TESALÓNICA

La cosmopolita joya del Egeo

Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Adobe Stocks

La ciudad que mira al mar sin olvidar los fértiles campos que la rodean, es una miscelánea de culturas, de sabores y de una especial forma de vida que la hacen excitante, huellas inequívocas dejadas por las muchas y más importantes civilizaciones mediterráneas que por ella pasaron.

La segunda ciudad más grande del país después de Atenas, cuyo nombre está íntimamente ligado a uno de los mitos de la historia como es Alejandro Magno, lleva el mismo que su hermana Tesalónica, cuyo marido, el rey Casandro de Macedonia la fundó en el año 315 a.C. Su estratégica situación geográfica, a caballo entre oriente y occidente, propició que su puerto en el mar Egeo se convirtiese en el más importante centro económico y comercial de la península balcánica durante más de dos mil trescientos años.

Tras el periodo helenístico pasó a formar parte del Imperio Romano en el año 148 a.C. y después del bizantino, para ser posteriormente otomana hasta principios del siglo XX tras la Primera Guerra Balcánica, momento en el que fue absorbida por Grecia. En medio de esta convulsa y, a la vez, enriquecedora historia cultural, en el siglo XV acoge a una importante comunidad judía procedente de España tras la expulsión decretada por los Reyes Católicos.

Todo ese legado, parte del cual forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, tiene su reflejo en la coexistencia de monumentos de todas las épocas. Pasearla es una clase magistral de historia que adquiere una dimensión especial cuando nos acercamos a su gastronomía como herencia cultural de los pueblos que nutren su pasado, a su vibrante vida nocturna, a su modo de vida pausado y, sobre todo, al carácter amable de sus gentes, haciendo que Tesalónica sea un todo experiencial inolvidable.

Plaza de Aristóteles

Un mosaico cultural

La Torre Blanca de Tesalónica es uno de los signos de identidad de la ciudad. Erigida frente al mar, fue construida en la época otomana durante el sultanato de Solimán el Magnífico sobre otra bizantina del siglo XII.

Durante siglos formó parte de la muralla de la ciudad sirviendo como fuerte con un carácter defensivo y como prisión en la que se cometieron algunas atrocidades. En señal de purificación, al pasar a manos de Grecia, la torre fue pintada de blanco y aunque este color ya ha desaparecido sigue conservando su nombre y su simbolismo.

Tesalónica de noche con la Torre Blanca en primer termino

En su interior se alberga el Museo de la Cultura Bizantina. En sus once salas se exhiben esculturas, frescos, mosaicos, íconos, inscripciones, reliquias familiares, libros y elementos de la vida cotidiana de Bizantino, con especial atención a los acontecimientos de todo tipo causantes de su florecimiento en Grecia, sin olvidar los que causaron la caída de Constantinopla en 1453.

Desde sus almenas, elevadas a treinta y cuatro metros de altura, se puede ver en días claros el monte Olimpo

A escasos metros se abre el barrio de Ladadika o puerto histórico, pues en el pasado fue uno de los enclaves comerciales más importantes del mar Egeo, principalmente de aceite. Este rincón de la ciudad que en el pasado fuera el hogar de la comunidad judía, hoy es un espacio declarado de Interés Cultural desde 1985.

Barrio de Ladadika

Tras el devastador incendio de 1917 que arrasó la mayor parte del centro de Tesalónica, Ladadika es un recordatorio de lo que era antes. De las llamas se salvaron los edificios históricos y a finales del siglo XX se acometió una profunda restauración sin perder las señas de identidad histórica que tenía. El resultado es un sugerente entramado de calles peatonales con edificios del siglo XIX, de antiguos almacenes convertidos en tiendas tradicionales, bares, restaurantes, tabernas típicas, como las ouzeries, donde se sirven ouzo (un licor fuerte) y mezes (entrantes para compartir que como en toda la cocina griega, el queso siempre está presente), así como clubes que hacen que el barrio sea el epicentro del entretenimiento de la ciudad sin perder la belleza original.

Tesalónica es una ciudad universitaria, y eso ha sido decisivo para que su ambiente nocturno se haga famoso, en especial el de algunas calles, como Proxenou Koromila, Mitropoleos, Ermou o Valaoritou, donde la oferta de bares, restaurantes, tabernas y pubs va de lo más tradicional a lo más moderno. La plaza Emporiou y la calle Egiptou concentran buena parte de la diversión nocturna del siempre animado distrito de Ladadika.

En el centro de la ciudad se alza el Arco del Triunfo de Galerio, uno de los monumentos más emblemáticos de Tesalónica. Mandado construir por el emperador romano César Galerio en el siglo IV para conmemorar su victoria sobre los persas, es conocido popularmente como “Kamara” por formar parte de los majestuosos palacios romanos que aquí existieron.

Los relieves de sus laterales son una interesante fuente de información histórica al narrar las hazañas de las tropas romanas al mando del emperador en la conquista de Persia.

Arco del Triunfo de Galerio. Detalle de los relieves

A poco más de cien metros está la iglesia ortodoxa griega de San Jorge, más conocida como Rotonda por su forma circular. Hoy es uno de los quince monumentos de Tesalónica declarados Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, aunque hay cierta controversia sobre la finalidad de su construcción en el siglo IV. Algunas teorías apuntan a que pudo ser un templo dedicado a Zeus, a otras deidades mitológicas o incluso a ser el mausoleo del propio emperador Galerio, aunque éste no llegó a ser enterrado aquí.

Sorprende la similitud que tiene con el Panteón de Roma, pero en cualquier caso es un monumento único en Grecia. En sus treinta metros de altura y casi veinticinco metros de diámetro conserva grandes mosaicos, hagiografías, es decir, composiciones biográficas de los santos y una interesante historia al haber sido templo de tres religiones, desde lugar de ceremonias a dioses romanos hasta mezquita de la que se conserva el minarete, pasando por templo cristiano. Esta importantísima iglesia del periodo paleocristiano también ha sido museo y desde el 2015 es un espacio cultural de máxima relevancia.

Sin abandonar en centro histórico, la iglesia de San Demetrio fue renovada en el siglo VII después de un incendio, siendo en la actualidad uno de los mejores exponentes de la arquitectura paleocristiana. En su interior se conservan interesantes capiteles de la primitiva basílica del siglo V edificada sobre unas termas romanas anteriores, aunque lo más significativo son los seis mosaicos datados entre los siglos V y IX, tanto por su importancia artística e histórica como por la información que trasmiten sobre el vestuario de la época.

En el subsuelo del templo está la cripta en la que San Demetrio, patrón de la ciudad, fue martirizado junto a algunos de sus fieles en el año 303. Este espacio se cree que coincide con el emplazamiento de las antiguas termas, hoy convertido en espacio expositivo con objetos encontrados durante el proceso de restauración.

Iglesia paleocristiana de San Demetrio

Junto a la línea costera de la cosmopolita Tesalónica, tan llena de influencias de oriente y de occidente, la plaza de Aristóteles, diseñada por el arquitecto francés Ernest Hébrard en 1918 tras el aterrador incendio, es el arquetipo del último diseño de la ciudad con columnatas y cafés rodeada de grandes mansiones señoriales hoy convertidas en tiendas y hoteles. Muy animada de día y de noche, es un punto de encuentro con bellísimas vistas al golfo Termaico en el que tienen lugar grandes eventos culturales.

Ano Poli, también conocido como la parte alta de la ciudad, fue el único barrio que se salvó del incendio que arrasó Tesalónica en 1917. Entre sus muros encontraremos un interesante legado otomano con hermosas casas de madera que flanquean las sinuosas calles empedradas, en las que también es posible admirar bellas mansiones de arquitectura macedonia, patios llenos de flores, cafés tradicionales y tabernas en las que degustar auténticas delicias locales.

En el paseo hasta la zona más alta, desde donde es posible contemplar algunas de las puestas de sol más hermosas del planeta, se sucede un rosario de monumentos e iglesias, varios de ellos Patrimonios de la Humanidad de la UNESCO, como la de Santa Catalina, el monasterio ortodoxo de Vlatadon edificado en el siglo XIV, la iglesia de San Nicolas Orfanos o la de Hosios David, la del templo Taxiarchs, la mezquita Alatza Imaret del siglo XV y el mausoleo de Musa Baba con su peculiar planta octogonal. En este periplo nos acompañarán las murallas romano-bizantinas de Tesalónica hasta el extremo noroeste de la acrópolis, donde se levanta el alcázar Eptapyrgio con arquitectura bizantina y otomana y la Torre del Triángulo, la histórica construcción artillera del siglo XV levantada en plena ocupación turca para reforzar las murallas. Todo el complejo amurallado también forma parte del listado de monumentos Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Monasterio ortodoxo de Vlatadon

