PALENCIA

Alma del Camino Lebaniego castellano

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación

Vive la vida como cuando sales a la montaña, mira a la cima, toma conciencia de todo en cada momento, lo que importa es el camino recorrido y con quién lo compartes, la cima te dará la satisfacción de la meta alcanzada, aunque el verdadero regalo es la experiencia vivida. 

F. Beltrán

Aquel camino de peregrinación del que ya se dejó constancia escrita en el Libro de Actas de la catedral de Palencia en el siglo XV, hoy es mucho más que una vía para llegar a un lugar sagrado y dar cumplimiento a una promesa o para espiar los pecados, tal y como era entonces la motivación para recorrerla.

Seguir la estela de los pobladores prehistóricos que buscaban una forma de conectar la costa cántabra con la exigente Meseta Norte se ha transformado en una ruta de fe, tanto si se recorre por motivos religiosos o puramente profanos, pero siempre aportará un crecimiento de nuestro yo más profundo.

Es absolutamente imposible que, más allá de la espiritualidad de algunos escenarios por los que discurre este itinerario que une la ciudad de Palencia con el monasterio de Santo Toribio de Liébana en Cantabria, el paisaje cambiante de la estepa castellana al verdor de la montaña palentina, salpicada por muchos de los mejores ejemplos románicos de Europa, deje indiferente a ningún caminante. Máxime cuando buena parte de la ruta se hace por los caminos de sirga que jalonan el Canal de Castilla, la obra magna de la Ilustración con su torrente de ideas innovadoras y un hito cultural único en nuestro país. Conocer su historia es profundizar en la propia idiosincrasia española, en las necesidades e inquietudes de un pueblo que luchaba por volver a ser grande y en el esfuerzo titánico empleado para hacer una de las más importantes obras hidráulicas de la historia española.

Paso a paso el peregrino o “cruceno”, como se denomina a quienes se dirigen al monasterio lebaniego para venerar las reliquias del Santo y su famoso Lignum Crucis, entra en comunión con la naturaleza, con las diferentes formas de vida determinadas por la climatología y con un legado cultural genuino.

El Camino Lebaniego Castellano, pensado para caminar o pedalear, se ha dividido en once etapas a cada cual más sugerente y este Año Jubilar es un momento ideal para descubrirlo.

Catedral de San Antolín de Palencia, conocida como la Bella Desconocida

De Palencia a Calahorra de Ribas/Amayuelas

Tras visitar la Catedral de Palencia, el majestuoso templo gótico del siglo XIV, iniciamos el camino por los caminos de sirga del Canal de Castilla hasta su nacimiento en Alar del Rey, punto de arranque de esta insigne obra de ingeniería.

A partir de la dársena de la capital palentina, el Camino sigue por la margen derecha cerca de Grijota hasta alcanzar El Serrón, lugar donde se encuentra la secuencia que forman las esclusas 25, 26 y 27, y desde donde parte el Ramal de Campos del Canal de Castilla hacia la dársena de Medina de Rioseco. Continuamos por la margen derecha hasta Calahorra de Ribas, lugar donde un monolito nos recuerda el inicio de las obras del Canal, el 16 de Julio de 1753. Apreciaremos en toda su magnitud el cruce del Canal con el río Carrión y el maravilloso conjunto de las esclusas 22, 23 y 24.

El Canal de Castilla en Calahorra de Ribas

De Amayuelas a Frómista

Regresamos al Canal de Castilla por el mismo trayecto por el que llegamos a Amayuelas. Ya con los pasos nuevamente orientados al norte, continuamos a Frómista donde nos cruzaremos con los peregrinos que van a Santiago por el Camino Francés. A partir de aquí caminamos en medio de la acuarela de los campos cerealistas de horizontes infinitos en los que sobresalen los templos de San Pedro en Amusco, San Juan en Santoyo, San Hipólito en Támara o San Miguel en Piña de Campos. No se trata de un espejismo, sino los frutos renacentistas del comercio de la lana con Flandes que por entonces enriqueció estas tierras. Apenas sin darnos cuenta entramos en Frómista, donde aguarda otra perla de la ingeniería ilustrada, el cuádruple salto de las esclusas 17, 18, 19 y 20, donde Canal de Castilla y Camino Lebaniego se cruzan con la gran ruta de peregrinación de Europa: el Camino Francés a Santiago.

