La Selva de Irati es un paraíso natural enclavado en los valles navarros de Aezkoa y Salazar. Descubrirlo es realizar un fantástico viaje en el que la banda sonora no corre de tu cuenta, de eso se encarga el agua que alegre y libre discurre ladera abajo. Arroyos y torrentes que vierten sus aguas en el Irati, río que aguas abajo viste sus orillas de magníficos robledales como el de Ariztokia, el mejor bosque de roble albar de toda la península.
Este tesoro del Pirineo, uno de los hayedos-abetales más grandes y mejor conservados de Europa, es relativamente joven, pues sólo cuenta con doce mil años de antigüedad.
Si en un principio fueron los robles los que poblaban sus montes, en la actualidad son las hayas y los abetos las especies predominantes. Explotado forestalmente desde el siglo XV, la buena calidad de sus árboles hizo que tres siglos después su madera fuera utilizada para la construcción de barcos de las marinas española y francesa. Los troncos eran transportados por el río en almadías, balsas hechas de la misma materia prima, hasta que se construyó el embalse de Irabia. En la actualidad, su estado de conservación es magnífico debido al enorme respeto que por él han mostrado los habitantes de estos valles.
En el centro de este vergel se encuentra el pequeño embalse de Irabia, una isla de cristal en medio del bosque. Bordearlo, a pie o en bicicleta de montaña, por los numerosos paseos es una placentera experiencia que nos acercan a parajes de singular belleza.
El bosque de Irati es un nido de leyendas. Quizá la más arraigada es la de Basajuan, el Señor del Bosque es de alta estatura, larga cabellera, camina erguido y posee una fuerza prodigiosa. Si el caminante es llamado por él, éste no debe huirle y mucho menos enfrentarse a él, sólo debe obedecer ciegamente sus órdenes y así convertirlo en inofensivo y guía protector. Mientras, las lamias son entes femeninos muy presentes en la tradición vasca que a menudo son descritos como seres de gran belleza que habitan cerca del agua. Su naturaleza no humana se percibe en el hecho de que suelen tener pies de animales como pato, gallina o cabra.
Un espacio de generosa biodiversidad
Recorrer la Selva de Irati en coche es hacerlo por serpenteantes carreteras bajo bóvedas de un intenso verde en primavera que, en otoño, muda a rojos, amarillos y ocres como si se tratara de una inmensa catedral que acapara todo un universo de naturaleza. Como toda oscuridad tiene su luz, después de recorrer kilómetros en los que el sol apenas traspasa la vegetación, descubrimos claros decorados con infinitas alfombras verdes en las que ovejas latxas, vacas pirenaicas y yeguas burguetanas pastan ajenas al ruidoso mundo a la sombra de picos milenarios.
Este bosque casi virgen de hayas, robles, abetos, abedules, sauces, helechos y musgos sirve de morada a ciervos –imprescindible hacer una escapada en otoño para admirar la berrea-, corzos, jabalíes, gato montés, tejón, comadreja o la marta, ágil y sigiloso carnívoro que es una de las especies más características del hayedo-abetal.
Zona de Especial Protección de Avifauna, también es el cobijo de los pájaros carpinteros para los que Selva de Irati es uno de sus últimos reductos, así como de pitos negros y picos dorsiblancos, sin olvidarnos de las rapaces dueñas de los cielos como el quebrantahuesos, el halcón peregrino o el águila real.
Emblemas de la magnífica conservación y biodiversidad de la Selva de Irati son las tres zonas protegidas: las reservas naturales de Mendilatz y de Tristuibartea y la reserva integral de Lizardoia, que contribuyen a la buena salud del bosque.
Sin duda alguna, cualquier estación del año es ideal para visitar este universo medioambiental y darse un rejuvenecedor baño de naturaleza, además de disfrutar del silencio que se escucha. El otoño para admirar la explosión de colores que transforman completamente el bosque, el invierno para disfrutar de la nieve con esquí de fondo o raquetas de nieve en la estación de esquí de fondo de Abodi, la primavera para caminar sin prisa por los senderos que discurren entre los hayedos y el verano que invita a refrescarse en las aguas del río Irati.
Esta inolvidable experiencia se completa con las innumerables opciones que la Selva de Irati ofrece en forma de actividades en la naturaleza: rutas de senderismo y btt, paseos a caballo, parapente, descenso de cañones o paseos en canoa por el río, sin descartar la visita a pequeños y típicos pueblos del pirineo navarro ricos en patrimonio y deliciosa gastronomía.
Ochagavía y Casas de Irati
Ochagavía, situada en el Valle de Salazar y una de las puertas de entrada a la Selva de Irati, es uno de los pueblos más conocidos del pirineo navarro. Con el río Anduña, que atraviesa el pueblo y su puente medieval, nos recibe con sus bellos y floridos balcones, sus calles empedradas y sus palacios blasonados. Su arquitectura, típica de la zona, sorprende por los tejados muy inclinados para que la nieve no se acumule en los duros inviernos y por los pequeños huecos entre las viviendas, conocidos como “etxekarte”, cuya función es únicamente evitar la propagación del fuego en caso de incendio.
Rodeado de montañas, recorrer sus estrechas calles nos acerca a descubrir interesantes monumentos como la iglesia parroquial de San Juan Evangelista, considerado uno de los hitos de la escultura navarra del Renacimiento y casas palaciegas como la de Urrutia, de Iriarte, de Donamaría o Casa Koleto. Hay que decir que la mayor parte de las casas de Ochagavía pertenecen a los siglos XVIII y XIX, pues las anteriores fueron incendiadas por los franceses en 1794 durante la Guerra de la Convención.
A poca distancia del pueblo, en la cumbre del monte Muskilda, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de Muskilda. Edificada a finales del siglo XII, cobija una bonita imagen de la Virgen de estilo gótico.
Después de recorrer sus calles admirando las joyas arquitectónicas y los bonitos rincones que el casco antiguo esconde, es hora de disfrutar de su rica y variada gastronomía. Desde la ternera de Navarra de excelente calidad, pasando por el exquisito chuletón de buey asado a la brasa, la carne de pato que podemos degustar en forma de numerosos derivados como el magret, el confit, el foie, el paté… o la trucha de los ríos que discurren por la Selva de Irati, aquí conocida como Trucha a la Navarra y rellena de una loncha de jamón, hasta los postres encabezados por la cuajada fresca con miel, los quesos de Roncal e Idiazabal o las nueces con membrillo.
Una entretenida carretera de montaña nos acerca al Centro de Acogida Casas de Irati “Virgen de las Nieves”. Cuenta con punto de información, servicio de guardas, parking, merendero, bar-restaurante, servicio de alquiler de bicicletas y un pequeño taller de reparación. Es importante reseñar que, en temporada alta, para poder acceder a esta zona, es obligatorio pagar tasa de mantenimiento -7,00 €-, pero si estás alojado en Ochagavía o alrededores tienes un descuento de 3,00 €.
Al lado del aparcamiento se encuentra la caseta de los guardas donde recibirás toda la información necesaria para descubrir este bello rincón. Desde aquí parten diferentes rutas, una de ellas es la de la Cascada del Cubo. Es necesario tomar el sendero paralelo al río Urbeltza de Errekaidorra, apto para cualquier persona independientemente de su preparación e incluso para sillitas de bebé y en aproximadamente veinte minutos se llega a este mágico rincón. La bajada hasta la cascada no es tan cómoda como la senda que nos ha traído hasta aquí, sobre todo si ha llovido, pero merece la pena el esfuerzo sólo por disfrutar de la estampa que nos regala.
Orbaizeta y la Real Fábrica de Municiones
La segunda entrada a la Selva de Irati se encuentra en el Valle de Aezkoa, concretamente en el pueblo de Orbaizeta que recibe al viajero con la iglesia de San Pedro Apóstol y su retablo, uno de los más interesantes de la zona. Carretera arriba se llega a la Real Fábrica de Municiones de Orbaizeta. La riqueza maderera, las abundantes minas de hierro y los cursos del agua propiciaron su construcción en el siglo XVIII, cerca de la antigua ferrería de Aezkoa. Levantada para abastecer de munición al ejército, su proximidad con la frontera hizo que sufriera constantes saqueos e incendios. Aunque su existencia fue corta, apenas un siglo, resurgió varias veces hasta su completo abandono en el siglo XIX. Declarada Bien de Interés Cultural en 2008, actualmente se pueden visitar las ruinas, consolidadas parcialmente, siendo lo más destacado de este complejo industrial el conjunto de arcos por los que discurre el arroyo Legartza y el edificio de hornos rehabitado por el Gobierno de Navarra. Durante sus años de apogeo aquí llegaron a vivir más de ciento cincuenta trabajadores con sus familias y tropas de vigilancia
A pocos metros se encuentra Kultur Ola, un centro expositivo de la Junta del Valle de Aezkoa donde es posible conocer el valle, su cultura e historia a través de vídeos, maquetas, libros, paneles y exposiciones.
Por una pista que parte a la izquierda de la iglesia, justo al lado del centro expositivo, se llega primero al refugio de Azpegi y después al Collado de Azpegi. Desde el primero parten varios senderos: Bosque de Ursario, Ascenso al monte Mendilatz y la Ruta por Estación Megalítica de Azpegi. Esta última, con una longitud total (ida y vuelta) de cinco kilómetros, permite descubrir varios monumentos prehistóricos como son los dólmenes zpegi I, II, III y IV y Soroluze y los crómlechs Azpeqi y Soroluze. El collado de Azpegi regala maravillosas vistas de los verdes prados tan característicos del Pirineo Navarro. Así que aparca tu vehículo, disfruta del paisaje y antes de iniciar el camino de vuelta no dejes de visitar el crómlech moderno de Organbide.
Muy cerca se encuentra la Torre-Trofeo de Urkulu, construcción de origen romano levantada en el siglo I a.C. para conmemorar la conquista de Aquitania. Este bastión defensivo de veinte metros de diámetro y cuatro de altura domina el paso fronterizo del collado de Arnoztegi por el que discurría la antigua calzada romana que unía las ciudades de Astorga (Asturica Augusta) y Burdeos (Burdigala). Hasta aquí se puede llegar por una ruta que parte del refugio de Azpegi con una longitud de cinco kilómetros y medio o por la carretera que une Roncesvalles con Saint Jean Pied de Port. En ambos casos, es recomendable informarse en el Punto de Información de Arrazola, situado a pocos kilómetros de Orbaizeta.
La mejor opción de alojamiento
A poco más de dieciséis kilómetros de Orbaizeta se encuentra el alojamiento ideal para descubrir la Selva de Irati. En Espinal, pequeño pueblo asentado en el Camino de Santiago, entre Roncesvalles y Zubiri, fundado en 1262 por el rey navarro Teobaldo II, donde se conservan bellos ejemplos de arquitectura pirenaica, se encuentra el camping Urrobi. Situado en un entorno natural privilegiado y rodeado de extensos bosques de hayas y robles, este maravilloso rincón navarro comparte espacio con ciervos, corzos jabalíes o tejones y una gran diversidad de aves entre los que se encuentran el buitre, el pico picapinos o el milano real. Este camping de segunda categoría ocupa una extensión de más de cincuenta mil metros cuadrados, cuenta con ochocientos plazas para tiendas y caravanas, sesenta plazas en bungalós más otras treinta y seis plazas en habitaciones múltiples.
Entre los servicios que ofrece el camping tenemos restaurante y bar, autoservicio, parques infantiles, instalaciones deportivas y piscina. Además, tiene un servicio de alquiler de bicicletas, incluidas las eléctricas, con las que recorrer cómodamente cualquiera de las nueve rutas que han diseñado para todos los niveles y estilos.
Por su situación geográfica es ideal para descubrir algunos de los lugares más conocidos de Navarra como Roncesvalles, hito del Camino de Santiago y rodeada de misticismo, pues aquí sitúan la famosa batalla en la cual Carlomagno fue derrotado por un gran ejército de vascones y la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles con su iglesia, considerada como el mejor ejemplo de gótico navarro. Y ya en Francia, y poca distancia, Saint Jean de Pie de Pod otro de las poblaciones más conocidas de la Ruta Jacobea.
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