Hay destinos que, por increíble que parezca, están fuera de los circuitos turísticos más comunes. Ciudades que cada año reciben menos turistas de los que merecen o no son objeto de deseo de los influencers, pero que ofrecen una variada e interesante oferta turística y de ocio. Un ejemplo claro lo encontramos en Vigo.
Conocida antiguamente como “la ciudad de la oliva” y “ciudad olívica” en la actualidad, debe este sobrenombre a un gran olivo plantado por los templarios en un antiguo templo que se encontraba situado en el mismo lugar donde hoy se levanta la concatedral de Santa María.
La mayor ciudad de Galicia, situada en el corazón de las Rías Baixas, merece que la tengamos en cuenta por su luz, su clima templado, su gastronomía, su cultura y por el increíble paisaje que la rodea. Y también por su patrimonio monumental, que, si bien puede no ser comparable al de otras ciudades españolas, tiene algo que suscita la admiración en el viajero.
Fabulosas playas, un litoral donde practicar deportes náuticos, ocio, shopping y el ambiente nocturno más animado de Galicia son otros de los motivos por los que merece la pena viajar a Vigo.
La ría de Vigo y las Islas Cíes
La ría de Vigo es sin duda alguna el mayor tesoro de la ciudad. Además de hermosa y única, en la que flotan perfectamente alineadas las tradicionales bateas donde se cría el auténtico mejillón de la ría de Vigo, forma una bonita estampa con el telón de fondo de los más grandes cruceros del mundo que surcan las aguas del océano Atlántico.
La ría se encuentra protegida por las Islas Cíes. Estas forman parte del Parque Nacional Illas Atlánticas, archipiélago compuesto por tres islas: Monte Agudo, O Faro y San Martiño; las dos primeras unidas por la playa de Rodas, un largo arenal considerado por The Guardian como la mejor playa del mundo. Un paraíso de playas paradisíacas, aguas cristalinas y también un genuino observatorio de fauna y flora. Uno de los lugares más hermosos del país, lo que justifica que los romanos le dieran el nombre de “Islas de los Dioses” y donde las posibilidades son casi infinitas: practicar senderismo en familia, hacer una escapada para descubrir playas vírgenes y tranquilas, bucear o nadar con la compañía de arroaces, delfines autóctonos y de menor tamaño.
A las Cíes es posible llegar haciendo una excursión de un día desde Vigo o alquilando un barco o un yate. Hacerlo con tu propia embarcación es una experiencia inolvidable, pues podrás visitar la isla virgen de San Martiño, un privilegio que el resto de los turistas no pueden disfrutar, ya que no está incluida en las rutas que llevan a cabo las líneas regulares de tráfico de la ría. Es importante aclarar que, para poder fondear al abrigo de las islas, debes solicitar permiso y respetar la zona de los bañistas, lo mismo que para bañarte o bucear, estando prohibida la pesca deportiva submarina en todo el entorno del parque.
Barrios históricos de Vigo, descubriendo O Berbés y A Ferrería
En esta ciudad industrial y bulliciosa también es posible encontrar un pequeño pueblo en el que pasear se convierte en el mayor de los placeres. O Berbés es el histórico barrio marinero de Vigo de calles estrechas y empinadas que se deslizan ladera abajo en busca de las aguas oceánicas. Callejuelas que nos acercan a la parte baja, a una plaza con soportales que en el pasado fue la playa donde los pescadores amarraban sus barcas y donde se pueden contemplar antiguas edificaciones marineras.
Pero antes de visitar el Casco Vello, merece la pena acercarse al Centro Comercial A Laxe, al que se accede por una pasarela que parte de la plaza A Pedra, para admirar desde sus terrazas una hermosa panorámica sobre el puerto y también el atardecer, posiblemente uno de los más hipnóticos de Galicia.
La ribera del Berbés es una de las zonas gastronómicas más importantes de la ciudad. Ir de vinos y tapas o sentarse en algunos de los mejores restaurantes para degustar los que pueden ser los más deliciosos pescados y mariscos de España es una experiencia gastronómica que recordarás y recomendarás. Y si eres devoto de las ostras, no dejes de visitar la rúa da Pescadería, donde podrás admirar a pie de calle el proceso de apertura del que para muchos es un auténtico manjar. La visita al Casco Vello de Vigo se debe hacer con pausa, admirando y disfrutando de los mil y un rincones que guarda para el viajero. Plazas como da Pedra, lugar de reunión de gremios y regidores en los siglos XVI y XVII para tomar decisiones y resolver disputas, alberga el restaurante Mosquito, abierto desde 1930 como taberna marinera que, totalmente renovado, sigue siendo un lugar de referencia para comer. En sus mesas se sentaron escritores consagrados, actores famosos o reconocidos cineastas.
La praza de Almedia, donde cada semana se celebraba un mercado de productos agrícolas, por lo que en el pasado se la conocía como praza das Cebollas. Destacan aquí dos edificios considerados como las arquitecturas civiles más antiguas de la ciudad, declarados monumentos histórico-artísticos: la Casa Torre de Pazos Figueroa y la Casa de Ceta o Arines. O la praza da Constitución con edificios del siglo XIX donde los artesanos vendían sus productos. Se trata de uno de los rincones más animados de la ciudad por sus terrazas y donde se encuentra La Central, un gastrobar situado en la casa Pereira de Castro, un palacete barroco del siglo XVIII.
Inevitablemente, para llegar a estas plazas hay que recorrer sus bonitas calles, muchas de ellas cargadas de tradiciones y con establecimientos que son de obligada visita. La rúa dos Cesteiros debe su nombre a los artesanos llegados de la portuguesa serra da Estrela a comienzos del siglo XX. Afamados cesteros que convirtieron a Vigo en uno de los centros de producción de cestería más importantes de Galicia. En la actualidad, son pocos los artesanos que se encargan de mantener viva esta tradición. Y conservando aún todo el sabor marinero de antaño, la taberna de A Pedra y el bar El Chavolas, dos de las tabernas más tradicionales de O Berbés. En la cuesta de San Vicente, la taberna A Mina lleva deleitando a sus clientes desde 1953 con vermuts y spritz acompañados por sus tradicionales tapas de callos o mejillones de la ría con salsa especial de la casa. Muy cerca de la concatedral, en el histórico edificio Cambón situado en la rúa Palma, se encuentra el Centro de Interpretación del Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia.
Desde aquí te puedes acercar a la Concatedral de Santa María, sobrio y bien proporcionado edificio construido en 1818 sobre dos templos anteriores ya desaparecidos. En su interior se custodia una de las imágenes más veneradas de Galicia, el Santo Cristo de la Victoria, patrón de la ciudad.
Caminando por el Casco Vello, llegamos a Porta do Sol que hace de frontera entre los dos antiguos barrios: O Berbés y A Ferrería. Desde esta plaza se llega al Mirador del Olivo, que debe su nombre al olivo allí plantado. Un bello ejemplar de casi dos siglos de antigüedad y que es el mismo que se trasladó desde el lugar donde se encuentra la concatedral. Aquí es donde locales y visitantes se concentran cada tarde para admirar la puesta del sol y mejor si es desde las codiciadas terrazas de las cafeterías que animan la plaza.
Desde aquí se accede al barrio de A Ferrería, una de las zonas más animadas de la ciudad después del proceso de recuperación. En este rincón vigués merece la pena visitar el Centro de Artesanía Tradicional de Vigo en la subida ao Castelo; recorrer la rúa de San Sebastián, una de las más antiguas de la ciudad donde se encuentra el Banco Dos Contos, lugar en el que ganaderos y comerciantes hacían las cuentas de sus transacciones y acercarse a la fortaleza de San Sebastián, de la que se conserva parte de los baluartes y el recinto amurallado. Espacio este en el que desentona la imponente mole del Ayuntamiento de Vigo levantada en los años 70.
Un paseo por el Vigo Señoral
Viajamos ahora hasta finales del siglo XIX, momento en que la burguesía viguesa encargó la construcción de grandes edificios con usos residenciales o como sedes de empresas e instituciones.
En la Porta do Sol, presidida por El Sireno, escultura mitad hombre y mitad pez del afamado artista Francisco Leiro, da comienzo esta ruta y aquí se deben admirar dos edificios únicos: el edificio Simeón, con balcones bellamente decorados en granito y forja y El Moderno, con su fachada curva. Continúa por las rúas Policarpo Sanz y García Barbón, donde la arquitectura de finales del siglo XIX y principios del XX fusiona diferentes estilos: eclecticismo, modernismo, historicismo, racionalismo… En la rúa Policarpo Sanza sobresale el teatro García Barbón, obra del arquitecto Antonio Palacios.
