UN PUEBLO BLANCO CONOCIDO COMO “LA CIUDAD DE LOS POETAS”

Con vivas tradiciones de Al-Ándalus

Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: José Manuel Gutiérrez / Javier Gutiérrez / Cardinalia Comunicación
Arcos de la Frontera, Pueblo Blanco de la Sierra de Cádiz
  • Declarado Conjunto Histórico y donde se mantienen vivas las tradiciones del antiguo Al-Ándalus, su arquitectura civil y sobre todo, su patrimonio religioso justifica la declaración de Conjunto Histórico. Su deliciosa gastronomía es fruto de los diferentes pueblos y culturas que por ella han pasado.

Tierra de bandoleros que fueron leyenda, la Sierra de Cádiz da cobijo a hermosos pueblos que conservan la esencia más auténtica de Andalucía y en los que la historia y la vida cotidiana del Al-Ándalus todavía perviven. Herencia árabe que se ve reflejada en el trazado de las calles, en la economía ligada al cultivo del aceite, en la producción artesanal de artículos de piel o en el dulce recetario andalusí. También en los nombres de los pueblos: Benamahoma -hijos de Mahoma-, Alcalá -el castillo-, Algar -la cueva- o Zahara -la fortaleza-.

Un ejemplo de esto lo encontramos en el que hoy visitamos, puerta de entrada a la Ruta de los Pueblos Blancos por el oeste de la provincia, uno de los más bonitos de España y declarado Conjunto Histórico.

Orgullosa se alza sobre una peña de noventa y seis metros de altura esta localidad que recibió de los romanos el nombre de Arx-Arcis (fortaleza de altura), siendo conocida a raíz de la invasión musulmana como Medina-Arkos, lo que dejo en la ciudad la profunda impronta que ha llegado hasta nuestros días.

Conocida como “ciudad de los poetas” por la gran cantidad de artistas que aquí han nacido o la ha elegido para establecerse en ella, el casco histórico de Arcos de la Frontera nos recibe con estrechas y empinadas calles que nos acercan a bellos rincones y a espléndidos ejemplos de su patrimonio monumental.

Arcos de la Frontera, Pueblo Blanco de la Sierra de Cádiz
En las calles de Arcos de la Frontera descubriras estampas inolvidables

Dominando desde lo más alto, el Castillo Ducal fue en sus orígenes, que se remontan a la ocupación musulmana, un alcázar militar, aunque lo que podemos admirar hoy corresponde a las reformas realizadas en los siglos XIV y XV. Por otro lado, la puerta Matrera es el único resto que se conserva del antiguo recinto amurallado.

Arcos de la Frontera, Pueblo Blanco de la Sierra de Cádiz
Palacio Ducal de Arcos de la Frontera

En el deambular pausado por estas bonitas calles salen a nuestro encuentro interesantes palacios y casas nobles como el palacio del Maestrazgo, de estilo herreriano y con una fachada suntuosa, conservando un mirador de planta cuadrada con elementos de tradición mudéjar, dos patios columnados y artesonados en los amplios salones. Además, encontraremos numerosas casas-palacios que, junto al Pósito y el Ayuntamiento, engrandecen el patrimonio civil de Arcos de la Frontera.

Arcos de la Frontera, Pueblo Blanco de la Sierra de Cádiz
Uno de los patios del Palacio del Maerstrazgo

Pero son las construcciones religiosas las que le ha valido a la población gaditana ser reconocida como Conjunto Histórico.

Monumento Nacional desde 1931, a la Basílica Menor de Santa María se le concedió en 1764, por el Sacro Tribunal de la Rota Romana, los títulos de “Más Antigua, Insigne y Principal de Arcos”. Asentada sobre los restos de una mezquita árabe, su construcción se alargó durante varios siglos por lo que es posible admirar en ella diferentes estilos arquitectónicos, como son el gótico final y el incipiente plateresco en la fachada principal. Todo en el interior es digno de admiración, pero en nuestros recuerdos se quedaron grabados el Retablo Mayor, joya renacentista, la pintura mural gótica, la momia incorrupta de San Félix, la capilla de las Nieves con la imagen de la Patrona de Arcos, el magnífico órgano y el coro, considerado uno de los mejores de Andalucía.

Con la emoción a flor de piel continuamos recorriendo el casco histórico de Arcos. A cada pequeño paso que damos sale a nuestro encuentro un nuevo rincón que desborda belleza, una casa-palacio con siglos de historia entre sus muros o un templo religioso que, cuando traspasas sus puertas, consigues vislumbrar un poco la pasión con que los arcenses viven su fe.