La huella sefardí

Con la expulsión de los judíos españoles decretada por los Reyes Católicos en 1492, la comunidad sefardí de Tesalónica experimentó un crecimiento muy importante y su actividad económica fue decisiva para la recuperación y prosperidad de la ciudad gracias al comercio y a la industria, teniendo su máximo apogeo en los siglos XVIII y XIX. Fueron bien acogidos e invitados por el sultán y tan bien se integraron que llamaron a la urbe “La madre de Israel”. A pesar de la cruenta purga hecha por los nazis, hoy sigue viva la presencia hebrea en numerosas sinagogas, en el Museo Judío, algunas mansiones o varios restaurantes y tabernas, pues la tradición culinaria sefardí también forma parte de la gastronomía local.

Existen muchos restaurantes en los que se ha introducido en el menú platos sefardíes como las burekitas, que son empanadillas rellenas de berenjena o de otros ingredientes; albóndigas en salsa de nueces o huevos haminados, es decir, cocidos en agua aromatizada con especias.

La cultura como seña de identidad

Desde el siglo XX Tesalónica está viviendo un nuevo renacimiento entre bellos atardeceres brumosos, los puestos de especias, las tabernas en los bazares, las huellas de Bizancio y la grandeza de la época otomana, sobreviviendo entre las construcciones modernas cubiertas de arte callejero, definiendo la mezcla de historicidad y cultura urbana propias de la ciudad.

Su importante comunidad académica y universitaria, junto a la diversidad de festivales y las decenas de museos impregnan la atmósfera de un aire de erudición que bien podría recordar a la idea romántica de la Grecia clásica.

Aunque todos los museos de la ciudad son especiales, el Arqueológico tiene un magnetismo temático genuino. Sus ocho secciones hacen un completo repaso histórico a través de la prehistoria, el nacimiento de las ciudades, el reino de Macedonia desde el siglo VII a. C. hasta la Antigüedad tardía, la historia de la ciudad de Tesalónica, el oro de los macedonios, una sección al aire libre dedicada a la época comprendida entre los siglos II y IV, otra sección dedicada a los monumentos de piedra de época romana y, por último, una titulada “Macedonia: de los fragmentos a los píxeles”, una sugerente propuesta para sumergirnos en la historia de Macedonia a través de nuevas tecnologías con representaciones digitales de obras maestras y viajes virtuales en el tiempo y en el espacio.

Museo Arqueológico de Tesalónica

El museo de Abastecimiento de Agua de Tesalónica, abierto al público en la antigua estación de bombeo de la Compañía Municipal de Suministro de Agua construida en 1890, conserva todas las máquinas y las instalaciones originales, además de fotografías, planos y documentos de archivo que cuentan la historia del suministro de agua de la ciudad desde la época otomana. A través de sus exposiciones y programas divulgativos, busca despertar la conciencia sobre los problemas ambientales relacionados con el agua y la sostenibilidad.

En 1994 se inaugura el Museo de la Cultura Bizantina. En sus once espacios expositivos permanentes se conservan piezas auténticas, halladas principalmente en Tesalónica, aunque también se exponen otras procedentes de diferentes lugares de Macedonia. Decenas de miles de objetos cubren un espectro cronológico que abarca desde el siglo II hasta el XX d.C.

El legado sefardí también tiene su propio espacio gracias al Museo Judío de Tesalónica, donde se exponen objetos conmemorativos e inscripciones halladas en la necrópolis judía, un repaso histórico de la comunidad sefardí en la ciudad desde el siglo III a.C. hasta la Segunda Guerra Mundial y una sección dedicada al holocausto a modo de homenaje a los cuarenta y nueve mil judíos deportados desde aquí a campos de concentración, de los que la mayoría no volvieron.

El único Museo del Cine de Grecia se encuentra en el puerto de Tesalónica y fue fundado en 1997, el mismo año en el que la ciudad fue la Capital Europea de la Cultura. El Museo presenta la historia del cine griego, desde sus orígenes a principios del siglo XX hasta la actualidad.

