INNSBRUCK

El Tirol austriaco en verano

Texto: Anel Fernández
Fotografías: Anel Fernández | Innsbruck Tourismus | Jonas Schwarzwälder Photography

Con la llegada del buen tiempo apetece descubrir la cara más agradable y amable de Innsbruck, convirtiéndose en alternativa perfecta a ciudades más concurridas. Su estratégica situación geográfica en Centroeuropa y a poco más de dos horas y media de Madrid hacen de la ciudad austriaca un interesante destino para el turista europeo.

Situada en el valle del río Eno, río Inn en lengua romance occidental, se encuentra rodeada de altas montañas que superan los 2.000 metros de altitud. Innsbruck fue una de las ciudades imperiales de la casa de Habsburg, convirtiéndose en ciudad a principios del siglo XIII y suplantando a Merano (Italia) como capital del Tirol en 1420.  

Precisamente, las altas montañas que mencionamos anteriormente son lo primero que sorprende cuando llegamos a la ciudad. Así como las pintorescas casas de colores de los comerciantes a la otra orilla de las aguas del río que le da nombre, las calles empedradas, sus numerosos museos…  

La historia de la ciudad está ligada a grandes nombres como Philippine Welser, hija del gran burgués de Augsburgo y esposa de Fernando II, archiduque de Austria y conde de Tirol e hijo del emperador Fernando I o Andreas Hofer, posadero y patriota tirolés e instigador de la rebelión de los montañeses tiroleses contra Baviera y el imperialismo bonapartista. No podemos olvidar a Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, la personalidad más conocida y el que dotó a la ciudad del rico patrimonio que en la actualidad adorna sus calles y plazas. 

Casas de los Comerciantes a orillas del río Inn

Las joyas culturales de Innsbruck

El Tejadillo Dorado con dos mil seiscientas cincuenta y siete tejas de cobre dorado con su decoración de frescos y relieves está en el casco antiguo y fue el emperador Maximiliano I quien lo mandó construir entre 1497 y 1500 como regalo de boda a su segunda esposa, Bianca María Sforza. Probablemente a ella le hubiera gustado más alguna valiosa joya. Ahora es uno de los grandes símbolos de la ciudad. Los dieciocho relieves, artísticamente tallados en piedra arenisca fueron sustituidos en 1952 por copias, pudiéndose admirar seis de esos relieves en el Museo del Tejadillo de Oro. Este espacio muestra de forma animada y con elementos interactivos la historia de este edificio único y de su constructor, el emperador Maximiliano I, así como la transición de la Edad Media a los tiempos modernos.

Otro de los monumentos de la ciudad que no debemos dejar de visitar es el Arco del Triunfo, en el que se narra un momento feliz y otro triste. Construido con roca arcaica de Innsbruck, conocida como Höttinger Brekzie y extraída de unas minas próximas a la ciudad, fue el deseo de la emperatriz María Teresa para conmemorar la boda de su hijo el archiduque Leopoldo con María Ludovica de Borbón en el año 1765. El enlace, que se celebró por todo lo alto el 4 de agosto, contó con dos mil invitados, en realidad meros espectadores pues no participaron en el banquete de boda, y los actos se llevaron a cabo a lo largo de dos semanas durante las cuales hubo opulentos banquetes, conciertos de ópera y grandes fiestas. Este momento de felicidad se narra en la cara sur del monumento. Pero a lo largo de los festejos se produjo la trágica y repentina muerte de su esposo, el emperador Francisco I, hecho que sumió a la emperatriz en un profundo duelo, ordenando convertir la cámara donde falleció en una capilla. Hecho luctuoso que se cuenta en la cara norte.

Arco del Triunfo

El Museo Tirol Panorama muestra la lucha de Innsbruck por lograr su independencia. En 1806 Napoleón conquista Innsbruck y tres años después Andreas Hofer, un posadero de cuarenta años organiza milicias populares y da comienzo a la insurrección. La señal de levantamiento consistió en un curioso método: arrojar al río Inn sacos de serrín con mensajes sobre la insurrección que la corriente arrastraba por los pueblos, para que nadie pudiera interceptar un correo comprometedor enviado por tierra; a continuación, las campanas convocaban a los milicianos con sus armas o incluso sus herramientas de labranza. 

