PORTADA DE LA MAJESTAD DE TORO

Música, fe y belleza entre el románico y el gótico único

Texto: Tomás del Bien Sánchez
Fotografías: Cardinalia Comunicación | Tomás del Bien Sánchez

La Portada de la Majestad de la Colegiata de Santa María la Mayor de Toro es uno de los conjuntos escultóricos más hermosos del románico tardío en España, conservado además gran parte de su policromía original y ofreciéndonos un discurso iconográfico único y lleno de simbolismo que nos ayuda a entender la concepción de la divinidad en el siglo XIII.

La Colegiata de Santa María la Mayor, enclavada en el centro de la ciudad de Toro, domina todo el valle del Duero desde la atalaya que ocupa la ciudad y guarda entre sus muros un auténtico tesoro del arte medieval: la Portada de la Majestad. 

Su construcción se inicia en el segundo cuarto del siglo XIII, con un planteamiento plenamente románico, época a la que pertenecen las columnas de dos órdenes diferentes y los capiteles, con una variada representación escultórica: seis de temática vegetal, otro representa a dos dragones con sus cuellos entrelazados, uno de temática moralizante, que representa a dos hombres que le han arrancado el rabo a un asno, y otros seis con escenas de la infancia de Cristo, de gran detalle y vigor escultórico, dinamismo y muchos detalles. Son las siguientes: la matanza de los inocentes, la presentación en el templo, el viaje a Belén de los reyes Magos, la Epifanía y Jesús entre los doctores, que ocupa dos capiteles. En concreto, iconográficamente destacamos un pequeño detalle en el capitel de la matanza de los inocentes, donde un diablo aconseja a Herodes al oído pergeñar el crimen.

En este punto el proyecto románico se suspendió, y a partir de lo que hemos visto, la escultura responde a la época de Sancho IV, de finales del XII, siendo culminada en los primeros años del siglo XIV; en estos momentos el proyecto es plenamente gótico. Sobre las columnas, se inicia el ciclo iconográfico de la Exaltación de la Virgen María. Escoltada por grandes figuras de bulto redondo en las jambas, que son el Arcángel Miguel, el profeta Isaías, Daniel, el Rey David, el Rey Salomón, los profetas Jeremías y Ezequiel y el Arcángel Gabriel, la Virgen se sitúa en el parteluz, con gesto humanizado y semblante sonriente, cogiendo a un niño bendiciendo en su mano izquierda y sosteniendo una flor en su mano derecha.

Portada de la Majestad de Toro

Sobre ella, en el dintel, la Muerte de María, acompañada de los doce apóstoles. Sobre el lecho de María, resolviendo muy bien la adaptación al espacio disponible, tenemos la Asunción de María y ya en el tímpano, la Coronación de María por su hijo, ya como Salvador.

A partir de aquí, se despliega el abanico de arquivoltas que le dan al conjunto la majestuosidad y belleza que hoy contemplamos. En la primera arquivolta, un total de ocho ángeles; en la segunda, los apóstoles, entre los que destacan San Pedro y San Pablo, que ocupan los dos extremos del espacio; la tercera es para los mártires, apareciendo algunos con especial devoción en Toro, como San Lorenzo, San Tirso o San Sebastián; en la cuarta los confesores, entre los que vemos obispos y abades; en la quinta se suceden vírgenes y mártires, cada figura con sus atributos. 

La sexta arquivolta despliega otro de los grandes tesoros de la Portada: dieciocho músicos, relacionados con la glorificación de la Virgen y cuya presencia incide en la importancia que la música tenía en la Colegiata de Toro, entroncando con la escena de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis con instrumentos musicales de la portada norte del templo. Supone un magnífico muestrario de instrumentos medievales que ha sido muy importante en el estudio de estos y que citamos a continuación: cítolas, zanfona, salterios, flauta y esquila, tambor, gaita, fídulas ovales y en ocho, albogue, pandero cuadrado y quanum.  

Portada de la Majestad de Toro. Rey David, profeta Jeremías, profeta Ezequiel y Arcángel Gabriel

El último espacio disponible de la portada, la séptima arquivolta, está dedicada al Juicio Final, dispuesto de manera radial y que nos cuenta minuciosamente este importante tema. Cristo entronizado en el centro, asistido por la Virgen María y San Juan y ángeles que portan la cruz, la corona de espinas, la lanza y los clavos, conforman el tribunal. A la izquierda de Cristo, la resurrección de los condenados y el camino que conduce al Infierno. Réprobos conducidos en hilera por demonios macabros, con los símbolos de sus pecados, donde hay glotones y avaros, caballeros y clérigos, un aquelarre y hasta un arquitecto. Todos ellos son conducidos hasta Satanás, sentado en la puerta del Infierno, un lugar oscuro donde se ven los castigos a los condenados, colgados por el apéndice corporal con el que hayan pertrechado su pecado y una caldera ardiente donde son arrojados. Es tal la minuciosidad y el detalle de la representación, que dos pequeños diablos dan fuelle al fuego, avivando las llamas. El Infierno acaba en las fauces de Leviatán, que engulle a la multitud empujada por diablos. 

A la derecha de Cristo el panorama es bastante distinto, con una procesión donde tenemos obispos, monjas y damas hasta llegar a la figura del arcángel que sustituye las ropas terrenales de color por las túnicas blancas para presentarse ante el Padre Eterno, que da acceso a una representación del paraíso donde aparecen tres músicos entre una vegetación exuberante. Finaliza este lado con una representación del Purgatorio, donde San Pedro rescata a los que salen de las llamas con actitud de dvoción. 

Por tanto, iconográficamente es un conjunto soberbio y se ve completado por la conservación de gran parte de su policromía original, pudiéndola observar cómo ese complemento totalmente necesario con el que fue concebida. A su conservación ayudó que se construyera en el siglo XV una capilla que le evitó la intemperie, y varios repintes, hasta seis, que la actualizaron a la moda de épocas posteriores. Una inscripción en el dintel señala a un tal Domingo Pérez, criado de Sancho IV, como autor de la policromía y que ponemos en paralelo a otras pinturas del gótico en diversas iglesias mudéjares de Toro o los excelentes murales góticos de Santa Clara, hoy conservados en la iglesia de San Sebastián. Como hemos comentado, tras varios repintes y la acumulación de suciedad debido a la desaparición de la capilla que la protegía, una restauración culminada en el año 1996 hizo que hoy podamos contemplarla así de bella.

Es, sin duda alguna, el Pórtico de la Majestad de la Colegiata de Santa María La Mayor de Toro, un tesoro patrimonial único de nuestro país y una de las portadas mejor conservadas de lo que llamamos tardorománico o protogótico. Se trata de una portada que da testimonio plástico de la importancia de Toro en ese momento histórico, porque sólo en una ciudad pujante y vívida sería posible tan desafío monumental.

https://torosacro.com/conjunto-monumental/colegiata-de-santa-maria-la-mayor/ 

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Texto: Tomás del Bien Sánchez
Fotografías: Cardinalia Comunicación | Tomás del Bien Sánchez