LAS ISLAS DE TAHITI

El rincón deseado por Venus

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: KMH Media Production | Tahití Tourisme | Grégoire Le Bacon | Myles McGuinness | Hélène Havard | Steve Dickinson | Hino Itaru | Lei Tao | Holger Leue | Michael Runkel | Alikaphoto

En medio del océano Pacífico, sobre arrecifes de coral se asienta el edén que cautivó a navegantes y exploradores, a pintores y escritores y a científicos como los que acompañaron al capitán James Cook en el siglo XVIII para observar el tránsito de Venus delante del Sol. El lugar soñado por cualquier dios, como ya dijo Louis Antoine de Bougainville.

Con uno de los ecosistemas más diversos del planeta, las Islas de Tahití ofrecen la experiencia de varios continentes en un mismo destino.

El paraíso existe y está aquí como máximo exponente de todo lo que se puede soñar. Con un clima cálido durante todo el año, una tradición cultural excelentemente preservada y una biodiversidad fascinantemente protagonizada por arrecifes de coral, por su exuberante vegetación tropical y por unas aguas con todas las tonalidades azules posibles, este rincón de la Polinesia recibe siempre al viajero con la fragancia de sus flores y la hospitalidad de sus habitantes para imbuirle del espíritu local, invitándole a disfrutar de su paz, de su generosa naturaleza que se extiende desde los fondos marinos hasta los picos volcánicos y de su rica y variada gastronomía.

El interior de las Las Islas de Tahití es igualmente hermoso

El destino es conocido mundialmente por sus playas de arena blanca, sus lagunas turquesas y paisajes de ensueño, pero además cuenta con una infraestructura turística envidiable con hoteles de lujo con bungalows sobre el agua, villas, pequeños hoteles familiares, alquileres vacacionales, o incluso yates, catamaranes, y cruceros.

Esa mágica atmósfera hace que las Islas de Tahití están todas unidas por el Mana, esa energía vital y esa fuerza espiritual que rodea la vida cotidiana de los polinesios envolviendo todo en un aura mística, una sensación que puede sentirse y tocarse, justificando así el sobrenombre de las Islas del Mana.

El océano como fuerza inspiradora

La relación de los tahitianos con el mar es de auténtico respeto, ya que para ellos representa el ciclo completo de la vida. La preservación del entorno marino y la diversidad de especies hacen del destino un lugar ideal para la práctica de deportes acuáticos. Cada isla o atolón ofrece vistas espectaculares bajo el agua.

Sin duda alguna, uno de los principales activos naturales y una de las maravillas de Tahití con los arrecifes de coral, esenciales para el equilibrio de natural de los fondos marinos, en los que habitan más de mil especies de peces y ciento cincuenta de coral.

Corales, tiburones y peces multicolores dan vida a los mares de Tahití

Gracias a ellos se han formado fantásticas lagunas alrededor de islas como Bora Bora, Moorea, Taha’a o Raiatea y un poco más lejos Rangiroa, el segundo atolón coralino más grande del mundo. La isla de Fakarava es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO por el incalculable valor de su biosfera, pero en cualquier de ellas la práctica respetuosa del buceo es una experiencia transformadora e imposible de olvidar.

Fakarava es el segundo mayor atolón de la Polinesia Francesa, declarado Reserva de la Biosfera de la UNESCO por su biodiversidad. Sus corales fosforescentes y sus cálidas aguas hacen que sea un lugar ideal para contemplar sus bancos de peces y sus famosos “muros de tiburones”, llamados así por la cantidad de especies que pueden distinguirse en el mismo enclave. Si bien en las Islas de Tahití existen más de veinte variedades de tiburones, aquí destacan los denominados “grises de arrecife”, el célebre “tiburón punta negra”, el “cazón negrudo” y el “pez martillo”.

Imagen aérea de la isla de Bora Bora

Las playas de Tikehau son de una belleza excepcional. Su arena de color rosa brillante, en contraste con el turquesa del mar convierten a la isla en una de las más fotogénicas. Los relajantes almuerzos en un “motu” (islote) son otra de las actividades más demandadas. Huahine, Taha’a o Maupiti son algunos de los enclaves ideales para un día de picnic en compañía de un delicioso poisson cru (pescado crudo marinado en leche de coco) y un refrescante zumo de coco, sentados en una mesa con los pies sumergidos en sus trasparentes y templadas aguas.
 Además, el piragüismo, el esnórquel y el paddling son otras de las muchas propuestas, aunque la mejor experiencia para disfrutar de las olas es el surf, pues la ola más potente del mundo se encuentra en la parte sur de las islas. La ola de Teahupo’o no es la más grande y rara vez sobrepasa los diez metros de altura, pero supone el mayor reto para los aficionados y profesionales por su fuerza y la baja profundidad del arrecife de coral sobre el que se forma.