En el museo se puede admirar una minuciosa pintura panorámica gigante de 1.000 m², que ofrece una visión de 360 grados de las encarnizadas batallas de los luchadores por la independencia tirolesa contra los ejércitos bávaros y franceses. La pintura data del año 1896 y documenta con gran detalle las facetas que abarcan el “Mito Tirol”, mostrando paisajes y personajes, el deseo de libertad y las luchas por conseguirla, así como el estrecho vínculo con la religión y con Dios.

Por otra parte, el Museo de los Cazadores Imperiales expone una amplia documentación de la historia militar del Tirol de los siglos XVIII al XX que complementa los dramáticos acontecimientos que tuvieron lugar en la montaña de Bergisel, así como la evolución del antiguo ejército austriaco y de los cazadores imperiales del siglo XIX. Este espacio expositivo se completa con “Europaraum”, un espacio interactivo que nos acerca a la situación actual del Tirol dentro de Europa.

En el Palacio Imperial la historia del Tirol cobra vida. Construido en el año 1500 bajo el reinado del emperador Maximiliano I contaba con un patio interior de estilo gótico tardío, la torre de los escudos “Wappenturm”, las grandes estancias para las mujeres, conocidas como “Frauenzimmer”, una gran sala de recepción con arcos y pilares, ahora llamada bodega gótica, la sala donde se guardaban los trofeos de caza del emperador, una cámara de tesoros y una sala de fiesta con representaciones de Hércules. Además, delante del Palacio Imperial se encontraba la pista de carreras, donde el Maximiliano I, entusiasta deportista y cazador, celebraba torneos y otras competiciones.

Doscientos cincuenta y dos años después la emperatriz María Teresa lo consideró desfasado por lo que ordenó una amplia remodelación y actualización del edificio en estilo gótico tardío vienés. Contó para ello con los mejores artistas de Innsbruck: Kontantin van Meytens y sus discípulos, y Franz Anton Maulbert. Estas obras se vieron interrumpidas por la Guerra de los Siete Años y no fueron terminadas hasta los años setenta del siglo XVIII.

Posteriormente, en siglo XIX, fue el archiduque Carlos Luis de Austria quién ordenó la renovación de los apartamentos privados para su suegra la emperatriz Elisabeth, conocida como Sisi. Los muebles fueron encargados al artista de la corte de Viena August La Vigne, siendo las estancias de estilo rococó decoradas con exquisitas telas de diferentes colores.

Cincuenta años antes de la construcción del Tejadillo de Oro se levantó la Torre de la Ciudad, símbolo del casco antiguo de Innsbruck. Situada al lado del antiguo Ayuntamiento, sirvió durante casi cuatrocientos cincuenta años como puesto de vigilancia desde el que se avisaba de incendios y otros peligros a los que pudiese verse expuesta la ciudad, mientras que las dependencias de las plantas inferiores servían de prisión. Los ciento treinta y tres escalones que salvan los treinta y un metros de altura que hay hasta el mirador de la torre nos acercan a inolvidables vistas del casco histórico, de la montaña de Bergisel, de Patscherkofel -la montaña local-, del río Inn y de la cordillera Nordkette, convirtiéndolo en uno de los monumentos más populares de la ciudad.

Construida en 1553 por el emperador Fernando, la iglesia de la Corte conserva el monumento fúnebre de Maximiliano I, aunque el emperador finalmente fue enterrado en la ciudad de Wiener Neustadt. Lo que sí encontramos en este templo es a los “hombre de negro”, veintiocho figuras –ocho de ellas de mujeres- que guardan el monumento fúnebre del emperador Maximiliano I. Pero ¿quiénes eran estos personajes que debían proteger el sueño eterno de Maximiliano? El emperador los eligió entre miembros distinguidos de sus familias que habían destacado por sus virtudes y hechos heroicos, incluidas sus dos esposas, María de Borgoña y María Sforza; sin olvidarse de otros importantes personajes de la historia europea como el archiduque Sigmund, el rey Fernando de Portugal o el rey Arturo. Aquí también reposan los restos de los recordados luchadores por la libertad, Andreas Hofer, Josef Speckbacher, Joachim Haspinger y Kajetan Sweth.

Iglesia de la Corte. Estatuas conocidas como Hombres de negro

En el interior destacan además la Capilla de Plata donde descansan otros dos importantes personajes de la historia de Innsbruck, el archiduque Fernando II y su esposa, Philippine Welser. Y dominando este espacio, el altar de plata con una estatua de la virgen obra del maestro Gioavanni Lucchese.

Cuenta además con dos interesantes órganos, el conocido como la “antigua Schwalbennestorgel”, construido hace casi quinientos años por Jörg Evert y considerado el órgano renacentista más grande y mejor conservado de Austria y otro posterior que data del año 1900, obra de Hans Mauracher.

Acabamos este repaso por el patrimonio monumental e histórico de Innsbruck en el castillo de Ambras, considerado el museo más antiguo del mundo. Si Maximiliano I regaló a su esposa Blanca María Sforza un tejadillo dorado, el nieto Fernando II no quiso ser menos y le hizo entrega a su mujer Philippine Welser de este magnífico castillo. A la muerte de la “Bella Welserin” filipina, Fernando recuperó el castillo convirtiéndolo en una Cámara de Arte y Curiosidades donde exhibía sus colecciones que atraían la mirada curiosa hacia los objetos de cristal, plata y vidrio, así como armaduras, armas, pinturas y otros objetos naturales raros y tesoros exóticos. Además de este singular museo se pueden visitar la armería, la Sala Española, el baño original de Philippine Welser, la colección de vidrio Strasser, la Galería de Retratos de los Augsburgo, esta última abierta solamente los meses de verano y las impresionantes exposiciones especiales. Lo que fue un regalo de amor del archiduque Fernando II a la hija de un comerciante de Augsburgo, es uno de los monumentos más bellos e importantes de Austria y uno de los principales destinos turísticos del Tirol.

Cuatro propuestas para hacer en Innsbruck

El Mirador Hafelekar, el más espectacular de Innsbruck, está situado en la cordillera Nordkette, a dos mil trescientos metros de altura y dentro de los límites de la ciudad. A la “cima de Innsbruck” se accede desde el casco urbano tomando los funiculares de Nordkettenbahnen, que incluyen el Hungerburgbahn, el Seegrubenbahn y el Hafelekarbahn. Con un diseño arquitectónico excepcional, sobre todo el primero que, al igual que el salto de esquí de Bergisel, fue diseñado por el renombrado arquitecto iraquí-británico Zaha Hadid inspirándose en los paisajes de nieve y hielo de la región. El trayecto hasta la cima dura unos treinta minutos. Con la capital de los Alpes, que se extiende majestuosa a nuestros pies, y el parque natural de Karwendel a nuestra espalda, la cordillera es ideal para la práctica de esquí, snowboard, freeride, senderismo, escalada, o simplemente para disfrutar del mundo alpino mientras degustamos un delicioso picnic que se puede adquirir en el propio mirador.

El mítico y televisivo Trampolín olímpico de saltos de esquí de Bergisel, que se encuentra al sur de la ciudad, congrega durante el invierno a miles de aficionados que vibran con las competiciones que aquí tienen lugar. Considerado el trampolín de saltos más moderno del mundo, también en verano tiene un atractivo especial pues es elegido por muchos atletas para entrenar con la mente puesta en el siguiente invierno. El trampolín, convertido en otro de los símbolos de la ciudad y atracción arquitectónica, es de visita obligada para admirar la vista panorámica de 360 grados de las montañas que rodean la ciudad mientras disfrutamos del café-restaurante situado en la torre, que se encuentra a cuarenta y siete metros de altura. Este hito arquitectónico, que es una de las muchas opciones que ofrece la Tarjeta “Innsbruck Card”. regala una singular imagen desde la ciudad a través del Arco del Triunfo.

Trampolin Olímpico de Bergisel

Otra interesante propuesta que nos hace la capital de los Alpes es una escapada al campo para descubrir el altiplano de Mieming. Una fácil ruta de senderismo nos acercará a los verdes campos, tan característicos de los Alpes, con la Cordillera Mieminger como telón de fondo. Merece la pena hacer una parada en el restaurante Stöttlalm, enclavado sobre un valle de película.

A unos veinte kilómetros de la ciudad se encuentran los Mundos de Cristal de Swarovski que albergan una rica colección de objetos únicos alojados en dieciocho “Cámaras de las Maravillas”. En los jardines destaca el Carrusel, una magnífica instalación interactiva adornada con quince millones de cristales Swarovski creada por el diseñador español Jaime Hayón.  

Mundos de Cristal de Swarovski. Caballo de cristal de Andre Heller

Cuando se viaja es imprescindible adentrarse en la cultura local y en Austria es obligado probar un schnap, palabra que deriva del alemán: “tragar” y con la que se designa en las regiones germanófonas cualquier tipo de aguardiente. Los schnap son deliciosos destilados con una tasa de alcohol cercana al 40% y elaborados 100% con fruta pura de sus propios campos, fermentados naturalmente y destilados dos veces. Para poder disfrutarlos es necesario concertar cita, y se pueden degustar acompañados de una deliciosa comida.

De compras, gastronomía y donde alojarse en Innsbruck

Innsbruck cuenta con una variada oferta de tiendas y boutiques únicas repartidas por su casco histórico y por la animada Maria-Theresien-Strasse. Los centros comerciales Kaufhaus Tyrol y RathausGalerien en la ciudad y CYTA de Völs y el Inntalcenter de Telfs, fuera de Innsbruck, cuentan con una amplia gama de tiendas. Mientras que los mejores alimentos y productos regionales se pueden adquirir en los numerosos mercados de agricultores de Innsbruck y en sus alrededores. 

La diversidad culinaria de la región de Innsbruck se percibe en las propuestas sugeridas que van desde platos regionales e internacionales, pasando por elaboraciones más modestas, y alta cocina o vegetarianos y veganos. Mientras que en las zonas de montaña y en las posadas se sirven delicias tradicionales, en los restaurantes más vanguardistas los reyes son los exclusivos menús que maridan a la perfección con los vinos más deliciosos.  

Apfelstrudel, postre típico tirolés

Algunos restaurantes muy recomendables son Mariatheresia, situado en la calle del mismo nombre y una buena opción para probar la cocina local, como el Tiroler Gröstel o las Spinatknödel… y de postre Apfelstrudel. Y durante o después de la comida no debemos dejar de probar alguno de sus excelentes cócteles. En el casco antiguo de la ciudad encontramos Weisses Rössl, el restaurante más antiguo de Innsbruck, como atestiguan sus vigas de madera que datan de 1292. Especializado en excelente cocina tirolesa que se puede disfrutar en su deliciosa terraza. Y fuera de la ciudad, Stöttlalm, cocina tradicional en este refugio alpino rodeado del impresionante paisaje montañoso de la meseta Mieminger, con vistas únicas al valle del Inn. Con el chef Thomas al mando su propuesta tiene como base la calidad de sus productos que en su mayoría provienen de proveedores de la región. 

Restaurante Stöttlalm en Wildermieming

Hoteles de moda, una casa tradicional en el campo o un práctico y económico hotel, la búsqueda de alojamiento en Innsbruck resulta muy fácil gracias a la variada oferta que ofrece al visitante y, además, adaptados a todos los gustos y capacidad económica. Y si viajamos sin coche, lo recomendable es alojarse en alguno de los establecimientos asociados a la Welcome Card, con la que los huéspedes cuentan con servicio de transporte público gratuito. 

A tan sólo diez minutos del casco antiguo y en el acogedor barrio de Wilten, se encuentra el Hotel Nala. En este hotel urbano que marca tendencia y donde han sabido conservar la historia del establecimiento hotelero original que data de la década de los 50 del siglo pasado, todas y cada una de sus cincuenta y siete habitaciones son únicas. 

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Texto: Anel Fernández
Fotografías: Anel Fernández | Innsbruck Tourismus | Jonas Schwarzwälder Photography