Su arquitectura está marcada por una mezcla de construcciones históricas, arquitectura alpina tradicional e influencias de diferentes épocas.
Fue en el siglo XIX cuando se descubren los beneficios médicos que aporta la salmuera, lo que le permitió a esta ciudad adquirir fama, convirtiéndose en el balneario de moda de la aristocracia austriaca. Se construyeron hoteles, como el Hotel Post, que abrió sus puertas en 1828, siendo el primero de la región, cafeterías, casinos y paseos donde la alta sociedad austriaca y europea se congregaba, y, por supuesto, fabulosas villas que dieron forma al paisaje urbano que ha llegado hasta nuestros días. También artistas como Anton Bruckner, Johannes Brahms y Franz Lehár se rindieron a sus encantos.
Pero quien más hizo para que el pequeño Bad Ischl se convirtiera en una ciudad balneario fue Francisco José I de Austria, que desde 1849 la eligió como residencia de verano. Concretamente, en una villa que la monarquía alquilaba, pasando a ser conocida como la Kaiservilla o “Villa Imperial”.
Aquí también fue donde Francisco José conoció a la que acabaría siendo su esposa, Isabel de Baviera, más conocida como Sissi. Fue en el año 1853 cuando Isabel, que contaba con 15 años, acompaña a su madre Ludovica de Baviera y a su hermana, Elena, a la Villa Imperial. El motivo no fue otro que concertar el matrimonio entre Francisco José y Elena, pero el emperador prefirió a la hermana pequeña.
El enlace se celebró un año después y, como regalo de bodas, la archiduquesa Sofía, madre del emperador, compra la Villa Imperial y se la obsequia a su hijo. Descrita por el propio emperador como “el cielo en la tierra”, Ischl se convierte a partir de ese momento en el principal destino de vacaciones de la familia imperial, siendo conocida por algunos como la “capital secreta de la Monarquía del Danubio”.
Cuando el 28 de julio de 1914 se declara la guerra a Serbia, que acabaría desembocando en la Primera Guerra Mundial, Francisco José se encuentra en la Villa Imperial. Un día después de la declaración, el emperador abandona Bad Ischl para no volver jamás.
Entre majestuosa arquitectura, parques en flor y el suave murmullo del río Traun, el distrito montañoso de Salzkammergut muestra su faceta más culta. Recorriendo las calles y plazas de Bad Ischl es posible admirar fachadas modernistas y construcciones de estilo Biedermeier, movimiento artístico, decorativo y cultural que se desarrolló en Europa Central, principalmente en Austria y Alemania, entre 1815 y 1848. Se caracteriza por su sencillez, funcionalidad y confort.
También magníficos edificios como el Trinkhalle, la sala de bebidas que se construyó entre 1829 y 1831 en estilo neoclásico; el Kongresshaus, tecnología de vanguardia combinada con un aspecto tradicional en el centro de congresos; el Stadtmuseum, la antigua casa del fabricante de sal situada en la Esplanade y donde se celebró el compromiso del emperador con Sissi; la Villa Lehár, la villa del compositor de operetas Franz Lehár; la Villa Seilern, de estilo clasicista, se construyó en 1881 y en la actualidad es un hotel centrado en la salud y el bienestar; la sala de cocción Kolowrat, un edificio de salinas construido entre 1826 y 1835 que estuvo en funcionamiento hasta 1965 y catalogado como monumento histórico. Y, por supuesto, Kaiservilla, que hemos mencionado anteriormente, y en la que se pueden visitar diferentes estancias, así como un museo histórico.
Bad Ischl cuenta también con una interesante oferta cultural. Desde operetas hasta música de balneario, pasando por conciertos de jazz o espectáculos de cabaret, en la ciudad balneario siempre encontrarás una propuesta con la que la diversión está garantizada. El histórico Kongresshaus acoge en junio y agosto diferentes conciertos de opereta que mantienen viva la herencia musical de la ciudad. Se trata del Festival Lehár de Bad Ischl, nombrado así en honor al gran compositor de la época de plata y de oro de la opereta, que se lleva celebrando desde 1961. Por otro lado, diferentes exposiciones contemporáneas ocupan los espacios de las antiguas caballerizas imperiales. Sin olvidarnos del Día del Emperador, que se celebra en torno al 18 de agosto para conmemorar el cumpleaños de Francisco José. Los momentos más destacados de esta celebración son la llegada del tren imperial a la estación, la Fiesta del Emperador en los jardines del balneario o la Misa del Emperador.
Bad Ischl tiene además la particularidad de ser el centro de una región que es de las más espectaculares de Europa. Más de seis grandes lagos rodean a Bad Ischl, algunos con el fondo de los Alpes haciéndoles sombra. La visión de esos mares internos con las montañas ha hecho incluso que la región conocida como Hallstatt-Dachstein haya sido premiada como Patrimonio Mundial de la Unesco.
Estamos en la conocida como Ruta Romántica Austriaca y, aunque es difícil perderse, se agradecen estas señales que nos recuerdan que estamos ante uno de los paisajes románticos más bonitos de Europa. Y es que, a belleza, pocas regiones le ganan. Para corroborarlo, nos acercamos al lago “Hallstätter See”, donde se encuentra el pequeño pueblo de Hallstatt, considerada por Alexander von Humboldt como «la localidad lacustre más bella del mundo”. Y no le faltaba razón. Las torres de las dos iglesias, protestante una, católica otra, junto con los tejados de pizarra de las casas de color pastel que se reflejan en el lago, con el telón de las altas montañas que le rodean, hacen de este pequeño pueblo una joya que no se olvidará.
Proseguimos nuestra ruta en dirección al lago de Traunsee, el lago más profundo de Austria. Otro lago enorme que bordeamos sin perdernos gracias a los carteles con fondo de color marrón, que se ven por la carretera indicando la dirección a seguir en esta Ruta Romántica.
Pueblos ribereños como Traunkirchen, con su Johannesbergkapelle, una pequeña iglesia que se adentra en el lago, y Gmunden, donde habrá que pasear por los jardines de la arboleda junto al lago —con jóvenes bañistas disfrutando de sus cristalinas aguas— mientras divisamos el castillo de Seeschloss, como queriendo emerger del lago.