Férreo compromiso con el ecoturismo

Desde sus inicios, la apuesta de las Islas de Tahití por el turismo sostenible y el slow tourism se ha ido afianzando a través de las prácticas que se realizan para proteger la flora y fauna que convive con la comunidad local. De hecho, la Polinesia Francesa ha sido reconocida como el mayor santuario marino del mundo desde 2002. El tupuna, antepasados de la gente mā’ohi, fueron los pioneros en la protección y preservación del medio ambiente natural con la aplicación del rāhui, una prohibición temporal impuesta en su día por los jefes de clan para explotar un territorio concreto o incluso de recolectar determinadas especies durante un periodo de tiempo determinado. Así, plantar un coral en Moorea o Bora Bora, acudir a un Centro de Rehabilitación de Tortugas o realizar una visita al ‘Arioi Center’ para descubrir las huellas de generaciones pasadas, son iniciativas que promueven el turismo responsable.

Una tradición artesanal única en el mundo

La inspiración artística de las Islas de Tahití aguarda en cada rincón, algo palpable en las galerías de arte y en las tiendas de curiosidades en las que se ofrecen las piezas de artesanía más extraordinarias. La perla de Tahití es la protagonista, una joya distintiva y popular cultivada con exclusividad en las lagunas polinesias y trabajada después por diseñadores locales que combinan el nácar y otros materiales naturales para crear piezas únicas.

Entre los objetos más deseados, el pareo con motivos florales utilizado por hombres y mujeres para las celebraciones se ha convertido en uno de los símbolos de Las Islas de Tahití, además de utilizarse como objeto de decoración.

Confección de tifaifai en Raivavae

Otro testimonio de la enorme riqueza cultural es la cestería, una práctica ancestral que consiste en tejer hojas de pandanus para fabricar cestas, esteras y sombreros.

La belleza de las Islas de Tahití deja huella y dispara la creatividad del visitante. Este fue el caso del pintor Gauguin que dedicó una serie de obras maestras a este paraíso como “Mujeres de Tahití” o “Ia Orana María”.

Cada archipiélago tiene sus propias especialidades, como el aceite de monoi y el pareo pintado a mano de las islas de la Sociedad; las joyas y objetos decorativos hechos de nácar y concha de las islas Tuamotu y Gambier; la tapa y la escultura en madera, piedra y hueso de las islas Marquesas; la cestería y el tīfaifai (patchwork local) de las islas Australes.

Tesoros tropicales para el paladar

Rodeados de paisajes de ensueño, se puede disfrutar de otra forma de inmersión cultural a través de los deliciosos sabores de la cocina tradicional tahitiana, en la que se aprecian influencias de las gastronomías china y francesa. Entre sus especialidades destacan los deliciosos entrantes de chevrettes (gambas de agua dulce de la Polinesia), seguido de platos guisados en el horno tradicional denominado ahimā’a. El pescado también tiene protagonismo, siendo la receta de “pescado crudo a la tahitiana” esencial en cualquier recorrido gastronómico.

Cada archipiélago tiene sus propias especialidades, como el mahimahi (besugo o lampuga) con salsa de vainilla en las islas de la Sociedad; el korori (músculo aductor de la ostra perla) o el pāhua (sopa) con leche de coco y zumo de limón en las islas Tuamotu y Gambier; el queso de cabra al curry en las islas Marquesas y la vid remu (alga comestible) en las islas Australes son otras delicias imprescindibles.

“Poisson crue” o pescado crudo, plato típico de la gastronomía tahitiana

La gastronomía tahitiana destaca también por su enorme variedad de frutas, entre las que destacan distintos tipos de plátanos, papayas, mangos y piñas. También hay productos y experiencias locales atípicas, como el vino local producido en el único viñedo del Pacífico situado en la isla de Rangiroa. Cosechado por primera vez en el año 2000, en este atolón se encuentra el único viñedo del mundo ubicado sobre un motu en medio de una laguna, donde se producen magníficos vinos blancos y rosados con un sabor especial debido a sus uvas únicas.

Además, Rangiroa cuenta con varias hectáreas de caña de azúcar que se destinan a la producción de un fino ron orgánico blanco, una delicia para cualquier paladar.

