PUEBLOS BLANCOS DE LA SIERRA DE CÁDIZ

La magia de un legado atemporal

Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: José Manuel Gutiérrez / Javier Gutiérrez / Cardinalia Comunicación | Patronato de Turismo de Cádiz | Joaquín Rivas Ruiz | Javier Rodríguez | Luís Chacón | Pepe González | Luís Davilla
Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz

El blanco de la cal salpica los valles de la Sierra de Cádiz, recreando la imagen de una constelación en el firmamento. Damos inicio a la Ruta por los Pueblos Blancos, una experiencia cultural y paisajística que nos conectará con una parte de la historia, la tradición y la naturaleza gaditanas.

La Sierra de Cádiz ha sido tallada al antojo de las lluvias y de los vientos, dando lugar a una de las montañas más abruptas de la geografía andaluza. Espacio natural que se embellece aún más con sus pueblos, que guardan en sus calles la esencia más auténtica de Andalucía y en los que la historia y la vida cotidiana del Al-Ándalus todavía perviven.

Herencia árabe que se ve reflejada en el trazado de las calles, en la economía ligada al cultivo del aceite, en la producción artesanal de artículos de piel y en el dulce recetario andalusí. También en los nombres de los pueblos: Benamahoma -hijos de Mahoma-, Alcalá -el castillo-, Algar -la cueva- o Zahara -la fortaleza-.

Todos ellos asentados en un territorio que conserva algunos de los rincones más bellos de este país, como son los desfiladeros del Salto del Cabrero o El Saltadero, e imponentes cañones como la Garganta Seca y la Garganta Verde. Bella tierra que da vida a bosques de diferentes variedades, sobresaliendo el bosque de pinsapos de Benamahoma.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
La Sierra de Cádiz en Olvera

Hace unos meses, algunos de estos pueblos blancos sufrieron uno de los mayores desastres meteorológicos que este país ha vivido. De la noche a la mañana, los vecinos de Grazalema se vieron obligados a dejar sus hogares. Con unas pocas pertenencias y el corazón encogido, abandonaron su querido pueblo con la incertidumbre de no saber cuándo podrían volver y lo que se encontrarían a la vuelta. Mientras esto sucedía, los habitantes de Ubrique construían improvisados diques por las calles para dirigir el agua y evitar que entrase en sus casas para destruirlo todo.

Por todo lo que estas personas vivieron, queremos que este artículo sea un modesto y merecido homenaje a todos ellos. Ahora que empezamos a disfrutar del buen tiempo, os invitamos a mostrarles todo nuestro apoyo y solidaridad, haciéndolos destino de nuestras escapadas y siendo generosos con nuestro tiempo para contribuir a su recuperación.

De Arcos de la Frontera a El Bosque

Tierra de bandoleros que fueron leyenda, en algunos casos ligados a algunos de los pueblos que vamos a visitar, comenzamos este viaje en Arcos de la Frontera, puerta de entrada de la ruta por el oeste de la provincia.

Además de uno de los más bonitos de España y declarado Conjunto Histórico, Arcos merece ser disfrutado con pausa, dejando que el tiempo pase a su antojo. Sus estrechas y empinadas calles atraviesan antiguos arcos que nos acercan al castillo de los Duques, a la puerta de Matrera y a palacios, casas señoriales y templos religiosos.

Mención especial merece su Semana Santa. Declarada de Interés Turístico Nacional por la calidad de sus imágenes y tradiciones, su intimismo se pone aún más en valor en medio del entorno monumental por el que discurren las procesiones.

Degustar su gastronomía, adquirir algún recuerdo y acabar el día en alguno de los “tablaos” flamencos son excelentes propuestas que hacen que nuestra visita se convierta en inolvidable.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
En las calles de Arcos de la Frontera descubriras estampas inolvidables

Salimos de Arcos ya avanzada la tarde y cuando las luces del atardecer se hacían dueñas del paisaje, llegamos al yacimiento de Carisa Aurelia. Con los tonos rojizos del momento más mágico del día descubrimos los muros de esta antigua ciudad que marcó el paso de la cultura íbera a la romana y en la que destaca la necrópolis, el recinto amurallado y el espacio arqueológico dedicado al mundo funerario íbero-romano. Carissa Aurelia se encuentra entre las poblaciones de Espera y Bornos.

Con las primeras luces del día partimos hacia Grazalema, otro de los hitos más destacados de la ruta.