Sus colecciones incluyen carteles gigantes hechos a mano, bocetos, litografías, acuarelas, películas de producción griega y extranjera, documentales, trailers, material de archivo, proyectores de otras épocas, herramientas, bobinas y un largo etcétera. El Museo también es cinemateca con un fondo de más de ocho mil libros y revistas del Séptimo Arte.

El museo de la Fotografía, el Olímpico, el de Arte Contemporáneo, el Etnológico y de Vida Popular de Macedonia y Tracia, son una pequeña muestra más del magnífico patrimonio museístico de la ciudad, a través de los cuales es posible la inmersión en la esencia macedonia.

En la propuesta cultural de Tesalónica no faltan importantes festivales como el Internacional de Cine con carácter anual centrando su atención en directores nuevos y emergentes, en un panorama de cine griego, una visión de los países balcánicos y varias retrospectivas de cineastas.

La Bienal de Arte Contemporáneo de Tesalónica es otra de las citas importantes en el calendario cultural europeo. Con un enfoque crítico de la realidad y una visión histórica del individuo y del mundo a través de las obras de artistas que en cada edición llegan desde todos los puntos del planeta, se plantean putos de vista alternativos para encarar el progreso.

Desde primeros de septiembre y hasta mediados de noviembre se celebra el festival anual de Dimitria, un tradicional evento que reúne a una gran variedad de espectáculos de música, danza y teatro. El origen se remonta a cuando el imperio era gobernado por los bizantinos. A través del tiempo las tradiciones se mantuvieron intactas y hoy es todo un referente que contiene teatro, ópera, danza, música, artes plásticas y literatura. También es una forma de valorizar las tradiciones de la cultura helénica a través de carnavales, teatro clásico y cocina.

El pasado y el presente se funden bajo un solo nombre, ofreciendo magníficos espectáculos en conmemoración de San Demetrio.

De la huerta y el mar al plato

El entorno natural que rodea Tesalónica ya sea en el mar como en tierra adentro, es uno de los más fértiles y generosos de Grecia, con una variedad y calidad envidiables. Disfrutar de una buena mesa aquí es parte inseparable de la cultura.

Esa bendición se saborea en sus entrantes: dolmades (hojas de parra rellenas de carne, arroz, vegetales y salsa de yogur); horiatiki, una ensalada que es un festival de vegetales y hortalizas; taramosalata (salsa de huevas de bacalao); berenjenas a la plancha con queso feta, el bekri o cerdo borracho (guisado con vino tinto y tomate).

La soutzoukakia, llevada a Tesalónica por los griegos obligados a abandonar Turquía hace un siglo, son albóndigas alargadas, especiadas con ajo, comino, perejil y, a veces, orégano o un toque de canela que se sirven con salsa de tomate y a menudo se acompañan con arroz y boukovo, pimientos secos picados y picantes. Rara es la taberna o restaurante donde no las sirven.

Gastronomía griega con el mar Egeo al fondo

Las carnes protagonizan algunos de los platos más populares como las chuletas de cordero (paidakia), la tigania (cerdo frito), las keftedakia (albóndigas) y el souvlaki (carne en una brocheta), entre otras muchas sugerencias.

Tesalónica tiene una fuerte conexión con el mar y sus pescados y mariscos son realmente excepcionales, así como infinitas sus opciones de preparación, tanto si es a la parrilla en una sencilla taberna o platos más creativos servidos en restaurantes de lujo.

No podemos dejar Tesalónica sin probar el ouzo, un aperitivo aromatizado con semillas de anís o hinojo que se produce exclusivamente en Grecia o un vino griego que combine a la perfección con los mariscos o las carnes, según sea nuestra preferencia.

En este pequeño guiño a la exquisita gastronomía de Tesalónica no pueden faltar sus mercados de productos frescos como el popular Kapani, el de la plaza Athonos o el Ágora Modiano, el mercado central de alimentos de la ciudad, muy reformado pero que conserva casi toda la arquitectura vanguardista que le imprimió el arquitecto de origen judío Eli Modiano.

Tesalónica es mucho más que una bella y vibrante ciudad de la cuenca mediterránea, es parte de la esencia de la historia, es cosmopolita y a la vez tradicional en perfecta armonía, es el todo concentrado en un crisol de pueblos y culturas. ¿Qué más se puede pedir?

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Texto: José Manuel Gutiérrez
Fotografías: Adobe Stocks