Iglesia de San Martín, Frómista

De Frómista a Osorno la Mayor

Frómista es rica en patrimonio cultural, destacando la Iglesia románica de San Martín, uno de los iconos del Camino Francés.

Continuamos por la margen derecha del Canal en un tramo muy especial en el que nos cruzaremos con los peregrinos a Santiago de Compostela.

Ahora por un paisaje algo más árido, amenizado, sin embargo, por la proximidad del agua, la contemplación de alguna localidad próxima como Requena de Campos y los frecuentes puentes y acueductos que permiten el fluir de los arroyos al encuentro del cauce del Canal. Finalmente, Osorno la Mayor proporciona parada y fonda.

De Osorno la Mayor a Herrera de Pisuerga

Volvemos al Camino por la sirga derecha y la primera sorpresa será el magnífico acueducto de Abánades, el más largo de todo el Canal, que vuela sobre el río Valdavia.

A partir de aquí hay que estar atentos, pues en la esclusa 14 debemos cruzar a la sirga de la izquierda, hasta la esclusa 13, donde regresaremos a la margen derecha. Pero no será la última sorpresa de este tramo, pues pasadas las esclusas de Naveros y Olmos de Pisuerga llegaremos a la magnífica obra de sillería de la Retención de San Andrés y cruzando sobre ella a la Presa del Rey en su confluencia con el río Pisuerga. Aquí coinciden el atraque del barco Marqués de la Ensenada, el Centro de Interpretación y una reciente pasarela que permite cruzar cómodamente el cruce del río y del canal. Pero ahora toca descansar en la acogedora localidad de Herrera de Pisuerga.

Confluencia del Canal de Castilla y el río Pisuerga en Herrera de Pisuerga

De Herrera de Pisuerga a Alar del Rey o al Monasterio de San Andrés de Arroyo

En esta última etapa a la vera del Canal de Castilla en nuestro Camino Lebaniego Castellano es recomendable volver a la Presa del Rey y visitar el Centro de Interpretación del Canal y después disfrutar de un agradable y didáctico paseo en el barco Marqués de la Ensenada.

Caminando nuevamente por la esclusa del Barrio de San Vicente, el corazón se acelera cuando atisbamos los casetones de la primera retención, antes de admirar la gran Dársena de Alar, los sombríos calabozos de los presos forzados a trabajar en las obras del Canal y el monolito que indica el nacimiento desde el río Pisuerga.

De Alar del Rey a Perazancas de Ojeda

Comenzamos la etapa en la gran dársena, donde años atrás se cargaba el carbón de cock, seguiremos por el Puente las Monjas y entre cultivos por un camino agrícola que cruza bajo la A-67, hacia Prádanos de Ojeda.

Por un paisaje de suaves colinas pobladas de pinos, encinas y campos de cultivo llegamos a Santibáñez de Ecla entre pequeños barrancos. Desde aquí merece la pena visitar el románico monasterio de San Andrés de Arroyo, cenobio de clausura que data del año 1181. De regreso al camino nos dirigimos a Cozuelos de Ojeda, para continuar por el Camino Románico hasta Perazancas.

Claustro del Monasterio de San Andrés de Arroyo

De Perazancas de Ojeda a Cervera de Pisuerga

Descansado el cuerpo, en el lugar sagrado de San Andrés de Arroyo o en sitio rural, tras observar la románica ermita de San Pelayo, podremos refrescarnos en la Fuente de los Tres Caños, donde se otea el campanario de la Iglesia de la Asunción y continuar por el llamado “Camino Viejo” a Dehesa de Montejo, desde el que disfrutaremos de espectaculares vistas a las cumbres de la Montaña Palentina.