De camino al pueblo que da nombre a la Sierra de Grazalema, pasamos por tres localidades en las que hicimos una breve parada. En Villamartín, donde destaca el dolmen de Alberite con más de seis mil años de antigüedad, admiramos sus templos religiosos y casas señoriales que adornan y enriquecen sus calles. En Prado del Rey visitamos las salinas, ya explotadas en el pasado por los fenicios y que aún mantienen su actividad. En El Bosque fuimos recibidos por el sonido del agua que mana de sus fuentes y el aroma de las flores que adornan sus calles.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
Salinas de Prado del Rey

De Grazalema a Benaocaz

El “romance” entre Grazalema y los bandoleros revive cada año en este pueblo con la celebración de “Sangre y amor en la sierra”, recreación histórica que tiene como protagonista al que fue el bandolero más célebre, José María “El Tempranillo” y a María Jerónima Francés, con la que vivió una apasionada y trágica historia de amor.

Tradición artesanal, encanto rural y un entorno natural privilegiado son las señas de identidad de este pintoresco y característico pueblo andaluz, en el que el paso de romanos, bereberes y cristianos dejó una profunda huella en su trazado urbano. Declarado Conjunto Histórico, su arquitectura típica andaluza se mezcla con la riqueza monumental. Con el susurro del agua de sus fuentes recorremos las calles estrechas y empedradas decoradas con multicolores flores que llenan el ambiente de aromas agradables desde las ventanas de casas encaladas. Hermosas arterias que nos llevan hasta las plazas donde se encuentran las grandes joyas de su patrimonio: las iglesias de La Encarnación, la Aurora y San José, así como a la Plaza de España, corazón de la villa grazalemeña presidida por la Casa Consistorial.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
Hermosas flores decoran las calles de Grazalema

Deslizándose suavemente por la ladera de la sierra, descubrimos Benamahoma. Esta pedanía de Grazalema conserva en sus calles y plazas una clara influencia islámica, apreciable también en la tradicional Fiesta de Moros y Cristianos y en la fortaleza de Cardela o castillo de Fátima.

Puerta de entrada al pinsapar que mencionamos anteriormente, una de las joyas naturales de la Sierra de Grazalema; muy cerca se encuentran la Garganta Seca y la Garganta Verde con sus vertiginosas paredes verticales.

Nuestra siguiente parada fue Benaocaz, pero antes hicimos un descanso en Villaluenga del Rosario. Como tantos otros pueblos en esta ruta, tiene sus orígenes en la época musulmana, conservando además los restos de una calzada medieval. Merece la pena hacer una breve parada para recorrer sus empinadas y estrechas calles que se funden con las rocas y visitar la plaza de toros más antigua de la provincia que presume de singularidad por ser poligonal.

Declarado Conjunto Histórico, en Benaocaz la atmósfera del pasado árabe se respira por las estrechas calles del barrio nazarí. Las típicas casas blancas comparten espacio con edificios señoriales dieciochescos, con el castillo de Aznalmara y con diferentes templos religiosos. Y si la visitas el 15 de agosto, podrás vibrar con su fabuloso Toro de la Cuerda.

De Ubrique a Torre Alháquime

Llegamos a Ubrique, conjunto histórico formado por un entramado de casas y recoletas calles en las faldas del Tajo de Ubrique. Su casco histórico conserva todo el sabor de su trazado medieval con calles angostas, pintorescos rincones, hermosas plazas con fuentes y templos religiosos, que con la llegada de la Semana Santa adquiere una magia especial con el paso de las imágenes titulares de las Hermandades y Cofradías ubriqueñas.

A Ubrique la fama mundial le llegó gracias a la artesanía de la piel, por lo que es visita obligada la exposición permanente “Manos y magia en la piel” en el convento de los Capuchinos, donde se exhiben objetos relacionados con la tradición y oficio de la marroquinería.

El cine también se encargó de ponerla en el mapa, pues en 1949 se rodó la película de bandoleros “Las aventuras de Juan Jucas” en la que los ubriqueños participaron como extras y el Peñón de la Becerra se transformó en cárcel.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
Estrechas calles que se descuelgan por las faldas del Tajo de Ubrique

Siguiendo la estela de los Conjuntos Históricos, nos encaminamos hacia Zahara de la Sierra, villa serrana fundada en la época musulmana que conserva el característico entramado urbano andalusí, así como el castillo y tramos de las murallas. Calles estrechas y empinadas, dispuestas de forma escalonada, siguiendo la pendiente de la colina, dan forma a su coqueto casco histórico, cuyo entramado urbano atesora monumentos tan interesantes como la iglesia de Santa María de la Mesa, la capilla de San Juan de Letrán, la torre del Reloj y el puente de los Palominos.

Desde el año 1483, momento de la Reconquista, Zahara celebra su festividad más destacada, el Corpus Christi. Declarada de Interés Turístico Nacional, durante esos días sus calles se convierten en un auténtico bosque debido a que los vecinos cubren completamente sus fachadas con arbustos.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
Típica calle de los pueblos blancos en Zahara de la Sierra

El suave murmullo del agua de sus doce fuentes nos acompaña en nuestro paseo por Algodonales. Recorrer su bonito casco urbano es un auténtico placer para los sentidos, que se ven colmados con la visita a la iglesia de Santa Ana, rica en elementos barrocos en la fachada y neoclásicos en el interior. No debemos abandonar Algodonales sin visitar la fábrica de guitarras de Valeriano Bernal, cuyos instrumentos han sido elegidos por artistas de la talla de Alejandro Sanz, Paco de Lucía o Tomatito.

Continuamos recorriendo la Sierra de Cádiz de camino a Olvera, pero antes visitamos El Gastor, típica villa serrana que cuenta en sus alrededores con relevantes monumentos megalíticos. Además de su casco urbano, merece la pena visitar el molino de aceite Hermanos Palomino y el Museo de Usos y Costumbres, dedicado a José María El “Tempranillo”. Por otro lado, Torre Alháquime o la Torre de Alfaquín fue un importante enclave en la frontera entre el Reino de Granada y el castellano. En su laberíntico trazado urbano encontramos el Arco de la Villa, una de las puertas del antiguo recinto amurallado, y la parroquia de Nuestra Señora de la Antigua, en cuyo interior de conserva un cuadro de las Ánimas atribuido a Murillo. Lugar de nacimiento del célebre bandolero José María “El Tempranillo”, el pueblo vive uno de sus momentos más emotivos el Domingo de Resurrección con la Carrerita de San Juan.

De Olvera a Setenil de las Bodegas

Calificado por algunos como un “paraíso en el corazón de los Pueblos Blancos”, en Olvera descubrimos cómo la herencia andalusí, la arquitectura popular y su belleza monumental con sus señoriales fachadas palaciegas se pueden mezclar con absoluta exquisitez. Entre olivares, sus casas encaladas y sus callejuelas se ensortijan caprichosamente en la pendiente del terreno, viéndose nuestro paseo acompañado por el delicioso aroma de las plantas que adornaban las fachadas. El barrio de la Villa, junto a la plaza de la iglesia y al castillo, formaba la almedina árabe y es aquí donde pudimos admirar las huellas más relevantes de ese pasado: la torre del Pan y la torre de los Olivillos. La iglesia arciprestal, monumental templo de estilo neoclásico, y la fortaleza musulmana, bastión defensivo del Reino Nazarí de Granada, son dos de los monumentos más importantes del pueblo.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
Plaza del Ayuntamiento de Olvera con la iglesia del Socorro y el castillo a su espalda

La ruta está llegando a su fin, pero antes de visitar Setenil de las Bodegas hacemos una parada en Alcalá del Valle, pequeño pueblo fundado en el siglo XV por familias moriscas llegadas de Setenil de las Bodegas. Sus calles, adornadas con bellos ejemplos de arquitectura popular y balcones con flores, conservan toda la magia de su origen árabe. Sobresalen también los dólmenes del Tomillo, un conjunto megalítico único en la provincia.

Llegamos a Setenil de las Bodegas y al gran ambiente que habitualmente hay en el pueblo, al ser uno de los más famosos y visitados de la provincia; se sumaba la celebración de las fiestas patronales de San Juan Bautista, por lo que en las calles no cabía una persona más.

Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz
Calle Cuevas del Sol en Setenil de las Bodegas

Nadie mejor que el poeta Gerardo Diego para describir el pueblo: “Setenil de las Bodegas, donde el cielo es de roca, y el silencio de sueño de piqueta”. Cuando conoces Setenil, entiendes el éxito que tiene entre los turistas, ya que es uno de los pueblos más singulares de la sierra gaditana. Si en los otros pueblos que hemos visitado el blanco es el color característico, en Setenil lo es también el ocre de la piedra. Incrustado en el cañón del río Guadalporcún, caprichoso creador de su entramado urbano, la importancia de su patrimonio artístico, la rústica belleza de su arquitectura popular y la singularidad de sus calles cueva se encargan de dotarlo de ese encanto tan especial y a la vez universal. Cuevas del Sol y la vecina Cuevas de la Sombra; Jabonerías y Cabrerizas, escenario ambas de aventura de bandoleros reales y ficticios; Calcetas, Calañas y Herrería son algunas de las calles más bonitas de Andalucía. Y dominando el pueblo desde las alturas, la fortaleza de origen medieval en la que se conservan la torre del homenaje y el aljibe.

 

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Texto: Javier Gutiérrez
Fotografías: José Manuel Gutiérrez / Javier Gutiérrez / Cardinalia Comunicación | Patronato de Turismo de Cádiz | Joaquín Rivas Ruiz | Javier Rodríguez | Luís Chacón | Pepe González | Luís Davilla