Purificarse caminando sobre brasas

Los polinesios han preservado el legado de sus antepasados ma’ohi, quienes les transmitieron infinidad de leyendas sobre dioses, hombres y guerreros, dando lugar a múltiples manifestaciones culturales donde la música, la danza y el arte siguen siendo los protagonistas.

Uno de los más emblemáticos de esta cultura milenaria es Umu ti, un ritual consistente en caminar sobre brasas y piedras volcánicas con la finalidad de conseguir protección durante el matari’i raro, es decir, la época de sequía que venía asociada a terribles hambrunas.

Sin embargo, hoy en día su celebración tiene un carácter simbólico en el que todos los asistentes son invitados a participar. La caminata sobre las brasas no solo supone un acto de coraje y valentía, sino que depura el alma y el cuerpo, conectándolos con el Mana de Las Islas de Tahití.

Desde hace más de sesenta años, la celebración de Umu tí marca el inicio del tradicional festival Heiva i Tahití, un colorido acontecimiento en la que cantos, música y bailes tradicionales inundan cada rincón.

El ritual Umu ti conecta con el Mana de Las Islas de Tahití

Al igual que ahora, la ceremonia era supervisada por el tahua (gran sacerdote), dando comienzo con la preparación del ahimā’a (horno). Sin embargo, en la antigüedad horneaban tubérculos con el fin de preservarlos para enfrentar los meses difíciles que se avecinaban. A este paso, le precedía la caminata sobre las brasas. Su objeto era verificar la presencia de los dioses durante el ritual. Si el tahua lograba resistir el calor de las piedras, significaba que los dioses le habían concedido el Mana necesario para cocinar el Tī y, por tanto, garantizarían su conservación durante los meses de sequía.

El rito está orquestado por un tahua (gran sacerdote), quien permanece aislado en la montaña durante un tiempo con el objetivo de preparase espiritualmente. Tras ello, supervisa la puesta en funcionamiento de un ahimā’a, un horno tradicional tahitiano excavado en la tierra. Este horno se llena de madera seca, cocoteros y piedras volcánicas y arde durante uno o dos días, hasta que las piedras están al rojo vivo. Tras una serie de oraciones, cánticos y bailes tradicionales para santificar el rito y el espacio, el tahua invita a los presentes a caminar sobre las piedras como un acto de purificación del alma y del cuerpo. La caminata sobre las brasas es precedida por una danza, seguida de la bendición de las piedras que se barren con hojas de auti, una planta sagrada a la que la cultura ma´ohi atribuye poderes mágicos.

El Umu tí, además de un acto de purificación, es un evento de diversión con música y comida tradicional polinesia que marca el inicio del Heiva i Tahití. Los asistentes podrán disfrutar también de la danza tradicional tahitiana Ori Tahiti, con sus típicos trajes vegetales y vibrar al ritmo de los cantos, los tambores y el sonido de las caracolas.

El patrimonio inmaterial a ritmo de música y baile

La cultura, uno de los pilares de Las Islas de Tahití, se manifiesta frecuentemente en la música y el baile. Ejemplo de esto es el Heiva i Tahití, un reconocido evento que viene celebrándose desde 1881 durante el mes de julio en la ciudad de Papeete. Este festival es uno de los más antiguos del mundo y renace con el objetivo de reforzar la tradición de los archipiélagos.

El origen del nombre Heiva (hei, reunirse y va, comunidad) desvela su propósito: juntar a la comunidad tahitiana alrededor de su enorme patrimonio cultural, consolidándose en un escaparate vibrante a través de competiciones de danza y música.

Ori Tahiti, danza tradicional tahitiana

Gracias a las representaciones de artistas tahitianos que actúan con vestimentas adornadas de materiales naturales como plumas, conchas y fibras, se celebran las leyendas, la historia y el estilo de vida que los habitantes de Tahití han transmitido de generación en generación. Además de esto, el festival ofrece competiciones deportivas como carreras de canoas tradicionales y pruebas populares como el levantamiento de piedras.

Heiva i Tahití se nutre de significado con los sonidos a partir de instrumentos como los tambores, acompañados de cánticos y melodías, además de poner en valor la artesanía con concursos y exposiciones de tatuajes o tejidos.

Las Islas de Tahití acogen a todo viajero con la promesa de un mundo feliz, casi en estado puro, en el que la paz gira en torno a la simplicidad de la vida y a la amabilidad de sus gentes.

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: KMH Media Production | Tahití Tourisme | Grégoire Le Bacon | Myles McGuinness | Hélène Havard | Steve Dickinson | Hino Itaru | Lei Tao | Holger Leue | Michael Runkel | Alikaphoto