En el sureste de la provincia de Salamanca y dentro de la Reserva de la Biosfera de las Sierras Béjar-Francia y del Parque Natural Sierra de Francia Batuecas se encuentra la Ruta del Vino Sierra de Francia. Perteneciente a las Rutas del Vino de España, trabaja incansablemente para dar a conocer las riquezas históricas, culturales, naturales, gastronómicas y etnográficas de esta tierra.
La Ruta del Vino Sierra de Francia ofrece una interesante oferta enoturística en la que no sólo encontramos vino. A ella pertenecen también veintidós municipios, seis de ellos Conjuntos Históricos, ocho bodegas, diez restaurantes, dos bares de vinos, seis comercios, dos enotecas, veinte alojamientos, tres oficinas de turismo y múltiples actividades de ocio.
Hace unos meses tuve la oportunidad de conocer más a fondo la Ruta del Vino Sierra de Francia y a pesar de haber visitado varias veces esta zona salmantina, esta vez la redescubrí desde una perspectiva diferente. Pero lo que más me sorprendió, aparte de las ganas de recorrer la ruta del vino, de hacer cosas por sus pueblos y de conocer la labor de sus empresas, fue la implicación de los asociados, un ejemplo para otras zonas de la geografía española.
Una uva diferente y ocho bodegas
En los bancales crecen los viñedos centenarios con los que se elaboran los vinos amparados bajo la D.O.P. Sierra de Salamanca. Una agricultura sostenible, los tipos de suelos de pizarra y granito, un clima mediterráneo húmedo y los fuertes desniveles, son ideales para que se desarrollen los tipos de uvas Rufete y Rufete Blanco Serrano que hacen tan especiales a sus vinos y que les aportan elegancia, frescura y complejidad. Por su parte las bodegas cuidan con mimo estas variedades de una manera sostenible, respetando la tradición y apostando por la innovación para elaborar unos caldos que han conseguido el reconocimiento nacional e internacional.
Ocho son las bodegas que forman parte de la ruta del vino: Compañía de Vinos La Zorra en Mogarraz, Bodega Don Celestino, Bodega El Abuelo Flores y Vínculo Serrano Bodega y Viñedos en San Esteban de la Sierra, Bodegas y Viñedos El Robledo en Sequeros, Bodegas y Viñedos Rochal en Santibañez de la Sierra, Cuarta Generación Bodegas y Viñedos en Sotoserrano y Cámbrico en Villanueva del Conde.
Un pueblo mágico, un menú degustación y un olivar
Después de dejar el equipaje en el Hotel Rural Sierra de Francia en Sotoserrano dimos por comenzado este viaje. Este cómodo alojamiento, situado a pocos metros de la Plaza Mayor, cuenta con seis habitaciones dobles completamente equipadas, dos de ellas tipo apartamento con cocina amueblada, microondas y frigorífico. Cuenta con restaurante y, además, organiza excursiones para sus huéspedes. Sotoserrano ha estado poblado desde el Paleolítico Inferior como demuestran los restos hallados en un castro vetón situado cerca del pueblo. Con una arquitectura típicamente serrana, en él destacan la iglesia románica de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita del Humilladero y la Plaza Mayor con la torre del reloj.
Nos ponemos en marcha hacia Cepeda donde nos esperan Alberto, concejal de Turismo y Zenaida, guía de turismo de la Sierra de Francia. Poblado por celtas, romanos, visigodos, árabes y judíos, de todos ellos se conservan vestigios: un castro prerromano sobre el que se asentaron los romanos, un ara y alguna columna de estos últimos, trozos de pizarra y cerámica visigodas, recuerdos en la indumentaria, en la arquitectura y en las leyendas de los musulmanes y los dinteles de las casas de los hebreos. Su casco urbano es un laberinto de callejuelas que invitan a ser recorridas con sosiego para descubrir su historia y su arquitectura.
La mañana se ha consumido y el entretenido paseo por Cepeda nos ha abierto el apetito. Nuestros anfitriones nos llevan al restaurante San Marcos en el mismo pueblo, un establecimiento sencillo, pero donde sabes que vas a comer bien.
Recuperadas las fuerzas nos ponemos de nuevo en marcha. Nos esperan en Herguijuela de la Sierra para descubrir otras de las joyas de esa tierra: el aceite de oliva. Nos recibe Jesús Ángel, uno de los fundadores de Soleae junto con María, su esposa y licenciada en biología. Si por algo se caracterizan los olivares de esta zona es por ser pequeñas parcelas de entre ocho a sesenta olivos centenarios, además de estar plantados en terrazas o bancales. Jesús Ángel nos lleva hasta un olivar a la entrada del pueblo y durante un buen rato, casi hasta la puesta del sol, nos cuenta todos los secretos del cultivo de la aceituna, de lo laborioso que este tipo de agricultura y de los buenos momentos que este trabajo les ha regalado.
La cata posterior se convierte en una entretenida velada en la que descubrimos las características de cada uno de sus productos y otros secretos sobre el fascinante mundo de los AOVEs. Nos despedimos de nuestro anfitrión, pero antes de volver a Sotoserrano damos un pequeño paseo por este pueblo enclavado en un auténtico paraíso natural, donde se encuentra el haya más meridional de Europa con casi cuatrocientos años de vida.
El primer día recorriendo la Ruta del Vino Sierra de Francia llega a su fin, pero todavía nos queda por conocer a un singular personaje, Antonio propietario de Bodega Cuarta Generación. Mientras recorremos el Museo del Vino nos cuenta la historia de la bodega desde que su padre, conocido en Sotoserrano como el “Azufre” por los cuidados minuciosos que le daba a las viñas con este producto, la fundarse en 1948. Acabamos el día en la zona de catas degustando sus vinos acompañados de un menú elaborado por el restaurante del Hotel Rural Sierra de Francia.
Miel en el “stonehenge” charro, vinos e ibéricos y un conjunto histórico
El segundo día nos despertamos con el temor de que la lluvia nos arruinarse los planes. Por suerte no fue así y con el paso de las horas la situación fue mejorando. Con las dudas climatológicas nos ponemos en marcha hacia el pueblo de Los Santos, donde nos recibe una de esas sorpresas de las que hablaba al comienzo: el Parque Temático del Granito, un espacio natural y cultural que aporta una manera diferente de acercarse a la geología y a la actividad minera. El “stonehenge” charro, formado por las Ciudades del Tiempo, el Mirador del Sistema Central, la Casa de Piedra, el Rollo canalizo y el itinerario ecológico se convirtió en el marco ideal donde disfrutar de una cata de mieles a cargo de Sorillo Miel Artesanal.
La historia de Sorillo es la de dos jóvenes emprendedores, Mónica y Roberto, que un día decidieron contagiar a los demás su amor por el campo, la apicultura y la ganadería. Un proyecto que busca promover prácticas apícolas y ganaderas sostenibles, fomentar el turismo rural e impulsar los principios de la economía circular. Los tipos de miel que elaboran en Sorillo van desde las más tradicionales como miel de mil flores, de encina y de bosque hasta otras más innovadoras como son la miel con nueces, con trufa o con pistacho. Y si te apuntas a ser apicultor por un día podrás degustar la miel directamente del panal.
¿Qué experiencias ofrecen Roberto y Mónica? Visitas guiadas para conocer a las abejas y observar su trabajo en la colmena, siempre protegidos con un traje completo de apicultor. Degustación de sus productos en plena naturaleza y de productos típicos de la zona, además de conocer la envasadora de miel donde podréis llevaros estas delicias a vuestra casa. Todo esto se completa con las visitas guiadas a la explotación de vacuno extensivo en la dehesa salmantina, donde podremos disfrutar de la compañía de los animales y darle de comer.
Acabada la cata de mieles viajamos hasta San Esteban de la Sierra donde nos esperan en Vínculo Serrano Bodega y Viñedos y en Jamones Parra López. Pedro Martín aguarda nuestra llegada a la entrada del pueblo, en uno de los viñedos que tiene en San Esteban de la Sierra donde conviven cepas centenarias con otras más nuevas. Con un modelo de cultivo caracterizado por la mínima intervención posible y ausencia total de herbicidas y pesticidas, la uva predominante es la Rufete, completada con otras variedades como Rufete Blanca, Tempranillo y Garnacha Tinta. Todos estos factores dan como resultado unos vinos frescos ligeros y elegantes que se identifican con el clima, la variedad y el suelo de donde procede. Antes de abandonar el viñedo no debéis perderos el majestuoso olivo milenario situado al otro lado de la carretera, incluido por la Fundación Tormes en una de las dos rutas que ha diseñado bajo el nombre de Catedrales Vivas, con las que se realizan recorridos por los árboles más impresionantes de la provincia.
Antes de dirigirnos a la bodega familiar de Pedro Martín para hacer una cata de algunos de sus vinos, hacemos una parada en Jamones Parra López para ver el proceso de elaboración de los embutidos y jamones ibéricos que acompañarán a los vinos de Vínculo Serrano. Jamones Parra López lleva más de treinta años manteniendo un serio compromiso con la calidad, la tradición y la innovación. Es la historia de una familia, amantes de los productos de su tierra, que decidió poner sus conocimientos y su amor por los alimentos artesanales al servicio de todos, creando una empresa que destacará por el sabor y la calidad de sus productos.
En San Esteban de la Sierra es quizá donde mejor se percibe la tradición milenaria del vino a través de la Ruta de los Lagares Rupestres, formada por más de cien lagares excavados en roca de granito. Una curiosidad que se aprecia recorriendo las calles del pueblo es la decoración de las tapas de los contadores de la luz con dibujos e interpretaciones del tradicional bordado popular serrano, declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León.
Con el cielo cada vez más despejado avanza la mañana y la hora de comer se acerca. Nuestros anfitriones nos llevan al restaurante El Pipero, un establecimiento con más de cuatro décadas de experiencia ofreciendo una cocina tradicional de temporada.
Tras la sobremesa nos dirigimos a Santibañez de la Sierra, concretamente a uno de los viñedos de Rochal Bodegas y Viñedos, cultivado en bancales y con unas increíbles vistas de un profundo valle. Rochal es una bodega familiar apasionada por el arte del vino que creen que cada botella cuenta una historia, no sólo de la uva y del vino, sino también de todos los procesos de su elaboración. Acompañan a los vinos de Rochal los ibéricos de El Valle, una empresa familiar dedicada desde hace generaciones a la cría tradicional del cerdo de las razas lampiño y entrepelada, con los que elaboran productos con buena infiltración de grasa, buena textura y un sabor excelente.
El sol empieza a ponerse y nos resistimos a abandonar este lugar que a esas horas se ha vuelto un poco más mágico, pero debemos continuar nuestro camino, pues el conjunto histórico de Miranda del Castañar nos espera. Este pueblo, considerado como uno de los más bonitos de España, nos da la bienvenida con el magnífico castillo construido en los siglos XIV y XV. Aunque ya conocía el pueblo, he de decir que esta visita fue para mí una experiencia nueva, pues nunca había recorrido de noche su casco histórico. Atravesamos la puerta de San Ginés y recorremos sus empedradas, empinadas y estrechas calles, pudiendo admirar su numeroso hermoso patrimonio histórico: la Alhóndiga, la Iglesia parroquial, la Torre de las campanas, la casa del Escribano, las ermitas del Cristo del Humilladero y de la Virgen de la Cuesta y no perdemos detalle de los innumerables escudos que adornan las casas nobiliarias. La visita al pueblo acaba en la Bodega & Museo La Muralla que conserva la apariencia y la estructura original de la bodega del siglo XVIII. Este espacio, además de museo, ofrece catas de vinos de la D.O.P Sierra de Salamanca y presentación de productos típicos de la zona.
Ponemos el broche final a este intenso día con una apetitosa cena en la Taberna Aldaba, un pequeño pero acogedor rincón gastronómico que ofrece una experiencia culinaria única gracias a su carta llena de elaboraciones que destacan por su calidad.
Un meandro, crema de castañas, otro conjunto histórico y cestería del castaño
Abordamos el último día de esta completa experiencia y lo comenzamos admirando una de las joyas naturales de la ruta: el meandro del Melero. Dibujado por el río Alagón a su paso entre las provincias de Salamanca y Cáceres, es un espectacular accidente fluvial que en época de abundantes lluvias se convierte en un islote. Cuenta con diferentes miradores desde donde admirarlo y aunque se encuentra en la provincia de Salamanca el mejor lugar para hacerlo es desde el mirador de La Antigua en la comarca extremeña de Las Hurdes. La naturaleza en la Ruta del Vino Sierra de Francia es generosa y regala estampas que perdurarán por largo tiempo en nuestra memoria, como las que proporcionan los Caminos de Arte en la Naturaleza que une conjuntos históricos o descubrir los bellos rincones que forma el río Alagón en Los Senderos del Alagón que, entre otros hitos, nos acercará a la antes mencionada Ruta de los Lagares Rupestres.
Dejamos atrás el meandro del Melero y nos dirigimos a El Cerro para visitar la cooperativa de castañas El Cerro que, además de comercializarlas al natural y secas (pilonga) y harina de castañas, elaboran derivados como crema de castañas y castañas en almíbar.
Nuestra siguiente y última parada es Montemayor del Río, otro de los conjuntos históricos de la ruta del vino. El sabor medieval de sus calles y la belleza de sus paisajes, con un espectacular manto de castaños que cubre laderas y valles cercanos, justifican por sí solo la visita. El puente que atraviesa el río Cuerpo de Hombre, la ermita de San Antonio, el rollo jurisdiccional de la Plaza Mayor hoy convertido en fuente, la iglesia parroquial y el castillo son los monumentos más importantes del pueblo. Montemayor conserva una tradición artesanal de cestería de castaño, protagonista del guion expositivo del Centro de Interpretación del Castaño. Para entender mejor este legado inmaterial es muy interesante la visita a uno de los artesanos que todavía quedan en la villa: Cestería Luengo. David y Conchi, junto con otros artesanos, mantienen vivo este oficio que heredaron de su familia que se puede ver de primera mano en el taller que tienen en la Plaza Mayor. Además de elaborar cestas tradicionales, hacen trabajos dirigidos a la decoración y piezas personalizadas por encargo. Es tal la calidad y excelencia de sus productos que exportan sus productos hasta Japón.
El broche final a estos tres días increíbles no podía tener mejor escenario que el castillo de Montemayor del Río y el restaurante que alberga. Toda una sorpresa culinaria que gira en torno a una filosofía clara: salvaguardar el patrimonio tradicional gastronómico de la región, recurriendo a productos y productores locales para reactivar la actividad económica, social y cultural de la zona.
Esperamos que se os haya despertado el interés por descubrir la Ruta del Vino Sierra de Francia. Aunque os parezca imposible, esto es sólo una mínima parte. Hay muchos más pueblos que visitar, muchos más paisajes que admirar, muchas fiestas con las que vibrar y muchas experiencias que vivir. Precisamente, las experiencias sostenibles de la ruta del vino están adaptadas a todo tipo de públicos, necesidades y gustos, pudiendo ser de uno o de varios días, para parejas, familias, grupos de amigos, viajes de lujo o para hacer un regalo. Si estás interesado en descubrirla no dejes de visitar su página web.