, donada por la Fondation Égyptologique Reine Elisabeth gracias a la mediación de Arpag Mekhitarian. Este incremento se produjo también por empezar a participar en el mercado de antigüedades, lo que permitió adquirir a precios asequibles ejemplares procedentes de bibliotecas cerradas o dispersas tras la guerra.
A esta mejora de los fondos bibliográficos del museo ayudó también el aumento de partidas económicas asignadas por el Ministerio de Educación para la adquisición de libros tras la participación del Museo Egipcio en el rescate de los templos de Nubia en 1964. Con esta nueva medida, el museo pudo hacerse con las principales publicaciones seriadas y de las revistas más importantes del sector.
Las donaciones en 1968 de las bibliotecas personales de Giuseppe Botti, egiptólogo y especialista en demótico, en 1977 de Celeste Rinaldi y en 1978 de Vito Maragioglio han contribuido a que la biblioteca se haya convertido en un lugar de referencia para estudiosos de todo el mundo.
Con la llegada del siglo XXI, las nuevas adquisiciones se vieron frenadas, tendencia que en los últimos años ha cambiado, experimentando un aumento considerable en las compras y donaciones.