OTOÑO MÁGICO

Emociones en el Valle del Ambroz

Texto: Jose Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación | Miguel Ángel Muñoz | Asociación para el Desarrollo Integral del Valle del Ambroz (DIVA) | Balneario Baños de Montemayor

En el extremo septentrional de la provincia de Cáceres, al abrigo de los fríos vientos del norte por cumbres que llegan a los dos mil metros, existe un rincón en el que la naturaleza es una fiesta eterna, un lugar de esos que siempre dejan ganas de volver. Cada estación del año regala estampas únicas, pero es el otoño el que transforma el escenario natural en un espectáculo genuino de colores, olores y sabores imposibles de olvidar y de sentir con cada recuerdo.

Las frescas y cristalinas aguas del río Ambroz, llegadas de cientos de arroyos y cascadas o chorros como les llaman aquí, dan vida a este particular edén lleno de contrastes, superando con creces todas las expectativas.

Pero si el medio natural es sorprendente por su generosidad extrema, no lo son menos sus valores culturales. Gracias a su estratégica situación geográfica como territorio de transición entre el suroeste peninsular y la meseta norte, aquí dejaron huella los pueblos celtas y vetones, los romanos o el pueblo judío, cuyos hitos han soportado el paso del tiempo y las convulsiones históricas, conservando así un legado etnográfico y patrimonial incontestable.

Recorrer las carreteras del Valle del Ambroz en otoño es una experiencia inolvidable

El Valle del Ambroz es la comarca más pequeña de la provincia de Cáceres, por lo que la belleza natural se concentra hasta límites insospechados; es el universo de los pequeños detalles. Llama poderosamente la atención como en tan poco espacio se pasa de altitudes que rondan los cuatrocientos metros en las zonas bajas de vega y de dehesa, donde crecen olivos, frutales, encinas y alcornoques, hasta los dos mil metros con una vegetación propia de la alta montaña. Entre una cota y la otra se extiende el reino de los castaños y los robles, poniendo el broche a una paleta cromática cambiante a lo largo del año en un escenario competitivo entre estaciones por ser la más hermosa.

El agua fluye alegre dibujando bellas estampas

El invierno transforma en melodías los silencios y el aire huele a hogar protector de las cimas nevadas, esas de las que la primavera tomará las aguas con las que pondrá en escena una explosión de colores y fragancias como un cántico a la vida que renace. Las semanas pasan y el verano invita el reencuentro, a impregnarse de la luz tamizada por las hojas de los árboles, a refrescarse en los cientos de piscinas naturales por las que corre el agua fresca y transparente y a disfrutar de atardeceres mágicos.

La fiesta de la naturaleza

La llegada del otoño es mucho más que otro festival de colores y de tentaciones para disfrutar de la naturaleza. El Otoño Mágico en el Valle del Ambroz, con un bagaje ya de veintisiete ediciones, se ha convertido en un referente turístico y cultural de primer orden gracias al esfuerzo y compromiso de las instituciones y de gentes de los ocho municipios que pueblan el valle. Como fruto de ese trabajo bien hecho cuenta ya con el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional, todo un hito nacional al ser la primera celebración que rinde homenaje a una estación hasta convertirla en un signo identitario. Según el Ministerio de Industria y Turismo esta merecida catalogación es debido a “la capacidad de transformar una estación del año en una fiesta de la naturaleza con vocación turística, medioambiental y de cohesión social de un territorio, además de valorizar el patrimonio cultural material e inmaterial”.

Cuando el bosque ya está preparado para la celebración, durante siete semanas se desarrolla una completa agenda de actividades y eventos repartidos cada fin de semana en un municipio diferente como rutas de senderismo temáticas o BTT, carreras por la montaña, raid de aventura, gastronomía, micología, astronomía, talleres, fotografía, mercados de artesanía, espectáculos audiovisuales, música, teatro o citas con un alto significado tradicional como la fiesta de la Trashumancia, entre un largo etcétera.

Actos en el Otoño Mágico. Desfile de fuego en Hervás

El Otoño Mágico en el Valle del Ambroz es la excusa perfecta para descubrir la capacidad de seducción de este rincón cacereño, para vivir en primera persona cómo es posible armonizar el contacto con una naturaleza especialmente generosa y bien conservada con un ambiente festivo que derrocha imaginación y en el que el aburrimiento no tiene cabida, pero nada masificado. Todo ello hace que cada instante sea especialmente placentero.

El Valle del Ambroz con sus más de doscientos kilómetros de senderos, es el universo de las rutas para sumergirse serenamente del medio natural y en su cara otoñal aportan una dimensión especial. Diseñadas pensando siempre en el máximo disfrute y para todos los públicos, muchas de ellas llevan consigo un componente cultural al acercarnos a ancestrales modos de vida como la ganadería y la trashumancia o a retazos de la historia singularmente genuinos.

Actos en el Otoño Mágico. Senderismo por los bosques del valle

Una de las más hermosas por la diversidad de paisajes que atraviesa, adquiriendo en otoño una gran riqueza cromática, es la senda de los Bosques del Ambroz. Con una distancia total de 24 kilómetros en sentido descendente y perfectamente señalizado con marcas blancas y amarillas, se puede recorrer en su totalidad o por tramos comenzando en las montañas que rodean La Garganta a más de mil metros de altitud. Siguiendo en dirección a Hervás por el camino histórico y el cordel de ganados, la senda nos dirige al fondo del valle atravesando frondosos bosques de robles, maravillosos castañares, praderas y bosques de ribera, hasta contemplar la plasticidad de los bancales de cerezos, olivos y ciruelos o la mágica estampa de la dehesa extremeña en las proximidades de Segura de Toro, la población más antigua de la comarca situada a seiscientos metros de altitud.

Ocho pueblos para perderse

Repartidos por el territorio de este genuino jardín, ocho municipios con orígenes muy heterogéneos nos hablan de su historia que en algunos casos es la de todos, como es el caso de Hervás o de Abadía y Baños de Montemayor y su vinculación con la romanización de la Península.

Abadía es uno de esos pueblos de origen incierto, aunque algunos restos encontrados parecen indicar su relación con una villa romana vinculada a la cercana e importantísima ciudad de Cáparra, por la que transitaba la Vía de la Plata. No será hasta el siglo XII cuando se tenga una referencia escrita al pasar a ser una abadía cisterciense. Un siglo más tarde, durante el reinado de Alfonso X El Sabio, se crea de manera estable el asentamiento actual del pueblo.

De aquel pasado ha llegado hasta nuestros días un aire monumental protagonizado por el palacio de Sotofermoso con su espléndido patio mudéjar y sus jardines renacentistas. Este complejo fue un importante centro cultural del Renacimiento y ente sus muros escribieron parte de su obra algunos literatos como Lope de Vega.

Muy cerca de aquí, Aldeanueva del Camino hace clara referencia a su origen como campamento romano situado en plena Vía de la Plata, la cual discurre por el centro del caserío salvando el cauce del río por un coqueto puente que conserva la cimentación romana.

Al recorrer sus calles observamos algunos interesantes ejemplos de arquitectura tradicional, así como una seña de identidad colgada en los balcones: racimos de pimentón secándose al sol, una tradición cuyo origen se pierde en el tiempo. De pronto, en una plaza se alza una monumental escultura obra de Ángel Duarte, uno de los pintores y escultores más interesantes del siglo XX nacido en Aldeanueva del Camino, cuyo reconocimiento cultural alcanzó cotas mundiales.

Por aquí discurre también un tramo de la Vía Verde-Camino Natural de la Plata siguiendo el trazado de la antigua vía del ferrocarril. Recorrer esta placentera senda por un paisaje cambiante entre el bosque de ribera y la dehesa extremeña nos regala rincones mágicos como el Pozo Hondo, una sutil cascada de aguas alocadas a la que se llega por una vereda flanqueada de piedras y musgo con tintes casi románticos. No muy lejos, en dirección sur, podemos admirar el buen estado en el que se conserva un tramo de la primitiva calzada romana entre pastos salpicados de encinas y alcornoques.

Puente de origen romano en Aldeanueva del Camino

Hervás es el centro neurálgico del valle. Sus orígenes se remontan al siglo X y según cuenta la tradición fue fundado por los templarios, aunque es su judería, una de las más hermosas del país, la que mantiene nítidas las señas de identidad de su pasado, conservando incluso la artesanía de entonces basada en la manufactura del cuero, la madera, la forja o el vidrio.