En las calles próximas se encuentran otros interesantes inmuebles como el Pardo Labarta con galería abierta, el Salgueiro decorado con una cenefa cerámica que le proporciona movimiento o el Ferro, que en sus orígenes fue casa particular, posteriormente almacén de tejidos y más tarde sede del Casino Obrero, cuyo elegante salón de baile es hoy sala de lectura.
Estamos en la Milla de Oro viguesa donde se concentran las firmas de moda más actual, lo que la convierte en una de las zonas más transitadas del centro urbano. Establecimientos que comparten espacio con restaurantes y animadas terrazas para disfrutar de tapas tradicionales, más innovadoras o de fusión y comercios con solera como Arjeriz Vinos y Licores, uno de los ultramarinos más antiguos de la ciudad que abrió sus puertas hace cien años.
Recorriendo el Vigo Marítimo
Vigo Marítimo es una opción perfecta para conocer la historia y la arquitectura más ligada al mar, la que se encuentra en la zona por la que se extendió la ciudad cuando el espacio intramuros empezó a quedarse pequeño. El recorrido comienza en el Real Club Náutico de Vigo, construcción que se asemeja a un barco que se adentra en el mar y la Estación Marítima, lugar emblemático del que partía la emigración gallega a ultramar en el pasado y que hoy recibe a los más modernos trasatlánticos. La bienvenida en esta ruta nos la da el conjunto escultórico El Nadador del antes mencionado Francisco Leiro y el Hotel Universal, edificio surgido del poderío marítimo de la ciudad. De estilo ecléctico y construido en 1888, su terraza fue hace décadas un icono de la ciudad, albergando en la actualidad un hotel con categoría de cuatro estrellas.
Muy cerca encontramos una sorprendente sorpresa: el monumento a Julio Verne. El escritor francés visitó la ciudad en dos ocasiones, la primera en 1878 y la segunda en 1884, interesado en la Batalla de Rande y en los tesoros que desaparecieron después del enfrentamiento entre la flota española y los barcos de guerra franceses que la escoltaban y la coalición anglo-holandesa. El genial escritor dedicó un capítulo a la bahía de Vigo en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, incluyendo la leyenda sobre el tesoro de Rande. Podemos dar por finalizada la ruta paseando por el Parque de la Alameda o Praza de Compostela, embellecido por edificios encargados a algunos de los mejores arquitectos del país, como Jenaro de la Fuente.
Fiesta de La Reconquista
Cada mes de marzo los vigueses celebran la fiesta más emblemática de Vigo conmemorando el acontecimiento histórico que acabó con la expulsión de las tropas francesas. La recreación del levantamiento popular del 28 de marzo de 1809, liderado por Bernardo González del Valle “Cachamuíña”, Juan Almeida y Pablo Morillo, vive su momento álgido en el lugar donde se encontraba la puerta de la muralla conocida como porta de Gamboa. El empeño de los vecinos provoca el derribo del acceso de la muralla y, después de fuertes enfrentamientos, consiguen derrotar a los franceses. La fiesta continúa con el desfile de las tropas francesas entre insultos de los vigueses hasta el puerto, en el que después de entregar las armas son obligados a embarcar en un velero que los llevará de vuelta a su país.
Pero esta fiesta es mucho más. Durante varios días, el barrio histórico se convierte en un gran escenario donde te puedes encontrar soldados, campesinos o pescadores y a la vuelta de cualquier esquina, escaramuzas entre los vigueses y las tropas francesas. Pero además de mucha diversión, esta fiesta también es gastronómica, pues los mercaderes ofrecen todo tipo de viandas como nécoras, mejillones, empanada o churrasco y, por supuesto, la delicia que no puede faltar, el rico pulpo a feira. Desde la praza da Constitución hasta la praza A Pedra y continuando por las rúas a Pescadería y Teofilo Llorente, los puestos ofrecen de comer y de beber, todo regado como el mejor vino o cerveza y con un ambiente festivo inigualable.
Orgullo de los vigueses, pues su ciudad fue la primera de Europa que logró expulsar a los franceses de una plaza conquistada; lo que le valió el reconocimiento de ciudad “fiel, leal y valerosa” otorgado por Fernando VII.
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