Arcos de la Frontera, Pueblo Blanco de la Sierra de Cádiz
Basílica Menor de Santa María de la Asunción

Iglesias como la de San Pedro, que se asienta sobre los restos de una fortaleza hispanomusulmana, posiblemente de la época almohade; la de San Francisco con un maravilloso zócalo de azulejos sevillanos del siglo XVII; la de San Miguel, fortaleza musulmana hasta el siglo XV y hospicio de niñas huérfanas posteriormente; la de María Auxiliadora, donde se impartían arte y teología o la San Agustín que, en los inicios del siglo XVIII contaba con veinte religiosos predicadores que enseñaban Gramática, Arte y Filosofía.

No podemos olvidar las ermitas de San Antonio Abad, en ruinas durante más de una década del siglo pasado, siendo restaurada hace unos años o la del Romeral, escenario cada mes de septiembre de la Romería en Honor al Santísimo Cristo del Romeral, además de la Capilla de la Misericordia, fundada en 1490 para recoger a niños abandonados y como casa y hospital de mujeres. En la actualidad su uso está dedicado actividades culturales como exposiciones, presentaciones de libros, conferencias…

También tienen su protagonismo los conventos. El de la Encarnación, fundado en la primera mitad del siglo XVI, aunque ya antes, en el siglo XV, fue capilla, hospital y cofradía. En la actualidad alberga la Exposición Parroquial de Artem Sacro Domus Dei. El de las Mercedarias, el último convento de clausura de Arcos fue fundado en 1642; de la Caridad, de estilo colonial y toda una sorpresa cuando se descubre; el Convento-Hospital de San Juan de Dios, creado en el siglo XVI como hospital de San Sebastián y en el que merece la pena detenerse para admirar el armonioso patio de columnas con una interesante escalera barroca o el Convento de los Jesuitas. Colegio de Nuestra Señora de las Nieves, de severo porte y sencilla y clásica fachada.

El día transcurre lentamente en Arcos de la Frontera y uno se niega a abandonarlo, como si temiese que la magia que la envuelve no le acompañase en tu camino de retorno. Volvemos a pasar una vez más por calles, plazas y callejones que ya hemos pisado y nuevamente encontramos algo que nos sorprende; otro mirador más que nos regala maravillosas vistas; patios que guardan todo el sabor de los pueblos blancos o jardines donde el olor de las naranjas y el frescor que se respira nos hacen sentir como si estuviéramos un paso más cerca del paraíso. Mientras, la cerámica, cerrajería, esparto, cestería, pinturas, grabados y miniaturas de aperos de labranza llenan las estanterías de las tiendas.

Arcos de la Frontera, Pueblo Blanco de la Sierra de Cádiz
Uno de los muchos miradores con que cuenta Arcos de la Frontera

Mención especial merece su Semana Santa. Declarada de Interés Turístico Nacional por la calidad de sus imágenes y tradiciones, su intimismo se pone aún más en valor en medio del entorno monumental por el que discurren las procesiones.

Los diferentes pueblos y culturas que se ha asentado en Arcos a lo largo de la historia han marcado profundamente la gastronomía de la ciudad, a lo que contribuye también la bondad del clima y la riqueza de la tierra. En las generosas huertas nacen las calabazas, los tomates, las cebollas, los pimientos y los garbanzos con los que elaboran la “alboronía”; los alcauciles rellenos; el ajo molinero, elaborado con pan, ajo y tomate; la ensalada de apio o los potajes, principalmente el de acelgas son otras delicias que no pueden faltar en nuestra mesa.

Además, la calidad de los productos de la huerta, junto con carne o pescado y especias como el azafrán o el pimentón, dan forma a otros sabrosos guisos: los arroces caldosos.

No podemos olvidarnos del cerdo en todas sus variantes. Desde las tradicionales chacinas hasta la comida de berza: carne de cerdo, tocino, morcilla, legumbres y por supuesto, la berza.

En el recetario arcense encontramos platos de temporada como los espárragos trigueros, las preciadas tagarninas, los caracoles con caldo o las cabrillas en salsa -un tipo de caracol terrestre de mayor tamaño y carme más consistente que el caracol común.

Y como acompañamiento, vinos propios, tintos y blancos de reconocida fama nacional e internacional. Especialmente recomendables son los tintos de Arcos, los primeros en embotellarse en Andalucía y pioneros en la provincia de Cádiz.

Como colofón a esta auténtica experiencia gastronómica, la repostería, dulce herencia de la época musulmana, entre la que encontramos el tradicional bollo de Semana Santa, los pestiños o las pastas de las Monjas Mercedarias.

Arcos de la Frontera te invita a visitarla despacio, descubrirla poco a poco, enamorarse de cada rincón y empaparse de sus tradiciones. Únicamente de esta manera podrás decir que no solo la has visitado, sino que la has hecho tuya y que ella te ha prendado. Solo de esta manera desearás volver una vez más.

 

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Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: José Manuel Gutiérrez / Javier Gutiérrez / Cardinalia Comunicación