Recorriendo su casco viejo es imposible resistirse a la evocación emocionante de lo que fue y de lo que significo. Sus calles y rincones flanqueados por esplendidas casas tradicionales construidas con entramado de castaño y adobe son un ejercicio magistral de sabiduría. Mantenidas perfectamente durante siglos, pues aquí la conversión fue masiva evitando el éxodo sefardí y garantizando la pervivencia de su cultura, el serpentín de casas atrapa la mirada, sobre todo en la actual calle Rabilero, en cuyo número 19 se cree que estaba la sinagoga y en sus alrededores, provocando un auténtico viaje en el tiempo.

Barrio judío de Hervás

La aljama de Hervás está declarada Conjunto Histórico-Artístico y es uno de los barrios judíos mejor conservados, esforzándose incluso por homenajear su pasado judío dedicando una calle a la «amistad judeocristiana» y, sobre todo, con una recuperación y restauración extremadamente cuidada de ese casco viejo.

Todo el barrio medieval de Hervás, presidido por la iglesia renacentista de Santa María, está decorado con símbolos como la Estrella de David o menorás, que recuerdan permanentemente su pasado sefardí, pero quizá el momento más vistoso sea durante el Festival Los Conversos, que se celebra todos los años en los primeros días de julio con diversas actividades y una gran representación teatral sobre el momento histórico de la expulsión que tiene como inmejorable escenario la ribera del río Ambroz, en el límite del barrio medieval.

No podemos dejar Hervás sin probar la deliciosa repostería judía sabiamente recuperada, ni olvidarnos de una visita al Museo Pérez Comendador-Leroux, en cuyas salas del palacio Casa de los Dávila, disfrutaremos de buena parte de la producción escultórica de Enrique Pérez Comendador (Hervás, 1900-Madrid, 1981) y la pintura de su mujer, la pintora francesa Magdalena Leroux (París 1902- Madrid 1985).

Baños de Montemayor es otra localidad con un importante legado histórico. Situada en plena Vía de la Plata, de la que conserva dos grandes tramos perfectamente restaurados a la entrada y a la salida del pueblo, además del coqueto puente del Cubo, su origen se remonta a casi dos mil años. Con el tiempo, esta calzada paso a ser ruta de trashumancia y actualmente camino de peregrinación a Santiago, lo que ha contribuido a un importante enriquecimiento cultural.

Termas romanas del Balneario de Baños de Montemayor

La existencia de fuentes termales, cuyas aguas mineromedicinales brotan a 43 grados centígrados, justifico la construcción de las termas romanas que aún se conservan en uso en el balneario de Baños de Montemayor, donde también se pueden admirar una inscripción dedicada a las Ninfas Caparenses y dos miliarios procedentes de la Vía de la Plata pertenecientes a las épocas de los emperadores Trajano y Adriano, respectivamente. Esta cultura termal se ha mantenido viva durante siglos y una prueba de ellos es que el balneario primitivo, declarado Bien de Interés Cultural, se ha venido transformando y modernizando desde el siglo XIX hasta nuestros días. La construcción del nuevo balneario como complemento del antiguo ha significado la creación de uno de los complejos termales más modernos de España por las completas instalaciones y por el uso de las técnicas de hidroterapia más avanzadas, lo cual no impide que conserve el romanticismo del legendario enclave.

Paralelamente, Baños de Montemayor conserva buenas muestras de arquitectura religiosa y civil como casas solariegas y tradicionales, además de algunos ejemplos modernistas ligados a la actividad termal.

Dejamos atrás este enclave protagonizado por el agua para encarar la subida a las zonas altas de la sierra de Candelario, no sin antes hacer una parada en el Centro de Interpretación de la Molinería a la salida del pueblo. Enclavado en un paraje bucólico al que se llega tras un corto y agradable paseo, este molino del siglo XVIII conserva la maquinaria en funcionamiento movida por energía hidráulica, cuya labor didáctica se completa con recursos audiovisuales para comprender mejor todo lo relacionado con el cultivo de cereales y su posterior transformación.

La carretera que comunica con el pueblo de La Garganta es todo un espectáculo, tanto por lo cambiante del paisaje a medida que se gana altitud, por la frondosidad de los bosques de castaños, de robles, de abedules y de acebos en las cotas más altas, por las impresionantes panorámicas del valle o por el mosaico de colores otoñales que impregnan nuestra retina.

La Garganta desde el pozo de nieve

Superados los mil metros de altitud, La Garganta se asienta en un balcón natural con vistas a todo el valle, siendo uno de los mejores exponentes de la tradición ganadera y trashumante gracias a los cordeles de ganado y cañadas que discurrían por estos parajes. Fruto de este legado conserva algunos hitos etnográficos muy interesantes como el corral de los lobos utilizado antiguamente por los pastores para dar caza al principal depredador de sus rebaños. Hoy la relación con el lobo ha cambiado y en el Centro de Recepción de Visitantes El Lobo, ubicado en el centro del pueblo, se explica cómo ha sido esa convivencia a lo largo del tiempo y su importancia en el equilibrio de las especies.

Otro interesante testigo del modo de vida en las zonas más altas del Valle del Ambroz es el pozo de nieve situado por encima de los mil doscientos metros de altitud. Entre los siglos XIV y XIX la nieve fue un importante recurso económico, la cual era recogida y transportada en forma de grandes bolas hasta los pozos. Aquí se compactaba ya en forma de hielo y en función de la demanda se distribuía en las localidades próximas para la conservación de los alimentos.

Algunos testimonios de arquitectura popular bien conservada, las animadas romerías cargadas de tradición y las muchas posibilidades senderistas que ofrecen los alrededores hacen de La Garganta todo un referente cultural y turístico de obligada visita.

Dehesa cerca de Gargantilla

En el extremo opuesto del valle, rodeado de un hermoso paisaje de cultivos en terrazas donde crecen sus famosos cerezos y ciruelos, se localiza Gargantilla, un pequeño pueblo al que se llega desde Hervás por una bellísima carretera que serpentea entre uno de los más sugerentes bosques de castaños. Un escenario que en otoño se transforma en pura ensoñación.

En el centro del pueblo se conserva un pequeño rincón conocido como barrio Perché en el que se resiste a sucumbir una interesante muestra de arquitectura popular serrana, pero si lo que buscamos es el contacto con la naturaleza, desde Gargantilla se puede seguir el sendero Bosques del Ambroz o el camino de los carboneros que, partiendo de la piscina natural de la garganta de la Buitrera, comunica con el valle del a través del puerto de Honduras, ambos por parajes increíbles.

Continuando hacia el sur, inmersos ya en la hermosa dehesa extremeña, para conocer Segura de Toro, el que se cree que es el pueblo más antiguo del Valle del Ambroz. Todo apunta a un origen vetón, pueblo prerromano que habitaba estos territorios, pues se han encontrado importantes vestigios como un toro celta de gratino tallado, cuya réplica se expone en la plaza del pueblo, ya que el original, junto a la estela de un guerrero celta hallada también aquí, se encuentra en el Museo de las Veletas de Cáceres.

Plaza Mayor de Segura de Toro

Segura de Toro es uno de los pueblos mejor conservados, cuyas calles están flanqueadas por magníficas casas tradicionales de sillería y balconadas de madera, sin olvidarnos de su pasado templario representado por los restos del castillo y la muralla, así como de su iglesia renacentista.

Su situación geográfica en una de las laderas del macizo de Tras la Sierra lo convierten en un espectacular mirador del valle, desde donde se pueden disfrutar de maravillosas puestas de sol. Este entorno que se despliega ante nosotros guarda algunas fantásticas sorpresas como el castañar centenario del Temblar con ejemplares que alcanzan los ochocientos años o las piscinas naturales de la garganta Ancha.

Finalizamos, no sin cierta pena y con muchísimas ganas de volver, este ejercicio de ensoñación por el Valle del Ambroz en Casas del Monte, rodeado de campos de cerezos y olivos. De su pasado, vinculado principalmente a los vetones y a los romanos, quedan los restos de la villa romana de la Granjuela, así como lagares y tumbas antropomorfas, mientras que el pasado más cercano lo encontramos en la bonita arquitectura tradicional de los barrios de las Lanchas, Hondón, además de la plaza de los Morales.

Conocer los pequeños universos que guarda el Valle del Ambroz es también un baño de realidad, pues entendemos que es imposible contar tantas maravillas en un solo reportaje, así que lo mejor es que los descubras por ti mismo. Una época fabulosa para hacerlo es el otoño, así que sigue mi consejo y resérvate unos días para el próximo año y escápate a este maravilloso rincón extremeño. Desconectarás y no lo olvidarás jamás.

https://visitambroz.es/

https://www.turismocaceres.org/

https://www.turismoextremadura.com/

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Texto: Jose Manuel Gutiérrez
Fotografías: Cardinalia Comunicación | Miguel Ángel Muñoz | Asociación para el Desarrollo Integral del Valle del Ambroz (DIVA) | Balneario Baños de Montemayor