CAMINO DE HIERRO

Una experiencia de contrastes

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: David Arranz | Cardinalia Comunicación

El hito de la ingeniería civil del siglo XIX es hoy una de las rutas de senderismo más cautivadoras de nuestro país, discurriendo por un paisaje extraordinariamente hermoso y lleno de contrastes. Siguiendo el trazado de la que fue la línea del Duero, el serpenteante camino que una vez fue de hierro se abre paso por el corazón de las Arribes en un marco natural de altísimo valor ecológico.

Corría el último tercio del siglo XIX y Portugal necesitaba imperiosamente abrir una ruta comercial y de pasajeros que le conectase con Europa, para lo que se proyectó una ampliación de lo que era la línea del Duero, muy próxima a la frontera española y a la provincia de Salamanca.

Después de solventar los muchos problemas técnicos derivados de la compleja orografía del territorio fronterizo, hoy comprendido en el Parque Natural Arribes del Duero, en agosto de 1883 comienzan los trabajos de esta obra faraónica.

Atardecer en el Puente Internacional del Duero

Tras cuatro años de arduo trabajo y la construcción de decenas de puentes y túneles se inauguró la línea con un simbólico acto en el que dos trenes, uno portugués y otro español, se encuentran en medio del Puente Internacional de Vega de Terrón, en La Fregeneda.

El paso del tiempo fue implacable con la línea de ferrocarril para su uso comercial, por lo que ya el siglo XXI trajo las iniciativas para darle una nueva vida, pero esta vez encaminada a la puesta en valor del territorio como destino turístico, siendo esta insigne obra civil uno de sus principales recursos.

El renacer de un hito

Nace así el Camino de Hierro, un recorrido peatonal que discurre por un tramo de la línea férrea que unía las estaciones de La Fuente de San Esteban en España y Barca d’Alva en Portugal y donde la fauna y flora se funden con la grandiosidad de la obra civil. Aunque la espectacularidad de los últimos diez y siete kilómetros pueda eclipsar el resto de la ruta, este trazado por la penillanura salmantina recorre bellos paisajes de dehesa, en los que las estaciones abandonadas salpican el recorrido como testigos mudos de lo que significó la llegada del ferrocarril a esta zona históricamente aislada.

En la estación de La Fregeneda arranca el sendero para descubrir el vértigo que provocan los puentes suspendidos en desfiladeros imposibles, la penumbra de túneles horadados en la roca viva y la amplitud de unos paisajes que forman parte de un ecosistema único.

El Camino de Hierro regala hermosas vistas de las tierras salmantinas

Nada más iniciarse la ruta se encuentra el Túnel número 1, el más largo del recorrido con más de un kilómetro y medio de longitud. A su salida, comienza una sucesión de otros diez y nueve más con diez puentes que jalonan el camino mediante una suave pendiente de descenso, siguiendo los impresionantes cortados por los que discurre el cauce del río Águeda hasta desembocar en el Duero, en el único muelle fluvial de Castilla y León y donde se encuentra el final de esta impresionante ruta.

La espectacularidad y valor de esta joya industrial radica principalmente en las soluciones técnicas que fue necesario implementar para adaptar el trazado ferroviario a la agreste geografía de Arribes del Duero.

A esta infraestructura también se le ha denominado el “Camino de Hierro imposible” por un doble motivo: la dificultad técnica del trazado y la necesidad de grandes recursos económicos que el proyecto demandaba.

Atractiva propuesta en la naturaleza para hacer con amigos

Lo complejo y arriesgado se hizo realidad en una época de penuria económica y con tecnología poco desarrollada. Las tremendas dificultades del terreno abrupto y quebrado se solventaron con una sucesión de puentes y túneles, auténticas obras de arte que hoy dan vida a un recurso turístico y cultural único.

El paso por los veinte túneles excavados, a base de dinamita y pico y pala, en este último tramo de diez y siete kilómetros de la vía férrea, supone caminar más de cuatro kilómetros bajo tierra, sumando la longitud de todos.

La sección tipo de los túneles corresponde a bóveda de arco de medio punto y hastiales rectos con revestimiento de mampostería, mientras que los diez puentes que jalonan el trayecto tienen las vigas principales construidas en Cruz de San Andrés. Una vez ejecutada la obra de fábrica, estribos y pilas, el armazón se montaba en secciones. Su diseño y fabricación se realizó en Bélgica y Francia; de hecho, la parte metálica se mandó en piezas.

Un medio natural excepcional

El Camino de Hierro está situado en el Parque Natural Arribes del Duero, allí donde el río se antoja frontera con Portugal, un enclave de excepcional calidad ambiental que le valió su declaración como Reserva de la Biosfera en 2015. El río Duero y sus afluentes han abierto impresionantes cañones fluviales, con unas condiciones climáticas de tipo mediterráneo.

Gran parte de esta ruta va paralela al cauce encajonado del río Águeda, un territorio accidentado de cortados y roquedos, que constituye el hábitat de aves rapaces como el águila real y perdicera, alimoche y buitre leonado.

Otro valor medioambiental se encuentra en el túnel 3. En él descansan y se reproducen unos doce mil murciélagos, formando una de las colonias más importantes de la península Ibérica. Durante los períodos de cría, al principio del verano, dicho túnel permanece cerrado, si bien un sendero alternativo permite continuar el paseo.

Pozo de los Humos

El relieve de Arribes está esculpido en granito, además de por el Duero, por los ríos Huebra, Tormes, Camaces y Uces. En el cañón de este último se localiza una de las cascadas más bellas y espectaculares de toda la Península: el Pozo de los Humos, donde el agua cae desde más de 50 metros.

Dentro de los límites del espacio se localiza interesantes y bellas localidades como la villa de Fermoselle en la parte zamorana o San Felices de los Gallegos en la parte salmantina, ambas declaradas Conjunto Histórico. Aunque casi todas las localidades de Arribes del Duero presentan un rico patrimonio cultural en vestigios vetones, como los castros, tumbas antropomórficas, estelas, fuentes medievales y un rico legado de la vida de labranza y ganadera como molinos, almazaras o chiviteros.

Desde el punto de vista de la biodiversidad, el espacio natural se caracteriza por unas peculiares topográficas únicas, correspondientes a un valle encajado, resguardado de los vientos y con mucha insolación, lo que se traduce en una temperatura media anual suave, la inexistencia de heladas a lo largo del año, y unas ciertas condiciones de humedad. Todos estos rasgos dan lugar a una riquísima comunidad vegetal, caracterizada por la gran abundancia de especies típicamente mediterráneas, donde destacan cultivos impropios para esta latitud como: olivo, vid, almendro y algunos frutales.

Parque Nacional Arribes del Duero

Los cortados y las formaciones de roquedos forman el biotopo más característico de este Espacio Natural, donde se localizan las especies de mayor valor faunístico que se corresponden con las aves. Especial relevancia adquieren el buitre común, el águila real, el águila perdicera, la cigüeña negra, el alimoche, el halcón peregrino, sin olvidar otras especies de interés como el águila culebrera, el águila calzada, el búho real, la chova piquirroja, el vencejo real, el roquero solitario o la collalba rubia, entre otras especies destaca también la presencia de una gran riqueza de peces como el barbo, el carpines, la bermejuela, la boga, la colmilleja, etc., reptiles como el lagarto verdinegro, el eslizón ibérico, la culebra de herradura y la lagartija colirroja, por ejemplo y mamíferos tan emblemáticos como como la nutria, la garduña, la gineta, el jabalí o el zorro. La comunidad de anfibios tiene especies como el tritón jaspeado, tritón ibérico, rana común, sapo corredor, sapillo pintojo…

Así es el universo natural por el que discurre una ensoñadora ruta de senderismo sobre las huellas de lo que hace más de un siglo se trazaron los raíles del ansiado progreso. Aquel sueño económico no llegó a cumplirse, pero su legado no se olvidó y se reconvirtió para que hoy exista una vía de escape al trajín diario y disfrutar de la paz de un entorno mágico.

 

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: David Arranz | Cardinalia Comunicación