Durante diez kilómetros caminaremos por parajes montaneros en los que se siente la soledad ideal para reflexionar y buscar un enriquecimiento personal en contacto con la naturaleza.

Así será hasta que en la Peña de Umona nos reencontramos con el Camino Románico, descendiendo hasta Vado donde el Camino nos depara otra sorpresa, el eremitorio rupestre de San Vicente y su necrópolis de los siglos VIII y IX. Poco después nos espera la localidad palentina más montañesa: Cervera, la de las casas blasonadas y las calles porticadas, donde nos cruzamos con el Camino Olvidado a Santiago de Compostela. De Cervera no podemos irnos sin descubrir el que quizá es su secreto mejor guardado: la majestuosa tabla pintada por Juan de Flandes, la Adoración de los Reyes, en la Iglesia de Santa María del Castillo.

Eremitorio de San Vicente. Cervera de Pisuerga

De Cervera de Pisuerga a San Salvador de Cantamuda

Pisuerga arriba nos adentraremos en el Parque Natural de la Montaña Palentina y el respeto a la naturaleza ha de ser ahora extremado. Después de Arbejal la ruta confluye con otras sendas, cuyos nombres sugieren la presencia de animales como el oso, el ciervo o el lobo. Bordeando el embalse de Requejada llegamos a Vañes.

Rodeados por espesos robledales y bajo las cumbres del Alto Pisuerga llegamos a Estalaya, donde tomamos rumbo hacia San Salvador de Cantamuda por un camino que nos ofrece unas vistas espectaculares. Cruzaremos el Bosque Fósil de Verdeña, un increíble lugar que nos contará cómo en otro tiempo un bosque costero de helechos arbóreos fue arrastrado hasta aquí.

Descendiendo hacia el Valle de la Pernía, San Salvador de Cantamuda exhibe su colegiata del siglo XII de factura románica, no lejos del lugar donde en el siglo X, los mozárabes, construyeron la abadía de Lebanza.

Colegiata de San Salvador de Cantamuda

De San Salvador de Cantamuda a Camasobres

La emoción de las últimas etapas mitiga el esfuerzo de subidas y bajadas que, saliendo de San Salvador de Cantamuda, nos llevarán hacia la localidad de El Campo. Poco después Lores nos recibe con la sencilla elegancia de la iglesia de San Lorenzo y, atravesando bosques y praderías, llegamos a Camasobres, antes de ascender al Puerto de Piedrasluengas.

Ha sido un tramo intenso que nos ha ofrecido paisajes increíbles y la sensación de descubrir un tesoro que llenarán nuestro espíritu y que no podremos olvidar.

De Camasobres a Piedrasluengas y Pesaguero

Dejamos la provincia de Palencia para entrar al valle de Liébana y al Monasterio de Santo Toribio. El descenso con el farallón rocoso de los Picos de Europa como fondo es motivo suficiente para detenerse en el Mirador de Piedrasluengas y respirar profundamente. Por una pista boscosa llegamos a Cueva y a Avellanedo, donde podremos ver su arquitectura tradicional y, finalmente, llegamos a Pesaguero para descansar antes de afrontar nuestra última etapa.

De Pesaguero a Santo Toribio de Liébana

El Camino llega a su fin, pero antes llegaremos a Piasca, donde no podemos dejar de visitar la iglesia románica de Santa María La Real de Piasca del siglo XII. La siguiente parada será Potes, centro neurálgico de Liébana y Conjunto Histórico, antes de llegar a Santo Toribio. Ya en el monasterio saciaremos la curiosidad contemplado el Lignum Crucis, meta del Camino Lebaniego.

Monasterio de Santo Toribio de Liebana

Si aún quedan fuerzas, un buen final puede ser frente al cercano mar Cantábrico y, sin pretenderlo, cumplir el sueño del marqués de la Ensenada y su Canal de Castilla: llegar al mar desde Castilla.

“El final de un viaje nunca es un final, sino el comienzo de otro nuevo”

 

https://www.palenciaturismo.es/

Haz click en la imagen y visita nuestra edición clásica
Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación