LA MAGIA DE ARRIBES DEL DUERO

La voz de un paisaje singular

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación

Suena la fuerza de la naturaleza desde los rincones escondidos, aquellos que conservan el encanto prístino en dura pugna con la belleza absoluta que derrocha este Espacio Natural, único en la Península Ibérica.

El oeste de la provincia de Salamanca está dibujado por el río Duero que, encajonado en cañones que llegan a alcanzar los doscientos metros de profundidad, define la frontera con Portugal en un territorio granítico con climatología claramente atlántica y lleno de rincones únicos, cascadas espectaculares y una biodiversidad desbordante.

El suave clima exento de heladas y de temperaturas extremas favorecen la proliferación de plantas de todo tipo, desde viñedos hasta olivos, pasando por naranjos, encinas, alcornoques o quejigos, entre otros.

Este ecosistema generoso también favorece el rico patrimonio faunístico, por lo que resulta fácil contemplar el vuelo del buitre leonado y las águilas, la esquiva cigüeña negra o búho real, sin olvidar a los muchos mamíferos, anfibios y peces que dan valor al Parque Natural Arribes del Duero.

Nada eclipsa el asombro que despierta este maravilloso ecosistema, pero más allá de lo evidente hay muchos rincones que cautivan con su explosión natural y en años como este, en el que el clima ha sigo generoso en lluvias, el espectáculo sonoro y visual cobra una dimensión especial. A él queremos rendir un homenaje con esta selección de las cascadas que más han atrapado nuestros sentidos.

Pozo de los Humos

”Es una de las hermosas caídas de agua, ésta que puede verse entre aquellos adustos tajos. Divídese la cascada mayor en dos cuerpos, debido al saliente de la roca, y va a perderse en un remanso de donde surge el vapor de agua pulverizada por el golpe, que le ha valido al paraje el nombre de los Humos… ¡los siglos de los siglos que habrá necesitado el agua para excavar tales tajos y reducir semejantes cascadas!”. Así describió Unamuno, tras su segunda visita a este maravilloso rincón, este espectáculo natural en su obra “Por tierras de España y Portugal”.

Es el río Uces, en su alocado viaje en busca del Duero, el que se encuentra con el vertiginoso corte producido por una falla geológica, precipitando el curso del agua en una caída de más de cincuenta metros. De manera casi caprichosa, se escenifica una de las más bellas estampas de nuestro país, justo entre las localidades de Masueco y Pereña de la Ribera.

Pozo Airón

El arroyo de los Cuernos, muy cerca ya del punto en el que entrega sus aguas al Duero, salva un desnivel de alrededor de veinte metros de manera escalonada en un entorno entrañable, en cuyo fondo la erosión ha excavado una cueva desde la que se puede ver la cascada por detrás. De ahí le viene el nombre de Airón, deidad prerromana relacionada con el inframundo poseedora de una doble cara; por un lado, era el dios del agua, la naturaleza y la vida y por otro lado era el dios de la muerte. Pero esto es mitología y lo que hoy representa este rincón salmantino es un ecosistema en estado puro y un derroche de belleza.

El agradable camino hasta aquí desde Pereña de la Ribera, en el corazón del Parque Natural de Arribes del Duero, discurre por un marco de alto valor paisajístico, donde cada estación del año tiene sus propios colores y aromas. Eso sí, frecuentemente bajo la atenta mirada de las decenas de buitres leonados que dominan el cielo.

Cascada de Piñero

Aunque menos conocida que las anteriores y más modesta en su aporte hídrico, su cascada de quince metros de caída recrea un rincón propio de cuento de hadas, al que sigue el juego plástico de otros ocho metros en los que el agua juguetea entra las rocas de gratino.

Tan mágico es el lugar que hasta tiene su propia cueva. Por un sendero de rocas, en el que las gotas de agua en suspensión y el sonido del arroyo al estrellarse contra el lecho del cortado son capaces de recrear momentos de ensoñación, se accede a la oquedad que hay justo detrás de la cascada, pudiendo disfrutar de la cortina de agua como bambalinas que enmarcan el hermoso valle por el que discurre el cauce.

Llegar hasta aquí, tanto desde Masueco como desde Corporario, entre olivares, jarales o encinares, es un espectáculo de biodiversidad realmente genuino que actúa de telonero del festival sensorial que está por comenzar.

Cascada del Remolino o de Rupurupay

Transitando desde Aldeadávila de la Ribera por uno de los senderos que antaño usaban los contrabandistas en sus correrías con el vecino Portugal, en un balcón natural de espectaculares vistas del cañón del Duero, se abre paso el arroyo de Valdelosmaderos en forma de cascada con una veintena de metros de caída.

Además de la indiscutible belleza de este escondite natural y del altísimo valor ecológico, las magníficas panorámicas de la obra escultórica que el Duero ha tallado durante miles de años, formando algunos de los tajos más profundos del parque natural, forman un conjunto se sensaciones imposibles de olvidar, en el que se entremezcla la ensoñación de otros tiempos cuando las gentes se jugaban la vida cruzando el gran río para ganarse el sustento.

El Desgaldadero

Sin duda la más desconocida del Parque Natural Arribes del Duero, a pesar de sus más de sesenta metros de caída acariciando la roca y de la espectacularidad del paraje.

Gracias al aporte del arroyo de la Ribera de Villarino que en este caso buscan desembocar en el río Tormes, las aguas se precipitan en pequeños saltos ladera abajo en un maravillo juego de formas y sonidos que se funden en la frondosidad del bosque mediterráneo.

La belleza incontestable del marco natural de la cascada, como recompensa final del camino, se ve valorizada por la bucólica senda de acceso a la que se llega desde Villarino de los Aires. Un remanso de paz que se enriquece con los restos de antiguas construcciones como los corrales de Guasalvas y chozos de piedra, testigos de otros tiempos dedicados a la ganadería y a la agricultura.

Cachón de Camaces

Como un capricho dentro de las singularidades del Parque Natural Arribes del Duero, esta cascada de alrededor de cincuenta metros prefiere estar casi oculta entre bloques de granito, como si quisiera preservar su belleza a los ojos de los curiosos, algo difícil de conseguir en las épocas de mayor caudal por el atronador sonido del agua al precipitarse.

Antes de entregar sus aguas al río Huebra, el Camaces salva un importante desnivel en el municipio de Hinojosa de Duero, visible desde el mirador que hay junto a la carretera que comunica Saucelle y Lumbrales por el puerto de La Molinera.

Cachón de la Diabla

Cuenta la tradición que el nombre de este bello y desconocido paraje salmantino le viene por ser el lugar en el que una loba criaba sus camadas.

El curso del río Morgáez de reminiscencias molineras, afluente del Águeda y muy cerca de la localidad de Sobradillo da vida a un singular marco natural lleno de serenidad y belleza. Entre un bosque de ribera el río se desliza plácidamente hasta llegar a lo que en geología se conoce como marmita gigante para describir una gran poza de piedra, justo antes de lanzarse a una corta, pero hermosa, caída serpenteando las rocas.

Culturalmente, el río Morgáez significó el marco de una importante tradición harinera, llegando a contabilizar ya en el siglo XIX nueve molinos que prestaban sus servicios a las localidades cercanas de España y Portugal, lo que habla ya de intercambios económicos y de compartir modos de vida.

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación