Cuna de grandes creadores, sus monumentos guardan una parte importante de la historia del país, siendo alguno de ellos escenario de una de las películas más famosas de la historia del cine.
Desde la antigüedad, el transporte de sal por el curso del río Salzach, cuyo nombre deriva de la palabra sal, fue una parte importante de la economía local. Fue precisamente el oro blanco lo que permitió a los príncipes-arzobispos engrandecer artísticamente la ciudad.
Sus callejuelas empedradas del casco antiguo, los jardines de Mirabell, la majestuosa fortaleza de Hohensalzburg y los numerosos eventos culturales hacen de esta ciudad un lugar para descubrir durante todo el año.
Se la puede considerar como la ciudad de la música, ya que aquí nacieron Mozart y Von Karajan. Precisamente este año se celebran los doscientos setenta años del nacimiento de Mozart y el setenta aniversario de la Mozartwoche (Semana Mozart), una doble celebración que pone a la ciudad en sintonía con su genio musical. Y para conmemorar estos dos acontecimientos, se ha preparado un atractivo programa que incluye exposiciones, conciertos, paseos sonoros y experiencias inmersivas, creando una atmósfera única donde el pasado se encuentra con la creación contemporánea, estando presente la música del compositor en cada rincón.
En esta ciudad austriaca, la música y el cine se juntaron hace sesenta y un años para dar vida a una de las películas más aclamadas, Sonrisas y lágrimas. Hoy es posible recordar los acontecimientos vividos por la familia Trapp recorriendo los lugares más simbólicos donde fue rodada.
Caminar por las calles y plazas de Salzburgo nos permite descubrir lugares tan emblemáticos como Mozarts Geburtshaus, la casa-museo donde nació el genio en 1756. Situada en la arteria principal de la ciudad, Getreidegasse -siempre llena de turistas y con numerosos comercios-, es fácilmente reconocible por su fachada amarilla. En la conocida como “Casa Hagenauer”, Mozart pasó su niñez y juventud junto a sus padres Leopold y Anna María y a su hermana Nannerl hasta que en 1773 se trasladaron a la Residencia Mozart en la plaza “Makartplatz”. Fue en 1880 cuando la Fundación Internacional “Mozarteum” abrió las puertas del museo. El recorrido por las habitaciones originales tiene una duración de una hora, haciendo posible admirar objetos cotidianos y mobiliario del siglo XVIII como certificados originales, cartas, recuerdos o retratos, destacando instrumentos históricos como el pequeño violín que Mozart tocaba de niño o su clavicordio.
Recorriendo la ciudad, comprobamos que toda Salzburgo vive con y para el compositor. Son tantos los lugares relacionados con la vida del músico que, caminando por sus calles, nos imaginamos encontrarnos con Mozart y su violín bajo el brazo al doblar cualquier esquina.
Y siguiendo sus huellas llegamos a la catedral. En este impresionante templo religioso de estilo barroco temprano fue bautizado el niño prodigio y, como curiosidad, siguiendo con el romance que desde hace siglos vive la ciudad con la música, hay que contar que aquí recibió también el bautismo Joseph Mohr, letrista de la famosa canción navideña “Noche de paz, noche de amor”. El fontal de bautismo, la cripta, el relicario con los huesos de los santos Rupert y Virgilio, el magnífico órgano principal, las puertas de la catedral de Schneider-Manzell, Mataré y Manzú, sus siete campanas, la instalación artística “Vanitas” o el Museo de la Catedral, que conserva tesoros artísticos de 1300 años de historia de la iglesia, son joyas que se guardan entre sus muros y que debemos admirar en nuestra visita a la ciudad.
Otro sobresaliente edificio en la ciudad es la Residencia (Residenz), un grandioso edificio barroco construido a finales del siglo XVI, donde los príncipes-arzobispos tenían su cuartel general. La vinculación de este con Mozart la encontramos en que fue aquí donde dio su primer concierto a la edad de seis años. La visita incluye suntuosas salas, antiguos aposentos representativos y residenciales de los príncipes-arzobispos, así como la “Residenzgalerie” (Galería de la Residencia) con su magnífica colección de pintores europeos de los siglos XVI al XIX. En la actualidad. la Residencia está dedicada a recepciones representativas, reuniones y congresos internacionales, albergando además varios museos.
En nuestro pausado deambular por las calles empedradas encontramos una enorme estatua del compositor presidiendo la Mozart Platz y en los escaparates de todas las pastelerías y tiendas de recuerdos, los famosos bombones de chocolate llamados «Mozartkugeln».
La mejor opción para tener una impresión general de Salzburgo es subir a la fortaleza de Hohensalzburg, el icono más notorio de la ciudad. Abierta al público todo el año, desde 1892 se puede llegar a ella caminando cómodamente o en el funicular ultrarrápido que nos acerca en poco más de un minuto. Asentada sobre la montaña Festungsberg, desde sus quinientos cuarenta y dos metros es posible admirar la ciudad atravesada por el río Salzach, que hace de frontera entre la ciudad vieja y la nueva. Merece la pena una visita para admirar las joyas que guarda en su interior: la imitación del cielo nocturno formada por esferas doradas sobre un fondo azul y la estufa gótica que se encuentra en la Sala Dorada, así como visitar sus museos: el Museo de la Fortaleza, el Museo de Marionetas y el Museo del Regimiento Regular, además de las magníficas dependencias góticas de los príncipes: la Sala Dorada, el Salón Dorado y una habitación cuya decoración no ha cambiado desde el siglo XVI.
La íntima relación de Salzburgo con la música nos acerca ahora hasta el palacio y los jardines de Mirabell, uno de los lugares más populares de la ciudad y declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Escenario del rodaje de la famosa “Sonrisas y lágrimas”, no hay ciudad en el mundo a la que una película haya hecho más por atraer turistas. Y es que son miles los visitantes que quieren hacerse fotos en los lugares en que se rodó, como la Fuente de Pegaso, alrededor de la cual María y los niños cantaron y bailaron la famosa canción “Do-Re-Mi” o los escalones delante de Rosenhügel (colina de las rosas), donde al final de la escena la familia Trapp se coloca para dar por terminada la canción.
La Sala de Mármol, antiguo salón de baile del príncipe-arzobispo donde tocaron el padre Leopold Mozart y sus hijos Wolfgang y Nannerl, está considerado en la actualidad como uno de los salones de boda más hermosos del mundo, sin olvidarnos de la Escalera de los Ángeles que conduce a la Sala de Mármol y decorada con numerosos querubines. Juntas hacen honor al nombre Mirabell, nombre de pila femenino italiano formado por mirabille (admirable) y bella (bonita). En los jardines se puede ver la forma básica geométrica tan característica del barroco, mientras que su alineación óptica con la catedral y la fortaleza le da un efecto fabuloso, dando forma a una de las imágenes más icónicas e históricas de la ciudad.
Situados a unos cuatro kilómetros de la ciudad, el Palacio y los Jardines de Hellbrunn llevan desde hace más de cuatrocientos años maravillando a los visitantes con su impresionante arquitectura y sus fabulosos Juegos de Agua. Su estratégica ubicación, junto a la caudalosa montaña Hellbrunner Berg, les permitió convertir el agua en un elemento central del diseño. Así nacieron los Juegos del Agua, de estilo manierista y únicos hoy en día. Desde el teatro mecánico sobre ciervos que escupen agua hasta la corona que baila sobre un chorro de agua y pasando por cuevas misteriosas, personajes impulsados por el agua o chorros ocultos, estos ingenios hidráulicos despiertan la admiración por su originalidad y efectos asombrosos. Planificado por el príncipe-arzobispo Markus Sittikus como lugar de entretenimiento y residencia veraniega, el palacio de Hellbrunn se levantó en un periodo excepcionalmente corto, entre los años 1612 y 1615. El encargo recayó en el maestro de obras Santino Solari, encargado también de la construcción de la Catedral de Salzburgo, quien creó uno de los edificios más ostentosos del Renacimiento tardío al norte de los Alpes.
Salzburgo es también una ciudad de cafés, como el Sacher, Bazar, Demel o el Tomaselli, que ofrece una espectacular tarta Mozart y el Einspanner, cuya especialidad es el café con nata montada, toda una institución que atrae a los visitantes como un imán a sus terrazas y mesas.
Para entender mejor la ciudad, hay que pasear por sus calles sin rumbo propuesto y admirar sus monumentos, aunque esto suponga un maravilloso esfuerzo para nuestra retina ante la visión de tanta belleza. Sin duda alguna, descubrirla es lo más parecido a emprender un onírico viaje que nos llevará al Salzburgo del siglo XVIII.
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